sábado, 11 de febrero de 2012

Razones para votar

El candidato o la candidata —escribo imitando el estilo chambón que los rojos han impuesto en contra del buen decir para ser dizque ‘políticamente correctos’— que venza en las primarias del 12 será quien tenga la responsabilidad de medirse con Mentira Fresca en las elecciones de octubre. No es tarea pequeña, sabiendo de la falta de escrúpulos y el abuso de poder que lo caracterizan y la inmensa mochila de plata que tiene para tratar de mantener viva su robolución a punta de mentiras, intimidaciones y compra de votos. Pero quien logre vencer dentro de dos semanas también será quien prevalezca dentro de nueve meses en los comicios presidenciales. Porque, sin importar de cuántas triquiñuelas, ardides y fullerías se valga Su Sabanetense Obesidad, los venezolanos ya han descubierto que solo él es el responsable por todo lo que ha retrocedido la nación. Por estar subordinado a las órdenes que recibe de su cagalitroso mentor cubano.



Si un presidente en el pasado explicó que recibía un país hipotecado, quien venza ahora lo va a recibir quebrado. Peor: en ruinas. Económica y moralmente hablando. Porque los afanes populistas de estos trece malhadados años no solo han acabado con cualquier riqueza que haya tenido la nación, sino que han corrompido a una parte importante de los venezolanos, enseñados a vivir pegados de la ubre de la res pública. El tipo no se conformó con gastar todo lo que había en caja, sino que ha endeudado al país de manera tal que aun nuestros bisnietos van a estar pagando. Y si no lo paramos, hasta nuestros tataranietos van a estar cancelando lo que el hitlercito de la locha nuestro ha malgastado en comprar amigos por fuera y prostituyendo, a lo interno del país, a los más lábiles de mente.



Siendo así, al candidato o la candidata (para seguir en el menguado estilo oficial) le corresponderá conformar un gobierno de “salvación nacional”, para emplear una frase de la Revolución Francesa. Porque —algo que no ha entendido el hegemón actual después de estos trece laaargos años— un gobierno no es solo un presidente; es un presidente y sus ministros. Todos los venezolanos hemos visto, y sufrido, la carencias de unos gabinetes conformados por unos individuos con muy poco en la cabeza y sin capacidad gerencial alguna. Son tan poquitos los que tiene Elke Tekonté que, cuando fracasan en un cargo, no los destituye sino que los rota hacia otros cargos. Donde pondrán la torta también, porque lo único que los mantiene en las alturas del poder son sus obsecuencias y sus carnés rojos. Es esencial que quien venza en las primarias tenga la capacidad y la voluntad de convocar a los mejores —dondequiera que estén— para que ayuden en el gobierno.



Y, después de juramentados y de haber recibido las líneas gruesas para la acción, dejarlos ejercer sus iniciativas en sus respectivas áreas de responsabilidad. Si de algo sufre el país actualmente es de inmovilismo. Lo que yo llamé hace algunos años el “síndrome de la radiografía”: “No hable, no se mueva, no respire, hasta que yo se lo diga”. Esa manera de mandar (que no es sinónimo de gobernar) es la que ha revertido todo —contrariando tanto el espíritu como la letra de la Constitución— hacia un ineficiente centralismo que es peor que el que había antes de 1990. Porque ya no es siquiera caraqueño, como aquel, sino de un pedacito de la avenida Urdaneta, de Bolero a Camino Nuevo, para ser más exacto. Todo se decide en un sótano palaciego (o cuartelero), sin enterarse de los problemas reales que sufrimos los venezolanos. Por eso es que están como están las autopistas, los hospitales, las escuelas y pare usted de contar.



También, y por eso mismo, quien venza tiene que tener claro que sus principales colaboradores, además de los ministros, son los gobernadores y los alcaldes de las ciudades principales. Y que a ellos, para que lo ayuden deben ser devueltas las competencias que les fueron arrebatadas inconsultamente apenas arrancado este régimen. Al votar, los interioranos debemos tener muy presente la diferencia de cómo funcionaban las cosas antes del arrebatón y ahora, cuando todo se cae a pedazos por la ineptitud y la desidia oficiales.



