domingo, 20 de octubre de 2013

¿Limítrofe o fronterizo?

En su habitual costumbre de tomar el rábano por las hojas, hace ya diez años, el tribunal de la suprema injusticia interpretó qué son “estados fronterizos” a que hace mención el Art. 41 de la Constitución vigente.  La materia en discusión era si el para entonces alcalde de Valencia podría competir para ser Gobernador de Carabobo —cargo para el cual tenía muchísimos méritos y para lo cual estaba avalado por una obra gigantesca que había realizado como alcalde— siendo que había nacido en Canarias.  Como es notorio del 99 para acá, una vez más, la sala correspondiente se fijó más si el peticionario era rojo o escuálido para dictar su decisión.  Y Paco Cabrera sufría de ser profundamente demócrata.  Por eso, la decisión a la que llegó fue que Carabobo es estado fronterizo porque su límite norte es el Mar Caribe.  O sea, para ponerlo con un ejemplo: que lo es porque tiene a Curazao ¡a casi 300  kilómetros de Puerto Cabello! 

Si uno se guía por esa interpretación descabellada, resulta que solo ocho de los 23 estados venezolanos no son fronterizos, siendo que entre los principios del derecho hay uno que señala que se debe legislar para el beneficio de las mayorías —sean estas compuestas por personas naturales, o jurídicas, o entes administrativos—, no para las minorías.  Lo que motivó a los constituyentes del año 99, y tengo copia del diario de debates, era evitar que, por ejemplo un gobernador del Táchira o de Zulia, o un alcalde de Ureña o de El Amparo, fuesen nacidos en Colombia, país que es tanto limítrofe (aledaño) como fronterizo (que está enfrente); pero, por obra y gracia de los togados rojos, Zulia, Falcón, Aragua, Vargas, Miranda, Anzoátegui, Sucre, Nueva Esparta, Monagas y Delta Amacuro —además de Carabobo— son fronterizos por el solo pecado de tener una fachada hacia el Caribe o el Atlántico. 

Lo que no tomaron en cuenta los magistrados es que ningún estado venezolano tiene una sola gota de agua salada, así llegue hasta la línea de marea porque, de acuerdo al Art. 304 constitucional, “todas las aguas son bienes de dominio público de la Nación…”, no de los estados; porque, en verdad, esos estados limitan por sus partes norte y este con el mar territorial de Venezuela. 

La misma canallada que emplearon contra Paco Cabrera hace diez años, la intentaron recientemente contra el candidato actual que tiene las mayores probabilidades de ganar la Alcaldía de Valencia, Miguel Cocchiola, porque según la infinita sabiduría del máximo tribunal —máximo solamente porque está en la pirámide organizacional, pero de que da asco, da— resulta que Valencia ¡es un municipio fronterizo!  Y, por tanto pueden optar a la alcaldía los venezolanos con una sola nacionalidad.  Pero Miguel también era italiano.  El asunto, para los malévolos del régimen, era sacar a como fuera a un competidor que amenazara la hegemonía roja en la administración pública.  Para hacer la historia corta, a Miguel le tocó la dolorosa faena de tener que renunciar a su italianidad.  Con lo que él sale perdiendo pero Valencia sale ganando: por un lado, tendremos un alcalde tan eficiente, tan honorable y tan poco discurseador como Paco Cabrera; y, por el otro, nos libraremos del actual —el tal Alca-Parra— que tan untado en corrupción parece estar según la pruebas e indicios que ha tenido que recolectar el mismo régimen.  Alca-Parra solo es eficiente en meter a su familia en la nómina.  O sea, igualito a Cilia…

Pero si el candidato a gobernador, o a alcalde o a ministro es de los que gritan ¡Uh, ah!, nada dicen los rábulas togados acerca de las dobles nacionalidades.  Tarek Saab como gobernador, su tocayo El Aissamí, primero como ministro y ahora como sucesor del pícaro del Isea, Di Martino como alcalde de Maracaibo y como candidato infructuoso a gobernador son ejemplos patéticos de cómo es de “selectiva”  la selección (valga la cacofonía) de rojos para los cargos “productivos”.

Si vamos a ser serios en la interpretación de la Constitución, vamos a ser serios.  Para todos por igual, sin chocantes diferencias derivadas de estar o no incluidos en la lista que puso de moda el infame Tascón por órdenes del hoy difunto cadáver fallecido.  Comencemos por aplicar strictu sensu y stricti iuris lo que tipifica el ya mencionado Art. 41.  Y empecemos por la cabeza: que quien detenta la presidencia y mangonea desde el Palacio de Ciliaflores muestre su partida de nacimiento y nos dé los datos de parroquia, libro y folio en el cual está asentada esta.  Eso no es tarea para que la efectúe su ministra de asuntos electorales, la inefable Tibi.  Es él, personalmente, a quien corresponde esa tarea.  Porque su nacionalidad —no importa lo que opine Teodoro— es trascendental para la vida de la república.  Si no, todos los venezolanos tenemos derecho a seguir pensando que es limítrofe (borderline, decimos los pitiyanquis) y, por tanto, adolece de una  incapacidad para ejercer el cargo —a la legal, me refiero; que de la otra ya ha dado muestras al por mayor...

Entrépitos

Si algún país se ha entremetido en los asuntos internos de otros ha sido Cuba.  El reguero de muertos que sus soldados o sus violentos seguidores de diferentes nacionalidades han dejado desde la década de los sesenta y hasta hoy, desde Guatemala hasta Mozambique y desde Etiopía hasta Bolivia, lo demuestran.  Se creen, todavía hoy, que tienen una especie de patente corsaria para injerirse en cuanto país se les ocurra.  Ya en el lejano 1964, y usando la tarima de las Naciones Unidas, el Che se jactaba de sus propósitos “redentoristas” en países del Tercer Mundo.  Sin importar si eran invitados o no.  Ese discurso se recuerda más por aquello de: “…tenemos que decir aquí lo que es una verdad conocida, que la hemos expresado siempre ante el mundo: fusilamientos, sí, hemos fusilado; fusilamos y seguiremos fusilando mientras sea necesario. Nuestra lucha es una lucha a muerte”.  Pero pocos recuerdan que en él, también se deja ver la pretensión fidelista de inmiscuirse en los asuntos internos de más de cuarenta países.

Todos recordamos lo maluco que fue Pinochet.  Pero pocos rememoran que el golpe que dio se debió, en mucho, a que Fidel —otro dictador, y hasta más sangriento que aquel— anduvo por toda la geografía chilena casi un mes pregonando las bondades de la revolución (que más de medio siglo después, todavía no se ven en la isla), soliviantando a las masas contra “sus explotadores” y organizando milicias populares.  Por otra parte, ya desde aquellos remotos días, el barbudo se arrogó el derecho a “proteger” a los mandatarios amigos exigiéndoles que su primer anillo de seguridad—pasando por encima de oficiales de ese país que tienen esa misión y que han jurado cumplirla fielmente— esté conformado por agentes del tenebroso G-2 cubiche.  Y de convertir a esos gobernantes en mártires de ser necesario.  Si no, que lo diga el alma del “suicidado” presidente Allende…

En nuestra sufrida patria, la maña de entrometerse en otros países, fisgonear lo que hacen y llevar a cabo acciones descaradas e inescrupulosas para “enderezar” lo que piensan que está torcido la empezó el líder eterno que se murió —recuerden que solo él tenía el monopolio de saber lo que era bueno para todas las naciones del orbe—  y ha sido seguida por Platanote.  Para el régimen resulta aceptable, correcto y hasta laudable que la consulesa que tenían en Miami se reuniera con terroristas iraníes para complotar.  Pero si unos gringos, imperialistas, capitalistas y demás aliños se reúnen con unas ONGs en público, hay que expulsarlos del país cubiertos con un sinfín de epítetos.  Por cierto, la grabación (visual y auditiva) que hay de tal señora no deja lugar a dudas de que SÍ estaba llevando a cabo acciones en contra de los Estado Unidos.  La que enseñó Girafales lo único que demuestra es que los tombos nativos estuvieron siguiendo a los representantes norteamericanos desde que se bajaron del avión —apuesto a que estos, como corresponde al uso diplomático, informaron a nuestra cancillería y a que fue esta la que les dio el pitazo a los esbirros.

