martes, 10 de septiembre de 2013

¿Qué es más noble para el alma…?

El tipo no me convenció.  Y creo que puedo arrogarme la representación de casi todos los que estábamos en la conferencia y decir: no nos convenció.  Me refiero a Rick Rockwell, director de la Escuela de Comunicación de la American University de Washington, quien fuese invitado por “El Carabobeño” (diario en el cual me inicié como escribidor en el ya lejano 1986) para que —como parte de los actos celebratorios de los primeros 80 años de ese rotativo— disertase sobre la libertad de expresión en Latinoamérica.  Todos concordamos con sus tesis de que la principal tarea y el deber esencial de un periodista es buscar la verdad y reportarla sin cortapisas; que los mandatarios tienen una tendencia a querer conculcar la libertad de expresión para poder actuar por la libre, sobre todo cuando los otros poderes públicos se doblegan al Ejecutivo: porque así se obvia de hecho los frenos y contrapesos tipificados en la Constitución; que cuando eso sucede, se crea un desequilibrio en la sociedad que impide que las opiniones que le son molestas sean aireadas.

En sí, la conferencia no estuvo mala.  Y hasta llegó a ser brillante en algunos momentos.  Fue en el período posterior de preguntas cuando falló.  ¡Que se volvió un torero, pues!  Las respuestas eran de cajón.  Y una cosa era lo que uno preguntaba y otra la que él contestaba.  Agravado esto porque a él le antecedió una periodista venezolana, María Engracia Chirinos, quien a nombre de la asociación “Prensa y Sociedad de Venezuela” nos bombardeó con estadísticas que demuestran las muchas obstrucciones que los del régimen ponen al trabajo periodístico: la limitación de la cobertura de asuntos oficiales, la negación de dar informaciones que son del interés público y que, de acuerdo a la Ley, no son de las consideradas como reservadas, las descaradas intimidaciones por parte de funcionarios de inteligencia, cuando no las desfachatadas agresiones realizadas por matones a sueldo.  Es tan grave la cosa, que en los ocho primeros meses de este año, el organismo que ella representa contabilizó 205 violaciones a la libertad de expresión en el país.  Lo que implica una al día en promedio.  Ese guarismo implica un incremento de 78% al compararlo con todo el 2012, que finalizó con 200 casos.  Y eso, sin contabilizar los casos de censura provenientes de decisiones judiciales que contravienen a la Constitución, ni las presiones —vía obstrucción para adquirir papel o negación de pautas publicitarias— para que se cierren los espacios que permiten a los ciudadanos ejercer la denuncia y la crítica.

Ni con eso, el invitado nos dio las respuestas que estábamos esperando todos los que preguntamos.  Seguía persistiendo en que la solución estaba en establecer un diálogo con las autoridades —a pesar de que más de una vez se le explicó que el régimen se niega a dialogar, punto.

Yo era del criterio de que actuaba así para no poner a los anfitriones en un aprieto.  Hasta que alguien más perspicaz que yo me hizo recordar que en las palabras introductorias —cuando daba las gracias a la gente que ayudó para que él pudiera venir y disertar— agradeció al “gobierno de Venezuela”.  Me imagino que la solución de la charada pasó por algo que sucede con alguna frecuencia en Maiquetía: que una autoridad lo "persuadió" para que evitara la polémica en sus presentaciones y no se “extralimitara” en sus afirmaciones; no fuera que, cuando intentase salir, le pusieran inconvenientes para su regreso al hogar.  Pero eso es pura elucubración mía...

La pregunta que le hice estaba referida a la postura de ciertos medios, que se autocensuran para evitarse problemas con el régimen.  Que solo corren la arruga, porque tarde o temprano —si los dejamos— estaremos igualitos a Cuba, con un solo periódico.  Que la gente compra, más que todo por la escasez de papel tualet.  En la argumentación previa a mi consulta, le recordé aquello que recita Hamlet en el soliloquio del acto tercero; el que todo el mundo refiere como: “Ser o no ser, esa es la cuestión”, pero que pocos recuerdan como sigue.  En mi traducción ramplona queda como: “¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o rebelarse contra un mar de adversidades y, oponiéndose, desaparecer con ellas?”  Ni por esas; míster Rockwell se fue por la tangente.  Fue tan elusivo que (transcribo un reportaje que apareció al día siguiente en el mismo diario: “El ponente evitó referirse a la situación de la libertad de expresión en Venezuela (…) Esta excusa hizo que buena parte de las personalidades asistentes se convirtieran en ponentes del foro y expusieran puntos de vista sobre la preocupante situación que tienen, en estos momentos, los medios de comunicación (…) Rockwell escuchó detenidamente y tomó nota, como el buen periodista que es”...