Hay que ir a votar en febrero para ayudar a quien deba acometer esa colosal tarea de volver a hacer vivible a Venezuela. Y a esas votaciones hay que ir con la mente clara, a sufragar por quien uno crea que es el mejor; sin dejarse obnubilar por la contaminación demoscópica, por encuestas, muchas de ellas hechas —siguiendo la moda oficialista— a la medida para el encumbramiento de quien las contrata. O sea, hay que ir a depositar nuestros votos sin dejarse llevar por “la farandulización del debate público”, para usar una frase afortunada de Antonio Sánchez García este domingo.

Terrorismo a la medida

Tiene que llamar la atención la celeridad inusual con la que la Comisión de Política Interior de la AN arrancó. Pero no para tratar de solucionar la grave inseguridad que asuela a los venezolanos. No, lo de la mayoría de ellos es ayudar en los intentos de eternización de Su Chocante Mediocridad. Por eso arrancaron por la dizque “Ley contra el Terrorismo y la Delincuencia Organizada”. Que es solo otro intento de pasar la “Ley Sapo”. Tanto, que si contrastamos el proyecto discutido a finales del 2011 con el que tratan ahora de imponer con su mayoría espuria, se nota a la legua los añadidos que buscan seguir llevándonos al “1984” de Orwell.



Primero, intentan revivir el “estado de sospecha” que sugirió alguna vez uno de los más irresponsables figurones del régimen. Con eso contrarían algo con lo que está de acuerdo la gran mayoría de los sociólogos del mundo: no se puede predecir la peligrosidad. Con ese argumento, entre otros, fue que se derogó la “Ley sobre vagos y maleantes”. Todos los rojos se hicieron parte en esa causa. Hoy, esa ley, que nos devino de España, solo sigue vigente en la Cuba de sus amores. Por eso no dicen nada ahora. Y, por eso mismo, se contradicen e intentan llevarnos al “Mare Felicitatis”, por órdenes de la gerontocracia castrista. Lo que se busca es tener un mecanismo más de hostigamiento en un año electoral que tiene claros visos de triunfo opositor.



Preocupante también es que se trate de tipificar como obligación dar información acerca de los “actos sospechosos” de los que se tenga conocimiento. Y hay más: se invierte la carga de la prueba; no es el Estado quien debe probar que el indiciado es culpable, sino que es a quien “le echaron dedo” al que le toca demostrar más allá de toda duda que es inocente. ¡Big Brother a millón! Que una persona ande con las manos en los bolsillos y que mire de soslayo para todos lados puede hacer pensar a alguien que el sujeto es un atracador que busca a quién robar. Pero puede ser todo lo contrario: un sufrido ciudadano que teme que uno de los muchos salteadores que hay en la vía pública le arrebate la platica que sacó del cajero automático y lleva en el bolsillo. Lo que pasa es que al meter en un solo proyecto de ley los delitos de terrorismo y de delincuencia organizada podrían lograr —previo confabulación entre un sebín rojo y un chivato del mismo color— el apresamiento de cualesquiera personas; especialmente, opositores destacados. Si fuesen dos leyes distintas, los bancos pudieran denunciar los intentos de blanqueo de capitales y los ciudadanos pudiésemos caminar sin temor. Pero eso no es lo que se quiere.



Pero lo más grave es el intento que trajeron subrepticiamente de calificar lo que es un acto terrorista como; "una conducta individual o asociativa, de acción u omisión, destinada a subvertir el orden constitucional o institucional de un país, alterar gravemente la paz pública o intimidar a una población, u obligar a un gobierno o a una organización internacional a realizar un acto o a abstenerse de hacerlo". Si leemos con detalle, veremos que ahí cabe de todo. Hasta las protestas de los damnificados que se manifiestan porque las viviendas se las están dando a los del PUS y no a ellos —los que en mala hora y después de años de falsas promesas— siguen en los refugios.



¿Por qué no se guían por la que es la definición aceptada por la mayoría de las naciones civilizadas del mundo? Esa que no ha sido posible pasar en las Naciones Unidas porque a los regímenes forajidos, entre ellos el de Venezuela, no les conviene, ya que los despojaría del arma con la cual amedrentar a quienes piensan diferente a ellos.



