martes, 12 de agosto de 2014

¿Hasta cuándo este remedo?



Jack Cade es un personaje histórico; existió en la vida real y fue quien dirigió una revuelta contra el rey de Inglaterra en 1450.  Sin embargo, el conocimiento que se tiene de él se debe más a que aparece en el “Enrique VI, parte 2” de Shakespeare.  ¡Y qué personaje, señores!  La historia y la obra teatral coinciden en que era poco instruido, desalmado, populista y mentiroso.  O sea, igualito a alguien con poder que anda por aquí.  Por eso, creo que vale la pena hacer un parangón entre ambos figurantes.

 

Como Cade intenta apoderarse de la corona inglesa, requiere ocultar su origen humilde y su desempeño como oscuro albañil; decide entonces hacerse pasar por hijo bastardo de Enrique V, se cambia el nombre y exige que se le reconozca como John Mortimer, siendo ese apellido el de una noble familia que tenía pretensiones al trono.  En nuestras latitudes, para poder mangonear desde el Ciliaflores, el tipo busca esconder sus orígenes nortesantandereanos.  Para hacer creer que es nacido aquí, manda a su ministra de asuntos electorales a que muestre —solo por un par de segundos— una fotocopia de algo dizque es un registro de nacimiento.  Pero, el paralelismo más importante está en que también se declara hijo de quien no es en realidad.

 

Después hay que analizar el populismo de ambos.  El nacido en Sussex tenía tal sancocho mental que prometía que bajo su gobierno siete panes de a medio penique se deberían vender por un penique, que las ollas de tres aros iban a tener diez, que todos comerían y beberían con cargo al presupuesto y que por las tuberías del acueducto iba a correr vino.  Eso sí, siempre y cuando la gente “worship me their lord”.  Al de por estos lados — que imita la irracionalidad de su paralelo del siglo XV, pero arropado por el “socialismo siglo XXI”— se le hace fácil “sugerir” a los comerciantes que vendan a pérdida.  Porque si no, puede llegarles una poblada a “dakearlos” con la vista gorda de las autoridades que, se supone, deben mantener el buen orden.  Y más luego les manda a Samán y sus muchachos para que tengan que vender a precio vil lo poco que les quedó.  Parece que no quiere internalizar que en un país con cincuenta por ciento de inflación anual, si a un comerciante se le exige que venda con una ganancia de solo un diez sobre el costo, y el bien pasó tres meses en el anaquel, lo que hay es pérdida y no habrá reposición de inventarios.  Pero eso debe ser muy abstruso para alguien que ni siquiera completó bachillerato…

 

Cade mandaba a matar a todos los que tuviesen categoría, ascendencia, cultura y conocimientos.  Es enfático en eso de que “We will not leave one lord, one gentleman”.  Por eso, cuando el secretario del pueblo de Chatham le contesta que da gracias a Dios por haber tenido educación, lo califica de traidor, lo manda a ahorcar y ordena que le adornen el cuello con su pluma y su tintero.  Y cuando a Lord Say le preguntan qué opina del condado de Kent, su respuesta —“bona terra, mala gens”— fue más que suficiente: lo manda a matar porque sabe hablar latín.  Nuestra versión criolla tampoco ve con buenos ojos a la gente con erudición, a las personas con genealogía, a los capitanes de la industria.  Puede que sea tanto por envidia como porque los ve como un estorbo en sus avideces socialistoides; cualquiera que sea la razón, trata de destruirlos. Pero, en su descargo, hay que decir que no se le conoce (hasta ahora) que haya mandado a matar a nadie.  Porque a él le basta actuar como su fallecido padre putativo: destruyendo las reputaciones bien ganadas de sus adversarios.  Sin aportar una sola prueba, vierte mentiras en los oídos de los más sencillos de mente y les insufla que María Corina es agente de la CIA, que Capriles es un judío capitalista, que Leopoldo es reo de corrupción, que Cocchiola es usurero y tramposo.

 

Sobre el último de los mencionados quiero hacer un aparte.  Porque es mi amigo y porque este caso deja claro la razón de los denuestos y agravios.  Cocchiola está ganando tan de calle la alcaldía de Valencia que se ven en la obligación de “ajusticiarlo”.  Necesitan ganar como siempre lo han hecho: con trampas y falta absoluta de escrúpulos.  Conozco a Michele muy bien; desde hace muchos años es mi amigo y me consta que es un caballero cabal, un hombre sin pizca de maldad, un comerciante honrado y un venezolano que quiere a su país.  En razón de esto último, desde hace años, dejó los negocios de lado y ha ofrecido su nombre y sus servicios a la ciudad y la nación.  Lo ha hecho bien y cuando gane la alcaldía lo hará mejor.  Será un alcalde a lo Paco Cabrera: pocos discursos y muchas obras.

