sábado, 16 de abril de 2011

La edad del odio


El pasado domingo apareció en el madrileño ABC un reportaje firmado por Fernando del Rey que se titula como este artículo. En el trabajo, el reportero resume las opiniones de un grupo de historiadores acerca del fracaso de la segunda república española que llevó a una guerra civil que causó más de 300 mil muertos y asoló a ese país. Todos y cada uno de los historiadores, desde sus respectivas posturas, ochenta años después de los hechos, responsabilizan de aquel fracaso a la intransigencia entre las derechas y las izquierdas políticas de ese entonces, pero están claros que la mayor parte de la culpa la tuvo el gobierno, por su sectarismo. Leer la crónica de lo que acontecía entonces en la Madre Patria, y compararlo con lo que actualmente sucede por estos lados pareciera ser una buena forma de curarnos en salud. Creo que debiera ser de lectura imperiosa para todos quienes tenemos, por responsabilidad o por vocación, la tarea de formar la opinión pública. La cual, aunque siempre se escribe en singular, nunca es una. Y por eso mismo es que tenemos, todos, la obligación de acercar las opiniones divergentes y buscar el consenso, no sea que la sangre llegue al río. Transcribo y comento algunos trozos del trabajo del señor Del Rey como abreboca para incitarlos a entrar en el portal del diario.

“…Los lenguajes bélicos se mantuvieron en vigor así como el deseo de aniquilar totalmente al adversario…” Por aquí, nosotros diariamente somos bombardeados por términos como: “patrullas”, “batallones”, “comandos”, “frentes” y, ¡malhaya! “milicianos”.  ¿Y qué decir de esa bravata cuartelera amenazándonos de muerte si no entramos por el aro del socialismo que, según ellos, es esencial para que exista patria? Lo que hay hoy en Venezuela no es socialismo sino una impúdica ambición de poder que adopta el disfraz que más convenga en cada circunstancia; pero, si el tal socialismo es tan bueno, ¿por qué tratan de imponerlo a la fuerza, en vez de convencer con hechos?

“…esta experiencia democrática y sus élites rectoras tuvieron muy poco de modélicas (…) Más allá de los avances que impulsó, (…) las reformas sociales, la ampliación de los derechos ciudadanos a las capas populares (...) dejó mucho que desear como régimen pluralista basado en el pacto y en el consenso.” Lo mismito que sucede por aquí; no son muchos los mandatarios y magistrados que uno quisiera que sirvieran de modelo cívico para ser emulados por las nuevas generaciones. Los principios no son, para ellos, algo rígido, sino algo que debe adaptarse a las conveniencias de eso que mientan “la revolución”. Y para eso, ¡hasta sentencias y jurisprudencias son modificadas radicalmente de un día para otro!

Lo que copio ahora no tendrá comentarios míos; dejo a la sensatez de cada uno el análisis entre el ayer ibérico y el hoy nuestro: “…la República no sólo encontró obstáculos en su flanco derecho. La puesta en cuestión de esa democracia también partió (…) de las izquierdas revolucionarias. (…) Para los socialistas, aunque no fuera su modelo ideal, la República únicamente habría de ser para ellos y para los republicanos, y por lo tanto sólo ellos deberían ser sus exclusivos gestores. Dado su carácter ‘revolucionario y popular’, el nuevo régimen solamente podía ser administrado ‘por los genuinos representantes de ese pueblo que lo había traído’. En consecuencia, sus enemigos y opositores quedaban automáticamente fuera del hecho fundacional.  (…) Bajo tales presupuestos se entiende que los socialistas no concibieran la democracia republicana como una democracia pluralista, liberal y representativa en la que se sintieran cómodos todos (…) Su discurso subrayaba que sólo los que hubieran aceptado esa legitimidad revolucionaria de origen podrían estar legal y constitucionalmente capacitados para ejercer el poder y ser investidos con la consideración de fuerzas leales.”

A la luz de lo que pasó en el 2007 y el 26-S, no está demás considerar estas afirmaciones: “La aplastante victoria de las derechas y el centro exasperó a los socialistas y borró de su discurso cualquier resto de respeto a la legalidad constituida. (…) No aceptaron la derrota y se mostraron dispuestos a vulnerar las reglas del juego democrático. En sus esquemas ideológicos no se contempló como algo normal la alternancia en el ejercicio del poder.”