Mientras, sigo esperando que alguien me proporcione una respuesta al dilema shakesperiano.  Que no es fácil, lo reconozco; tanto, que ni el mismo Hamlet lo dilucidó…

Tres hermanicas eran…

Tengo un disco con canciones en ladino que entonaban los judíos sefardíes por los años en que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos.  Una de las cántigas que más me gusta narra la historia de tres hermanas.  Les transcribo parte de la letra manteniendo la ortografía de la época, pero poniendo tildes para facilitar la comprensión: “Tres hermanicas eran, blancas de roz, ¡ay!, ramas de flor. / Tres hermanicas eran, tres hermanicas son.  /Las dos eran cazadas, / la una se desperdió. / Su padre con verguensa, / A Rodes L'anbió. / En medio del camino, / castillo le fraguó, / de piedrica menuda, / de torre y mirador…”  Puesto en lenguaje actual, eran tres hermanas muy bellas, con el cutis blanco como el arroz; dos de ellas consiguieron marido y una “metió la pata” (como decían las señoras de antes).  El padre, avergonzado, la envió al destierro en Rodas, a un castillo fuera de la ciudad.  La canción termina con un desenlace feliz: “Por allí pasó un caballero, tres besicos le dio. / Uno de cada cara, y uno en el corazón. / En el besico de alcabo, la nina se despertó. / ‘Si mi amo lo sabe, matada era yo, / matada con un palo, que dos no quero yo’. / ‘No vos matan, bolisa, que vuestro amor soy yo’".  Vale decir, la joven, que se había quedado dormida con el rumor de una fuente, fue despertada con el último de tres besos — dos en las mejillas y uno en la boca— que le dio un gentilhombre que pasaba por ahí.  Ella le dice que si el castellano se enterase, la iba a matar a palos.  Pero el caballero la tranquiliza anunciándole que ha sido rescatada por el amor.

La versión que tengo, es la cantada por Yehoram Gaon, uno de los más reconocidos cantantes de Israel.  Los interesados en escuchar su versión (aunque no la canta completa) entren en: http://bit.ly/19Z0ZF9.

Pero ya está bueno de introito.  Lo que quería comentar, basado en el comienzo de la cántiga, es cuán diferentes han resultado los logros de los tres países que alguna vez formaron lo que se ha dado en llamar la Gran Colombia.  Revisándolos por donde se busque —por lo social, lo económico, lo educativo; ¡por lo que sea!—, hay dos países que han echado para adelante y uno, el nuestro, que “se desperdió”.

En Ecuador, el presidente —que está chingo de las ganas de heredar el liderazgo que tuvieron Fidel y el comandante eterno que se murió— no es bolsa.  Despotrica contra el imperio, pero mantiene la economía dolarizada; le tuerce el brazo a los medios de comunicación nativos, pero logra mantener el flujo de inversiones extranjeras hacia su país; ofrenda lip service al dizque socialismo del siglo XXI, pero mantiene bien aceitados los engranajes del capitalismo, no ha permitido que se rebaje la calidad de la educación, busca sus ministros de entre gente capaz e instruida, y se asegura de que las instituciones funcionen bajo parámetros de eficiencia.  Porque el tipo no es un mero chofer de autobús glorificado, sino un economista con posgrado en Lovaina.  Y sabe que no puede pegarse un tiro en un pie.  A mí, el tipo no me cae nada bien, pero debo reconocer que la gente lo vota porque tiene obra que mostrar.