 

Si el de Suffox había decidido que solo su boca bastaría como Parlamento de Inglaterra, el de Ocaña trata de legislar sin la Asamblea.  Pero el 8-D no va a importar cuántas habilitantes le consigan los William Ojeda del Legislativo —ni cuantas trampas armen Tibi y las otras tres arpías—: Nicky va a descubrir que no podrá acabar con la propiedad privada, aniquilar la instrucción de calidad ni gobernar autocráticamente.  El 8-D será nuestro Alexander Iden, el sheriff de Kent, que le echó un parao a Cade…

 

Carta a Colacho

No muy ilustre —ni ilustrado— detentor (y uso la palabra correcta) del poder ejecutivo: hace tiempo que no mandaba una correspondencia a alguien tan elevado en el gobierno.  La anterior fue en el 99, cuando le remití una carta pública a su antecesor cuando vino al Campo de Carabobo con la menor de sus hijos legítimos (entiendo que otros por ahí) y todos pudimos ver a la chamita jugando con el bastón de mando en jefe de las Fuerzas Armadas.
 
Me toca molestar su atención para decirle, desde muy dentro: ¡Cónchale, vale, tronco de hombre nuevo el que estás formando con tu ejemplo y tus consejos!  Porque eso de “que no quede nada en los anaqueles”, fue cumplido al pie de la letra…  Lo del Daka de Valencia demostró que cuando usted da una orden, ¡se cumple!  Y déjeme decirle —como testigo de primera mano, pues vivo a escasas dos cuadras de ese almacén— que hasta los compatriotas que usan chemises rojas en vez de franelas del mismo color y los uniformados acataron su ucase: televisor plano de 42 pulgadas o más que veían, lo zampaban en sus camionetotas o patrullas con gran diligencia.  ¡Cómo se ve que la instrucción que imparten los del G-2 en las comunas y los cuarteles ha sido todo un éxito!
 
Por las críticas de los que tienen melindres de moral y decencia cívicas no se preocupe: son minoría.  Porque con eso no se gana elecciones.  Es mejor que usted siga ordenando confiscaciones a diestra y siniestra; no importa si devienen en saqueos: se mata dos pájaros de una sola pedrada: se aterroriza a los comerciantes y se empobrece más la economía; que es lo que se busca: igualar por debajo hasta que no quede nada por robar.  Así ya no habrá inseguridad. 
 
Por cierto, y hablando de saqueos, hago una digresión: ¿sabía que un amigo socarrón, Eddy Barrios, está proponiendo un nuevo verbo: “dakear”, cuya acepción principal sería igual que lo que indica el DRAE: “Apoderarse de todo o la mayor parte de aquello que hay o se guarda en algún comercio”, pero en la Venezuela de hoy.  Y pone ejemplos: "Ayer actuaron dakeadores". "Los dakeadores de la hacienda pùblica".
 
Regreso a lo que estaba planteando: cuando se trata de supervivencia —y usted y su régimen están en eso— todos los artilugios son valederos.  Es un secreto a voces que usted y los suyos están muy mal en las encuestas, que su popularidad está por el suelo.  Dada esa circunstancia, es un recurso válido el dejar de lado la Constitución y el juramento hecho sobre ella; es el agarrarse de un clavo ardiendo.  En fin de cuentas, si sus normas han sido violadas desde el mismo día de su promulgación, no es nada nuevo lo que usted hace.  Por ejemplo, el Art. 116 exige que las confiscaciones de bienes solo sean mediante sentencia firme; y usted ya dio afirmó: si tengo que confiscar almacenes enteros (…) lo voy a hacer…”  Eso lo entiende la multitud de dos formas: que usted se va a pasar por la faja lo que dice la Constitución, o que el Poder Judicial va a hacer cualquier cosa que usted le mande.  iEso refuerza el temor de las masas!  Lo que es de lo más conveniente en esta coyuntura…
 