Por razones de espacio, no puedo ampliar más. Pero, ¡lean el artículo completo! Las similitudes son tan terribles que asustan. Por sobre todo, lean los comentarios de los internautas. El sectarismo, la intolerancia y la obcecación siguen a flor de piel 75 años después de la rendición. Y por aquí, el que nos tocó, pareciera ser hacer suyas las palabras de Largo Caballero: “…la revolución no se hace con gritos de viva el socialismo. (…) Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo”. ¡Dios nos agarre confesados!

martes, 5 de abril de 2011

Niño, no juegues a la guerra…

…que la guerra es mala. Así decía una cantinela de los años sesenta y setenta en los jardines de infancia y escuelas de todos los países de habla hispana. Era —y es todavía— una recomendación sensata. En esos días, la opinión pública estaba escamada de tantos horrores y crueldades como los que se sucedían por esos años. Frescos en la mente de todos estaban las muertes, los inválidos, las hambrunas, la propiedad destruida y demás atrocidades que eran el resultado de las acciones bélicas de esos días. No sólo era que nos consternábamos por lo que veíamos en los televisores que sucedía en el Sureste asiático, era que lo sentíamos en carne propia como resultado de las guerrillas auspiciadas, provistas, armadas y reforzadas desde Cuba en varios países de Hispanoamérica y África. Eran tiempos en que el dictador cubano se sentía en el derecho y hasta la obligación de entrometerse en los asuntos internos de otros países. ¡Qué distinto al de hoy! Al que, echándoselas de padre bueno, pontifica sobre las bondades de la paz, siendo que es el responsable directo de decenas de miles de muertes, desde México hasta Angola y desde su isla-prisión hasta Chile. Y de casi haber desencadenado una tercera guerra mundial.

Su discípulo predilecto —por mantener siempre un tiempo de retardo con lo actual— no ha escuchado ni leído lo que su cagalitroso preceptor escribe hogaño y se mantiene en lo que este predicaba antaño, en los tiempos de la Guerra Fría. Por eso su empeño en reemplazar a la Fuerza Armada con una milicia que es el fiel retrato de las cubanas. Él necesita de un ejército personal que esté para sólo acatar las órdenes que le dé, no para lo que tipifica la Constitución. De allí su empeño en desprofesionalizar a la FAN, porque sabe que esta mantiene todavía, a pesar de los muchos esfuerzos adoctrinadores y de unos altos mandos felones y corruptos, unas reservas de moral y de civismo considerables. Por razones parecidas es que necesita tener una infancia obnubilada. Como su intención es eternizarse en el poder —siguiendo los pasos de su mentor y sus amigotes Gadafi, Hussein, Mugabe y Lukashenko—, necesita, de cara al futuro, tener una generación sin capacidad de razonar, sólo de obedecer. Por eso le ordenó a su MinPoPoDefensa que emitiera el adefesio de resolución que apareció en la Gaceta Oficial del 24 de marzo y que busca militarizar a la población estudiantil.  

Al contrario de lo que preconiza la letra de la canción infantil que sirve de título hoy, Boves II lo que quiere es revivir los famosos Figli della Lupa, Balilla y Avanguardisti con los que el fascismo de Mussolini desfiguró a millones de impúberes italianos. Al igual que este, lo que quiere es  consolidar su sistema político en las mentes más fácilmente maleables. De lograr su propósito, ya veremos que al igual que en Italia se requerirá el registro del niño en una de esas organizaciones para poder tener derecho a comidas escolares gratuitas. Así, torciéndole el brazo a los padres, irán llevando a los chiquillos hasta la adolescencia, cuando los inscribirán, chantaje mediante también , en la versión vernácula de los Fasci Giovanili di Combattimento, destinados a seguir la labor de la Balilla entre los más grandes.