Colombia, a pesar de los muertos, los lisiados y las desdichas que ha dejado la guerra que la ha asolado por más de medio siglo; de los palos en las ruedas metidos por algunos políticos egoístas que valoran más su ego que el bien de la nación; de los funcionarios infiltrados por las FARC en las instituciones para que “tiren la burra pa’l monte”;  de los paros que recientemente han surgido —en mucho por las instigaciones del Foro de Sao Paulo, la mano siniestra de los cubanos y los “apoyos” venezolanos que reciben la impía Córdova y sus muchachos—, ese país y esa nación siguen echando para adelante.  Porque tienen siglos de tradición como trabajadores denodados, gozan de instituciones académicas de mucho lustre, mantienen un plantel de funcionarios bien entrenados y adecuados al tamaño del Estado, y respetan las instituciones públicas y la propiedad privada.  Por eso, ya han llegado a ser exportadores de petróleo y se dan el lujo de vendernos gas y electricidad (cuando lo usual era lo contrario);  mantienen relaciones amistosas con los países serios del mundo; tienen de socios comerciales a las surgentes potencias de Hispanoamérica; firman sin empacho tratados comerciales con las naciones más poderosas; y, en fin, miran al futuro con tranquilidad.  Porque han entendido que eso de formar patria no puede ser solo cosa de eslóganes sino de meter el hombro decididamente.

¡Y nosotros, pa’tras!  Nunca fuimos muy trabajadores, siempre nos gustó recostarnos del erario, crónicamente sufrimos de la corrupción y la ineptitud de los mandatarios; pero nunca como ahora.  Desde hace quince años, la oclocracia descrita por Nelson Maica y la ignorantocracia mencionada por Quirós Corradi están matando al país.  ¿Habrá que esperar a que llegue un caballero?



martes, 27 de agosto de 2013

Sufren de halitosis del intelecto

Llego tarde al comentario, lo sé; es que la cloaca se reventó el martes pasado, exactamente el día en que salen mis artículos.  Pero no puedo dejar de glosar lo de la bochornosa sesión de la asamblea nacional (minúsculas ex profeso), lugar en el cual pareciera haber un torneo para probar cuán bajo se puede llegar para defender al régimen.  Desde que el difunto impuso el estilo de matón de barrio en las actuaciones públicas, las intervenciones de los rojos —que no pasan de ser malos imitadores, Nicky incluido— son, mayormente, escatológicas; la coprolalia es lo que abunda.

Que nadie se equivoque, lo que pasó no fue un producto de la emoción en el debate: estaba planificado así.  La prueba es la aparición de “Ojitos Bellos”, días antes, invitando por los medios a no perderse la sesión de marras.  Lo que se buscaba era causar el mayor escándalo posible para servir de mampara que tapase el desastre en el cual ellos han zampado al país.  Que no es solo económico, con anaqueles vacíos y contenedores pudriéndose, sino que trasciende hacia lo social, con sus miles de asesinatos (algunos de ellos ejecutados por uniformados), con sus hospitales colapsados, con la infraestructura vuelta flecos.

Y pensaban que lo podrían lograr si ponían al rey de la descalificación y el denuesto a vomitar infundios tabernarios, viles, en el hemiciclo; lugar que en el pasado escuchó argumentaciones dignas, por más pugnaz que fuese la discusión.  Donde alguna vez se escuchó a Andrés Eloy, Úslar, Jóvito, Calvani y Machado —por poner solo uno de cada tendencia— ahora desbarran y dicen sandeces unos gaznápiros que sufren de “halitosis del intelecto.  Eso, presumiendo que tuviesen cerebro”, para usar las famosas frases de Harold Ickes.  Encomendar a Pedro Carroña esa diligencia era una garantía para ellos de que los niveles de bajeza iban a estar por debajo de los del Mar Muerto.  Es el colmo de la desfachatez y la descortesía poner a la misma persona con pasado dudoso, que negó lo de Montesinos, que afirmó lo de Direct TV como instrumento de voyeurismo, que falseó pruebas en lo de Mardo, a que ahora venga a calumniar a figuras destacadas que se les oponen políticamente.  Y lo hace con su cara muy lavada, con sus zapaticos de Gucci, sus corbatas de Hermes y sus trajes de Armani para añadir oprobio a la injuria.

Poner a Cabello y a Carroña como adalides de la decencia administrativa es por lo menos un oxímoron. Y hasta una antinomia.  Ambos han dado demostraciones más que descaradas de boyancia económica desde su figuración en el régimen.  Y que se relievan aún más si se tiene presente que ambos provienen de humildes hogares provincianos y que sus carreras quedaron truncadas después de las asonadas del año 92, en las que fueron partícipes, con las que intentaban dar traste a la constitucional y que causaron centenares de muertes.  Ambos todavía tienen asuntos pendientes —aunque la fiscala alcahueta tiene archivadas las denuncias.  El uno, lo de sus trapicheos en la Gobernación de Miranda; el otro —famoso por sus derroches y mal gusto cursi—, por lo del negociado con las cédulas “made in Cuba”.  Esas dos causas, como mínimo…

