martes, 22 de noviembre de 2011

Pa’ preocupase

El Orate Sabanetense sigue prometiendo irresponsablemente. Menos mal que es más mentiroso que un brassiere con relleno. Y por eso, no se cumple las tres cuartas partes de las cosas que jura que va a dar. Aún así, las barrabasadas demagógicas que trata de implementar implican un endeudamiento importante para los venezolanos. Con el fin de mantenerse en el poder, gasta insensatamente y compromete el futuro del país y sus futuros ciudadanos. La deuda contraída con medio mundo que tendrán que pagar mis bisnietos —que los he de tener algún día— será enorme.

Se maneja sin control alguno los recursos públicos. El gasto se realiza en base a conveniencias políticas bastardas, bajo designios megalomaníacos y con la complicidad de otros poderes. Y sigilosamente, porque en secreto es que funcionan las tiranías. No se ve resultados, sino inflación, inseguridad, escasez y cuentas por pagar. Así, el país nunca llegará a un estadio de civilidad y prosperidad.

Digo esto como una reafirmación de lo que aseveraba hace poco acerca de que los precandidatos no han presentado programas de gobierno, sino promesas. Lo cual es comprensible, tienen que tratar de neutralizar a Esteban Dolero. Pero que no basta. Puede que estas le basten a la porción menos analítica del electorado. Pero hay quienes necesitamos más proposiciones programáticas que meras promisiones.

Lo que el régimen ha creado en estos largos trece años es un monstruo. Aprovechando que estamos en año de censo, hagan la prueba que yo hice: dividan la deuda pública de 2001 entre los 23 millones de venezolanos que éramos ese año; luego, hagan lo mismo con los guarismos del año que corre. Es para pararle los pelos a cualquiera. Cada venezolano debe hoy casi cinco mil billetes verdes. Y, claro, eso son minucias para los bolipotentados que hoy mangonean en todos los poderes, inclusive los dizque independientes. Pero para Cabez’e Ñame Pérez es muy duro. Fue quien me dijo lo que tomé para título de hoy: “Es pa’ preocupase, mayol”.

Porque hasta ese humilde hombre sabe que hay más de un prestamista —sea república seria, banco inclemente o revolucionario avivato y agiotista— que está cantando la canción que le susurraba la mesonera al cliente pasado de copas: “Es una deuda que tienes que pagar…” A nosotros no nos quedará el recurso del borracho que le contestaba: “Estás perdiendo el tiempo, pensando, pensando…” Las deudas contraídas por la república deben ser honradas por el gobierno que reemplace al régimen. Sin importar cómo y quiénes dilapidaron esos dineros. Porque estará conformado por gente seria que entiende que habrá que tragar grueso y comportarse correctamente; no como los actuales mandatarios.

Nada más que por eso, debiera haber un segundo “debate” entre los precandidatos. Porque implica hablar de finanzas, relaciones exteriores, dinamización del aparato productivo y responsabilidades administrativas. Estoy claro en que la economía y las finanzas no son fáciles de explicar para el común de las gentes. Pero comparando con casos del día a día se puede llegar al grueso del electorado. Porque para ellos esa materia es tremendamente importante —así no lo perciban hasta que uno se los haga entender.   

Hay que desmontar el discurso oficial de que la deuda que ellos insolventemente contraen es una palanca para progresar. No lo es, ni lo será, mientras esos manilargos sean los que se despachen y se den el vuelto. Todos esos miles de millones que han “administrado” se vuelven puras prebendas destinadas a comprar el voto de los simples de mente. Y la complicidad de otros mandatarios en otros países. En verdad, el endeudamiento puede ser beneficioso, como en el caso de un agricultor que saque fiado un tractor, o un industrial que compre una nueva máquina. Pero estamos ante el caso de un tipo que, sin importar el hambre que pasan sus hijos, pide prestado para malgastar en caña, regalarles plata a los vecinos y comprar una pistola chíiisima.