Otra cosa más: no importa que los electrodomésticos no estén regulados.  No importa lo que el Art. 112 garantice acerca de la libertad de la actividad económica, de la iniciativa privada, o de la libertad de empresa.  Menos, lo que estatuye el 115 acerca del derecho de propiedad.  Si usted mandó a dejar los anaqueles vacíos, ¡pues se cumple y listo!  Es cuestión de ser expeditivo, que según el mataburros es: “dar salida a un asunto sin muchos miramientos, evitando trámites”.  Lo que sí debió analizar bien, por aquello de la realpolitik, son: cuántos callos va a pisar entre los altos mandos enchufados en Cadivi y cómo le va a caer esa medida a los palestinos, que tantos “aportes” han dado a personeros del régimen.  ¡Pero, ni eso!  Usted, cabeza fresca; porque ya eso lo debieron haber analizado los del G-2 cubano.  Que para eso fue que se los mandó Raúl…
 
Lo que sí no encuentro, camarada, como delito de acción pública es eso de la “usura” que usted alegó.  Le cuento que me revisé el Código Penal desde el título III hasta el X y no la encontré como figura delictual penal.  Pa’ mí, que eso debe estar en el Código Civil.  Y, como tal, de acción privada.  Pero, ¡tampoco le pare!, que para eso tiene jueces complacientes.  Por favor, y perdone que lo moleste con estas minucias, dígaselo al jefe del Órgano Superior para la Defensa de la Economía, general García Plaza, quien también salió con eso.
Por último —porque no quiero abusar de su paciencia— deje de lado lo que hizo y dijo Lenin en el año 25 ante el fracaso de sus políticas económicas.  Él restauró los principios del mercado, suspendió  la política de confiscaciones y admitió: “Presumimos ser capaces de organizar la producción y (...) distribución desde el Estado (...) Estábamos equivocados (...) Debemos construir sobre el interés personal, los incentivos personales y los principios de negocios (...) debemos lograr primero que funcione (...) el capitalismo de estado.”  Porque ese era del socialismo real; nosotros estamos en el socialismo del siglo XXI…
 
Por favor, dele mis saludos a doña Florinda.

Amigos bien disímiles


Los venezolanos estamos construidos con una memoria muy corta.  Lo cual es una ventaja cuando de agravios se trata; porque el olvido es un buen sustituto del perdón.  O, por lo menos, hace más fácil la convivencia.  Empero, hay otras cosas que debieran ser atesoradas por la ciudadanía y también sufren el rasero del descuido  y la ligereza.  Por ejemplo, ya nadie se acuerda de los saltos cuántico y cualitativo que dio Carabobo entre 1990 y 1996 en razón del gobierno regional que se dieron los carabobeños en esa época.  Lo que hoy está de moda en nuestro Estado es denostar contra Henrique Salas, haciendo dejación (en lo que puede llamarse “ceguera voluntaria”) del hecho que él fue el líder del equipo que tuvo ese logro.  En esos tiempos, era común que él y su gabinete hiciéramos buenos los versos de Hamlet: “…whose sore task does not divide the Sunday from the week”.  Porque era común que los fines de semana se nos trastocaran en días laborables y que las reuniones de coordinación duraran hasta las 10-11 de la noche.  Así fue como logramos el objetivo: trabajando con denuedo.  Fueron los tiempos en los que los carabobeños, cuando recibíamos visitas de amigos o familiares que venían de lejos, frecuentemente escuchábamos: “Es que, al salir del túnel de La Cabrera, pareciera que se está llegando a otro país…”

 

Fue en esos tiempos en los que tuve el privilegio de conocer a Asdrúbal González —un excelente escritor y, actualmente, cronista de la ciudad de Puerto Cabello— porque ambos formábamos parte de ese equipo empeñado en hacer a Carabobo un lugar mejor.  Con el tiempo, luego de aquilatar su sapiencia y disfrutar de su perenne chispa, llegué a reconocerlo como amigo.  Cosa que es más admirable si hacemos notar lo disímiles que somos: Asdrúbal toda su vida ha sido “ñángara” (uso la palabra sin pizca de insolencia) y yo tiendo a ser conservador en mi filosofía.  De hecho, a finales de los años sesenta, Asdrúbal apoyaba a las guerrillas y estaba encargado de los suministros clandestinos a los irregulares que actuaban entre las serranías de Yaracuy y la faja costera de Carabobo; y yo era uno de los oficiales de la Guardia Nacional que, desde Puerto Cabello, debíamos impedir esos abastecimientos.  Cosa en la que no teníamos mucho éxito, lo admito.