Cuando a Humala lo consideraban bueno (ya no les parece tanto) y estaba en su primera campaña hacia la presidencia, Miraflores —en una impúdica intervención— inundó al Perú con latas de atún y potes de aceite para motores que mostraban la cara del candidato al lado del de cuius muerto que ya falleció; pero bastó que el embajador Brownfield regalara unos bates y unas pelotas en Catia para que lo expulsaran.  Y peor fue con Patrick Duddy: este supo que era persona non grata cuando vio la cadena donde Elke Tekonté —flanqueado nada menos que por el drogo hojillero— a grito pelado, diciendo: “¡Váyanse al carajo, yanquis de m…!”  Y todo, porque no quería dejarse colear la parada por Evo Cocalero Morales, quien había echado al suyo el día anterior.

El régimen se ha metido en los asuntos colombianos desde el mero comienzo; baste recordar la propuesta de darles beligerancia a sus amigos de las FARC.  Y de darles zonas para el descanso y para que partieran incursiones.  Y dejarlos cobrar vacuna a nuestros productores de la frontera.  Y poner a la orden de ellos aviones para que los lleven a Cuba a curarse.  Y darle tarjetas de crédito a la Impía Córdova para que se diese sus “gusticos” en las muchas ciudades a donde el sabanetense pensaba que pudiera hacer proselitismo.  Y pudiera seguir, pero baste que mencione lo más reciente: se han hecho los locos con lo de las denuncias, serias y bien documentadas, de que los guerrilleros colombianos están envenenando con propaganda terrorista a los niños de las escuelas tachirenses. 

El ilegítimo emplea un patrioterismo exacerbado al demonizar a los extranjeros con el fin de obtener apoyo entre los votantes menos ilustrados; pero con los cubanos que le han sido impuestos como comisarios en las FAN, las policías secretas, los ministerios, las notarías y los registros no dice naitiiica.  Porque también los tiene en el primer anillo.  Y sabe lo que le pasó a Allende…

Jaua y sus jauadas

Cómo será de malo el actual MinPoPoRelEx que ni los Kirchner lo quisieron aceptar y le negaron el plácet cuando el muerto difunto que falleció, en una de sus muchas locuras, lo designó como embajador en Argentina.  Pero eso no es lo peor, porque si esa mullida poltrona ha recibido las amplias posaderas de José Temiente y del Inmaduro, cualquier hijo de vecina puede.  Por lo menos el actual puede mostrar una cartulina que certifica que es graduado universitario; los otros dos, no.  Pero es que a este puede aplicársele aquello de don Simón: “el talento, sin probidad, es un azote”.  Y, luego, si ejerce el cargo a tiempo parcial —como lo hace porque está más ocupado tratando de sabotear al Gobierno del Estado Miranda—, peor.  Y a la prueba me remito.

Cuando uno revisa el discurso que cometió recientemente en la Asamblea General de la ONU, lo que provoca decir es que perdió una excelente oportunidad para quedarse callado.  Aquello fue ofensa tras ofensa, provocación más provocación.  Desde el mismo “vamos”.  Cuando dijo: "Esta organización está secuestrada (…) el secuestrador tiene muchos rostros (…) pero sigue siendo el mismo: el imperialismo", lo que intentaba era —al igual que el niñito que le da un puntapié en la espinilla a un adulto— descomedirse  con los Estados Unidos; pero a quien retrataba de cuerpo entero era a China, la potencia que ya nos tenía atenazados por el guargüero con lo del petróleo a futuro y que ahora, por la desesperación de Girafales, también ha logrado asegurar la entrega de otros materiales nuestros. 

Luego apeló a lo que le aprendió a Goebbels: repetir mentiras.  Salió a decir que le tocó reemplazar a su jefe porque los Estados Unidos —los muérganos de siempre— pusieron obstáculos y no dieron garantías  “para él y para los miembros de su delegación".  Lo malo es que lo hace después de que ese país ya había informado de todas las excepciones que habían hecho en lo que es usual en el derecho de gentes para poder acomodar la resultante de las inexperiencias en esa materia por parte de la cancillería nuestra.  Que había dejado que el caracol (por aquello de que lleva el animal por dentro)  sobrevolara su espacio aunque nuestros “diplomáticos” no habían cumplido con los plazos de aviso, y que habían extendido más de 200 visas a unos tipos —bastante dudosos, añado yo— que ya se estaban echando palos en Manhattan, incluida la peluquera de la primera combatiente.

Pero nada dijo de Siria, ni de la extraordinaria decisión del Consejo de Seguridad, que votó por unanimidad —después de dos años y medio, y cien mil muertos— para condenar el uso de armas químicas en ese país y advertir al régimen imperante allí de que habrá "consecuencias" si no desmantela ese arsenal.  Y no pudo decir nada porque siguen siendo curruñas de Al Assad y de todos los déspotas que quedan en el Oriente Medio y que son sus socios — ¿o será “cómplices” la palabra adecuada?  Tampoco dijo nada del acercamiento entre el nuevo gobierno de Irán y los Estados Unidos, de la aceptación por parte del nuevo gobierno iraní de la supervisión de sus desarrollo nuclear.  Debe ser porque esas cosas tienden hacia la paz y este régimen —que lo que hace es buscar pelea con todo el mundo— quiere, necesita, que su archirrival, el imperio meeesmo, se empantane en otra guerra.  Para nada les importa, o entienden, que esta pueda ser nuclear.  

Más adelante, tuvo la cachaza de felicitar a Edward Snowden —el soplón de la NSA, a quién de vainita no le dimos asilo— por sus "valientes revelaciones" acerca de cómo ese gobierno nos espía.  ¿Qué diría si uno de los esbirros venezolanos que se ocupan de esa materia entre nosotros, cansado de recibir órdenes de un abusivo jefe cubano, hiciera lo mismo que el chivato gringo?  Por menos que eso, hicieron desaparecer de VTV al drogo hojillero…

Fue notorio el ruidoso silencio —para usar un oxímoron bastante manido— que mantuvo en relación con los abusos guyaneses al conceder permisos de exploración en el mar territorial venezolano.  Y no me refiero a las aguas que genera la zona en reclamación  al oeste del Esequibo —que también debieran ser no-no— sino al mar que origina Delta Amacuro.  De eso no dice nada.  ¿Por qué?  Porque así no tienen que contradecir a la calamitosa momia cubana, que tan lejos como en la década de los 80, ya había tomado partido por Guyana.  Nuestra política exterior, en manos de “diplomáticos a las carreras”, como Jaua, ya no es para fortalecer al Estado, es para complacer los intereses de los cubanos y del Foro de Sao Paulo.