Otrosí.
Hablando de preocupaciones, hay una que me surgió luego de leer una noticia por Internet: un estudio realizado en el Stanford Cancer Center de Palo Alto, California y publicado en “Archives of Neurology” llega a la conclusión de que muchos enfermos de cáncer, si sobreviven, pierden agudeza mental y “muestran cambios en aspectos claves de la función cerebral que pueden ser trasladados a dificultades en el mundo real”. Y cuando digo “muchos” es porque la vocera de esa institución, la doctora Shelli R. Kesler habla de que en “hasta el 75%” se presenta eso que ya los oncólogos de todo el mundo denominan "chemo fog". La niebla que pareciera posarse sobre la mente de los escapados de ese mal. Mi preocupación surge porque si Elke Tekonté no era muy brillante mentalmente que digamos, si es que se salva, tendrá menos sinapsis detrás de la verruga…

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Villanos sobre el escenario

En la ópera, la voz de barítono casi siempre está reservada para personajes solemnes, como el gran sacerdote en “Madama Butterfly”, Wotan en “El anillo d los nibelungos” y el faraón, en “Aída”, o personajes trágicos, como Rigoletto y Macbeth, en la ópera que llevan esos mismos nombres. De cuando en cuando, aparecen figuras cómicas, como Fígaro y Bartolo en “El Barbero de Sevilla”. Los rusos escogieron tonos de barítono, no de tenor, que es lo usual, para algunos de sus personajes principales, como Eugenio Onegin, Boris Godunov y el Príncipe Igor, en las óperas de iguales títulos. Pero lo que quiero destacar hoy es a ciertos villanos que cantan en esa tonalidad. Porque, la ópera y de la vida real son similares en que en ellas actúan muérganos que disfrutan amargándole la vida tanto a quienes tienen roles en la escena como quienes ven desde la platea. Vale decir, de los que formamos el grueso de la población

Claro que también hay bribones desvergonzados que cantan en la gama de tenor. Recordemos al Pinkerton de “Madama Butterfly”, un irresponsable que seduce a una joven inocente, la preña, la abandona y, después del parto, le manda a quitar el muchachito con la esposa legítima. ¡Con razón, a Cio Cio San no le queda más remedio que hacerse el harakiri! Por otra parte, el aria probablemente más popular en todo el mundo la canta el Duque de Mantua, en “Rigoletto”; un gran carajo, un abusador que busca tener sexo hasta con las esposas de los miembros de su corte. La gente tatarea “La donna è mobile” por su música pegajosa sin saber, quizá, que es toda una afrenta contra las mujeres, quienes según el bribón están en el mundo para ser engañadas por él. El duque, si viviera en el siglo XXI y no existiera Esteban Dolero sería la viva imagen del abuso de poder.

En “Otelo” nos encontramos a Yago. Su manipulación de personas desprevenidas, que tienden a pensar bien, hace que el moro asesine a su casta esposa y, luego —al ver la monstruosidad que ha cometido por el engaño que ha sufrido— se suicide. ¿Qué mueve a Yago? El despecho de ver que el ascenso que, según él le tocaba, se lo dieron a otro. Me imagino que el Dux, cuando lo manda a arrestar, estaba pensando en hacerle cargos por difamación, calumnia, intento de asesinato y hurto. Lástima que los jerarcas rojos de por aquí no sufrirán pena parecida. Por una doble razón. Primero, Elke Tekonté ha creado tantos ministerios y tantas canonjías que a cada uno le tocará la suya y no habrá pelea. Y, segundo, en el caso de que alguno sea llevado a tribunales, por ser de alto rango, serán presentados en el Tribunal de la Suprema Injusticia; allí, de manera guillada le mostrarán sus sendos carnés a la Stella de Yaracuy, y ¡presto! Declarados inocentes…

Otro maluco de antología es el Don Giovanni de la ópera del mismo nombre escrita por Mozart. El tipo es un cortesano tan bragueta brava que se jacta de las mujeres que ha engatusado para obtener sus favores. Tantas, que Leporello, su sirviente, explica que sus conquistas son: 640 en Italia, 231 en Alemania, 100 en Francia, 91 en Turquía, “ma in Spagna, mile tre”. El personaje, basado en la obra de Tirso de Molina, es tan inicuo que no solo mata al Comendador padre de una joven a la que trata de seducir, sino que se mofa de la estatua que le levantan a este y la invita a cenar. No contaba con que el Comendador se le iba a presentar en el banquete y se lo iba a llevar para el infierno… Cosa que uno quisiera también para quienes llevaron a la muerte a Franklin Brito y tantos otros; y a quienes mantienen en prisiones injustas, arbitrarias, a tanto prisionero político como hay.