La definición que es aceptada casi por todo el mundo la dio Yonah Alexander, el director del Instituto para el Estudio del Terrorismo Internacional: “el uso de la violencia contra objetivos civiles al azar a fin de intimidar o crear miedo generalizado con el propósito de lograr objetivos políticos”. La palabra clave es “violencia”. Y las protestas populares, como regla general, no son violentas; es el régimen el que la ejerce contra ellas. Ya sea por medio del “aparato represivo del Estado”, para ponerlo en palabras de Althusser —alguien a quien ellos leían mucho, antes de ser gobierno—, ya sea mediante el uso de fuerzas de choque tipo “La Piedrita” o de los seguidores del expulsado de la UCV que tiran gases para tratar de acabar con la derrota electoral que se les viene encima.



Lo necesitan urgentemente. Por eso fue que el diputado Henry Hernández ya señaló que toda “la oposición es violenta". Una mentira más en el piélago de irresponsables engañifas de estos trece largos años…

Mentiras frescas del Gran Patán

Todos estamos claros en que de trece años para acá, las cadenas televisivas ya no son más el instrumento del que se vale el gobernante para hacer anuncios importantes, alertar de un problema inminente o darle más fasto a una conmemoración. Ya hasta los más ciegos de los rojos admiten que ahora esa posibilidad comunicacional no pasa de ser un recurso más que tiene Elke Tekonté para el autobombo, los intentos de glorificación, y el “bajeo” de los de mentes más sencillas. Siendo así, a nadie le pudo extrañar que en la más reciente emisión de “Desmemoria y Cuentos” abundaran la inmodestia y las mentiras.



Nadie, entre los masoquistas que se calaron la cadena, iba a escuchar informaciones veraces acerca de kilómetros de carreteras construidas, hospitales puestos en funcionamiento, disminución de la deuda externa y minucias de esas que ocupaban el grueso de las memorias y cuentas de los mandatarios anteriores. Lo que escucharon fue una repetición, corregida y aumentada— del mazacote de lugares comunes, patrañas y autoensalzamiento de años anteriores. Lo que busca es esculpirse una estatua de dimensiones heroicas. Pero que no llega sino a la aberración de algo así como un “busto ecuestre”. La acuciosidad periodística nos reseña que el tipo dijo “yo” 745 veces en las casi 10 horas de cháchara. Mientras que las palabras que identifican a las cosas que verdaderamente preocupan a los venezolanos aparecieron con parvedad. El mismo reportaje señala que el cuentista desmemoriado pronunció “inseguridad” dos veces y “violencia” otras 13. Ni siquiera los vocablos “socialismo” y “socialista” (se supone que son los que lo mueven) aparecieron frecuentemente: solo treinta veces en su prolongado bodoque.



Y, al hablar del problema de la inseguridad, para no variar, metió otra mentira: aseguró que el problema de la violencia aumentó cuando en el país se le permitió a las alcaldías y a las gobernaciones manejar sus propios cuerpos policiales. ¡Falso de toda falsedad! Las policías de Venezuela, a lo largo de la historia, fueron municipales. Hasta que en el primer gobierno de Caldera, los gobiernos estadales también recibieron atribuciones y responsabilidades policiales. O sea, hace más de cuarenta años. Pero la muertamentazón es de hace diez para acá. ¡Que no escurra el bulto!



Otro detalle del reportaje indica que, a veces, el tipo se sale del intento de apoteosis propia y le tira una migajita a otros de sus cómplices: cuando mencionó a “Carabobo” (seis veces) fue para hacerle propaganda a su candidato (y seguro perdedor), el chofer de Zelaya. No se notó mucho porque ya parece que a medio mundo le ha salido un callo en la parte del cerebro que tiene que ver con la lógica y que debe alertar que no es lícito —mucho menos, ético— hacer propaganda proselitista en actos oficiales. Pero como esos ventajismos son de todos los días, alguna gente los siente como normales. ¡Pues, no! Eso es delito de acción pública. Pero la mayoría de los fiscales y los jueces están muy distraídos gritando “¡Uh, ah”! Y los otros están enculillados, no sea que les pase lo de la doctora Afiuni.