En lo que sí apoyo al caucagüense es en eso de que hay que crear “un organismo de las Naciones Unidas que trabaje en función de garantizar el derecho a la privacidad y el poder comunicarse sin intercepciones, para todos los habitantes del planeta".  Porque los venezolanos saldríamos ganando: el régimen tendría que dejar de pinchar nuestros teléfonos, allanar ilegalmente nuestras propiedades y censurar lo que dicen los medios…

Perfidia


Conversando recientemente con un querido amigo, este empleó una palabra que, aunque es bien conocida, poco es empleada en el lenguaje diario.  Pero que creo que viene como anillo al dedo para definir la circunstancia nacional actual: “perfidia”.  Los venezolanos usamos la palabra apenas cuando cantamos el viejo bolero que lleva ese título y cuya letra empieza con: “Nadie comprende lo que sufro yo, canto pues ya no puedo sollozar.  Solo, temblando de ansiedad estoy…”  Se me ocurre que también esos versos suenan a realidad venezolana: nos consolamos de la dura situación resignándonos, evadiendo la verdad, haciendo chistes; ¡canturreando, pues!

El amigo, Federico Fuentes la empleó para calificar a lo que hacen los jerarcas actuales que, sin aprobar satisfactoriamente lo del manejo de la Hacienda Pública en estos largos quince años, sobreviven hipotecando el país a potencias extrajeras, las cuales exigen cada vez más.  También cubrió con el término derivado, “pérfidos” a los áulicos que hacen loas porque el régimen (no la nación) tendrá dinero fresco para seguir malbaratándolo entre sus clientes, sin nada de transparencia y sin poder mostrar avances en el desarrollo del país.  Esos soslayan la realidad: estamos encadenados a los chinos con préstamos sobre préstamos, los cuales hacen que nuestros tataranietos, sin haber nacido, ya estén graduados de deudores.  No está de más recordar que los de los ojos rasgados no son ningunas monjitas de la caridad en lo que a negocios se refiere.  No en balde tienen más de treinta siglos en eso, en prestar y cobrar intereses.

Tampoco está de sobra recordarles a esos que se alegran y tiran cohetes porque Girafales fue nuevamente a mendigar, dejando en prenda más riquezas del subsuelo venezolano, cuál es el significado de la palabra usada por Federico.  Según el mataburros, “perfidia” es: “Deslealtad, traición o quebrantamiento de la fe debida”.  Por lo que “pérfido”, en consecuencia, es aquél que es desleal, traidor, que falta a la fe que debe.  Eso de cometer discursos ante la masa ignara, haciendo ver que el tipo busca rellenar las arcas para poder seguir proporcionándoles “misiones”  (“canonjías” sería mejor término), es una canallada política y una torpeza moral, no importa como la disfracen.  Recurren a más préstamos y a ese tipo de discursos porque se ven perdidos en las venideras elecciones y necesitan correr la arruga hasta el año que viene; nada más.

Pero la perfidia también ocurre en otros campos del proceder gubernamental.  Por ejemplo, cuando se recurre a los manidos argumentos —copiados del difunto— de: “me quieren matar” y “están fraguando un golpe”.  Ante esos “argumentos”, tendemos a contestar con un encogimiento de hombros y un “ahora, cuéntame una de vaqueros”.  Pocos se dan cuenta de la bellaquería de esas afirmaciones; porque, además de emponzoñar a los de mentes más lábiles, para poder justificar sus asertos, tienen que inventar “asesinos” y “golpistas”, pobres venezolanos a quienes ponen presos sin razón ni justicia.  Sumados, todos los intentos de magnicidio reportados —uso la palabra con repugnancia, porque el padre y el hijo nada de magnos tienen— son más que los alegados por Fidel en su más de medio siglo de tiranía.  Alguien, por “Aporrea” dejó claro que ni los rojos les creen: “La afirmación que ustedes hacen es una necedad incomprensible para los que conocemos la historia de nuestro país (…) están haciendo el papel de tontos con esa afirmación tan descabellada tan solo para complacer a los que tienen ese jueguito dentro del gobierno (…) están quedando muy mal parados con su militancia (…) el mismo gobierno se está dando un auto golpe (…) se lo está dando al pueblo cuando va a los expendios (…) y no consigue nada. Y cuando los consigue tienen que hacer larguísimas colas para obtenerlo. (…) Este es el verdadero golpe camaradas y se lo está dando el gobierno al pueblo”.

Perfidia es lo que comete la fosforito al negociar —al borde de una cama, por cierto— con los pranes de las cárceles: con el “Mocho Edwin”, por ejemplo, concierta el hacerse la desentendida por los asesinatos que este cometió.  La muy infame, al afirmar con descaro que lo que sucede en los penales es culpa de “la herencia maldita que nos dejó la Cuarta República”, trata de salirse por la tangente y obvia que ya tienen desmandando el equivalente de tres períodos presidenciales de los de antes…

Perfidia es que el Inmaduro haya visitado oficialmente a Guyana cuando ya era del conocimiento público que ese país había dado concesiones petroleras en las aguas que están en contención con Venezuela por la zona en reclamación.  Y para “más piol” sale a declarar que lo del diferendo no tenía razón de ser porque era solo causado por unos “intrigantes”.  Les dio a los guyaneses, en bandeja de plata, razones para un “estoppel”. 

También es perfidia que algunos de los asesinos que actuaron en la masacre de El Encanto hayan formado parte del régimen actual Y que los restos de algunos de ellos hasta hayan recibido homenaje en el Salón Elíptico.  Lo recuerdo hoy porque esta semana se cumplen 50 años de ese asesinato múltiple.  Para los de mala memoria, les refresco que ocurrió cuando un comando comunista ejecutó a cinco guardias nacionales cuyo único pecado era ir dando protección a las familias que iban de excursión a ese parque.

Si lo todo anterior no es traición a la patria, se le parece bastante…

Lacrimosa

Hace algunos días, el noticiero nos trajo, la imagen, las palabras y los sollozos de una madre que, en la puerta de la morgue, esperaba el cadáver de su hijo, otro asesinado más en la espiral ascendente de violencia que amenaza con acabar con Venezuela.  Narraba —con esa mezcla de impotencia, dolor y rabia que ya es frecuente ver en otros deudos que hacen la misma dolorosa cola delante del tanatorio— que se lo habían matado malamente (como si hubiese otra manera de ser matado) para quitarle el dinero cuando regresaba al cerro luego del trabajo; que era bueno y que no tenía vicios; que deja una hijita recién nacida; que era quien la ayudaba para poder comer y vivir.  Las lágrimas que le corrían abundantemente a la doliente, me hicieron recordar unos versos de “La Dolorosa”, una zarzuela de José Serrano.  Son aquellos en los que, Rafael, el protagonista narra acerca de otra madre, la Virgen María, que va hacia el lugar donde se encuentra su hijo muerto: “Por un sendero solitario, la Virgen Madre sube. Camina, y en su cara morena —flor de azucena que ha perdido el color—, y en su pecho lacerado, se han clavado las espinas del dolor.  Su cuerpo vacilante se dobla al peso de la pena, pero sigue adelante (…) Mujer y madre, de todo el mundo lo más sagrado (…) Y llora su callado tormento por un lamento que no puede vencer.  Es el grito desgarrado, arrancado a su parte de mujer…”

Las imágenes de la televisión y la descripción que hace Rafael de María subiendo hacia el Calvario me pusieron el alma chiquitica porque sufrir la tragedia de perder un hijo —Dios me libre— debe ser el dolor superlativo.  Eso es lo que me han hecho saber, más de una vez, las madres de entre mi familia y mis amistades que han sufrido esa calamidad.  El estado de ánimo en el que estaba me llevó a poner la “Misa de Requiem” de Verdi en el tocadiscos.  Lo que buscaba, aparte de recobrar la calma emocional que se me había alterado, era dedicarle a la llorosa madre una de las partes, la “Lacrimosa”, para que llegue a entender que Dios, como es justo, ha de complacer la plegaria Huic ergo parce, Deus, pie Jesu Domine, dona eis requiem” (Así que ten piedad, Dios, con él; compasivo Señor Jesús, otórgale el descanso) y ya lo tenga en Su seno. 