Desafortunadamente, cuando mi generación estaba en la escuela lo que observaba en la escena mundial era guerra y combates por todas partes. Aún así, y aunque naves nuestras habían sufrido los ataques de submarinos alemanes en el Golfo de Maracaibo, nunca nuestros maestros —mucho menos el Estado— propulsó entre nosotros pensamientos belicistas. Se rompió relaciones con las potencias del Eje y, al final, se les declaró la guerra, pero nunca se trató de envenenar nuestras mentes infantiles con consignas guerreristas. Mis hijos y los de su generación crecieron, afortunadamente, con el canturreo ya referido al comienzo. Y quieren a su Patria como el que más. No les hizo falta que unos milicianos ignaros e iletrados  trataran de lavarle el cerebro. Sólo tuvieron buenos maestros que les profundizaron el civismo que se les enseñaba en casa. No quiero que mis nietos —ni los nietos de nadie— sean enseñados para la guerra, sino para el progreso en todos los órdenes. El de ellos y el de Venezuela.

Por todo lo anterior es que invito a todos mis lectores a aglutinarnos en contra de esos afanes de convertir a la juventud venezolana en unos zombis bajo el yugo del neofascismo de este régimen. Todos debemos unirnos. Logramos, todos de consuno, que el tipo reculara en lo de la “Ley Sapo” que exigía que fuésemos delatores de nuestros vecinos; de común acuerdo logramos que volviera grupas con su inicua Ley de Universidades. También podremos impedir este intento de corrupción masiva de las mentes infantiles. Pero estando unidos…

martes, 29 de marzo de 2011

A palabras necias…

1. Bien decía Alfonzo el Sabio que “Así como el cántaro quebrado se conoce por su sonido, así el seso del hombre es conocido por sus palabras”. Pero eso no lo sabía ni le preocupaba al tipo que se suponía que debía manejar metrobuses en Caracas, pero que se lo pasaba “echando el carro” con la excusa de que era sindicalista. Ahora —cuando sin haber aprendido nada usa trajes costosos, viaja en aviones privados, cobra viáticos abundantes en dólares y se tutea con cancilleres de otros países (estos, sí de verdad-verdad) — tampoco lo sabe y mucho menos le perturba. Y, como consecuencia, cuando abre la boca, lo que hace es embarrarla. Él juraba que con esa denostación suya contra los huelguistas que se pusieron puntos en la boca —diciendo, palabras más, palabras menos, que se cosieran lo que les diera la gana— lograba ponerse más ‘en la buena’ con su amado jefe. Y el gozo se le fue al pozo: al ratico, Boves II, por boca de la ministra del ramo, tuvo que ceder ante las exigencias, por demás justas, de los universitarios.

2. Esteban Dolero está muy apurado por terminar de constituir un ejército personal que deje de lado lo que pauta la Constitución y sólo le obedezca a él. Por si tiene que imitar a su hermano Gadafi en lo de mandar a matar al pueblo con mercenarios extranjeros. De allí que no haya tenido empacho en desviar los fines de la habilitación que sus focas asambleístas le concedieron —que era sólo para contrarrestar los efectos devastadores de las lluvias del año pasado— y reformó, por cuarta vez, la Ley Orgánica de la Fuerza Armada. La pregunta que se hace todo el mundo es: ¿Qué tiene que ver la forma de organización militar con la fabricación de viviendas y la reparación de carreteras? Los áulicos del régimen no encuentran respuesta sensata, porque no la hay, y se hacen los locos. Saben que lo que intentaba era darle más preeminencia aún a ese grupo paramilitar que llaman “la milicia”, igualito que en la Cuba de sus amores. Por ese apuro, no revisa lo que escriben sus cagatintas y uno se encuentra en el texto errores que una maestra de sexto grado no dejaría pasar. Un solo ejemplo, quizás el que más me chocó: en el Art. 28 se tipifica que: “El personal militar en todos sus grados, jerarquías y antigüedad estarán subordinados al Oficial que ostente el mando”. ¡Dos metidas de pata en dieciocho palabras! Por un lado, el sujeto es “el personal militar”; por tanto, el verbo debería estar en singular: “estará”. Por el otro, ¿quién le dijo al rábula que escribió el párrafo que el mando se “ostenta”? ¿Es que no sabe qué significa “ostentar”? Algo tan importante como el mando no es para hacer ostentación. El mando “se tiene”, “se está al”, “se ejerce”, y otras frases parecidas, ¿pero “se ostenta”? ¡Ni de vainas! A menos, que sea ejercido por alguno de esos generales de ahora —sin currículum pero con prontuario—, quienes por no tener mucha ilustración no saben cómo desempeñarlo (mucho menos, cultivarlo) y sólo se limitan a pavonearse y alardear de él; algo que no se ganaron sino que se los regaló el tipo aquel.