Dice a cada rato que la MUD, las primarias y los precandidatos no lo preocupan en lo más mínimo. ¡Pero cómo los ataca! Es casi una fijación. Tanto, que les dedicó algún tiempo en su monserga. Y tuvo el tupé de decir que después de las primarias va a comenzar una “precampaña” ¡Qué riñones! Si en eso ha estado los trece larguísimos años de su mangoneo. La verdad es que le preocupa tanto el doce de febrero que hasta el cierre del consulado en Miami tiene que ser visto como un intento de minimizar los resultados. En las relaciones exteriores lo que priva es la reciprocidad: “¿Expulsaste un funcionario de mi país? ¡Pues yo aviento a uno del tuyo!” Era lo esperable. Pero no. Prefirió —después de dejar claro que no expulsaría a nadie de la instancia consular estadounidense porque “el Gobierno venezolano no posee razones para desalojarlos del país”— dejar a los paisanos suyos que viven en Florida, Georgia y las Carolinas desasistidos. En fin de cuentas, después de trece laaaargos años no ha entendido que debe ser el presidente de todos los venezolanos.



De tan narcisista que es, creyó que se la iba a comer al permitir que algunos diputados de la alternativa democrática tomaran la palabra. ¡Y una más se dio un tiro en un pie! Porque —además de que Julio Borges lo desnudó en su mentira de las “casas dignas” para los damnificados cuando le señaló que todavía quedaban más de cien mil en los refugios, y Dávila lo conminó a liberar a los presos políticos— se le apareció una María Corina que lo sentó de rabo.

No les echo el cuento porque ya toda Venezuela sabe lo que pasó. Y la aplaude…




martes, 6 de diciembre de 2011

La cumbre de la megalomanía

Un dato que se les escapa a la mayoría de los opinadores que ha comentado la reciente reunión en Caracas es que la fecha original de la convocatoria era para el julio pasado. Y que la programación hubo de ser pospuesta porque Esteban estaba malito en la Cuba de sus amores. Ya nada más que este indicio señalaba cuál es la verdadera razón del llamamiento: el afán de protagonismo del narcisista convocante, quien necesita ser el foco de la atención en todo momento. Toda la altisonante fronda verbal emitida durante la preparación y desarrollo del fasto no era sino el mascarón de proa. En verdad, otro tema se percibía como justificación: la tirria contra el imperio meeejmo que muestra. Pero solo de bemba para afuera. ¡Ni de vainas que va a antagonizar de veras al único cliente que le paga el petróleo en moneda dura!
La aproximación indirecta marcó el paso en esta ocasión. No se atacó directamente a la OEA —excepto por algo que dijo el modosito del Chaderton, tan obsecuente siempre— pero se dio los pasos para reemplazarla. Porque "ni los Estados Unidos ni Canadá son como nosotros; no hablan nuestra lengua". De seguro que los surinameses y los barbadenses sí son igualitos y sí manejan el español. Es verdad que la OEA no es un dechado de eficiencia —sobre todo desde que Insulsa está al frente— pero buscar reemplazarla por algo que ni siquiera tiene reglas para la toma de decisiones es como mucho. ¡Pero hay que acabarla! Porque tiene unas instituciones que le estorban a esos arquetipos de demócratas que se han hecho con el poder en algunos países. Es que tanto a Elke Tekonté como a Ortega, Correa y Evo —para mencionar a unos pocos— la existencia de una Comisión de Derechos Humanos y de un tribunal internacional que atienda esa materia son un obstáculo para sus anhelos de acabar con la libertad de prensa, sus pretensiones de no responder por los desmanes que cometen contra sus conciudadanos y sus apetencias de poder omnímodo.
Esos y los demás presidentes que vinieron al festín. ¡Claro, ni bolsas que fueran! Unos vinieron con facturas por delante, o a defender los intereses de sus empresarios (México, Brasil, Uruguay, Colombia, Chile, Argentina); la mayoría, como chulos de Venezuela que son, con las manos extendidas de siempre. Tanto los "tírame-algo" de siempre (Cuba, Bolivia, Nicaragua) como los eventuales de las mininaciones del Caribe angloparlante consiguieron sus migajas. Que era lo que les interesaba. Todos se fueron con plata nuestra en sus maletines, porque saben que dentro de poco se les acaba la manguangua. Sea que el enfermito pele gajo, sea que alguien más capaz, más patriota y más honrado lo reemplace en Miraflores. Vilma y Cristina fueron tan descaradas que apenas logrado su cometido agarraron sus aviones y se fueron. No esperaron la foto final.
Mientras los cubiches y los nicas se iban buchones y con compromisos de hacerles refinerías ¡otras más para sobrepasar las veintena de las que ha ofrecido el Fementido!, las nuestras están trabajando a media máquina, o paradas, por esa mezcla insalubre de incapacidad de los "técnicos" y la desviación hacia bolsillos boliburgueses de dineros requeridos para el mantenimiento. Mientras colombianos y mexicanos celebran que sus mandatarios consiguieron que se les pagara parte de lo que alegremente incautó o compró Esteban, los venezolanos que han sufrido inicuas confiscaciones disfrazadas de "nacionalizaciones" y los empresarios nativos que dan viajes y más viajes a las oficinas gubernamentales para tratar de cobrar las deudas de años lo que consiguen son humillaciones.
Caracas está empapelada con avisos donde Risarrita quiere hacernos creer que "Caracas siente la solidaridad" y que "Caracas celebra la paz". Pero, es que el verbo "sentir" no implica solamente: "percibir sensaciones", también tiene una acepción de: "padecer un dolor", "sufrir un daño". Sinceramente, creo que el caraqueño (y todos los venezolanos) entendemos esos carteles como que esa solidaridad, cuando nos la imponen a juro, cuando significa luz para la calle y oscuridad en la casa, ya no es tan virtud y amargamente se intuye más como resentimiento, como agravio. Y lo de celebrar… ¿A qué paz se refiere? Porque el montón de muertos todos los días, la gente tomándose la justicia por propia mano, el desgobierno imperando no son signos de paz propiamente. A menos que, como es frecuente en las comunicaciones y propagandas del régimen, hayan escrito mal. Que lo que intentaron fue explicar que "Caracas celebra a La Paz". Era un tributo a Evo por su discurso acusando a los Estados Unidos por la contaminación; sin decir ni una palabra de la que generan los chinos. Pero es que a éstos, ni con el pétalo de una rosa. Por órdenes de Suco Mandante…