Pero también quisiera que para con los asesinos —y especialmente para con quienes han dejado que el estado de cosas relacionadas con la inseguridad haya llegado a esta deplorable situación— el Señor cumpla con lo que sigue más adelante en el Dies iræ”: Quantus tremor est futurus, quando iudex est venturus, cuncta stricte discussurus!”  (¡Cuánto terror habrá en el futuro cuando el juez venga a juzgar todo estrictamente!)  Porque no pueden irse lisos a gozar en islas paradisíacas de sus fortunas mal habidas —ya que irse para Cuba, a sufrir peores estrecheces que las que sobrellevamos aquí, no está entre sus planes; ¡ni locos que fueran!  Tienen que pagar su insensibilidad ante las lágrimas de miles y miles de madres, sus latrocinios que hicieron que tantos y tantos venezolanos hubiesen tenido que meterse a malandros y asesinos porque nunca fueron instruidos en el trabajo y el civismo; su ineptitud criminal,  que no los dejó implementar no uno solo de los más de veinte “planes de seguridad” que ofrecieron.

Todos le estamos debiendo una muerte a Dios, según explica uno de los personales shakesperianos; pero uno debe pagar cuando le toca, no cuando un malandro —aprovechándose de la incuria oficialista— decida.  Que fue lo que le pasó al humilde muchacho del barrio que yacía entre muchos otros en Bello Monte.  En todo caso, no está de más que recemos —ahora no en provecho de la madre ni del muchacho, sino en el nuestro — otro pedacito del “Réquiem”: “Ingemisco Ingemisco tanquam reus; culpa rubet vultus meus; supplicanti parce, Deus”. (Gimo, gimo como pecador;  la culpabilidad me hace enrojecer la cara; suplicante te ruego, sálvame, Dios).

No solo Verdi compuso una magnífica misa de difuntos;  otros músicos notables —vienen a mi mente Mozart  y Berlioz— también nos regalaron hermosísimas composiciones en ese estilo.  Casi todas tienen en común la letra; porque se apegaron estrictamente a los textos de la liturgia católica para ese tipo de conmemoraciones.  Una excepción fue Brahms; en su “Réquiem Alemán” dejo de lado la tradición ritual y empleó solo contenidos del Nuevo Testamento.  Lo que quería era no tanto expresar duelo, manifestar dolor de haber pecado y hacer solicitudes del perdón  sino llevarle consuelo a los dolientes.  Las frases que a mí me dan más aliento  son las que saca de la Primera Epístola de Pablo a los Corintios: “…cuando este cuerpo mortal haya sido revestido de inmortalidad, se cumplirá la palabra que está escrita: la muerte ha sido devorada por la victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿do, oh sepulcro, tu triunfo?”

martes, 10 de septiembre de 2013

¿Qué es más noble para el alma…?

El tipo no me convenció.  Y creo que puedo arrogarme la representación de casi todos los que estábamos en la conferencia y decir: no nos convenció.  Me refiero a Rick Rockwell, director de la Escuela de Comunicación de la American University de Washington, quien fuese invitado por “El Carabobeño” (diario en el cual me inicié como escribidor en el ya lejano 1986) para que —como parte de los actos celebratorios de los primeros 80 años de ese rotativo— disertase sobre la libertad de expresión en Latinoamérica.  Todos concordamos con sus tesis de que la principal tarea y el deber esencial de un periodista es buscar la verdad y reportarla sin cortapisas; que los mandatarios tienen una tendencia a querer conculcar la libertad de expresión para poder actuar por la libre, sobre todo cuando los otros poderes públicos se doblegan al Ejecutivo: porque así se obvia de hecho los frenos y contrapesos tipificados en la Constitución; que cuando eso sucede, se crea un desequilibrio en la sociedad que impide que las opiniones que le son molestas sean aireadas.

En sí, la conferencia no estuvo mala.  Y hasta llegó a ser brillante en algunos momentos.  Fue en el período posterior de preguntas cuando falló.  ¡Que se volvió un torero, pues!  Las respuestas eran de cajón.  Y una cosa era lo que uno preguntaba y otra la que él contestaba.  Agravado esto porque a él le antecedió una periodista venezolana, María Engracia Chirinos, quien a nombre de la asociación “Prensa y Sociedad de Venezuela” nos bombardeó con estadísticas que demuestran las muchas obstrucciones que los del régimen ponen al trabajo periodístico: la limitación de la cobertura de asuntos oficiales, la negación de dar informaciones que son del interés público y que, de acuerdo a la Ley, no son de las consideradas como reservadas, las descaradas intimidaciones por parte de funcionarios de inteligencia, cuando no las desfachatadas agresiones realizadas por matones a sueldo.  Es tan grave la cosa, que en los ocho primeros meses de este año, el organismo que ella representa contabilizó 205 violaciones a la libertad de expresión en el país.  Lo que implica una al día en promedio.  Ese guarismo implica un incremento de 78% al compararlo con todo el 2012, que finalizó con 200 casos.  Y eso, sin contabilizar los casos de censura provenientes de decisiones judiciales que contravienen a la Constitución, ni las presiones —vía obstrucción para adquirir papel o negación de pautas publicitarias— para que se cierren los espacios que permiten a los ciudadanos ejercer la denuncia y la crítica.

Ni con eso, el invitado nos dio las respuestas que estábamos esperando todos los que preguntamos.  Seguía persistiendo en que la solución estaba en establecer un diálogo con las autoridades —a pesar de que más de una vez se le explicó que el régimen se niega a dialogar, punto.

Yo era del criterio de que actuaba así para no poner a los anfitriones en un aprieto.  Hasta que alguien más perspicaz que yo me hizo recordar que en las palabras introductorias —cuando daba las gracias a la gente que ayudó para que él pudiera venir y disertar— agradeció al “gobierno de Venezuela”.  Me imagino que la solución de la charada pasó por algo que sucede con alguna frecuencia en Maiquetía: que una autoridad lo "persuadió" para que evitara la polémica en sus presentaciones y no se “extralimitara” en sus afirmaciones; no fuera que, cuando intentase salir, le pusieran inconvenientes para su regreso al hogar.  Pero eso es pura elucubración mía...

La pregunta que le hice estaba referida a la postura de ciertos medios, que se autocensuran para evitarse problemas con el régimen.  Que solo corren la arruga, porque tarde o temprano —si los dejamos— estaremos igualitos a Cuba, con un solo periódico.  Que la gente compra, más que todo por la escasez de papel tualet.  En la argumentación previa a mi consulta, le recordé aquello que recita Hamlet en el soliloquio del acto tercero; el que todo el mundo refiere como: “Ser o no ser, esa es la cuestión”, pero que pocos recuerdan como sigue.  En mi traducción ramplona queda como: “¿Qué es más noble para el alma, sufrir los golpes y las flechas de la injusta fortuna o rebelarse contra un mar de adversidades y, oponiéndose, desaparecer con ellas?”  Ni por esas; míster Rockwell se fue por la tangente.  Fue tan elusivo que (transcribo un reportaje que apareció al día siguiente en el mismo diario: “El ponente evitó referirse a la situación de la libertad de expresión en Venezuela (…) Esta excusa hizo que buena parte de las personalidades asistentes se convirtieran en ponentes del foro y expusieran puntos de vista sobre la preocupante situación que tienen, en estos momentos, los medios de comunicación (…) Rockwell escuchó detenidamente y tomó nota, como el buen periodista que es”...