3. Las palabras se usan para denotar, y por eso debieran ser inalterables en sus acepciones. Pero hoy es más lo que connotan, porque responden a conceptos distintos según quién y cómo las utilice. En eso es especialista el régimen. Pareciera que se estudiaron bien el metalenguaje en el cual hablaba “Big Brother” en la novela “1984”. De ahí que los venezolanos, cuando escuchamos al Primer Locutor decir “democracia”, lo que hacemos es desconfiar. Algo parecido a lo que sentimos cuando escuchamos al flamante presidente de la Asamblea hablar de “libertad”, o a la presidenta del Tribunal de la Suprema Injusticia cuando menciona la palabra “ética”.

Ahora, por ejemplo, lo que está de moda en boca de los rojos es infamar a los insurgentes libios. Para aquellos, estos no son sino "unos terroristas al servicio del imperio”. Mientras que, obedientes a lo que diga Tiburón Uno, Gadafi es “otro Bolívar”. Uno y otros olvidan (con intención, supongo) que el estrafalario coronel fue quien, entre otras salvajadas, mandó a volar un avión de Pan Am cuando pasaba sobre las costas escocesas. Así están las cosas: los del bando contrario son “terroristas”, sin importar lo justo de su insurgencia; los cómplices de Boves II son “combatientes por la libertad”, “revolucionarios” ¡y hasta “solda-dos”!, así sean los de las FARC que pusieron bombas en las iglesias del Chocó, los seguidores de Hesbolah que lanzan cohetes contra los poblados israelíes, o los mercenarios subsaharianos que masacran a los civiles en Libia a las órdenes del otro loco. La violencia es la misma, la sangre derramada también…


miércoles, 23 de marzo de 2011

D’essere o non essere

El pasado diecisiete tuve el privilegio de estar como invitado en el acto con el cual la colonia italiana de Valencia conmemoraba el sesquicentenario de la unificación de Italia. Fue un evento emotivo, lleno de historia y de música. Por un lado, la narrativa de los hechos históricos estuvo a cargo de nietos de los inmigrantes de los cincuenta que tanto hicieron en pro del avance de nuestro país. Son muchachos cuyo lenguaje nativo es el español pero que se han esforzado por conocer el de sus ancestros y leyeron en un italiano impecable diferentes trozos de la historia de hace ciento cincuenta años. Luego, intervinieron la Orquesta Sinfónica Juvenil de Carabobo y el coro de dicha orquesta. Eran unos doscientos jóvenes en escena. El programa estuvo compuesto por trozos de óperas italianas. Entre ellos, lógico, no pudo faltar el “Va pensiero” del Nabucco de Verdi, ese como segundo himno que les recuerda a los italianos que residen fuera de su país, “los prados y montañas, los aromas tibios y suaves de las dulces brisas del suelo natal”.

Mientras estaba allí, me puse a meditar acerca de los paralelismos de los hechos conmemorados y la circunstancia actual venezolana. Sobre eso será mi parrafada de hoy.

A mediados de 1860 Italia estaba dividida en cuatro pedazos muy disímiles: un reino al norte bajo los Saboya; otro al sur en manos de los Borbón —que, como sabemos, ni perdonan ni olvidan—; el centro, en manos del Papa, que en esos tiempos tenía potestades terrenas; y toda la porción nororiental en manos los Habsburgo, quienes eran, por sus cercanías con el zarismo, más absolutistas que los Borbón. Nada más disímil como circunstancia. Por un lado, dos mentalidades tan diferentes como las que todavía caracterizan a los ítalos del norte y los del sur; por el otro, para complicar más la cosa, los venecianos y los milaneses casi pensando en alemán. Fueron tres las guerras que hubo que luchar, pero al final prevaleció la sensatez y —con la proclamación leída por el rey Vittorio Emanuele II, el 17 de marzo de 1861— se logró la unidad de lo que de ahí en adelante se llamó Italia.