Y está el Scarpia de “Tosca”, un personaje tan abyecto que al mismo momento que manda a sus sicarios a buscar a sus opositores políticos para ahorcarlos reza un Te Deum. Para mí, este personaje y el Mefistófeles de “Fausto” son los más malucos de toda la lírica. Pero Mefistófeles tiene que ser así porque es el diablo, el propio Don Sata. Pero que un ser humano se ensañe —encaramado en el poder— contra alguien por pasiones bajas es el colmo. Tortura a quienes considera sus enemigos, los manda a “ajusticiar”, extorsiona a quien le apetece sexualmente. Para que vean lo muérgano que es: le promete a Tosca que el fusilamiento de Mario solo será una patraña para dejarlo escapar después, cuando lo que le dice al esbirro es todo lo contrario, que lo maten. Recibe su merecido de manos de Tosca, pero por la consecuencia de sus acciones, queda un reguero de cadáveres. Igualito que por aquí, pues…




martes, 8 de noviembre de 2011

Ampolleteros glorificados


Domingo Choquehuanca era un inca ilustrado que gozaba de la amistad de Bolívar. Son famosas sus palabras pronosticadoras de que su gloria crecería con el tiempo “como las sombras cuando el sol declina”. En 1845, publicó un análisis denominado: “Complemento al Régimen Representativo” para criticar la sumisión del parlamento peruano al Ejecutivo, dadas las “gratificaciones” que repartía este. Ahí explicaba que la libertad individual peligraba porque en “las Cámaras legislativas: (…) no obrarán con libertad” debido a que para la conservación del carácter republicano se requiere, además de luces, una cierta independencia tanto de criterios como económica. De ese mal sufrimos todavía por esta tierra que fue de gracia. La mayoría en la Asamblea —conformada por áulicos que tiene menos votos que la oposición pero son más— emite cheques en blanco al régimen sin importar cuántos desprecios tenga que hacer a la sensatez y a la norma escrita. Por eso acaban de pasar una ley que en la práctica equipara a los fulanos “médicos integrales” a 007. O sea, les da licencia para matar.

También, de un solo plumazo, desvirtúan el fin buscado —que era que practicaran medicina simplificada, preventiva, en las comunidades— cuando los avala para que ejerzan en los hospitales y hasta los autoriza para que realicen especialidades. ¿Cómo, si no vieron siquiera Anatomía, si nunca le pasaron un escalpelo a un cadáver? Fue un desprecio a las escuelas de medicina más serias y a los académicos de la materia, quienes habían alertado acerca de lo peligroso para la salud de esa trapisonda del régimen.

Advirtieron que “más del 80% de los estudiantes de la carrera Medicina Integral Comunitaria asignados a instituciones docentes asistenciales” han tenido un “desempeño poco satisfactorio”;  que, por falta de “personal docente capacitado y entrenado en la facilitación y coordinación de programas de enseñanza (…) la formación masiva (…) pone en duda el logro de los objetivos diseñados”; que, aunque la Constitución dispone  que “se coordinará con las universidades las políticas de formación de recurso humano en Salud”, se ha excluido a las que tienen “mayor experiencia en la formación de profesionales de la salud y (…) se ha preferido a universidades que en algunos casos no tenían facultad o escuelas de medicina”; que, asimismo, la “Ley del ejercicio de la Medicina (…) establece (…) que para el ejercicio legal de la Medicina es necesaria la obtención del título de Médico Cirujano”.

Uno tras otro, tres ministros y el rector de la UNEFA (título exagerado, porque esa vaina debiera tener un director) salieron a declarar sobre la materia recientemente, como perritos de la RCA Victor (fieles a la voz del amo), ¡ni bolsas que fueran!, trataron de refutar a los que saben de eso.