martes, 29 de noviembre de 2011

La fábrica de pobres

Como si no fuera ya bastante el chorro de reales que se reparte pródigamente en misiones que no ayudan a sacar el país del atolladero sino que han creado una clase parásita que no produce sino que medra del erario, Su Adiposa Inmensidad —desesperadito porque ve cómo se le escapan los votos de cara al 2012— acaba de ofrecer una nueva que no pasa de ser un descarado intento de soborno a las madres más ingenuas (que son las únicas que se comen las mentiras de Mentira Fresca). Ya las largas e inclementes colas en las afueras del Banco Industrial se verán engrosadas por señoras con tremendas barrigas que sostienen a un bebé con un brazo mientras retienen con la otra mano al otro tripón para que no se les escape y corra el riesgo de ser pisado por un carro. ¡Menesterosos del mundo, uníos! ¡Vengan a mí, que tengo flor!

Mientras ese derroche sigue, el país se nos muere de mengua. Es la realidad, aunque el régimen trate de ocultar el hecho de que no ha impulsado el progreso nacional sino que nos lleva en retroceso hacia lo más oscuro y primitivo del final del siglo XIX. Esos dineros malbaratados en misiones alcahuetas de la flojera, en subsidiar la gasolina de alto octanaje que no es precisamente la que emplean las clases populares, en seguir comprando amigos fuera de las fronteras, en tratar —cual hormiga que se empeña en picar a un rinoceronte— de acabar con “el imperio meeesmo” pudieran haber sido mejor empleados en aumentar, mantener y modernizar las redes viales, las escuelas, los hospitales y las instituciones que deben prestar seguridad pública. ¿Cuánto no se hubiese dinamizado la economía venezolana (y cuántos muertos menos tuviésemos) si se hubiese invertido en las carreteras lo que se gastó en regalar asfalto a Jamaica y Bolivia? ¿Cuántas familias hubieran salido de la dependencia “misionera” si se hubiera construido de verdad-verdad casas, escuelas y hospitales en la provincia venezolana y no regalados a Cuba, Benín, Uruguay y pare de contar? ¿Cuánto mejor estuviese funcionando la infraestructura empresarial si se hubiese instalado generadores eléctricos aquí en vez de regalarlos a Nicaragua? La escena mundial pensaba que nosotros íbamos a ser el primer país suramericano que iba a salir del Tercer Mundo. Y apareció el moderno Atila con sus hunos y su inmenso odio.