La jugada la ven clarita hasta los más obcecados y simples de mente de los psuvistas —creo que entro en un pleonasmo aquí.  Lo que se intenta es disminuir la paliza que van a recibir el 8-D.  Y la ejecutan a pesar de que está llena de contradicciones.  ¿Cómo es eso que se acusa de corrupción a quienes —por estar precisamente en la oposición— no han manejado fondos públicos en estos infames y largos quince años?  Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.  Acusan a Caldera por recibir dinero de un particular para una campaña —que parece que no es delito, y que todos los políticos pasados y presentes han recibido— pero nunca dijeron nada de lo que ha sucedido dentro del régimen, empezando por los millones que un banco español le dio —durante la campaña y luego de recibir el cargo— al comandante eterno que falleció , siguiendo con los latrocinios tipo Plan Bolívar 2000 y llegando a las “discrecionalidades” con las que se manejan los fondos chinos, los dineros de Pdvsa, las compras de sistemas de armas y las “triangulaciones” con Cuba.

Para hacer creer que lo del combate a la corrupción va en serio, inventaron su versión moderna del chinito de Recadi y capturaron a unas sardinitas; pero los tiburones todavía andan por la libre.  Y nada les pasará porque los diputados que hacen mayoría —tan ineficientes como bocas-de-cloaca— tienen una mora en la elección de un nuevo contralor que reemplace al Ruffián (más de dos años), los magistrados del TSJ y los rectores del CNE.  ¿Para qué, si los que tienen ahora les complacen en todas sus marramuncias?  Y más: son sus cómplices en sus planes de entronización del despotismo, el envilecimiento social y la negación de las realidades económica y social...

Una Constituyente no solucionaría…


Muchas cosas no me gustan de la Constitución vigente, empezando por el nombre.  Pero, sobre todo, dos aspectos de ella me son especialmente chocantes: el infame español en el que está escrita y las excesivas competencias que se le conceden a la Presidencia de la República.  Me tranquiliza que bastante critiqué ambas cosas en mis escritos desde el momento en que conocí el primer borrador.  Y me mantengo en eso hasta el día de hoy.  Que no soluciona nada, pero que me ayuda a disolver la rabia con “a” que me da.

Lo primero —aunque lo reconozco como meramente adjetivo— lo perpetraron (empleo bien el verbo) los kinotuyentes para intentar ganarse la buena voluntad de unas cuantas feministas —que, son de lo menos femenino que yo haya visto.  Así se llegó a un lenguaje que intentaba ser anti-sexista pero que resultó hermafrodita y hasta con visos marimachistas.  La resultante es un texto fastidioso para estudiar, incómodo para entender y a contramano del buen decir.  Tanto que critican al imperio y hasta en esa zoncería anti-machista lo imitan.  En todas las lenguas romances existe la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino.  Pero eso, que es normal en español, catalán, portugués, francés e italiano (me imagino que en rumano, también), pareciera ofender a algunas que no les gustan “los miembros” y prefieren “las miembras”.

Lo segundo —que es sustantivo y por tanto fundamental—, es lo referido al exceso de competencias que se le autoriza al Ejecutivo Nacional.  Y que desde el mismo primer día de vigencia, Elke Tekonté creyó que eran prerrogativas imperiales que se le concedían.  Quien le sigue —y que es tan estulto que hasta de “millonas” habla— sigue por el mismo cauce.  La única diferencia con su papá barinés —porque parece que tiene otros dos: uno cubano y otro colombiano— es que no está en la posibilidad de dictar leyes a la medida por la vía habilitante.  Pero, ¡para lo que le importa!; sigue teniendo las mismas áulicas (aquí sí hay que hacer énfasis en el género) en los mismos poderes públicos que tenía el de cuius. Las cuales se encargarán de convertir en trajes a la medida lo que no pasa de ser prêt-à-porter.

Vistos los muchos abusos que —pertrechados con esas facultades absolutas que se le concedieron al Ejecutivo— han sido cometidos a lo largo de estos horribles quince años (tres presidencias de las de antes, que no se nos olvide), algunas personas bienintencionadas han llegado a la conclusión de que lo que hay que hacer es arrancar desde cero nuevamente.  Y que, por tanto, hay que convocar a una Asamblea Constituyente.