 

Hoy rememoro estas cosas porque el domingo pasado, se realizó un homenaje —muy merecido, por lo demás— para celebrar los 75 de vida y 50 de escritor de Asdrúbal, y porque entre los asistentes estábamos personas bien desemejantes en nuestras maneras de pensar.  Y lo pasamos súper-bien, conversamos cordialmente antes y después del acto, sin aspereza alguna en el trato.  Pero, por sobre todo, gloso esto en razón de los buenos resultados que tuvimos trabajando juntos en el Gobierno de Carabobo de comienzos de los 90.  Me gusta pensar que si se soslayase las diferencias y se enfocase más en las cosas en las que se concuerda, las posibilidades de echar para adelante una región y un país se potenciarían.  El Gabinete estaba conformado por lo que alguien comparó con “un abanico de todos los colores”.  Entre los extremos marcados por la ideología casi anárquica de Asdrúbal y el pensamiento castrense mío, había los de otros compañeros de gabinete que tenían ideologías democristiana, socialdemócrata, liberal y hasta reaccionaria.  Era tal la disimilitud de las individualidades, pero estaban tan aglutinadas las miras grupales, que hasta se llegó a hablar de una suerte de mesa redonda alrededor de la cual se sentaban unos caballeros con un primus inter pares que planificaba con nosotros.  El gobernador decidía las prioridades y señalaba la ruta hacia el objetivo; pero, después, estaba de parte nuestra convertir esas guiaturas en acciones.  ¡Y lo logramos!

 

Ojalá que volviesen tiempos así en las ciudades, las regiones y el país.  Solo cuando eso suceda, lograremos que Venezuela deje de rodar por el despeñadero, se estabilice y retome la senda del avance hacia el desarrollo.  Para ese logro, hace falta la colaboración de todos, dejando de lado las banderías y actuando con verdadera solidaridad.  No basta, nos explicaba recientemente el padre Ugalde, con dar demostraciones de tolerancia: “…el diccionario dice que la tolerancia consiste en ‘permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente’ (…) resulta un retroceso deprimente que en pleno siglo XXI ansiemos la tolerancia que no tenemos. La Constitución bolivariana declara que todos somos iguales ante la ley y tenemos la misma dignidad; por tanto no es posible que haya gente meramente tolerada”.

 

Solo cuando se deje de lado la pugnacidad y la porfía que existe hoy entre los dos grupos antagónicos (de iguales magnitudes, déjenme que les diga) y se pongan a trabajar de consuno —y cuando los indiferentes que los estudios demoscópicos tienden a colocar en medio de esas dos facciones abandonen la apatía— podremos encontrar la vía hacia un desarrollo nacional más justo y más eficiente  Y podrá enseñorearse una paz de verdad-verdad entre nosotros…

 

Pajarobravismo a millón

 
 
Dejémonos de vainas: pongámonos la mano sobre el pecho y reconozcamos que, una vez más, esa eminente venezolana que se llama Mercedes Pulido tiene razón: los pájaros bravos se dan silvestres en nuestro país.  Es que los venezolanos somos avispadísimos, creemos que nos las sabemos todas, que a cualquier hijo de vecina se las podremos ganar siempre, que la picardía nos viene por algún gen familiar que los demás no tienen.  Nos “coleamos” hasta en la fila para comulgar.  Si podemos robarnos los servicios públicos, le damos sin misericordia.  Si trabajamos en una registradora, redondeamos hacia arriba y lo que va quedando se vuelve nuestro al cuadrar la caja al final de la jornada.  Nos comemos las luces rojas sin importarnos que se ponga en peligro a la circulación ni que le estemos pisoteando el derecho a otro.  Y valga una digresión: según Peter Albers —un apreciado amigo de ancestro y comportamiento teutones, pero valenciano hasta la cacha— nuestros semáforos emiten cuatro señales: verde significa “dale”; amarillo, “apúrate”; rojo, “todavía tienes chance”; y, unos diez segundos después de aparecer el rojo, “ahora si te jo…”
 

Los venezolanos actuamos como consecuencia de ese creernos con derecho a ser unos tunantes desvergonzados.  Hasta que nos llega el instante en que debemos pagar; en el que otro, que también se cree muy vivo, nos encarama.  El ejemplo más reciente, pero no el único, es el del alcalde de Valencia.  Que lo es todavía (y en mala hora) no importa cuántas maniobras contra-legem inventen los concejales rojos para complacer a los maniobreros que están más arriba que ellos en el PUS.  El tal Alca-Parra creía que con un discurso moral de labios para afuera y con miles de fotos apareciendo al lado del comandante eterno pero que se murió, iba a poder sisar del erario indefinidamente.  No obstante, llegó el momento en el que le fue estorboso al régimen, porque si competía por la alcaldía el 8-D iba a sacar menos votos que María Bolívar y unos, tan vivos como él decidieron que había que bocharlo.  El tipo resulta encausado por lo pájaros bravos que son sus patibularios —unos tipos que hasta ayer nomás emitieron votos negando las solicitudes de hacerle investigaciones a la administración de ese señor—, no porque era lo correcto, lo debido, lo moral. 