Los actores en esa gesta no podían ser más disímiles. Por un lado, Vittorio Emanuele, educado para la monarquía absolutista, con énfasis en lo religioso y lo militar, que demostró ser un valiente militar en las guerras exteriores pero que no tuvo empacho en reprimir a la izquierda republicana cuando le tocó. Por el otro, el conde de Cavour, quien a pesar de ser masón, pro-bonapartista y admirador de Inglaterra y Francia, potencias constitucionales e industrializadas, fue nombrado primer ministro por el rey. Por otro, Mazzini, un abogado revolucionario, medio ateo, republicano, contrario al absolutismo pero que, sorprendentemente, rechazó formar parte del parlamento constitucional que se organizó luego de la unificación y decidió, más bien, auto-exilarse en Inglaterra. Y finalmente, Garibaldi, un aventurero como el que más, librepensador, que no podía ver con buenos ojos a Vittorio Emanuele y Cavour por haberle entregado a los franceses su pueblo natal, Niza.

Todos ellos entendieron que el bien general estaba por encima de sus particulares visiones; que lo importante era la unificación del país. Y que ello —aunque no les gustase a algunos de los actores— no era posible sino bajo la monarquía de los Saboya, que poseía una considerable fuerza militar y un y un funcionariado civil capaz y preparado. Por eso, es el mismo Mazzini quien escribe: “…non si tratta più di repubblica o monarchia: si tratta dell’unità nazionale (…) d’essere o non essere.

Un pensamiento parecido es el que debiera dominar el criterio —y las apetencias personales, en otro momento valederas—  de los dirigentes venezolanos actuales. Lo sustantivo hoy, en nuestra patria, es lograr una unidad superior que nos permita liberarnos del coloniaje cubano al cual estamos sometidos bajo una satrapía totalitarista que, además de inepta, lo único que sabe hacer bien es dividir a la nación y antagonizar a unos contrarios a quienes cree enemigos. Hoy, parafraseando a Mazzini, no se trata de visiones contrarias de cómo organizar la república, sino de cómo unirnos para derrotar el absolutismo. De ser o no ser. Después habrá tiempo para el disenso.

Cuando el estado de cosas actual termine —porque ha de terminar—, ojalá que el gobernante —sea quien fuese— pudiese convocar a los venezolanos con las mismas palabras de Vittorio Emanuele: “…vayamos resueltos al encuentro de las eventualidades del porvenir. (…) Este futuro será feliz porque basaremos nuestra política en la justicia, en el amor a la libertad y a la patria. (…) Nuestro país (…) alcanzará el reconocimiento (internacional, añado yo) porque es grande por las ideas que representa y por la simpatía que eso inspira. Fuertes en la concordia, confiados en nuestro buen derecho, esperamos prudentes y decididos los decretos de la divina providencia”.

viernes, 18 de marzo de 2011

El supuesto rechazo de los “escuálidos” a la FAN

Yo no veo el “irreality” show dominguero de Mentira Fresca por dos razones. Primero —y aunque dicen que a los jubilados nos sobra tiempo— yo no puedo perder el poco que estadísticamente me queda de vida viendo cómo un ególatra malgasta horas y horas para caerle a mentiras descaradas a una nación. Y segundo, yo sufro cuando veo a alguien haciendo el ridículo; que es lo que hacen quienes, ataviados de rojo, le ríen los chistes malos y aplauden cuanta babiecada salga de los abultados belfos sabanetenses. Por eso, prefiero esperar hasta el día siguiente y en cinco minutos de prensa puedo enterarme de las cobas metidas malgastando dineros oficiales que estarían mejor empleados en cualquier otra cosa. Así, ayer pude enterarme que Elke Tekonté “acusó el domingo a sus opositores de intentar dividir a las fuerzas armadas como parte de un plan que buscaría impulsar un alzamiento en Venezuela”.

Con  calculada astucia, los cubanos del G-2 que desde la “Sala Situacional” le sugieren qué es lo que debe decir han inventado un tema más para confundir a las mentes más sencillas: que existe una campaña de la oposición para desprestigiar a la institución armada. Para mí, eso no pasa de ser lo que los psicólogos denominan una "proyección". Se culpa, se “proyecta”, sobre el adversario lo que ha sido el resultado de las acciones programadas del régimen en su búsqueda de la transformación de la FAN en un ejército del partido de gobierno, politizando a esta y colocándola al servicio de intereses personales en contravención de la Constitución vigente.