Les confieso que a eso, yo le tengo mucho miedo; probablemente, eso no sirva sino para "tirar la burra pa'l monte".  Por varias razones que quedarán patentes si nos tomamos la molestia de recordar el pasado reciente y rememorar cómo se configuró la Constituyente del 99.  En esa oportunidad, el régimen que la auspiciaba olvidó, voluntariamente, que una Constitución es un pacto que debe armonizar las diferentes formas de pensar de una comunidad y, por tanto, que facilite su aceptación de buen grado por la mayoría.  Para el logro de sus fines furtivos e imponer una visión sesgada de país, cocinaron un sistema por el cual, con el 52 por ciento de los votos, se apropiaron de casi todos los escaños, dejando solo seis para los que pensaran diferente.  El texto resultante no fue más radical porque entre esos seis había más lucidez en lo que a filosofía del derecho y a derecho constitucional se refiere que en la sumatoria de todas las mentes de los demás asambleístas.  ¿Quién puede dudar que con todo el dinero que tienen los gobierneros —que ya sabemos de sobra que emplean sin escrúpulos para obtener ventajas políticas— y con el hambre y la miseria que han sembrado en las masas, lo que las hace más proclives a ser compradas, no vayan a repetir la jugada del 99?  Pero en esta oportunidad, ampliada y perfeccionada con la asesoría de sus colonizadores cubanos…

Abrir un proceso constituyente, además de erizar más a los dos sectores en que está dividida la nación, serviría para conferirle una cierta estabilidad al tambaleante Mientras-tanto, quien se beneficiaría de la distracción creada pues le permitiría escurrir el bulto en lo que a las incapacidades, ladronismos y escaseces que lo minan y que no sabe resolver.  Y, “más piol”, pudiera darles alas a los rojos más radicales para tirar por la borda el disfraz de demócratas con el que se revisten y llevarnos, de una, al “paraíso cubano”…

A la Constitución hay que hacerle cambios, pero mejor sería si se logra paulatinamente, por medio de reformas progresivas.  Al mismo tiempo —empleo palabras del padre Ugalde en su escrito más reciente— se debe “eliminar el contrabando totalitario que se metió por vía de la Habilitante”. 

En todo caso, y si creen que se debe seguir discutiendo el tema, mejor lo dejamos para después del 8-D…

Caesar non supra grammaticos

Eso fue lo que me vino a la mente después de leer el reciente artículo de Alexis Márquez Rodríguez, quien del idioma sabe mucho, y que tituló: “Lenguaje inmaduro”.  En él, el profesor Márquez critica la forma como hablamos el castellano en Venezuela, sugiere que estamos desolándolo, lo que nos lleva hacia el caló y la jerigonza.  Señala que todos debiésemos tender hacia la corrección idiomática, pero que tal obligación es primordial entre los de la clase política porque “es lenguaje, es palabra. En particular en la más alta expresión política, que es el arte de gobernar”.  Y dice más: “Lo primero que en tal sentido debe saber el gobernante es que en materia de lenguaje una cosa es ser dirigente en la brega por el poder, y otra ser gobernante. El dirigente emplea necesariamente un lenguaje mitinesco, del cual debe olvidarse el gobernante una vez que asume el ejercicio del poder”.

Pero eso sería como pedir peras al “horno”, como dijo varias veces el tipo aquel.  Primero, porque ellos no saben (ni quieren) gobernar y por eso se limitan a mandar.  Y, segundo, porque dentro del régimen pululan los áulicos y que, así como celebraban cualquier sandez que se originara en la verruga del difunto, ahora exaltan y festejan lo que sale de debajo del bigote —casi todo safio y en lenguaje perdonavidas.   

Por palacio —y en la calle, porque este dizque es un gobierno de ídem— está haciendo falta el anciano senador romano que, según Suetonio, recriminó a Tiberio cuando pronunció un discurso de manera “desembarazada”.  Después de la metida de pata, ¡zas! saltaron unos cortesanos a “traducir” lo dicho y a justificar que no podía haber falta porque había sido el emperador quien había hablado —es que la profesión de enmendador de las metidas pata del jefe es muy antigua, no se originó con José Temiente.  Fue cuando el senador salió en defensa de los valores y el respeto tradicionales a la ciudad y el foro: “Tu enim, Caesar, civitatem dare potes hominibus; verba, non potes.”  (Tú César, puedes hasta dar la ciudadanía a un hombre; pero a las palabras no puedes). Por una razón que a lo mejor se les hace difícil de entender a los rojos, pero que no por eso deja de ser verdad: Caesar non supra grammaticos.  Las palabras tienen su significado, y no el que cada mandatario se le ocurra inventar.  De permitir que cada uno de ellos haga lo que se le venga en gana, devendríamos en una moderna Torre de Babel.