 

Pero no es el único caso.  Por el contrario, es solo el más reciente de una especie de aluvión infecto y descomunal que se ha asentado en esta sufrida tierra desde hace quince años.  Siempre hubo y sinvergüencerías en la política venezolana, pero nunca con tanto descomedimiento, tanta falta de escrúpulos como ahora.  Una muestra es que, hace ya un bojote de años, la redecoración de un baño en el despacho de “Ojitos lindos” significó una suma de seis cifras altas (como dicen eufemísticamente los banqueros).  Y de eso es de lo menos grave que se le acusa; pendientes —a la espera de que haya una fiscala que se ocupe más de la vindicta pública y menos de perseguir a los adversarios políticos— están veintitantas denuncias bien documentadas.  Pero la ceguera selectiva es una de las características del régimen.

 

Es un descaro que alguien a quien botaron de la Fuerza Armada por defalcar una cantina sea ahora el verdugo brutal que en nombre del PUS derrama sus regurgitaciones en la Asamblea.  Que España tenga presos a quienes pagaron “gratificaciones” a unos negociadores venezolanos por la construcción de unos buques para la Armada, pero que esos “gratificados”, paisanos nuestros, no solo anden libres sino que además estén mangoneando desde el poder es como mucho.  Que un número bien significativo de nuestros altos mandos estén sindicados internacionalmente como facilitadores del tráfico de drogas, es el colmo.  Que desde la presidencia se quiebre al país y se condene a nuestros pobres a ver cómo el dinero se les encoge con cada día que pasa, porque deben regalar nuestro patrimonio en otras latitudes para asegurarse los votos de unos ambilaos regados por todo el Caribe, clama al cielo.  Todos ellos, vivísimos.  Hasta que, como explica el refrán francés: “à chaque porc vient la Saint Martin”.  Que por aquí traducimos como: “a cada cochino le llega su sábado”…

 

Sin embargo, supongo que lo que pasa por aquí no es cosa de la genética sino de algún morbo en el aire.  Porque gente que no ha nacido aquí también demuestra esas “destrezas”.  Y se llega al colmo de que alguien que no se sabe bien dónde nació, si en Ocaña o en Cúcuta, se coja una presidencia.  Claro que en eso tiene que tener acompañantes.  Un par de ancianitos senectos, extranjeros también, le metieron el asunto en la cabeza en una carambola complicadísima (de unas cinco bandas, por lo menos) y maniobraron para que lo designaran.  También debió haber (y hay, porque es un delito continuado) una complicidad necesaria de parte de connacionales que, como para ellos dizque “la patria es América” piensan que lo que estatuya la Constitución es irrelevante.  Banal, pues, piensan ellos.  Pero que no se les olvide que San Martín, que en otras latitudes se conmemora el 11 de noviembre, nosotros decidimos pasarlo para el 8 de diciembre…

 

 

domingo, 20 de octubre de 2013

¿Limítrofe o fronterizo?

En su habitual costumbre de tomar el rábano por las hojas, hace ya diez años, el tribunal de la suprema injusticia interpretó qué son “estados fronterizos” a que hace mención el Art. 41 de la Constitución vigente.  La materia en discusión era si el para entonces alcalde de Valencia podría competir para ser Gobernador de Carabobo —cargo para el cual tenía muchísimos méritos y para lo cual estaba avalado por una obra gigantesca que había realizado como alcalde— siendo que había nacido en Canarias.  Como es notorio del 99 para acá, una vez más, la sala correspondiente se fijó más si el peticionario era rojo o escuálido para dictar su decisión.  Y Paco Cabrera sufría de ser profundamente demócrata.  Por eso, la decisión a la que llegó fue que Carabobo es estado fronterizo porque su límite norte es el Mar Caribe.  O sea, para ponerlo con un ejemplo: que lo es porque tiene a Curazao ¡a casi 300  kilómetros de Puerto Cabello! 

Si uno se guía por esa interpretación descabellada, resulta que solo ocho de los 23 estados venezolanos no son fronterizos, siendo que entre los principios del derecho hay uno que señala que se debe legislar para el beneficio de las mayorías —sean estas compuestas por personas naturales, o jurídicas, o entes administrativos—, no para las minorías.  Lo que motivó a los constituyentes del año 99, y tengo copia del diario de debates, era evitar que, por ejemplo un gobernador del Táchira o de Zulia, o un alcalde de Ureña o de El Amparo, fuesen nacidos en Colombia, país que es tanto limítrofe (aledaño) como fronterizo (que está enfrente); pero, por obra y gracia de los togados rojos, Zulia, Falcón, Aragua, Vargas, Miranda, Anzoátegui, Sucre, Nueva Esparta, Monagas y Delta Amacuro —además de Carabobo— son fronterizos por el solo pecado de tener una fachada hacia el Caribe o el Atlántico. 