Una afirmó que los tales médicos integrantes "tienen hasta más experiencia y conocimientos que los profesionales que estudiaron siete años” y que “el Consejo Nacional de Universidades avaló la carrera”. Falso lo primero porque desde primer grado sabemos que tres es menos de la mitad de siete; ergo, no puedes meter en tres años las enseñanzas y las prácticas de siete; cierto lo segundo, pero es que ya sabemos que en ese consejo hay más rectores de universidades “experimentales”, nombrados a dedo por el régimen, que anulan las argumentaciones de los rectores universidades autónomas, elegidos en comicios, por sus méritos, sin importar cuán sensatas sean estas. Ni que las autónomas tienen escuelas de medicina, cosa de las que carecen la mayoría de las “experimentales”.

La minpoposalud fue más lejos. Y hasta un tiro en el pie se dio: afirmó que “estos jóvenes se meten en los barrios y conocen las realidades del pueblo”. Okey, ministra, haga buena su afirmación: ordene que ninguno de ellos esté en los hospitales; déjele eso a médicos mejor formados. Mándelos a todos a reabrir los módulos de Barrio Adentro que los cubanos que huyeron hacia el imperio dejaron solos.

¡Y el rector se la comió!  Señaló que ese “programa de estudio es serio porque los estudiantes de Medicina Integral tienen que cubrir 14 mil horas de estudio”.

Saquemos la cuenta. Si fueran cuatro años de estudios —que no lo son porque uno se pierde en escuchar intentos de lavado de cerebro y en ir obligados a las manifestaciones “espontáneas” organizadas en apoyo a Elke Tekonté— serían 3500 horas por año. Casi diez horas TODOS los días del año; cosa que no es real. Porque en Venezuela el año lectivo no llega ni a los 180 días que ordena la Ley. O sea, el rector asevera que los pichones de matasanos pasan ¡19 horas y media diarias estudiando! Sí, Luis…

Los venezolanos deberemos hacer todo lo que sea necesario para que la jugarreta de poner nuestra salud y la de los nuestros en manos de ampolleteros glorificados no progrese. ¡Ni que fuésemos bolsas! O masoquistas…

martes, 1 de noviembre de 2011

Ganar el futuro del país

Manuel Barreto, en su más reciente escrito, citó a Churchill: "Un político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones, no en las próximas elecciones". Esa gran verdad me ha estado preocupando desde hace bastante tiempo; porque los precandidatos lo que han hecho hasta ahora es imitar a Elke Tekonté en eso de ofrecer el cielo en la tierra, sin pararse a meditar qué es lo que conviene al país. Puesto en dos platos, al igual que el  tipo aquel, se preocupan más en ganar elecciones que en ganar el futuro de la nación. Los precandidatos —a quienes reconozco patriotismo, capacidades y buena voluntad— tienen que contemplar que la ruina que ha originado esta dizque revolución es de tal tamaño que pone en grave riesgo el desarrollo del país y el futuro de las próximas generaciones. Y partir de allí.

Por la mezquina visión del detentador (uso bien el sustantivo) del gobierno, por privilegiar su interés personal, por su desmedido afán de poder, es que los venezolanos —inclusive los que no han nacido todavía— les debemos a cada santo una vela. Al régimen actual y a su hegemón no les interesa lo que quedará de país cuando ¡al fin! salgamos de ellos. Lo de ellos es medrar y sobrevivir lo más que sea posible. Es tratar de seguir subiendo por el mástil del barco que se hunde, mientras que halan la caja fuerte que sacaron del camarote del capitán. Lo que intentan es ver si logran mantenerse por encima del agua, y con plata, de la manera que sea, la mayor parte del tiempo. Un barco al que ellos mismos le abrieron los boquetes por debajo de la línea de flotación.

La muestra más reciente de ese horadar el casco de la nave está en la medida tomada este domingo de expropiar —previo los desplantes y las descalificaciones usuales— a lo que se conoce desde hace más de un siglo como “La Compañía Inglesa”. No les ha importado el desastroso estado en el que hoy se encuentran los hatos que ya esa empresa les había entregado previa torcida de brazo, como es costumbre de la robolución. Y que recibieron en plena producción, con ganado, con instalaciones eficientes. Hoy son eriales en los que unos cuantos avivatos rojos, después de desaparecer las cabezas de ganado (unas en gandolas, otras en parrilladas), se echan palos con las queridas en las piscinas de los fundos. Ya veremos; las más de 130 mil reses que hoy confiscan se esfumarán. Los padrotes irán a las “tierritas en el interior” que tienen algunos personeros rojos, los vientres serán convertidos en carnes en vara para los muertos-de-hambre que aprovechan esos desórdenes, y solo uno que otro maute irá a colgar de un gancho en un local insalubre de Pudreval.

