martes, 12 de agosto de 2014

Monólogo no es diálogo


No importa lo que diga la primera acepción que el diccionario de la RAE nos ofrece para la palabra “diálogo”: la “plática entre dos o más personas que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos” ya es un diálogo.  O sea que un mero análisis de las condiciones del clima y el embobamiento entre dos pipiolos enamorados constituyen diálogos.  Pero, para mi gusto —y para lo que pareciera ser necesario en Venezuela—, yo prefiero la tercera acepción: “discusión o trato en busca de avenencias”.  Los orígenes griegos del término son claves para entender de qué se trata: “dia” puede ser traducido como “a través de”, y todo el mundo sabe qué significa “logos”, por lo cual sería ofensivo de mi parte ofrecer una paráfrasis.  Lo que es urgente en nuestra patria es un “intercambio de opiniones e ideas en un asunto particular, especialmente en cuestiones políticas o religiosas, con el fin de llegar a soluciones o acuerdos”.  Este significado —que le dejo a los académicos como contribución para el enriquecimiento del mataburros— es el que debiera privar a la hora de encontrarle soluciones al estado de cosas que está matando a la nación.

 

Desafortunadamente, no es lo que vemos en el horizonte.  Lo que desde ya se vislumbra es un diálogo de sordos; cuando más, una reedición de la gran mamadera de gallo a la que, en abril del 2002, nos sometió el difunto muerto que ya falleció.  Lo que se entrevé es un afán por ganar tiempo y lograr que la calle se enfríe para poder seguir mangoneando.  Lo que se percibe es un nuevo engaño a la mitad de la población que no comparte las ideas que en lo político propulsa el régimen.  Si hay que transigir un poco en lo económico para acallar a los empresarios, se hace; pero solo por unos días.  Después, volverán a las políticas arruinadoras que propugna el troglodita Giordani, y a los robos descarados del Tesoro. O sea, que volveremos a presenciar una versión —apocada, eso sí— del histrión sabanetense haciendo juramentos aferrado al crucifijo después de su susto y rendición en los idus de abril.  Las desaforadas intervenciones de Jorgito Rodríguez, Aristóbulo y el capitán Hallaca, luego de las muy razonadas intervenciones de Roig y Mendoza en lo que se intentó como inicio de las “Conversaciones de Paz” así lo indican.  Se saben detentadores del poder y no tendrán empacho alguno en emplearlo con toda su brutalidad y letalidad para someter a Venezuela a sus ambiciones, sin ceder en lo esencial de su proyecto, más fascista que  comunista.  Estamos hasta la coronilla de las cobas, los embelecos y tramposerías que han constituido el ritornello de los rojos en estos agobiantes y largos quince años.  Lo que intentan es una puesta en escena para tratar de lavarse la cara ante la comunidad mundial, que ya está abriendo los ojos a la realidad venezolana gracias a las agencias de noticias y los medios de información internacionales.

 

Luego está la descarada intención de controlar los fulanos diálogos.  El gobierno es quien escoge quiénes se van a sentar, qué materias son las que se van a discutir y cuáles tópicos son no-no.  Para ponerlo con las palabras enviadas por Twitter por Eduardo Semtei: “El gobierno nombra una Comisión de Paz de 10 miembros: 6 chavistas. 3 prochavistas. Mal podría el gobierno decidir, sin consultar, una fulana Comisión de Paz (y) quienes la conforman. Y mucho menos decidir la agenda”.  Seguro que en la tal comisión no van a estar presentes personas que les digan las verdades en su cara; no estará María Corina, por ejemplo.  Porque le tienen miedo y por eso tratan de neutralizarla en la Asamblea, siendo que fue la que sacó más votos de toda ella.  No habrá representación de los manifestantes de Valencia, San Cristóbal y Mérida, que tienen más que justos reclamos por la conducta vesánica de la Guardia Nazional.  El nortesantandereano se lo pasa invitando a Capriles a esa mesa, pero es solo por baladronear; para sus adentros ruega que no se aparezca, sin importar cuán pacifistas son las propuestas de este.

 

Sencillamente, no habrá un diálogo que ataque los puntos más necesarios de la posible agenda: Llenar las plazas, que actualmente están siendo ocupadas por impresentables, en el Tribunal Supremo, la Contraloría, el CNE.  Poner personas independientes de verdad en la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y otras instituciones clave.  Desalojar a los ineptos y corruptos que rotan por los ministerios y por Pdvsa.  Devolver la autonomía al Banco Central.  Derogar esta dizque ley que es el Plan de la Patria.  Desarmar y neutralizar a los colectivos.  Respetar la autonomía de universidades, gobernaciones y alcaldías.  Dejar que la Asamblea Nacional funcione como las de otras partes: con diputados que puedan decir verdades sin miedo a que llegue una virago a golpearlos.  Cesar de seguir financiando —corrupta e indebidamente— con petróleo y triangulaciones a Cuba.  Retrotraer a las FAN a la institucionalidad impidiendo que sigan siendo el brazo armado del PUS. Pasar a juicio a los generales narcotraficantes.

 

Estos, y muchos más, debieran ser los tópicos de cualquier conferencia de paz que se instale en Venezuela.  Pero, en su estulticia, el régimen piensa que tiene, además del derecho divino de ordenar nuestras vidas, el monopolio de la inteligencia.  Y de la infalibilidad; todos los errores son de la oposición, nunca del gobierno.

 

En fin, que es paja, en vez de ramas de olivo, lo que nos ofrecen.

 

Otrosí

Mañana va a “cometerse” un desfile para conmemorar el aniversario de la muerte oficial del interfecto sucumbido.  Es algo nunca visto. Porque ni a Bolívar le desfilan los 17 de diciembre.  E indebido.  Porque esa no es la fecha de su muerte en La Habana.  Todo el mundo sabe —pero solo se atreve a susurrar— que el tipo peló entre el 29 y el 30 de diciembre de 2012…

 

 

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