Lo que no tomaron en cuenta los magistrados es que ningún estado venezolano tiene una sola gota de agua salada, así llegue hasta la línea de marea porque, de acuerdo al Art. 304 constitucional, “todas las aguas son bienes de dominio público de la Nación…”, no de los estados; porque, en verdad, esos estados limitan por sus partes norte y este con el mar territorial de Venezuela. 

La misma canallada que emplearon contra Paco Cabrera hace diez años, la intentaron recientemente contra el candidato actual que tiene las mayores probabilidades de ganar la Alcaldía de Valencia, Miguel Cocchiola, porque según la infinita sabiduría del máximo tribunal —máximo solamente porque está en la pirámide organizacional, pero de que da asco, da— resulta que Valencia ¡es un municipio fronterizo!  Y, por tanto pueden optar a la alcaldía los venezolanos con una sola nacionalidad.  Pero Miguel también era italiano.  El asunto, para los malévolos del régimen, era sacar a como fuera a un competidor que amenazara la hegemonía roja en la administración pública.  Para hacer la historia corta, a Miguel le tocó la dolorosa faena de tener que renunciar a su italianidad.  Con lo que él sale perdiendo pero Valencia sale ganando: por un lado, tendremos un alcalde tan eficiente, tan honorable y tan poco discurseador como Paco Cabrera; y, por el otro, nos libraremos del actual —el tal Alca-Parra— que tan untado en corrupción parece estar según la pruebas e indicios que ha tenido que recolectar el mismo régimen.  Alca-Parra solo es eficiente en meter a su familia en la nómina.  O sea, igualito a Cilia…

Pero si el candidato a gobernador, o a alcalde o a ministro es de los que gritan ¡Uh, ah!, nada dicen los rábulas togados acerca de las dobles nacionalidades.  Tarek Saab como gobernador, su tocayo El Aissamí, primero como ministro y ahora como sucesor del pícaro del Isea, Di Martino como alcalde de Maracaibo y como candidato infructuoso a gobernador son ejemplos patéticos de cómo es de “selectiva”  la selección (valga la cacofonía) de rojos para los cargos “productivos”.

Si vamos a ser serios en la interpretación de la Constitución, vamos a ser serios.  Para todos por igual, sin chocantes diferencias derivadas de estar o no incluidos en la lista que puso de moda el infame Tascón por órdenes del hoy difunto cadáver fallecido.  Comencemos por aplicar strictu sensu y stricti iuris lo que tipifica el ya mencionado Art. 41.  Y empecemos por la cabeza: que quien detenta la presidencia y mangonea desde el Palacio de Ciliaflores muestre su partida de nacimiento y nos dé los datos de parroquia, libro y folio en el cual está asentada esta.  Eso no es tarea para que la efectúe su ministra de asuntos electorales, la inefable Tibi.  Es él, personalmente, a quien corresponde esa tarea.  Porque su nacionalidad —no importa lo que opine Teodoro— es trascendental para la vida de la república.  Si no, todos los venezolanos tenemos derecho a seguir pensando que es limítrofe (borderline, decimos los pitiyanquis) y, por tanto, adolece de una  incapacidad para ejercer el cargo —a la legal, me refiero; que de la otra ya ha dado muestras al por mayor...

Entrépitos

Si algún país se ha entremetido en los asuntos internos de otros ha sido Cuba.  El reguero de muertos que sus soldados o sus violentos seguidores de diferentes nacionalidades han dejado desde la década de los sesenta y hasta hoy, desde Guatemala hasta Mozambique y desde Etiopía hasta Bolivia, lo demuestran.  Se creen, todavía hoy, que tienen una especie de patente corsaria para injerirse en cuanto país se les ocurra.  Ya en el lejano 1964, y usando la tarima de las Naciones Unidas, el Che se jactaba de sus propósitos “redentoristas” en países del Tercer Mundo.  Sin importar si eran invitados o no.  Ese discurso se recuerda más por aquello de: “…tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”.  Pero pocos recuerdan que en él, también se deja ver la pretensión fidelista de inmiscuirse en los asuntos internos de más de cuarenta países.