Una de las tareas que debe enfrentar el precandidato que triunfe en las primarias —y que, lo doy por descontado, será el presidente de un período de transición— es el desmontaje de este aparataje oficial absurdo. Pareciera que el régimen entendió mal la seña. Lo que la receta recomienda es: “tanto mercado como sea posible, tanto Estado como sea necesario”. Porque es que mientras mayor sea la presencia del todopoderoso Estado, menor será el disfrute de los derechos que tendremos los individuos para el ejercicio de la vida. La receta, ellos la han transformado en “tantas dependencias e instancias estatales y paraestatales como sea posible, solo tanto mercado como no hayamos podido cogernos después de las confiscaciones”. Es ridículo, por decir lo menos, que en Venezuela haya más ministros que en —para mencionar dos gobiernos exitosos— Colombia y Chile. También es una vergüenza que el Tribunal de la Suprema Injusticia de por aquí tenga más miembros (no quiero llamarlos “magistrados”) que la sumatoria de los de Brasil y México; países que sumados, nos decuplican en población. Pero enmendar eso no será tarea presidencial sino legislativa. O constituyente, si a ver vamos.

De promesas ya tenemos trece años. Lo que debe ofrecerse es un proyecto político que, además de posible, revierta la perversidad esa de que los ciudadanos estamos para servir al gobierno. ¡Por Dios, es al revés! Fuimos las personas quienes creamos al Estado, y solo para que este fuese nuestro vehículo de solución de problemas. Pero aquí se ufana en ser el creador de ellos…

Otrosí
Estamos claros en que a Esteban la cultura no le sobra; pero eso de que no sepa conjugar un verbo es el colmo. Sobre todo uno que ha estado escuchando desde que ingresó en la academia para minar la institucionalidad: “alinear”. En su más reciente intento de lavarle el cerebro a los cadetes los dijo: “Alíniense” ¡Horrible! Pudo, ya que le gusta tanto dar voces de mando, ordenar: “¡Aline… AR! Si no, debió haber usado el imperativo “alinéense”

sábado, 29 de octubre de 2011

Lo hacen perder tiempo a uno…


Uno ya tenía la idea de atacar problemas actuales en el escrito y hete aquí que aparece un trasnochado cantando loas a su adorado y mofletudo comanpresi y criticando que uno haya opinado la semana pasada que Genghis Khan lo hubiera hecho mejor que aquel. Quería uno hacer comentarios acerca de cosas importantes y actuales: de las declaraciones del trío de médicos desde el Hospital Militar; de los más de $ 1,8 millardos que le han dado, de nuestros reales, a los cubiches en escasos tres años; de los intentos de callar a Globovisión; del trágico fin del hegemón libio; de lo que pudiésemos aprender de las recientes elecciones argentinas, etc. O sea, cosas que ayuden a pensar acerca de cómo mejorar la democracia en Venezuela. Y sale un paniaguado a decirme que su jefecito lindo tiene una media docena de doctorados concedidos por sus méritos y, por tanto, no puede ser comparado con un salvaje que no sabía escribir. ¡Por amor de Dios! Solo dos, —los venezolanos y los extranjeros— saben cuáles universidades se los concedieron, en razón de qué, cuánto hubo pa’ eso, cuán caros nos salen a los venezolanos esos pergaminos, y que el tipo no tiene pasta de doctor. Por lo menos para mí, que alguien salga raspado en el examen teórico de Táctica General en el curso para teniente coronel —y que después, cuando intentó aplicar sus defectuosos conocimientos durante la asonada del 4-F, haya salido raspado otra vez en el examen práctico— no tiene atributos, mucho menos aptitud, para un doctorado.