Ya en el siglo XVI, Milton, el de Paraíso Perdido, nos explicaba que “cuando el idioma en el uso común en cualquier país se hace irregular y depravado, lo que sigue es la ruina y degradación de éste”. Verdad que sigue vigente.  En nuestro suelo se ha ido perdiendo el buen decir —que no es que haya sido muy bueno nunca—, en mucho, por la imitación de lo que se originaba en “Aló, presidente”: burradas en lo político, lo económico y lo léxico.  Fue el finado quien irrespetó de primero a la Constitución.  Tanto al violarla al apenas nacer como por apodarla “la bicha”.  Aquellos polvos trajeron estos lodos: el ilegítimo actual, que no pasa de ser un mal imitador del otro, no tiene un buen dominio del idioma.  En lo único que se le parece es en lo extenso, lo frecuente y lo mal hilvanado de sus divagaciones.  Y si eso es en el cogollo del régimen, más abajo, los apparátchiki, (bien escasitos de seso la mayoría de ellos) imitan a sus líderes.  Uno no sabe cómo es que los escogen para los cargos, y teme que dentro de poco designen para un ministerio a aquel abogado que dijo varias veces por televisión: “disulidar” en vez de “dilucidar”.   Esos funcionarios —entecos de alma y cortos de luces, pero con grandes “miras utilitarias”— están acabando con Venezuela por su ineptitud y estulticia, por su avidez corrupta y por el deplorable “indioma” que emplean.

En 1934, en el que fue su último artículo, Ortega y Gasset titulaba: “En nombre de la nación, claridad”, y decía: “Nada es más arriesgado que la confusión, el no tomar en serio la estructura de la realidad, el creer que se la puede tomar cada uno a su antojo, sin respeto a lo que las cosas son. Este error se paga siempre con el fracaso, que a veces no se limita al que lo comete, sino que arrastra al conjunto de un país. Si se repasa con alguna agudeza y con rigor (…) se ve hasta qué punto los desastres sobrevenidos (…) han tenido como causa principal y casi única errores intelectuales fácilmente comprobables y que se hubieran podido evitar”.

De eso se trata, todavía, hoy, en Venezuela: de no confundir las cosas.  Lo más grave de esta falta de claridad por parte de los detentores del poder hace que soslayen lo importante porque están muy ocupados en tratar de revivir una ideología ya muerta; en confiar en los consejos de una nomenklatura extranjera que no logró crear prosperidad entre los suyos después de medio siglo de mando absoluto; en privilegiar la “lealtad al líder”, antes que la capacidad, para las designaciones a los cargos; y en creer que ellos tienen el monopolio del patriotismo y que los que se les oponen solo son una cuerda de vende-patrias.


sábado, 27 de julio de 2013

Un creciente agotamiento moral

Me robo descaradamente la frase del título, pues fue empleada hace dos meses por Marcos Aguinis, el columnista argentino que les he recomendado varias veces.  Él la usó para describir el sofoco en que se encuentran sus paisanos; uno que, me parece, entre los venezolanos se multiplica por diez.  Decía: “Ya no es sólo dolor por la inflexible decadencia política, económica y social, sino cansancio. Agotamiento. Nos hundimos sin haber sido ocupados por potencias extranjeras, ni haber padecido tsunamis catastróficos, ni ser masivamente asesinados por epidemias bíblicas, ni quemados por la lava de los volcanes. Nos hundimos por propia voluntad, al haber entregado (…) el timón de nuestra nave a una variopinta legión de malos o ineficaces dirigentes”. 