Todos recordamos lo maluco que fue Pinochet.  Pero pocos rememoran que el golpe que dio se debió, en mucho, a que Fidel —otro dictador, y hasta más sangriento que aquel— anduvo por toda la geografía chilena casi un mes pregonando las bondades de la revolución (que más de medio siglo después, todavía no se ven en la isla), soliviantando a las masas contra “sus explotadores” y organizando milicias populares.  Por otra parte, ya desde aquellos remotos días, el barbudo se arrogó el derecho a “proteger” a los mandatarios amigos exigiéndoles que su primer anillo de seguridad—pasando por encima de oficiales de ese país que tienen esa misión y que han jurado cumplirla fielmente— esté conformado por agentes del tenebroso G-2 cubiche.  Y de convertir a esos gobernantes en mártires de ser necesario.  Si no, que lo diga el alma del “suicidado” presidente Allende…

En nuestra sufrida patria, la maña de entrometerse en otros países, fisgonear lo que hacen y llevar a cabo acciones descaradas e inescrupulosas para “enderezar” lo que piensan que está torcido la empezó el líder eterno que se murió —recuerden que solo él tenía el monopolio de saber lo que era bueno para todas las naciones del orbe—  y ha sido seguida por Platanote.  Para el régimen resulta aceptable, correcto y hasta laudable que la consulesa que tenían en Miami se reuniera con terroristas iraníes para complotar.  Pero si unos gringos, imperialistas, capitalistas y demás aliños se reúnen con unas ONGs en público, hay que expulsarlos del país cubiertos con un sinfín de epítetos.  Por cierto, la grabación (visual y auditiva) que hay de tal señora no deja lugar a dudas de que SÍ estaba llevando a cabo acciones en contra de los Estado Unidos.  La que enseñó Girafales lo único que demuestra es que los tombos nativos estuvieron siguiendo a los representantes norteamericanos desde que se bajaron del avión —apuesto a que estos, como corresponde al uso diplomático, informaron a nuestra cancillería y a que fue esta la que les dio el pitazo a los esbirros.

Cuando a Humala lo consideraban bueno (ya no les parece tanto) y estaba en su primera campaña hacia la presidencia, Miraflores —en una impúdica intervención— inundó al Perú con latas de atún y potes de aceite para motores que mostraban la cara del candidato al lado del de cuius muerto que ya falleció; pero bastó que el embajador Brownfield regalara unos bates y unas pelotas en Catia para que lo expulsaran.  Y peor fue con Patrick Duddy: este supo que era persona non grata cuando vio la cadena donde Elke Tekonté —flanqueado nada menos que por el drogo hojillero— a grito pelado, diciendo: “¡Váyanse al carajo, yanquis de m…!”  Y todo, porque no quería dejarse colear la parada por Evo Cocalero Morales, quien había echado al suyo el día anterior.

El régimen se ha metido en los asuntos colombianos desde el mero comienzo; baste recordar la propuesta de darles beligerancia a sus amigos de las FARC.  Y de darles zonas para el descanso y para que partieran incursiones.  Y dejarlos cobrar vacuna a nuestros productores de la frontera.  Y poner a la orden de ellos aviones para que los lleven a Cuba a curarse.  Y darle tarjetas de crédito a la Impía Córdova para que se diese sus “gusticos” en las muchas ciudades a donde el sabanetense pensaba que pudiera hacer proselitismo.  Y pudiera seguir, pero baste que mencione lo más reciente: se han hecho los locos con lo de las denuncias, serias y bien documentadas, de que los guerrilleros colombianos están envenenando con propaganda terrorista a los niños de las escuelas tachirenses. 

El ilegítimo emplea un patrioterismo exacerbado al demonizar a los extranjeros con el fin de obtener apoyo entre los votantes menos ilustrados; pero con los cubanos que le han sido impuestos como comisarios en las FAN, las policías secretas, los ministerios, las notarías y los registros no dice naitiiica.  Porque también los tiene en el primer anillo.  Y sabe lo que le pasó a Allende…

Jaua y sus jauadas

Cómo será de malo el actual MinPoPoRelEx que ni los Kirchner lo quisieron aceptar y le negaron el plácet cuando el muerto difunto que falleció, en una de sus muchas locuras, lo designó como embajador en Argentina.  Pero eso no es lo peor, porque si esa mullida poltrona ha recibido las amplias posaderas de José Temiente y del Inmaduro, cualquier hijo de vecina puede.  Por lo menos el actual puede mostrar una cartulina que certifica que es graduado universitario; los otros dos, no.  Pero es que a este puede aplicársele aquello de don Simón: “el talento, sin probidad, es un azote”.  Y, luego, si ejerce el cargo a tiempo parcial —como lo hace porque está más ocupado tratando de sabotear al Gobierno del Estado Miranda—, peor.  Y a la prueba me remito.