De las declaraciones del grupo de médicos que no tienen pacientes sino negocios en el Hospital Militar ya se ha dicho mucho. No vale la pena llover sobre mojado. Porque eso de afirmar que Navarrete no puede opinar sobre la salud de El Poseso porque no fue su médico, lo que hace es anular cualquier criterio que el trío exponga sobre lo mismo porque ellos tampoco lo han siquiera auscultado. Lo que quería comentar es algo que dijo alguno de ellos: que el tipo nunca había sido sometido a tratamientos psiquiátricos. Dos acotaciones: primero, eso es falso porque Edmundo Chirinos era su loquero de cabecera — posiblemente por eso es que actúa con tanta vesania y depravación—, y segundo, quizás por eso es que estamos como estamos: porque no lo ha revisado un alienista serio y responsable.

De la muerte del libio, lo que quería decir es que eso de, en un momento, creerse “rey de reyes” y, al ratico, su cadáver ser mostrado ¡sobre un refrigerador de supermercado!, es una medida de lo poco que el poder, los millones y unos pocos seguidores enceguecidos valen ante un pueblo determinado a quitarse de encima un yugo. A Mussolini le correspondió un final igual de abyecto. De Hussein, ni se diga. Lo que le toca a Libia ahora es arrancar de cero. Porque eso de pasar años y años bajo la mera voluntad de un mandatario que no reconoce texto constitucional tiene que socavar las bases de un país. Sin importar si es uno tribal, nómada y recién inventado o es uno con más de 200 años de tradición republicana y, mal que bien, estado de derecho. 

De la reelección de KK, los venezolanos debemos entender que la oposición no puede ir desunida en países donde impera el populismo más orondo y el ventajismo oficial más descarado. A uno le tiene que llamar la atención que Argentina —un país ilustrado, donde abundan las librerías bien abastecidas y gente bien instruida— tenga una clase política tan siglo XIX, con gobernadores que no son sino gamonales, gavilleros a la orden y con sueldo del gobierno. Y con dirigentes que no entienden que en la unidad está la salida de los gobiernos ladrones e ineficientes.

De esas y otras cosas es que quería escribir. Pero tengo que replicarle al gaznápiro rojo. ¡Mire, señor! Genghis no sabía escribir, pero se rodeó de los ministros más eficientes (cosa que el de aquí no hace). Por eso, el imperio mongol permitía y propiciaba la libertad de comercio. Para eso, garantizaba la seguridad de los viajeros a lo largo de todo el imperio; se apoyaba en papel moneda que era sólido y reconocido desde Rusia hasta India y desde Persia hasta China; las tarjetas de crédito —sí, las tarjetas de crédito fueron otro invento mongol— permitían adquirir bienes bien lejos de la casa de uno. O sea, permitieron la expansión del intercambio comercial. Todo lo contrario de lo que hacían los supuestamente cultos señores europeos, que aislaban su feudo del vecino y no dejaban que las mercaderías circulasen libremente. ¿Podría su amado Elke Tekonté y su caterva de ineptos lograr algo parecido en seguridad de circulación, respeto al signo monetario y libertad de comercio? Ni de vainas…

El gocho descentralizador

Primero que nada, déjenme decirles que lo adeco lo tengo bien lejos. Quizás es que perviven en mí los recuerdos de la prepotencia, el sectarismo y la rapacidad que los caracterizaba luego de tomar el poder en 1945. No dejo de reconocer que los adeístas intentaron modernizar el país en ese primer trienio, procuraron dotar a la nación de una Constitución moderna, aumentaron las posibilidades de estudio en el país —aunque a los que estudiábamos en colegios privados nos fregaron con el 321—, la mujer pudo acceder a derechos que les estaban negados, etc. También reconozco que entre 1959 y 1969 trataron de hacerlo bien en circunstancias terriblemente difíciles. Y lo lograron. Y que cuando perdieron por una ñinguitica de votos, entregaron el poder a su antagonista y le dieron el apoyo que necesitaba, cuando lo necesitaba.

Hoy, sigo mirando con ojo zahorí al partido blanco. Tengo muchos amigos en él. Un par de veces —-no lo niego— he usado su tarjeta para votar porque era la organización que me garantizaba mejor la defensa de mi sufragio. Reconozco que en la circunstancia actual, AD es una necesidad en la república. Pero la ideología adeca sigue lejos de mi manera de pensar. Tiendo a razonar más con la doctrina social de la Iglesia (aunque lo copeyano también lo tengo lejos).