Mientras, sigo esperando que alguien me proporcione una respuesta al dilema shakesperiano.  Que no es fácil, lo reconozco; tanto, que ni el mismo Hamlet lo dilucidó…

Tres hermanicas eran…

Tengo un disco con canciones en ladino que entonaban los judíos sefardíes por los años en que fueron expulsados de España por los Reyes Católicos.  Una de las cántigas que más me gusta narra la historia de tres hermanas.  Les transcribo parte de la letra manteniendo la ortografía de la época, pero poniendo tildes para facilitar la comprensión: “Tres hermanicas eran, blancas de roz, ¡ay!, ramas de flor. / Tres hermanicas eran, tres hermanicas son.  /Las dos eran cazadas, / la una se desperdió. / Su padre con verguensa, / A Rodes L'anbió. / En medio del camino, / castillo le fraguó, / de piedrica menuda, / de torre y mirador…”  Puesto en lenguaje actual, eran tres hermanas muy bellas, con el cutis blanco como el arroz; dos de ellas consiguieron marido y una “metió la pata” (como decían las señoras de antes).  El padre, avergonzado, la envió al destierro en Rodas, a un castillo fuera de la ciudad.  La canción termina con un desenlace feliz: “Por allí pasó un caballero, tres besicos le dio. / Uno de cada cara, y uno en el corazón. / En el besico de alcabo, la nina se despertó. / ‘Si mi amo lo sabe, matada era yo, / matada con un palo, que dos no quero yo’. / ‘No vos matan, bolisa, que vuestro amor soy yo’".  Vale decir, la joven, que se había quedado dormida con el rumor de una fuente, fue despertada con el último de tres besos — dos en las mejillas y uno en la boca— que le dio un gentilhombre que pasaba por ahí.  Ella le dice que si el castellano se enterase, la iba a matar a palos.  Pero el caballero la tranquiliza anunciándole que ha sido rescatada por el amor.

La versión que tengo, es la cantada por Yehoram Gaon, uno de los más reconocidos cantantes de Israel.  Los interesados en escuchar su versión (aunque no la canta completa) entren en: http://bit.ly/19Z0ZF9.

Pero ya está bueno de introito.  Lo que quería comentar, basado en el comienzo de la cántiga, es cuán diferentes han resultado los logros de los tres países que alguna vez formaron lo que se ha dado en llamar la Gran Colombia.  Revisándolos por donde se busque —por lo social, lo económico, lo educativo; ¡por lo que sea!—, hay dos países que han echado para adelante y uno, el nuestro, que “se desperdió”.

En Ecuador, el presidente —que está chingo de las ganas de heredar el liderazgo que tuvieron Fidel y el comandante eterno que se murió— no es bolsa.  Despotrica contra el imperio, pero mantiene la economía dolarizada; le tuerce el brazo a los medios de comunicación nativos, pero logra mantener el flujo de inversiones extranjeras hacia su país; ofrenda lip service al dizque socialismo del siglo XXI, pero mantiene bien aceitados los engranajes del capitalismo, no ha permitido que se rebaje la calidad de la educación, busca sus ministros de entre gente capaz e instruida, y se asegura de que las instituciones funcionen bajo parámetros de eficiencia.  Porque el tipo no es un mero chofer de autobús glorificado, sino un economista con posgrado en Lovaina.  Y sabe que no puede pegarse un tiro en un pie.  A mí, el tipo no me cae nada bien, pero debo reconocer que la gente lo vota porque tiene obra que mostrar.

Colombia, a pesar de los muertos, los lisiados y las desdichas que ha dejado la guerra que la ha asolado por más de medio siglo; de los palos en las ruedas metidos por algunos políticos egoístas que valoran más su ego que el bien de la nación; de los funcionarios infiltrados por las FARC en las instituciones para que “tiren la burra pa’l monte”;  de los paros que recientemente han surgido —en mucho por las instigaciones del Foro de Sao Paulo, la mano siniestra de los cubanos y los “apoyos” venezolanos que reciben la impía Córdova y sus muchachos—, ese país y esa nación siguen echando para adelante.  Porque tienen siglos de tradición como trabajadores denodados, gozan de instituciones académicas de mucho lustre, mantienen un plantel de funcionarios bien entrenados y adecuados al tamaño del Estado, y respetan las instituciones públicas y la propiedad privada.  Por eso, ya han llegado a ser exportadores de petróleo y se dan el lujo de vendernos gas y electricidad (cuando lo usual era lo contrario);  mantienen relaciones amistosas con los países serios del mundo; tienen de socios comerciales a las surgentes potencias de Hispanoamérica; firman sin empacho tratados comerciales con las naciones más poderosas; y, en fin, miran al futuro con tranquilidad.  Porque han entendido que eso de formar patria no puede ser solo cosa de eslóganes sino de meter el hombro decididamente.

¡Y nosotros, pa’tras!  Nunca fuimos muy trabajadores, siempre nos gustó recostarnos del erario, crónicamente sufrimos de la corrupción y la ineptitud de los mandatarios; pero nunca como ahora.  Desde hace quince años, la oclocracia descrita por Nelson Maica y la ignorantocracia mencionada por Quirós Corradi están matando al país.  ¿Habrá que esperar a que llegue un caballero?



martes, 27 de agosto de 2013

Sufren de halitosis del intelecto

Llego tarde al comentario, lo sé; es que la cloaca se reventó el martes pasado, exactamente el día en que salen mis artículos.  Pero no puedo dejar de glosar lo de la bochornosa sesión de la asamblea nacional (minúsculas ex profeso), lugar en el cual pareciera haber un torneo para probar cuán bajo se puede llegar para defender al régimen.  Desde que el difunto impuso el estilo de matón de barrio en las actuaciones públicas, las intervenciones de los rojos —que no pasan de ser malos imitadores, Nicky incluido— son, mayormente, escatológicas; la coprolalia es lo que abunda.

Que nadie se equivoque, lo que pasó no fue un producto de la emoción en el debate: estaba planificado así.  La prueba es la aparición de “Ojitos Bellos”, días antes, invitando por los medios a no perderse la sesión de marras.  Lo que se buscaba era causar el mayor escándalo posible para servir de mampara que tapase el desastre en el cual ellos han zampado al país.  Que no es solo económico, con anaqueles vacíos y contenedores pudriéndose, sino que trasciende hacia lo social, con sus miles de asesinatos (algunos de ellos ejecutados por uniformados), con sus hospitales colapsados, con la infraestructura vuelta flecos.

Y pensaban que lo podrían lograr si ponían al rey de la descalificación y el denuesto a vomitar infundios tabernarios, viles, en el hemiciclo; lugar que en el pasado escuchó argumentaciones dignas, por más pugnaz que fuese la discusión.  Donde alguna vez se escuchó a Andrés Eloy, Úslar, Jóvito, Calvani y Machado —por poner solo uno de cada tendencia— ahora desbarran y dicen sandeces unos gaznápiros que sufren de “halitosis del intelecto.  Eso, presumiendo que tuviesen cerebro”, para usar las famosas frases de Harold Ickes.  Encomendar a Pedro Carroña esa diligencia era una garantía para ellos de que los niveles de bajeza iban a estar por debajo de los del Mar Muerto.  Es el colmo de la desfachatez y la descortesía poner a la misma persona con pasado dudoso, que negó lo de Montesinos, que afirmó lo de Direct TV como instrumento de voyeurismo, que falseó pruebas en lo de Mardo, a que ahora venga a calumniar a figuras destacadas que se les oponen políticamente.  Y lo hace con su cara muy lavada, con sus zapaticos de Gucci, sus corbatas de Hermes y sus trajes de Armani para añadir oprobio a la injuria.