Quien en verdad, desde el mismo comienzo del régimen, ha tratado de dividir a la FA es Boves II. Como nosotros somos un pueblo de mala memoria, no estaría de más recordar que el primer documento oficial que se filtró a la opinión pública, al apenas comenzar el desgobierno actual, fue un informe de la DIM que explicaba que dentro de la oficialidad había tres diferentes clases de personas: los que veían con buenos ojos al advenimiento de un nuevo régimen, los que se oponían a eso, y los que conformaban la mayoría. A los cuales la misma DIM llamaba “institucionalistas”; sólo que empleaba esta palabra como si esa condición fuese algo indeseable. El informe concluía recomendando al presidente que les diese los mandos a los “revolucionarios”; que a los contrarios les diese de baja o los dejase sin cargo; y que se hiciese esfuerzos para ganarse a los “institucionalistas”. Que no de ser posible eso, se les designara, cuando mucho, a escritoritos tristes o se les forzara a abandonar la Institución.

Posteriormente, los altos mandos dijeron que ese informe era “apócrifo” porque a la copia filtrada no se le veía firma alguna. Pero por lo menos se abstuvieron de decir que era falso. Las acciones subsiguientes dejaron ver que era verdad lo del informe, porque se  empezó a dar cumplimiento a sus recomendaciones. De ahí en adelante, los oficiales institucionalistas han sido hostigados Lo que ha causado el incremento de solicitudes de baja de oficiales en los cuatro componentes. Sólo con recordar la lamentable intervención del general Rangel Briceño —aquel al que le dio el patatús cuando lo rezó un pastor evangélico— cuando llamó “burros y cobardes” a los oficiales institucionalistas que hacían resistencia a los intentos de politización de la institución armada, se puede constatar lo cierto de lo que denuncio. La deformación mental de los altos mandos es tal que se ha llegado a la avilantez de, descaradamente, poner a los subalternos a escoger entre aceptar el socialismo que quiere imponer a juro el régimen o pedir sus retiros.

El intento de instilar en el colectivo un supuesto rechazo de los “escuálidos” a la existencia de la FAN viene desde hace tiempo, pero fue sólo anteayer que salió de la primera bemba de la república. Según este plan, esta elucubración cubana, se le ha hecho ver a sectores de la población —y lo que es más grave, a miembros de la FAN— que, en el caso de que la alternativa democrática sea la vencedora en los comicios del 2012, esta estaría en la idea de eliminar la FAN o, en todo caso, de reducirla a niveles mínimos. Esta táctica quedo develada durante la intervención del MinPoPoDefensa ante la Asamblea Nacional. Allí, después de regodearse en atribuir un supuesto desprecio de la oposición venezolana hacia la FAN, a este individuo no se le ocurrió una mejor idea que la de expresar: “Por suerte, en este momento los miembros de nuestra Fuerza Armada están viendo en la televisión como los diputados de oposición nos odian y quieren destruirnos”.

Si eso no es otro intento de dividir, no a la Fuerza Armada, sino  a los venezolanos, no sé qué es…

jueves, 10 de marzo de 2011

¡Te conozco, mascarita!

Algunos dirán que se me cayó la cédula, por la afirmación que emplee como título. Ya no se la usa, pero era la frase con la cual uno contestaba cuando alguien enmascarado y ataviado de un atuendo chocarrero le espetaba con voz de falsete: “¡A qué no me conoces!” De hecho, ya nadie usa disfraces en carnaval, excepto los pequeñines. En cambio, algunos adultos de la picaresca  política nacional se la pasan todo el año entre disimulos, artificios y tapujos. Sus acciones vienen subrepticias tras máscaras de patriotas que ocultan lo avieso de sus intenciones. Parecieran ser de esas costosas máscaras de porcelana que son símbolos de Venecia. Pero lo que tapan son horribles máculas, verrugas y lacras. Debieran usar, más bien, pasamontañas o medias de nylon, que son los adminículos de los atracadores. Porque lo de ellos es la expoliación del tesoro, sin importarles cuántas personas, por su acción desdorosa, se quedan sin comer, se matan en las carreteras, o se mueren a mengua en los hospitales.