Cada día será mayor la cantidad de pobres, sin importar cuánto mienta Elías Eljuri por órdenes superiores. Todo, de acuerdo a la filosofía imperante de que hay que nivelar por lo bajo; que “ser rico es malo”. Y es que, recordando algo que me explicó hace mucho tiempo un expresidente colombiano, “las izquierdas harán cualquier cosa por los pobres, menos acabar con la pobreza”. Es que ese tipo de regímenes necesita que la gente vaya hacia ellos con las palmas de las manos extendidas y vueltas hacia arriba, en actitud suplicante. Porque es la única manera que conocen de mantenerse en el poder. Los italianos, desde los años sesenta, lo explican con las palabras con las que don Camilo —el cura que pintó Guareschi— enrostraba a Peppone, el alcalde del pueblo: "I comunisti amano così tanto i poveri che vogliono creare altri".

Manuel Barreto recordaba hace días que el líder de la “Revolución de los Claveles”, Otelo Carvalho, cuando visitó al Primer Ministro sueco le dijo que necesitaba ayuda para acabar con los ricos, y Palme, sin hacerse el sueco, le respondió, “Tenemos un pequeño problema, yo lo que quiero es acabar con los pobres”. Lo que me trajo a la mente algo sucedido en el año 63, apenas comenzando las guerrillas en la sierra de Falcón: los bandoleros llegaron a un caserío, reunieron a los lugareños en el centro del lugar y uno empezó a informarles que el objetivo del movimiento guerrillero era acabar con los ricos para que todo el mundo fuese como ellos, pobres. Un anciano ripostó algo parecido a como dijo Palme, que él no quería que los ricos fuesen pobres sino al revés. Lo fusilaron al instante…

Gente que piensa así todavía es quienes, para pérdida de la nación, dragonean, desmandan y mangonean desde los más altos estratos. Empezando por el presidente del parlamento —empeñado en una vindicta absurda por algo que no ocurrió—, siguiendo por el comandante Fausto, los asaltabancos Inmaduro, Cilicia y Bednal; pero que no se quedan es ellos solos. Hay quienes —aunque todavía no hay confesión de parte, pero ya llegará el descaro a ese colmo—ingresaron en la Academia Militar por instrucciones del comunismo internacional para minar las instituciones. ¡Y mire que lo han hecho bien! Lo único. También hay émulos. Como la inefable MinPoPoEduSup, quien quiere imponer eso de que los bachilleres piensen de una única manera, olvidándose que ella es producto de una universidad donde se estudiaba y discutía diversos modelos socio-económicos e ideologías.

martes, 22 de noviembre de 2011

Pa’ preocupase

El Orate Sabanetense sigue prometiendo irresponsablemente. Menos mal que es más mentiroso que un brassiere con relleno. Y por eso, no se cumple las tres cuartas partes de las cosas que jura que va a dar. Aún así, las barrabasadas demagógicas que trata de implementar implican un endeudamiento importante para los venezolanos. Con el fin de mantenerse en el poder, gasta insensatamente y compromete el futuro del país y sus futuros ciudadanos. La deuda contraída con medio mundo que tendrán que pagar mis bisnietos —que los he de tener algún día— será enorme.

Se maneja sin control alguno los recursos públicos. El gasto se realiza en base a conveniencias políticas bastardas, bajo designios megalomaníacos y con la complicidad de otros poderes. Y sigilosamente, porque en secreto es que funcionan las tiranías. No se ve resultados, sino inflación, inseguridad, escasez y cuentas por pagar. Así, el país nunca llegará a un estadio de civilidad y prosperidad.