Poner a Cabello y a Carroña como adalides de la decencia administrativa es por lo menos un oxímoron. Y hasta una antinomia.  Ambos han dado demostraciones más que descaradas de boyancia económica desde su figuración en el régimen.  Y que se relievan aún más si se tiene presente que ambos provienen de humildes hogares provincianos y que sus carreras quedaron truncadas después de las asonadas del año 92, en las que fueron partícipes, con las que intentaban dar traste a la constitucional y que causaron centenares de muertes.  Ambos todavía tienen asuntos pendientes —aunque la fiscala alcahueta tiene archivadas las denuncias.  El uno, lo de sus trapicheos en la Gobernación de Miranda; el otro —famoso por sus derroches y mal gusto cursi—, por lo del negociado con las cédulas “made in Cuba”.  Esas dos causas, como mínimo…

La jugada la ven clarita hasta los más obcecados y simples de mente de los psuvistas —creo que entro en un pleonasmo aquí.  Lo que se intenta es disminuir la paliza que van a recibir el 8-D.  Y la ejecutan a pesar de que está llena de contradicciones.  ¿Cómo es eso que se acusa de corrupción a quienes —por estar precisamente en la oposición— no han manejado fondos públicos en estos infames y largos quince años?  Ven la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.  Acusan a Caldera por recibir dinero de un particular para una campaña —que parece que no es delito, y que todos los políticos pasados y presentes han recibido— pero nunca dijeron nada de lo que ha sucedido dentro del régimen, empezando por los millones que un banco español le dio —durante la campaña y luego de recibir el cargo— al comandante eterno que falleció , siguiendo con los latrocinios tipo Plan Bolívar 2000 y llegando a las “discrecionalidades” con las que se manejan los fondos chinos, los dineros de Pdvsa, las compras de sistemas de armas y las “triangulaciones” con Cuba.

Para hacer creer que lo del combate a la corrupción va en serio, inventaron su versión moderna del chinito de Recadi y capturaron a unas sardinitas; pero los tiburones todavía andan por la libre.  Y nada les pasará porque los diputados que hacen mayoría —tan ineficientes como bocas-de-cloaca— tienen una mora en la elección de un nuevo contralor que reemplace al Ruffián (más de dos años), los magistrados del TSJ y los rectores del CNE.  ¿Para qué, si los que tienen ahora les complacen en todas sus marramuncias?  Y más: son sus cómplices en sus planes de entronización del despotismo, el envilecimiento social y la negación de las realidades económica y social...

Una Constituyente no solucionaría…


Muchas cosas no me gustan de la Constitución vigente, empezando por el nombre.  Pero, sobre todo, dos aspectos de ella me son especialmente chocantes: el infame español en el que está escrita y las excesivas competencias que se le conceden a la Presidencia de la República.  Me tranquiliza que bastante critiqué ambas cosas en mis escritos desde el momento en que conocí el primer borrador.  Y me mantengo en eso hasta el día de hoy.  Que no soluciona nada, pero que me ayuda a disolver la rabia con “a” que me da.

Lo primero —aunque lo reconozco como meramente adjetivo— lo perpetraron (empleo bien el verbo) los kinotuyentes para intentar ganarse la buena voluntad de unas cuantas feministas —que, son de lo menos femenino que yo haya visto.  Así se llegó a un lenguaje que intentaba ser anti-sexista pero que resultó hermafrodita y hasta con visos marimachistas.  La resultante es un texto fastidioso para estudiar, incómodo para entender y a contramano del buen decir.  Tanto que critican al imperio y hasta en esa zoncería anti-machista lo imitan.  En todas las lenguas romances existe la posibilidad de referirse a colectivos mixtos a través del género gramatical masculino.  Pero eso, que es normal en español, catalán, portugués, francés e italiano (me imagino que en rumano, también), pareciera ofender a algunas que no les gustan “los miembros” y prefieren “las miembras”.

Lo segundo —que es sustantivo y por tanto fundamental—, es lo referido al exceso de competencias que se le autoriza al Ejecutivo Nacional.  Y que desde el mismo primer día de vigencia, Elke Tekonté creyó que eran prerrogativas imperiales que se le concedían.  Quien le sigue —y que es tan estulto que hasta de “millonas” habla— sigue por el mismo cauce.  La única diferencia con su papá barinés —porque parece que tiene otros dos: uno cubano y otro colombiano— es que no está en la posibilidad de dictar leyes a la medida por la vía habilitante.  Pero, ¡para lo que le importa!; sigue teniendo las mismas áulicas (aquí sí hay que hacer énfasis en el género) en los mismos poderes públicos que tenía el de cuius. Las cuales se encargarán de convertir en trajes a la medida lo que no pasa de ser prêt-à-porter.

Vistos los muchos abusos que —pertrechados con esas facultades absolutas que se le concedieron al Ejecutivo— han sido cometidos a lo largo de estos horribles quince años (tres presidencias de las de antes, que no se nos olvide), algunas personas bienintencionadas han llegado a la conclusión de que lo que hay que hacer es arrancar desde cero nuevamente.  Y que, por tanto, hay que convocar a una Asamblea Constituyente.

Les confieso que a eso, yo le tengo mucho miedo; probablemente, eso no sirva sino para "tirar la burra pa'l monte".  Por varias razones que quedarán patentes si nos tomamos la molestia de recordar el pasado reciente y rememorar cómo se configuró la Constituyente del 99.  En esa oportunidad, el régimen que la auspiciaba olvidó, voluntariamente, que una Constitución es un pacto que debe armonizar las diferentes formas de pensar de una comunidad y, por tanto, que facilite su aceptación de buen grado por la mayoría.  Para el logro de sus fines furtivos e imponer una visión sesgada de país, cocinaron un sistema por el cual, con el 52 por ciento de los votos, se apropiaron de casi todos los escaños, dejando solo seis para los que pensaran diferente.  El texto resultante no fue más radical porque entre esos seis había más lucidez en lo que a filosofía del derecho y a derecho constitucional se refiere que en la sumatoria de todas las mentes de los demás asambleístas.  ¿Quién puede dudar que con todo el dinero que tienen los gobierneros —que ya sabemos de sobra que emplean sin escrúpulos para obtener ventajas políticas— y con el hambre y la miseria que han sembrado en las masas, lo que las hace más proclives a ser compradas, no vayan a repetir la jugada del 99?  Pero en esta oportunidad, ampliada y perfeccionada con la asesoría de sus colonizadores cubanos…

Abrir un proceso constituyente, además de erizar más a los dos sectores en que está dividida la nación, serviría para conferirle una cierta estabilidad al tambaleante Mientras-tanto, quien se beneficiaría de la distracción creada pues le permitiría escurrir el bulto en lo que a las incapacidades, ladronismos y escaseces que lo minan y que no sabe resolver.  Y, “más piol”, pudiera darles alas a los rojos más radicales para tirar por la borda el disfraz de demócratas con el que se revisten y llevarnos, de una, al “paraíso cubano”…

A la Constitución hay que hacerle cambios, pero mejor sería si se logra paulatinamente, por medio de reformas progresivas.  Al mismo tiempo —empleo palabras del padre Ugalde en su escrito más reciente— se debe “eliminar el contrabando totalitario que se metió por vía de la Habilitante”. 