Peor es la faena del jefe de los fachosos, que necesariamente tiene que estar consciente de los latrocinios que sus áulicos cometen —¿no dizque lo sabe todo?—, y que los deja hacer para asegurarse la sumisión de esos señores de horca y cuchillo. Pongo un solo ejemplo: Asciende al máximo grado militar a alguien cuyo mérito mayor ha sido amenazar con dar un golpe de Estado si la oposición gana las próximas elecciones. ¡Tronco de mérito el de ese señor; mayor que si hubiese estado en combate, pues! Y, ya consumado el absurdo desatino, ordena que ese individuo —de quien dicen, nacionales y extranjeros, que está metido hasta el cogote en asuntos de drogas, y que era enlace entre el régimen y las FARC— sea quien pronuncie el discurso de orden en el acto celebratorio del Congreso de Angostura.

Palabras que no pasaron de ser una mención de la soga en la casa del ahorcado. Porque lo que se recuerda de esa “pieza oratoria” es lo que no dijo: aquella parte del Discurso de Angostura en la cual el Libertador alertaba que “nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en un mismo ciudadano el Poder” porque “el pueblo se acostumbra a obedecerle, y él se acostumbra a mandarlo; de donde se origina la usurpación y la tiranía”. ¡Ni de vainas que iba a recordar esa frase! Sucede lo mismo que con una frase parecida de Martí que no puede ser pronunciada en Cuba porque va en contra de lo que es el pan de cada día en esa atormentada isla. Es la que explica que para la libertad es esencial que todo hombre tenga derecho a pensar y a hablar sin hipocresía. Y ya que del muerto en Dos Ríos hablamos, no estaría de más recordar otra cosa que dijo, pero que sólo se musita en Cuba y Venezuela, por temor a las consecuencias: “Los bárbaros que todo lo confían a la fuerza y a la violencia nada construyen, porque sus simientes son de odio”.

Me imagino que la “perorata” la redactó un cagatintas de la sala situacional, porque ¡qué mal leída estuvo!  Lo que demuestra que quien tomó la palabra no fue quien la escribió. Y leyó con la boina puesta, aunque estaba bajo techo, contrariando las buenas costumbres ciudadanas y lo que es costumbre de centenas de años en los ambientes militares. Poner a ese réprobo a hablar en Ciudad Bolívar es una falta de respeto tanto a la nación como a la memoria del Libertador. Que un gorila fuera el designado por Elke Tekonté pone de manifiesto que su bolivarianismo es de labios para afuera ¿o debería decir “de bemba pa’juera?

Con todo y que estaban en guerra mientras formaban la república, los diputados al Congreso de Angostura tuvieron más valor cívico que las focas actuales: Bolívar propuso la formación de un Poder Moral, y aquellos la rechazaron. Y el proponente acató lo dispuesto. Eso era civismo en acción. No lo que derrocha Esteban Dolero y sus sigüíes. Quienes vienen desde hace algún tiempo con una campañita de que la oposición busca " desacreditar " a la Fuerza Armada. Es que necesitan antagonizarla del resto de la nación por si tienen que apelar a lo que ya fue amenazado por el cómplice de Makled.

Contra esas máscaras tenebrosas que se disfrazan de revolucionarios, yo les contrasto la actitud de Lina Ron, que Nuestro Señor sabrá dónde ponerla. Esa sí era genuina. Aparte de la cabellera oxigenada, claro. Que representaba a la barbarie, sí. Pero ella creía que ese era su rol en la revolución. Que era más peligrosa que piropearle la mamá a un sicario, también. Pero no lo ocultaba. Por eso, la prefiero a tantos ministros, generales y diputados con prontuario como parecen abundar…

martes, 1 de marzo de 2011

Los libros y el régimen

No me imaginé la cantidad de correos que me iba a llegar en relación con comentario acerca del magnífico artículo de Sánchez García relacionado con el cierre de la Librería “Lectura”. Coincidentemente, el mismo día que yo, Eduardo Casanova —apreciado condiscípulo del La Salle de Tienda Honda, escritor prolífico, buen poeta, historiador ameno, y alguien que sí sabe de literatura no en balde su blog (que recomiendo ampliamente) se denomina “Literanova”— escribía, pero con mucha más calidad que yo, sobre el mismo tema. Pero no sólo él trató el asunto. Repito, bastante correspondencia me ha llegado para comentar lo dicho por el barba roja.