Digo esto como una reafirmación de lo que aseveraba hace poco acerca de que los precandidatos no han presentado programas de gobierno, sino promesas. Lo cual es comprensible, tienen que tratar de neutralizar a Esteban Dolero. Pero que no basta. Puede que estas le basten a la porción menos analítica del electorado. Pero hay quienes necesitamos más proposiciones programáticas que meras promisiones.

Lo que el régimen ha creado en estos largos trece años es un monstruo. Aprovechando que estamos en año de censo, hagan la prueba que yo hice: dividan la deuda pública de 2001 entre los 23 millones de venezolanos que éramos ese año; luego, hagan lo mismo con los guarismos del año que corre. Es para pararle los pelos a cualquiera. Cada venezolano debe hoy casi cinco mil billetes verdes. Y, claro, eso son minucias para los bolipotentados que hoy mangonean en todos los poderes, inclusive los dizque independientes. Pero para Cabez’e Ñame Pérez es muy duro. Fue quien me dijo lo que tomé para título de hoy: “Es pa’ preocupase, mayol”.

Porque hasta ese humilde hombre sabe que hay más de un prestamista —sea república seria, banco inclemente o revolucionario avivato y agiotista— que está cantando la canción que le susurraba la mesonera al cliente pasado de copas: “Es una deuda que tienes que pagar…” A nosotros no nos quedará el recurso del borracho que le contestaba: “Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando…” Las deudas contraídas por la república deben ser honradas por el gobierno que reemplace al régimen. Sin importar cómo y quiénes dilapidaron esos dineros. Porque estará conformado por gente seria que entiende que habrá que tragar grueso y comportarse correctamente; no como los actuales mandatarios.

Nada más que por eso, debiera haber un segundo “debate” entre los precandidatos. Porque implica hablar de finanzas, relaciones exteriores, dinamización del aparato productivo y responsabilidades administrativas. Estoy claro en que la economía y las finanzas no son fáciles de explicar para el común de las gentes. Pero comparando con casos del día a día se puede llegar al grueso del electorado. Porque para ellos esa materia es tremendamente importante —así no lo perciban hasta que uno se los haga entender.   

Hay que desmontar el discurso oficial de que la deuda que ellos insolventemente contraen es una palanca para progresar. No lo es, ni lo será, mientras esos manilargos sean los que se despachen y se den el vuelto. Todos esos miles de millones que han “administrado” se vuelven puras prebendas destinadas a comprar el voto de los simples de mente. Y la complicidad de otros mandatarios en otros países. En verdad, el endeudamiento puede ser beneficioso, como en el caso de un agricultor que saque fiado un tractor, o un industrial que compre una nueva máquina. Pero estamos ante el caso de un tipo que, sin importar el hambre que pasan sus hijos, pide prestado para malgastar en caña, regalarles plata a los vecinos y comprar una pistola chíiisima.

Otrosí.
Hablando de preocupaciones, hay una que me surgió luego de leer una noticia por Internet: un estudio realizado en el Stanford Cancer Center de Palo Alto, California y publicado en “Archives of Neurology” llega a la conclusión de que muchos enfermos de cáncer, si sobreviven, pierden agudeza mental y “muestran cambios en aspectos claves de la función cerebral que pueden ser trasladados a dificultades en el mundo real”. Y cuando digo “muchos” es porque la vocera de esa institución, la doctora Shelli R. Kesler habla de que en “hasta el 75%” se presenta eso que ya los oncólogos de todo el mundo denominan "chemo fog". La niebla que pareciera posarse sobre la mente de los escapados de ese mal. Mi preocupación surge porque si Elke Tekonté no era muy brillante mentalmente que digamos, si es que se salva, tendrá menos sinapsis detrás de la verruga…

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Villanos sobre el escenario

En la ópera, la voz de barítono casi siempre está reservada para personajes solemnes, como el gran sacerdote en “Madama Butterfly”, Wotan en “El anillo d los nibelungos” y el faraón, en “Aída”, o personajes trágicos, como Rigoletto y Macbeth, en la ópera que llevan esos mismos nombres. De cuando en cuando, aparecen figuras cómicas, como Fígaro y Bartolo en “El Barbero de Sevilla”. Los rusos escogieron tonos de barítono, no de tenor, que es lo usual, para algunos de sus personajes principales, como Eugenio Onegin, Boris Godunov y el Príncipe Igor, en las óperas de iguales títulos. Pero lo que quiero destacar hoy es a ciertos villanos que cantan en esa tonalidad. Porque, la ópera y de la vida real son similares en que en ellas actúan muérganos que disfrutan amargándole la vida tanto a quienes tienen roles en la escena como quienes ven desde la platea. Vale decir, de los que formamos el grueso de la población