Si por allá llueve, por aquí no escampa.  Porque aquí lo que impera es la avilantez desde el poder.  A todo, quieren  sobrepasarlo a punta de audacia y bravuconada; para nada les sirven la ilustración, la mesura, los escrúpulos.  Pareciera que más bien les estorbaran.  Pero, ¡claro!, si el jefe del gobierno —de hecho, que no de derecho— no logró graduarse ni de bachiller porque lo botaron del Espelozín, ¿qué quedará para los demás?  Y como que no se le ha quitado, porque casi le pega a la anciana que le insistía en un reclamo público.  Solo en el último instante se contuvo y contuvo a los espalderos que iban con él a caerle en cayapa.  Por lo menos, y para consuelo de Aguinis, en Argentina tienen de presidenta a alguien que puede mostrar un diploma universitario —parece que “trucho”, como dirían por allá; “chimbo”, como decimos por aquí— pero lo tiene…

En todo caso,  a Venezuela la están matando porque —a falta de ilustración, decoro y capacidades gerenciales en la cúpula — las decisiones se toman por impulsos biliosos.  La teoría del derecho administrativo exige que todos los actos oficiales estén “motivados”; vale decir, que debe explicarse las razones para la toma de una decisión.  En la práctica, el “porque me sale del forro” pareciera ser la respuesta más común.  Con frecuencia vemos que las faltas de respeto, las descalificaciones  y las acusaciones mentirosas son las armas preferidas del régimen.  No explican razones; no se preocupan por convencer.  Repito la pregunta que he hecho varias veces por aquí: si el socialismo es en verdad tan bueno, ¿por qué tienen que intentar hacérnoslo tragar a carajazos? ¿No dizque se agarran más moscas con una cucharadita de miel que con un tonel de vinagre?

Los desdoros e irrespetos no los limitan para usarlos en contra de quienes, dentro del país, nos atrevemos todavía a pensar distinto a como ellos quieren; sino que los disparan contra cualquier dignatario extranjero que decida actuar diferente a como el régimen deseara.  En eso, siguen el patrón que impuso el difunto al calificar a Condoleezza Rice de analfabeta; ¡por Dios, ella sola tenía más doctorados que todo el gabinete criollo!  Lo más reciente —¡cómo me gustaría poder escribir: “lo último”!— ha sido la calificación que hizo Porahora del presidente de España como “muy corrupto” y “brazo financiero de la derecha fascista” .  Y al presidente de Chile, como dice el refrán, “no le dijo perro, pero le mostró el bozal” al sugerir que estaría complotando con Capriles para  una aventura golpista; nada más que porque ambos cenaron juntos en casa de un amigo mutuo.  Al lado de eso, resulta una menudencia que haya llamado “gringos” —teniendo esa palabra una clara connotación derogatoria—  a los únicos que le pagan de contado el petróleo.  Si el inmaduro no sabe que existen ways and means en las relaciones diplomáticas, por lo menos debiera recordar que hasta su padre putativo, el insepulto, más de una vez se tuvo que tragar sus insultos delante de varios mandatarios extranjeros.  ¿Qué pasaría si Obama les pidiera a las petroleras que retuviesen por unos días los pagos de sus facturas y que trancasen los envíos de gasolina por un par de semanas?  Todos empezaríamos a pasar más roncha que actualmente.  Y por culpa de un bocón.

Termino con otras palabras de Aguinis: “…asfixia la situación imperante.  Desde el poder se trabaja para bloquear los caminos del pensamiento crítico, la iniciativa individual, el mérito, el esfuerzo genuino, la decencia y el imperio de las leyes.  No cesan las iniciativas para llenar de trampas y moretones a nuestra tambaleante democracia, convertir a los legisladores en milicos obsecuentes y a muchos de los jueces en encorvados siervos.  El tango "Cambalache" alcanza tanta vigencia que corta la respiración. (…) Es penoso observar los discursos presidenciales por la cadena nacional. (…)  Deprime ver a hombres y mujeres convertidos en aplaudidores y sonreidores indignos que festejan hasta los errores.  ¿No temen que sus hijos y nietos algún día les pidan rendición de cuentas?  (…)  ¿Tanto les cuesta mirar el horizonte?  En este aquelarre de despropósitos, corrupción, aprietes, ineficiencia administrativa, destrucción, incoherencias y mentiras, se nos está deshaciendo la República”.

Bastantes se los dijeron…

Fueron muchos los que alertaron a los mandatarios del Mercosur acerca de los peligros de aprobar la solicitud del régimen venezolano para ser miembro de esa organización.  Hasta la saciedad se les advirtió acerca de que el fin último del difunto y sus secuaces era, no tanto asociarse para dinamizar el comercio regional —porque, en fin de cuentas, los rojos le tienen declarada la guerra a muerte a los “burgueses”— como para utilizar ese foro como amplificador de las propuestas de eso que dizque es un “socialismo del siglo XXI”.  Pero pudo más el afán de conseguir petróleo a precios preferenciales.  Hay que añadir que también influyeron —y mucho— Kristinita y los gánsteres que la acompañan en la Casa Rosada por las “afinidades ideológicas” que comparten con la robolución: el gobierno debe acaparar todos los poderes, es válido usar el poder para enriquecerse, hay que buscar perpetuarse en el mando, etc.

