sábado, 7 de abril de 2012

El raspado de la olla

Antes de regresar a La Habana de sus amores, la capital de la Cubazuela que pretende lograr, el tipo se puso a amenazar a todos cuanto tienen algo que perder en esta neocolonia. Volvió a intimidar a los banqueros para que hagan lo que él quiere, así se vaya al traste el negocio y, con él, el dinero de los ahorristas. Volvió a buscar el acobardamiento de los empresarios, especialmente los de los medios, para que no emitan noticias, criterios ni sugerencias que dejen ver la ineficiencia, podredumbre y sectarismo del régimen —y parece que con Venevisión, por lo menos, lo logró. Siguió instigando a la confrontación entre venezolanos al sugerirle a sus grupos anarquizados que invadan y se apropien de cuanto terreno urbano encuentren, sin importar cuanto lo necesita su legítimo propietario.



Para mí, todo eso no es sino el mascarón de proa de lo que en verdad se buscaba. Una vez más puso a la gente a ver hacia una dirección mientras llevaba a cabo otra barrabasada: pasar una ley que le permite seguir apropiándose de la plata que necesita para alimentar su desmedido e insaciable afán de poder. El tipo fue habilitado —en una marramuncia de última hora— por unos “legisladores” sin legitimidad y a punto de entregar el coroto, para legislar en lo relacionado con los damnificados por las aguas. Pues no le “ha parado” a esa limitación y ha firmado decretos que adolecen de inconstitucionalidad la más de las veces. Este último, por el cual se autoriza a sí mismo para meter en más deudas a la república sin solicitar permiso a la Asamblea (que de todas maneras la mayoría espuria de la que goza se lo iba a conceder) y sin siquiera consultar a los que se supone que saben de eso: el Banco Central. Cómo será de bajo el concepto en el que tiene a ambos organismos, que decidió y puso en el decreto que a estos solo serán informados de cualquier nuevo endeudamiento a 15 días hábiles posteriores a su realización. O sea, unas tres semanas después del fait-acompli.




Para dorar la píldora, el fulano decreto pone una condicionante: que la deuda sea para solucionar circunstancias “no previstas o difíciles de prever”. Lo que no dice es que quien decide cuáles son esas situaciones es el mismo individuo. Ya algún amanuense de los que cual borregos, sin analizar la conveniencia de la nación, buscan lo que mejor le acomode a su líder estará planificando cómo justificar que la declinación en el número de ilusos que votaban enceguecidos por las promesas —pero que en los próximos comicios ya no más— es más que suficiente justificación para seguir metiendo a Venezuela en deudas. Por lo pronto, ya pusieron en el texto que podrá hacerlo si los recursos son destinados a “la soberanía alimentaria, la preservación de la inversión social, seguridad y defensa integral”. O sea, ¡qué siga el voleo pre-electoral!



Me imagino que el barbas le sobó el ego una vez más y le dijo algo como: “¡Vaya, tú tranquilo, chico! No importa que los tataranietos de los venezolanos actuales ya estén bastante endeudados; los tuyos, cuando los tengas, estarán asegurados por las destrezas de sus padres en el manejo del erario. Lo que importa es que tú continúes al frente. Nos interesa a todos. Sigue repartiendo dinero por montones entre los tontos que no ven que algún día tendrán que pagar la deuda y los venales que si lo saben, pero que lo que le interesa es forrarse. Sólo así tendrás algún chance en octubre. Eso sí —y yo sé que no tengo que decírtelo, pero mejor es ser reiterativo— parte de esa plata es para que la sigas mandando a esta isla de la felicidad donde tanto se te quiere”.



Me imagino que Capriles, en su discurso de inauguración no se atreverá a decir, como Luis Herrera, que recibe “un país hipotecado”. Porque a él no le gusta decir mentiras. Hace rato que Venezuela dejó de estar hipotecada. Va a recibir un país en la quiebra. Y si fuera económica solamente, uno podría arremangarse y ponerse a sacarla del gravamen. Pero es que la quiebra ya es moral y social. Todo, por la vanagloria de un hombre sin escrúpulos que no se le agua el ojo en destrozar la riqueza nacional en aras de un proyecto personal con tintes de neo-fascismo cuando le conviene y de neo-chapitismo las más de las veces.



Para eso tiene bastantes cómplices, pícaros y lagoteros. Como el que le exige a sus subalternos, en comunicación oficial —aplastando sus derechos individuales y sin preocuparse por la imposición de esa inconstitucionalidad—, que proclamen su adhesión a una persona y no a los altos postulados de la Constitución.


¿Quién ofende a quién?