En todo caso, y si creen que se debe seguir discutiendo el tema, mejor lo dejamos para después del 8-D…

Caesar non supra grammaticos

Eso fue lo que me vino a la mente después de leer el reciente artículo de Alexis Márquez Rodríguez, quien del idioma sabe mucho, y que tituló: “Lenguaje inmaduro”.  En él, el profesor Márquez critica la forma como hablamos el castellano en Venezuela, sugiere que estamos desolándolo, lo que nos lleva hacia el caló y la jerigonza.  Señala que todos debiésemos tender hacia la corrección idiomática, pero que tal obligación es primordial entre los de la clase política porque “es lenguaje, es palabra. En particular en la más alta expresión política, que es el arte de gobernar”.  Y dice más: “Lo primero que en tal sentido debe saber el gobernante es que en materia de lenguaje una cosa es ser dirigente en la brega por el poder, y otra ser gobernante. El dirigente emplea necesariamente un lenguaje mitinesco, del cual debe olvidarse el gobernante una vez que asume el ejercicio del poder”.

Pero eso sería como pedir peras al “horno”, como dijo varias veces el tipo aquel.  Primero, porque ellos no saben (ni quieren) gobernar y por eso se limitan a mandar.  Y, segundo, porque dentro del régimen pululan los áulicos y que, así como celebraban cualquier sandez que se originara en la verruga del difunto, ahora exaltan y festejan lo que sale de debajo del bigote —casi todo safio y en lenguaje perdonavidas.   

Por palacio —y en la calle, porque este dizque es un gobierno de ídem— está haciendo falta el anciano senador romano que, según Suetonio, recriminó a Tiberio cuando pronunció un discurso de manera “desembarazada”.  Después de la metida de pata, ¡zas! saltaron unos cortesanos a “traducir” lo dicho y a justificar que no podía haber falta porque había sido el emperador quien había hablado —es que la profesión de enmendador de las metidas pata del jefe es muy antigua, no se originó con José Temiente.  Fue cuando el senador salió en defensa de los valores y el respeto tradicionales a la ciudad y el foro: “Tu enim, Caesar, civitatem dare potes hominibus; verba, non potes.”  (Tú César, puedes hasta dar la ciudadanía a un hombre; pero a las palabras no puedes). Por una razón que a lo mejor se les hace difícil de entender a los rojos, pero que no por eso deja de ser verdad: Caesar non supra grammaticos.  Las palabras tienen su significado, y no el que cada mandatario se le ocurra inventar.  De permitir que cada uno de ellos haga lo que se le venga en gana, devendríamos en una moderna Torre de Babel.

Ya en el siglo XVI, Milton, el de Paraíso Perdido, nos explicaba que “cuando el idioma en el uso común en cualquier país se hace irregular y depravado, lo que sigue es la ruina y degradación de éste”. Verdad que sigue vigente.  En nuestro suelo se ha ido perdiendo el buen decir —que no es que haya sido muy bueno nunca—, en mucho, por la imitación de lo que se originaba en “Aló, presidente”: burradas en lo político, lo económico y lo léxico.  Fue el finado quien irrespetó de primero a la Constitución.  Tanto al violarla al apenas nacer como por apodarla “la bicha”.  Aquellos polvos trajeron estos lodos: el ilegítimo actual, que no pasa de ser un mal imitador del otro, no tiene un buen dominio del idioma.  En lo único que se le parece es en lo extenso, lo frecuente y lo mal hilvanado de sus divagaciones.  Y si eso es en el cogollo del régimen, más abajo, los apparátchiki, (bien escasitos de seso la mayoría de ellos) imitan a sus líderes.  Uno no sabe cómo es que los escogen para los cargos, y teme que dentro de poco designen para un ministerio a aquel abogado que dijo varias veces por televisión: “disulidar” en vez de “dilucidar”.   Esos funcionarios —entecos de alma y cortos de luces, pero con grandes “miras utilitarias”— están acabando con Venezuela por su ineptitud y estulticia, por su avidez corrupta y por el deplorable “indioma” que emplean.

En 1934, en el que fue su último artículo, Ortega y Gasset titulaba: “En nombre de la nación, claridad”, y decía: “Nada es más arriesgado que la confusión, el no tomar en serio la estructura de la realidad, el creer que se la puede tomar cada uno a su antojo, sin respeto a lo que las cosas son. Este error se paga siempre con el fracaso, que a veces no se limita al que lo comete, sino que arrastra al conjunto de un país. Si se repasa con alguna agudeza y con rigor (…) se ve hasta qué punto los desastres sobrevenidos (…) han tenido como causa principal y casi única errores intelectuales fácilmente comprobables y que se hubieran podido evitar”.

De eso se trata, todavía, hoy, en Venezuela: de no confundir las cosas.  Lo más grave de esta falta de claridad por parte de los detentores del poder hace que soslayen lo importante porque están muy ocupados en tratar de revivir una ideología ya muerta; en confiar en los consejos de una nomenklatura extranjera que no logró crear prosperidad entre los suyos después de medio siglo de mando absoluto; en privilegiar la “lealtad al líder”, antes que la capacidad, para las designaciones a los cargos; y en creer que ellos tienen el monopolio del patriotismo y que los que se les oponen solo son una cuerda de vende-patrias.


sábado, 27 de julio de 2013

Un creciente agotamiento moral

Me robo descaradamente la frase del título, pues fue empleada hace dos meses por Marcos Aguinis, el columnista argentino que les he recomendado varias veces.  Él la usó para describir el sofoco en que se encuentran sus paisanos; uno que, me parece, entre los venezolanos se multiplica por diez.  Decía: “Ya no es sólo dolor por la inflexible decadencia política, económica y social, sino cansancio. Agotamiento. Nos hundimos sin haber sido ocupados por potencias extranjeras, ni haber padecido tsunamis catastróficos, ni ser masivamente asesinados por epidemias bíblicas, ni quemados por la lava de los volcanes. Nos hundimos por propia voluntad, al haber entregado (…) el timón de nuestra nave a una variopinta legión de malos o ineficaces dirigentes”. 

Si por allá llueve, por aquí no escampa.  Porque aquí lo que impera es la avilantez desde el poder.  A todo, quieren  sobrepasarlo a punta de audacia y bravuconada; para nada les sirven la ilustración, la mesura, los escrúpulos.  Pareciera que más bien les estorbaran.  Pero, ¡claro!, si el jefe del gobierno —de hecho, que no de derecho— no logró graduarse ni de bachiller porque lo botaron del Espelozín, ¿qué quedará para los demás?  Y como que no se le ha quitado, porque casi le pega a la anciana que le insistía en un reclamo público.  Solo en el último instante se contuvo y contuvo a los espalderos que iban con él a caerle en cayapa.  Por lo menos, y para consuelo de Aguinis, en Argentina tienen de presidenta a alguien que puede mostrar un diploma universitario —parece que “trucho”, como dirían por allá; “chimbo”, como decimos por aquí— pero lo tiene…

En todo caso,  a Venezuela la están matando porque —a falta de ilustración, decoro y capacidades gerenciales en la cúpula — las decisiones se toman por impulsos biliosos.  La teoría del derecho administrativo exige que todos los actos oficiales estén “motivados”; vale decir, que debe explicarse las razones para la toma de una decisión.  En la práctica, el “porque me sale del forro” pareciera ser la respuesta más común.  Con frecuencia vemos que las faltas de respeto, las descalificaciones  y las acusaciones mentirosas son las armas preferidas del régimen.  No explican razones; no se preocupan por convencer.  Repito la pregunta que he hecho varias veces por aquí: si el socialismo es en verdad tan bueno, ¿por qué tienen que intentar hacérnoslo tragar a carajazos? ¿No dizque se agarran más moscas con una cucharadita de miel que con un tonel de vinagre?