En todo caso, triquiñuela de por medio, deshaciéndose de Paraguay temporalmente, metieron por la puerta de la cocina a Venezuela.  O eso creían ellos.  Lo que metieron fue un regalo griego, un caballo de Troya, del cual van a salir los que van a tratar de convertir esa organización comercial (recuerden sus siglas: MERcado COmún del SUR) en un instrumento más de las viudas del la Tercera Internacional.  Claro que no lo harán al estilo de Ulises y sus muchachos, pasando a degüello a los que defensores de la ciudad, sino sibilinamente.  O, por lo menos, esa era la idea.  

Pero el descaro, o la estupidez del Inmaduro, lo llevaron a descomedirse en su cuenta Twitter y proclamar: "Vamos (…) abriendo el Camino del Socialismo Cristiano NuestroAmericano"(parece que ya se cogieron a Hispanoamérica).  E hizo más: convirtió los discursos de asunción de la presidencia y de cierre de la cumbre en descarados alegatos tipo lo que Bacon llamaba “idola fori”; meras apelaciones a la multitud ignara, sobándola con cosas que no entienden, ni les interesan, pero que les calientan la sangre.  Los temas del intercambio comercial, y de los problemas a lo interno de Mercosur que hacen difícil que este funcione como debería fueron soslayados, sacrificados en aras del populismo.  Para los mandatarios presentes —también populistas, desde el ignorante cocalero del altiplano hasta la perfumada Dilma, tan necesitada hoy de apaciguar sus masas— era más provechoso hacer una batahola con lo del soplón anclado en Moscú y con lo de "exigir explicaciones y disculpas públicas a los países de Europa que agredieron a nuestro hermano Evo".  Todos ellos, ¡felices! Es el síndrome de “el muchacho que es berreón, y el aya que lo pellizca”.  Para ellos, lo importante no es redimir a sus poblaciones por la vía de unos intercambios comerciales más normados, más eficientes y más dinámicos, sino mostrarse más retrecheros ante el imperio.

¡Esos no son temas para tratar en Mercosur!  Nada de eso tiene que ver con las economías regionales.  Para eso tienen ALCA, Unasur y OEA.  Todos ellos ya secuestrados y convertidos en clubes de presidentes; en lugares donde solo se defiende a los mandatarios —sin importar la barrabasada que hayan cometido—, no lo que sea en verdad importante para las naciones enteras.

Y el discípulo incapaz (como lo llamó con certitud el padre Ugalde) no podía dejar de hacer el ridículo mientras estaba en los actos: creyendo que aparecía ante una junta comunal en Cabrutica, se volvió a disfrazar de bandera, poniéndose una bufanda tricolor para leer los discursos y para el “retrato en familia” (nunca mejor dicho ese sintagma).  ¡Qué vergüenza sentimos todos, Nicky!  Lo que provocaba era cubrirse la cabeza con una bolsa de papel marrón, con un par de huecos para poder ver.  ¡Eso no se hace, vale!  ¿Qué tal que los otros se dedicaran a imitarte?  Difícil, porque la KK no se quita el negro (aunque dicen que una de las prerrogativas del vicepresidente Boudou es desabrigarla).  El Pepe se vería más rechoncho con un chaleco a rayas horizontales blancas y celestes; y Dilma ni de vainas se va a vestir de verde con un globo azul estampado en la barriga.  Porque ella habrá sido guerrillera, pero se sabe vestir con comedimiento.  El único que si pudiera disfrazarse sería el cocalero: con una chaqueta con los cuadros multicolores de bandera “plurinacional” que están tratando de imponer por sobre el rojo, amarillo y verde legales.  ¡Y se vería de lo last! 

Otrosí
Mucha gente se apresuró en darle un cheque en blanco a la nueva MinPoPoDef, creyendo que iba a ser más institucionalista que el ministro saliente (aunque, con él, eso no es muy difícil).  Después de su discurso, ya a muchos se les cayó la ilusión.  Y, por cierto, m’ijita, tú no eres “soldada”.  El sustantivo “soldado” no admite género femenino.  “Soldada” es el estipendio que se le cancela a la tropa; nada más…