Pero nada de lo anterior me impide reconocer que entre sus filas hubo, y hay, personas de mucha valía, por su intelecto, por su amor a la patria, por su capacidad gerencial. Lo que abundaba, sin embargo, era el “adeco pequeño”. Y digo “abundaba” porque ahora la mayoría de ellos se cambió para el PUS. Son huelefritos por naturaleza —ambilados es otro venezolanismo que les cabe— y van donde les repartan migajas. Reconozco, entonces, como uno de esos prohombres del acciondemocratismo a Carlos Andrés Pérez. De quien se ha escrito mucho últimamente, reconociéndole virtudes y valores que tenía pero que la pugnacidad política impedía ver. Yo quiero, en lo que queda de columna, asomar una faceta suya que toca de cerca a la gente de provincia. Su afán descentralizador.

Me consta de primerísima mano que todo lo que avanzó Carabobo a partir de 1990 se debe a una conjunción de voluntades. La de Henrique Salas por hacer de su tierra natal un arquetipo de avance, respeto al ciudadano, honradez y modernidad. Y la del presidente Pérez, empeñado —en contra de lo que deseaba su partido— en darle a las regiones una oportunidad. Reconozco como el que más la capacidad de trabajo y de convocatoria del gobernador Salas. Pero también habrá que aceptar —el doctor Salas, el primero— que si desde Caracas no se hubiese promulgado lo que el gracejo popular denominó “la Ley DDT” (Delimitación; Descentralización y Transferencia de Competencias) y la Presidencia no hubiese traspasado las capacidades que estaban en manos del Poder Central, no hubiera sido mucho lo que Carabobo hubiese avanzado. A pesar de su pujanza, de su alta concentración de graduados universitarios y de su numerosa mano de obra muy calificada. Creo que la mayoría de los estados del país puede aseverar cosas parecidas.

El puerto de Puerto Cabello dio un salto cualitativo y cuantitativo hacia adelante. No sólo llegaban más buques, se rompía records de toneladas cargadas y descargadas, y se disminuía el tiempo en que los buques tenían que estar fondeados esperando muelle, o estar atracados en uno de ellos; sino que la recaudación se centuplicó, manejada por gente mucho más honorable que la anterior. Lo que redundó en muchas más obras para Carabobo, y más ingresos para la ciudad portuaria, que nunca antes se había beneficiado de tener el primer puerto del país; y, por el contrario, debía sufrir todo lo malo que eso significa. Ahora, con el afán centralizador de la robolución, todo ha vuelto al statu quo ante. Pero peor, las autoridades actuales trajeron, entre otras lacras, a Makled. Hoy algunas de ellas son sus cómplices impunes. Lo mismo puede decirse de las vías terrestres. Más de un carabobeño escuchó de boca de algún pariente o amigo que lo visitaba la frase: “Es que cuando se sale del túnel de La Cabrera, pareciera que se llega a otro país”. Así de bien tenidos estaban la autopista y sus alrededores. Ahora, son una mezcla de pocilga con paisaje lunar, pero aderezado con malandros que celebran que ahora no hay vigilancia. De los aeropuertos, ni se diga. Gracias a la descentralización, lo que los valencianos llamábamos “el gallinero” fue reemplazado por un moderno terminal. Ahora devenido en “la ratonera”, su nuevo apodo. Una instalación que sólo recibe ocho vuelos al día…

La miseria, el enanismo mental y la roñería de Elke Tekonté lo movieron a meter una cadena que impidiera ver la solidaridad del pueblo con CAP durante su sepelio. Como tratar de tapar el sol con un dedo. Por eso, mi tributo de hoy.