Un amigo a quien le reconozco preclara inteligencia —y de quien admito que de escribir sabe muchísimo más que yo— me reconvino en días pasados. Por mail me hizo saber su preocupación por el empleo que yo hago de algunos términos para referirme al tipo aquel. Cree los utilizo “con imprudencia y exceso”; que los remoquetes empleados llevan una “exagerada carga chacotera” y que algunos son “inútilmente vejatorios”. Su consejo: que me abstenga de seguir utilizando en mis escritos “locuciones o modos adverbiales que sean irrespetuosos o inmoderados”.


Habrá que hacerle caso al amigo porque en eso de saber escribir, ¡sabe! Aunque va a ser difícil por varias razones que trataré de explayar de seguidas.



La primera, es que mi mamá me instiló desde muy niño que “hay que respetar para que lo respeten a uno”. Cosa que se me confirmó luego, cuando me decidí por la vocación militar y se me explicó “que la lealtad es una calle de dos vías”. Puesto en el predicamento que nos ocupa, y ya los venezolanos estando saturados de cognomentos denigrantes de parte del innombrable en contra de quienes se oponen a su manera de mandar como: “escuálidos”, “majunches”, “plastas” y otros similares, ¿es que no va a ser posible retrucarle en el mismo tono?



De todos los insultos que provienen del jetabulario presidencial, el que más escuece es ese de “apátridas” con el que trata de descalificar a cualesquiera que no se prosterne obsecuentemente a su intento de que todos pensemos igual a como el decidió. O que, por lo menos, no pensemos en absoluto. El tipo se arrogó una prerrogativa de decidir quiénes son compatriotas de él y quiénes no. Y que solo los que tienen carné del PUS merecen ese apelativo. No acepto que nadie me diga que quiere a Venezuela más que yo. Igual que yo, sí. En eso no tengo inconveniente. No soy menos venezolano que nadie. Pero él se cree con derecho a rebajarme. ¿Qué de diferente tiene eso con aquella clasificación del general Gómez de “malos hijos de la Patria” contra  quienes se oponían a sus tropelías? Para ponerlo con las palabras de Pompeyo Márquez hace algunos días: “Llamar apátrida a la mayoría de nuestros compatriotas es una grosería inaguantable”. Palabras que todo venezolano tiene que suscribir rotundamente.



La segunda razón es que soy un convencido de algo que dijo Napoleón: “De la única dimensión de la cual no hay regreso es del ridículo”. La manera más eficiente de poner de relieve las groseras ineptitudes, corrupciones y falacias de un régimen —incluido este— es caricaturizándolo. Unos, los diestros en dibujo —Zapata, Rayma, Pam-chito, Edo y Bozone, por ejemplo—, utilizan trazos; otros, diciendo las cosas como las vemos. Algunos somos más afortunados y podemos ponerlas por escrito; los más, sin embargo, pueden (y deben) usar radio-bemba, que tan eficaz es. En todo caso, hay que acordarse de Horacio: “Ridendo corrigo mores”. Se puede corregir las costumbres por medio de la burla. Y conviene hacerlo así. Por una parte, más gente se entera de los muchos pecados, incompetencias y venalidades gubernamentales; por la otra, se demuestra que no hay miedo de denunciar. La más eficaz de las sanciones sociales es el ridículo. Hay que usarlo…



Criterio contrario al del amigo que menciono al comienzo tiene otro que no desmerece en inteligencia al primero: Le gustan “los otros nombres del innombrable que has utilizado” y me sugiere hacer una lista de ellos. Estoy en un disparadero: ¿qué hacer? Creo que acordarme de Aristóteles: “La virtud está en el medio de dos extremos que son viciosos”. Y de Pero Grullo: “Ni calvo ni con dos pelucas.” A recortar, pues. Pero sin llegar a llamar al señor: “Su Alteza Serenísima, el Primer Magistrado de la Nación”. ¡Ni de vainas!



Por ejemplo, el pasajero del caracol (por aquello de que el animal está dentro) anda por Cuba buscando alivio a su mal. Cosa que es su derecho, pero que también habla muy mal de su sentido común. Porque, según él, “los médicos de Cuba son los mejores del mundo”. ¿Cómo no denunciar que eso es una falta de respeto para con el gremio médico venezolano? ¿Cómo no decir que eso no es verdad? Los cubanos no pueden estar al día en los últimos avances de la ciencia médica. Sencillamente, si no tienen Internet, ni divisas para suscribirse a revistas especializadas, ni pueden asistir a congresos internacionales; pues no pueden estar actualizados.