Cuando uno revisa el discurso que cometió recientemente en la Asamblea General de la ONU, lo que provoca decir es que perdió una excelente oportunidad para quedarse callado.  Aquello fue ofensa tras ofensa, provocación más provocación.  Desde el mismo “vamos”.  Cuando dijo: "Esta organización está secuestrada (…) el secuestrador tiene muchos rostros (…) pero sigue siendo el mismo: el imperialismo", lo que intentaba era —al igual que el niñito que le da un puntapié en la espinilla a un adulto— descomedirse  con los Estados Unidos; pero a quien retrataba de cuerpo entero era a China, la potencia que ya nos tenía atenazados por el guargüero con lo del petróleo a futuro y que ahora, por la desesperación de Girafales, también ha logrado asegurar la entrega de otros materiales nuestros. 

Luego apeló a lo que le aprendió a Goebbels: repetir mentiras.  Salió a decir que le tocó reemplazar a su jefe porque los Estados Unidos —los muérganos de siempre— pusieron obstáculos y no dieron garantías  “para él y para los miembros de su delegación".  Lo malo es que lo hace después de que ese país ya había informado de todas las excepciones que habían hecho en lo que es usual en el derecho de gentes para poder acomodar la resultante de las inexperiencias en esa materia por parte de la cancillería nuestra.  Que había dejado que el caracol (por aquello de que lleva el animal por dentro)  sobrevolara su espacio aunque nuestros “diplomáticos” no habían cumplido con los plazos de aviso, y que habían extendido más de 200 visas a unos tipos —bastante dudosos, añado yo— que ya se estaban echando palos en Manhattan, incluida la peluquera de la primera combatiente.

Pero nada dijo de Siria, ni de la extraordinaria decisión del Consejo de Seguridad, que votó por unanimidad —después de dos años y medio, y cien mil muertos— para condenar el uso de armas químicas en ese país y advertir al régimen imperante allí de que habrá "consecuencias" si no desmantela ese arsenal.  Y no pudo decir nada porque siguen siendo curruñas de Al Assad y de todos los déspotas que quedan en el Oriente Medio y que son sus socios — ¿o será “cómplices” la palabra adecuada?  Tampoco dijo nada del acercamiento entre el nuevo gobierno de Irán y los Estados Unidos, de la aceptación por parte del nuevo gobierno iraní de la supervisión de sus desarrollo nuclear.  Debe ser porque esas cosas tienden hacia la paz y este régimen —que lo que hace es buscar pelea con todo el mundo— quiere, necesita, que su archirrival, el imperio meeesmo, se empantane en otra guerra.  Para nada les importa, o entienden, que esta pueda ser nuclear.  

Más adelante, tuvo la cachaza de felicitar a Edward Snowden —el soplón de la NSA, a quién de vainita no le dimos asilo— por sus "valientes revelaciones" acerca de cómo ese gobierno nos espía.  ¿Qué diría si uno de los esbirros venezolanos que se ocupan de esa materia entre nosotros, cansado de recibir órdenes de un abusivo jefe cubano, hiciera lo mismo que el chivato gringo?  Por menos que eso, hicieron desaparecer de VTV al drogo hojillero…

Fue notorio el ruidoso silencio —para usar un oxímoron bastante manido— que mantuvo en relación con los abusos guyaneses al conceder permisos de exploración en el mar territorial venezolano.  Y no me refiero a las aguas que genera la zona en reclamación  al oeste del Esequibo —que también debieran ser no-no— sino al mar que origina Delta Amacuro.  De eso no dice nada.  ¿Por qué?  Porque así no tienen que contradecir a la calamitosa momia cubana, que tan lejos como en la década de los 80, ya había tomado partido por Guyana.  Nuestra política exterior, en manos de “diplomáticos a las carreras”, como Jaua, ya no es para fortalecer al Estado, es para complacer los intereses de los cubanos y del Foro de Sao Paulo.

En lo que sí apoyo al caucagüense es en eso de que hay que crear “un organismo de las Naciones Unidas que trabaje en función de garantizar el derecho a la privacidad y el poder comunicarse sin intercepciones, para todos los habitantes del planeta".  Porque los venezolanos saldríamos ganando: el régimen tendría que dejar de pinchar nuestros teléfonos, allanar ilegalmente nuestras propiedades y censurar lo que dicen los medios…