Todo el mal lo hizo bien

Lo que sigue son críticas dirigidas a Elke Tekonté para tratar de cumplir con aquello que aprendimos en las clases de Catecismo de: “dar buen consejo al que lo ha de menester” y “corregir al que yerra”. Esta iniciativa tan caritativa de mi parte se debe a que la semana pasada hubo celebraciones relacionadas con la Virgen María en sus advocaciones de Coromoto y El Valle. En razón de ello, me pasó por la cabeza preguntarme cuál es el rol que me corresponde en medio de mis paisanos, para qué fue que Dios me puso en esta porción del mundo, qué deben esperar mis congéneres de mí. Llegué a la conclusión de que la solución a las preocupaciones anteriores se resume en una sola acción: debo proceder con la máxima caridad posible en todas mis relaciones humanas y debo tratar de contribuir a que el prójimo salga de sus tribulaciones espirituales y sus necesidades corporales. Y deduje que la mejor receta en esa materia me fue dada cuando estudiaba para mi Primera Comunión: las Obras de Misericordia. Por eso lo intento hoy.

¡Vale, tienes que cambiar! Son muchas las cosas que sigues empeñado en hacer mal. Es un error eso de creer que dilapidando el chorro que entra por los altos precios actuales del petróleo vas a lograr hacerte querer. Lo que consigues es que los pedigüeños se te peguen como lampreas, los corruptos saqueen el erario delante de tu vista, los vivianes te vivan —perdona la cacofonía—,y los menesterosos (pero que no son pendejos para nada) pierdan la costumbre de ganarse el pan con el sudor de su frente en el trabajo y, más bien, prefieran transpirar por todos los poros mientras esperan en las afueras del banco para entrar a cobrar alguna de las muchas “misiones” que tanto hacen disminuir el tesoro.

En esa misma vena, déjate de escuchar los malos consejos que te dan Giordani y Merentes. Eso de traerse las reservas para que ellos las “resguarden” —además de que le va a costar a la nación casi lo que cuesta un Sukhoi de los que ya no vuelan— resultará en lo que la sabiduría de tu abuela explicaría como “zamuro cuidando carne”. Te pasan endulzándote el oído con eso de que las reservas han crecido y por eso puedes pedir unos millarditos más. Lo del crecimiento es cierto, pero sólo desde el punto de vista contable. Ese par de fogosos copartidarios tuyos no han hecho nada para acrecentar las reservas. Más bien inventaron, para ponerse más en la buena, eso de que ellas podían ser “excedentarias” y, por tanto, podías gastar ese exceso. Las reservas han crecido porque el precio que ha adquirido el oro en el mercado mundial. Por eso, sin haber llegado un lingotico más a los sótanos de Carmelitas, los guarismos son más altos. Más bien, abultados. Pero, cuando entren los “expatriados”, ¡Ay!

De las muchas cosas malas que han resultado de tu sesgada manera de dirigir al país, quizás la más grave es el empobrecimiento ex profeso de la nación. Y no me refiero al perjuicio que has causado en la economía por la disminución de los puestos de trabajo nada más que por querer “cobrársela a los ricos” (para usar tu lenguaje) y que deviene del cierre de casi la mitad del plantel industrial que has acosado en tu afán de igualar por debajo, de volvernos una Cuba más. No, me refiero a la depauperación del país por la fuga de cerebros. Se consigue profesionales bien formados en Venezuela desde el Círculo Polar Ártico, donde sacan petróleo para los canadienses, hasta Australia, donde ya han empezado a surgir como un grupo emprendedor y hacendoso. Médicos de verdad-verdad nuestros están en hospitales muy reputados de Alemania, Italia, España y pare usted de contar, mientras que unos tipos que trajiste de Cuba y que dicen ser médicos —ya muchos estamos seguros de que no son sino ampolleteros glorificados— le rompen la mandíbula a martillazos a una pobre joven que fue a sacarse una muela.

Dos cosas hacen grandes a los países: su recurso humano y el ahorro nacional. Que son los dos productos de exportación no tradicional que estamos enviando fuera. El que menos puja, decidió poner sus churupitos en Miami o Panamá, donde no se deterioran tan rápido como si los tuvieran en bolívares de los nuevos. Y quienes tienen juventud, conocimientos y arrojo, se nos van a buscar dónde sí le reconozcan sus méritos.

Una poesía le sacaron a tu amada Kristina; el último verso te cae justo a ti también: “… que todo el mal lo hizo bien / y todo el bien lo hizo mal.”

¡Corrígete, vale!

P.S. Las dos semanas venideras, no estaré por estas páginas. Me sale descanso…