Los desdoros e irrespetos no los limitan para usarlos en contra de quienes, dentro del país, nos atrevemos todavía a pensar distinto a como ellos quieren; sino que los disparan contra cualquier dignatario extranjero que decida actuar diferente a como el régimen deseara.  En eso, siguen el patrón que impuso el difunto al calificar a Condoleezza Rice de analfabeta; ¡por Dios, ella sola tenía más doctorados que todo el gabinete criollo!  Lo más reciente —¡cómo me gustaría poder escribir: “lo último”!— ha sido la calificación que hizo Porahora del presidente de España como “muy corrupto” y “brazo financiero de la derecha fascista” .  Y al presidente de Chile, como dice el refrán, “no le dijo perro, pero le mostró el bozal” al sugerir que estaría complotando con Capriles para  una aventura golpista; nada más que porque ambos cenaron juntos en casa de un amigo mutuo.  Al lado de eso, resulta una menudencia que haya llamado “gringos” —teniendo esa palabra una clara connotación derogatoria—  a los únicos que le pagan de contado el petróleo.  Si el inmaduro no sabe que existen ways and means en las relaciones diplomáticas, por lo menos debiera recordar que hasta su padre putativo, el insepulto, más de una vez se tuvo que tragar sus insultos delante de varios mandatarios extranjeros.  ¿Qué pasaría si Obama les pidiera a las petroleras que retuviesen por unos días los pagos de sus facturas y que trancasen los envíos de gasolina por un par de semanas?  Todos empezaríamos a pasar más roncha que actualmente.  Y por culpa de un bocón.

Termino con otras palabras de Aguinis: “…asfixia la situación imperante.  Desde el poder se trabaja para bloquear los caminos del pensamiento crítico, la iniciativa individual, el mérito, el esfuerzo genuino, la decencia y el imperio de las leyes.  No cesan las iniciativas para llenar de trampas y moretones a nuestra tambaleante democracia, convertir a los legisladores en milicos obsecuentes y a muchos de los jueces en encorvados siervos.  El tango "Cambalache" alcanza tanta vigencia que corta la respiración. (…) Es penoso observar los discursos presidenciales por la cadena nacional. (…)  Deprime ver a hombres y mujeres convertidos en aplaudidores y sonreidores indignos que festejan hasta los errores.  ¿No temen que sus hijos y nietos algún día les pidan rendición de cuentas?  (…)  ¿Tanto les cuesta mirar el horizonte?  En este aquelarre de despropósitos, corrupción, aprietes, ineficiencia administrativa, destrucción, incoherencias y mentiras, se nos está deshaciendo la República”.

Bastantes se los dijeron…

Fueron muchos los que alertaron a los mandatarios del Mercosur acerca de los peligros de aprobar la solicitud del régimen venezolano para ser miembro de esa organización.  Hasta la saciedad se les advirtió acerca de que el fin último del difunto y sus secuaces era, no tanto asociarse para dinamizar el comercio regional —porque, en fin de cuentas, los rojos le tienen declarada la guerra a muerte a los “burgueses”— como para utilizar ese foro como amplificador de las propuestas de eso que dizque es un “socialismo del siglo XXI”.  Pero pudo más el afán de conseguir petróleo a precios preferenciales.  Hay que añadir que también influyeron —y mucho— Kristinita y los gánsteres que la acompañan en la Casa Rosada por las “afinidades ideológicas” que comparten con la robolución: el gobierno debe acaparar todos los poderes, es válido usar el poder para enriquecerse, hay que buscar perpetuarse en el mando, etc.

En todo caso, triquiñuela de por medio, deshaciéndose de Paraguay temporalmente, metieron por la puerta de la cocina a Venezuela.  O eso creían ellos.  Lo que metieron fue un regalo griego, un caballo de Troya, del cual van a salir los que van a tratar de convertir esa organización comercial (recuerden sus siglas: MERcado COmún del SUR) en un instrumento más de las viudas del la Tercera Internacional.  Claro que no lo harán al estilo de Ulises y sus muchachos, pasando a degüello a los que defensores de la ciudad, sino sibilinamente.  O, por lo menos, esa era la idea.  

Pero el descaro, o la estupidez del Inmaduro, lo llevaron a descomedirse en su cuenta Twitter y proclamar: "Vamos (…) abriendo el Camino del Socialismo Cristiano NuestroAmericano"(parece que ya se cogieron a Hispanoamérica).  E hizo más: convirtió los discursos de asunción de la presidencia y de cierre de la cumbre en descarados alegatos tipo lo que Bacon llamaba “idola fori”; meras apelaciones a la multitud ignara, sobándola con cosas que no entienden, ni les interesan, pero que les calientan la sangre.  Los temas del intercambio comercial, y de los problemas a lo interno de Mercosur que hacen difícil que este funcione como debería fueron soslayados, sacrificados en aras del populismo.  Para los mandatarios presentes —también populistas, desde el ignorante cocalero del altiplano hasta la perfumada Dilma, tan necesitada hoy de apaciguar sus masas— era más provechoso hacer una batahola con lo del soplón anclado en Moscú y con lo de "exigir explicaciones y disculpas públicas a los países de Europa que agredieron a nuestro hermano Evo".  Todos ellos, ¡felices! Es el síndrome de “el muchacho que es berreón, y el aya que lo pellizca”.  Para ellos, lo importante no es redimir a sus poblaciones por la vía de unos intercambios comerciales más normados, más eficientes y más dinámicos, sino mostrarse más retrecheros ante el imperio.

¡Esos no son temas para tratar en Mercosur!  Nada de eso tiene que ver con las economías regionales.  Para eso tienen ALCA, Unasur y OEA.  Todos ellos ya secuestrados y convertidos en clubes de presidentes; en lugares donde solo se defiende a los mandatarios —sin importar la barrabasada que hayan cometido—, no lo que sea en verdad importante para las naciones enteras.

Y el discípulo incapaz (como lo llamó con certitud el padre Ugalde) no podía dejar de hacer el ridículo mientras estaba en los actos: creyendo que aparecía ante una junta comunal en Cabrutica, se volvió a disfrazar de bandera, poniéndose una bufanda tricolor para leer los discursos y para el “retrato en familia” (nunca mejor dicho ese sintagma).  ¡Qué vergüenza sentimos todos, Nicky!  Lo que provocaba era cubrirse la cabeza con una bolsa de papel marrón, con un par de huecos para poder ver.  ¡Eso no se hace, vale!  ¿Qué tal que los otros se dedicaran a imitarte?  Difícil, porque la KK no se quita el negro (aunque dicen que una de las prerrogativas del vicepresidente Boudou es desabrigarla).  El Pepe se vería más rechoncho con un chaleco a rayas horizontales blancas y celestes; y Dilma ni de vainas se va a vestir de verde con un globo azul estampado en la barriga.  Porque ella habrá sido guerrillera, pero se sabe vestir con comedimiento.  El único que si pudiera disfrazarse sería el cocalero: con una chaqueta con los cuadros multicolores de bandera “plurinacional” que están tratando de imponer por sobre el rojo, amarillo y verde legales.  ¡Y se vería de lo last! 

Otrosí
Mucha gente se apresuró en darle un cheque en blanco a la nueva MinPoPoDef, creyendo que iba a ser más institucionalista que el ministro saliente (aunque, con él, eso no es muy difícil).  Después de su discurso, ya a muchos se les cayó la ilusión.  Y, por cierto, m’ijita, tú no eres “soldada”.  El sustantivo “soldado” no admite género femenino.  “Soldada” es el estipendio que se le cancela a la tropa; nada más…