Por ejemplo, Daniel Almenar opina que “al Estado no le interesa la difusión de la lectura. Sin embargo considero que es una falla que va mucho más allá: es un problema más que de Estado de Nación (…) No sólo es al absurdo régimen que gobierna (…) a quien poco le importa que sus ciudadanos alimenten el hábito de la lectura. (…) el problema va mucho más allá, y abarca un amplísimo espectro que la mayoría de las veces nos negamos a revisar, como por ejemplo a nivel educativo: en el transcurso de una vida académica (…), apenas se lee un puñado de libros de un reducidísimo número de autores. (…) antes de obligar al estudiante a leer, debería enseñársele a pensar a través de la lectura, a alimentar su curiosidad y tratar de saciarla a través de la literatura. Hablo aquí sólo de literatura, pues la filosofía como rama apenas si se ve muy someramente en el quinto año de bachillerato (…) en aquellos estadísticamente escasos casos en los que el estudiante ha optado por la rama humanista”.

En contraste con el amigo Almenar, alguien que no acepta críticas al régimen escribió en “Noticias Universitarias” —descalificación por delante, como es usual en los rojos: “¡Tremenda estupidez!  En Venezuela (…) nunca había existido tanta abundancia de literatura, tanto interés por la lectura y por la escritura”. Añade que mi artículo “es una mentira posiblemente pagada por los impulsadores de la desinformación”. Menos mal que los mismos miembros del foro demolieron sus asertos. Una con nombre poético. Meridalba, planteó: “Si literatura llama él las múltiples publicaciones panfletarias con las que el gobierno inunda las estanterías de sus pseudolibrerías, las bibliotecas de colegios y hasta las estanterías de los hogares de quienes antes han pasado por el lavado de cerebro que el líder ha incoado para soportar en ello su permanencia ilimitada en el poder, pues tendríamos que aceptarlo como cierto. Sin embargo, acabo yo en días pasados de tirar a la basura una torre de esas pequeñas pero peligrosísimas publicaciones auspiciadas por el gobierno, (…) las tiré a la basura luego de haberlas revisado, por lo que opino con conocimiento de causa. Son una especie de guión que poco enseña y sí, en cambio, instruye a sus lectores para que repitan el discurso oficial. (…) Por favor, distingamos literatura de meras publicaciones”.

El amigo Almenar también explicaba que parte de la culpa hay que compartirla; por una parte “son pocos los padres que aúpan a sus hijos a la lectura” y, por la otra, los medios desvían a la masa del hábito de leer. “Algo peculiar de esas herramientas es que pueden ser poderosamente útiles o fuertes dispersoras de tiempo, lo que el usuario elija”.

Yo gocé los libros desde niño. Ya en segundo año —en el cual, en mis tiempos uno debía leer los clásicos españoles— además genios como Calderón, Lope de Vega y Cervantes, había leído algo de Dickens, Dostoievski y Stendhal. Y ya en tercer año, toda mi generación había leído varias obras de Hesse y Mann, no porque nos las impusieran como tarea sino porque teníamos un afán genuino de mejorar nuestras maneras de pensar. No se diga en cuarto y quinto, cuando nos tocaba estudiar Filosofía y Latín; escudriñamos a Platón, Aristóteles, Virgilio y Horacio, no porque nos los impusieran sino por el mero afán de culturizarnos. En mis tiempos se leía. Claro, eran tiempos en los cuales la TV no estaba tan entronizada. Cosa muy distinta ahora, cuando Internet y redes sociales se apropian del tiempo de nuestros hijos y nietos. No las desapruebo —porque yo también las utilizo para seguir aprendiendo— sino que los más jóvenes deberían poder discernir cuándo es hora de cerrar la red y agarrar un libro. Yo creo que he sido más afortunado que muchos padres: mis hijos leen bastante, en inglés y español.

El régimen no está interesado en que el pueblo se enriquezca mentalmente porque eso sería un peligro para su estabilidad en el poder. De ahí que sólo difunda lo que le conviene desde su muy peculiar óptica para la indoctrinación. Y luego se llenan la bocota diciendo que ellos reparten cultura. Una falacia más…