Claro que también hay bribones desvergonzados que cantan en la gama de tenor. Recordemos al Pinkerton de “Madama Butterfly”, un irresponsable que seduce a una joven inocente, la preña, la abandona y, después del parto, le manda a quitar el muchachito con la esposa legítima. ¡Con razón, a Cio Cio San no le queda más remedio que hacerse el harakiri! Por otra parte, el aria probablemente más popular en todo el mundo la canta el Duque de Mantua, en “Rigoletto”; un gran carajo, un abusador que busca tener sexo hasta con las esposas de los miembros de su corte. La gente tatarea “La donna è mobile” por su música pegajosa sin saber, quizá, que es toda una afrenta contra las mujeres, quienes según el bribón están en el mundo para ser engañadas por él. El duque, si viviera en el siglo XXI y no existiera Esteban Dolero sería la viva imagen del abuso de poder.

En “Otelo” nos encontramos a Yago. Su manipulación de personas desprevenidas, que tienden a pensar bien, hace que el moro asesine a su casta esposa y, luego —al ver la monstruosidad que ha cometido por el engaño que ha sufrido— se suicide. ¿Qué mueve a Yago? El despecho de ver que el ascenso que, según él le tocaba, se lo dieron a otro. Me imagino que el Dux, cuando lo manda a arrestar, estaba pensando en hacerle cargos por difamación, calumnia, intento de asesinato y hurto. Lástima que los jerarcas rojos de por aquí no sufrirán pena parecida. Por una doble razón. Primero, Elke Tekonté ha creado tantos ministerios y tantas canonjías que a cada uno le tocará la suya y no habrá pelea. Y, segundo, en el caso de que alguno sea llevado a tribunales, por ser de alto rango, serán presentados en el Tribunal de la Suprema Injusticia; allí, de manera guillada le mostrarán sus sendos carnés a la Stella de Yaracuy, y ¡presto! Declarados inocentes…

Otro maluco de antología es el Don Giovanni de la ópera del mismo nombre escrita por Mozart. El tipo es un cortesano tan bragueta brava que se jacta de las mujeres que ha engatusado para obtener sus favores. Tantas, que Leporello, su sirviente, explica que sus conquistas son: 640 en Italia, 231 en Alemania, 100 en Francia, 91 en Turquía, “ma in Spagna, mile tre”. El personaje, basado en la obra de Tirso de Molina, es tan inicuo que no solo mata al Comendador padre de una joven a la que trata de seducir, sino que se mofa de la estatua que le levantan a este y la invita a cenar. No contaba con que el Comendador se le iba a presentar en el banquete y se lo iba a llevar para el infierno… Cosa que uno quisiera también para quienes llevaron a la muerte a Franklin Brito y tantos otros; y a quienes mantienen en prisiones injustas, arbitrarias, a tanto prisionero político como hay.

Y está el Scarpia de “Tosca”, un personaje tan abyecto que al mismo momento que manda a sus sicarios a buscar a sus opositores políticos para ahorcarlos reza un Te Deum. Para mí, este personaje y el Mefistófeles de “Fausto” son los más malucos de toda la lírica. Pero Mefistófeles tiene que ser así porque es el diablo, el propio Don Sata. Pero que un ser humano se ensañe —encaramado en el poder— contra alguien por pasiones bajas es el colmo. Tortura a quienes considera sus enemigos, los manda a “ajusticiar”, extorsiona a quien le apetece sexualmente. Para que vean lo muérgano que es: le promete a Tosca que el fusilamiento de Mario solo será una patraña para dejarlo escapar después, cuando lo que le dice al esbirro es todo lo contrario, que lo maten. Recibe su merecido de manos de Tosca, pero por la consecuencia de sus acciones, queda un reguero de cadáveres. Igualito que por aquí, pues…