Pero, hay algo más en ese viaje. Por aquello de “piensa mal y acertarás”, uno —que está consciente de que el narcisismo del tipo lo impulsa a buscar ser el centro de todas las miradas— tiene que colegir que se fue también para ver si se puede “colear” en una audiencia con Benedicto. De patentizarse esa sospecha, a uno no le queda sino  calificarlo de “güelefrito”.




martes, 20 de marzo de 2012

Siria es cosa seria

Estando en Caracas la semana pasada, sintonicé el Canal Clásico de la Radio Nacional porque uno a veces tiene la suerte de que estén haciendo honor a su nombre y transmitan música clásica en vez de fárragos del Zar Coma Andante. No la tuve, estaban transmitiendo “noticias” internacionales que a la legua se notaba que eran de las que fabrica la parranda de cubanos que le impone las políticas informativas al régimen. El locutor explicaba que “millones” de sirios se manifestaron en el centro de Damasco para apoyar al régimen y para dar gracias a Venezuela por el apoyo que le prestan al presidente de ese país. Se notaba tan “cocinada” la noticia que me acordé del título de un artículo que escribí en el ya lejano 2006: “Pelea lejana, ¿problema nuestro?”



Porque eso de Boves II de salir a apoyar a Bashar al-Assad, quien ha asesinado a más de 8 mil personas en menos de un año, no pasan de ser frasquiterías y ganas de aliarse con cualquiera —sin importar su enanismo moral— que parezca adversar al imperio meeesmo.  Y si se quedara en la verborrea, pudiera hasta pasarse. Pero es que también lo favorece con unos envíos de diesel que necesitamos más aquí para que las plantas eléctricas no se paren tan seguido, y que van a contrapelo con la decisión internacional de aislar al oftalmólogo devenido en carnicero.



Pero es que el Mussolini de a locha que nos ha tocado en desgracia cree que sabe más de geopolítica (y de todas las demás materias) que todo el mundo. Solo cuatro países apoyan al actual régimen sirio. Que Rusia y China lo hagan y bloqueen las medidas que la mayoría de los países de la ONU piden a gritos, es comprensible: necesitan complicarle la vida a Occidente; que lo haga Irán, se entiende: es el único aliado y cómplice que le queda en el Oriente Próximo. ¿Pero nosotros, qué vela tenemos en ese entierro? Ninguna, solo el afán de Elke Tekonté de figurar como l’enfant terrible de la esfera internacional. Eso, en el momento en el que muchos países árabes —que deben saber mejor lo que pasa por estar más cerca, hablar la misma lengua y practicar la misma religión— le están dando la espalda a al-Assad; en que Turquía, su vecino del norte y uno de los socios comerciales más importante, está cerrando su embajada y pidiendo a todos los turcos que salgan de Siria. Más aún: el primer ministro de ese país informó que su gobierno estaba considerando la posibilidad de poner soldados turcos en territorio sirio para establecer una zona de amortiguación militar y, así, poder manejar mejor el flujo de refugiados sirios en la frontera. El presidente de la Creciente Roja turca informó que esa organización calcula el ingreso de “hasta 500 mil refugiados en una situación extrema." ¡Y el Iluminado Sabanetense desecha ese cúmulo informativo! Claro, 8 mil muertos, con un alto porcentaje de pacíficos ciudadanos entre ellos, le parecerán una nimiedad al responsable de unos 18 mil asesinatos al año en esta tierra que fue de gracia.



Termino citándome a mí mismo (cosa chocante, lo admito). Es el final de lo que dije hace siete años: “Yo no sé ustedes, pero el miedo que a mí me da es que el Primer Locutor de la República —quien está chingo de las ganas por pelear una ‘guerra asimétrica’ con el ‘imperio’, que está enamoraíto perdío del presidente iraní, y quien jura que ya tiene a la América Hispana metida en el bolsillo— le dé por tratar de embelesar a un auditorio más, el de Oriente Medio, y meta a esta sufrida y aguantadora patria nuestra en una contienda ajena.



Si leyera las poesías de Mahmoud Darwich, un gran poeta palestino, pudiera entender que esa parte del mundo está compuesta por ‘Estados artificiales, gobernados por autócratas, tiranos, clérigos y militares corrompidos, (que) mantienen en la pobreza y la ignorancia a unas poblaciones civiles caídas en la más absoluta miseria, víctimas indefensas de un Islam “puro” y arcaico que les promete el paraíso, a través de la guerra revolucionaria, o la redención material, a través de un nuevo orden’. Pero no, él prefiere leer las ramplonas de Tarek Saab...”


Un agradecido saludo

Para el poeta Joaquín Burgos, una persona con muchísimos méritos como docente, encariñado con las bellas letras y buen cultor de ellas. Aunque no puedo estar más en desacuerdo con él en lo que se refiere a política, para mí es un honor poder considerarlo como mi amigo. En su artículo del sábado pasado, comentó y hasta me dio la razón en lo que escribí el martes pasado. Es que entre la lengua y el sexo no debe haber pelea. ¡Claro, si ambos siempre se han llevado tan bien!




lunes, 12 de marzo de 2012

Algunas mujeres no quieren tener sexo

Cosa que está muy mal, porque el sexo es uno de los dones más maravillosos que les  dio Dios. Y por lo cual tanto esa minoría, como el resto de las mujeres y los que conformamos la otra mitad de la humanidad debiéramos estarle sumamente agradecidos. Pero no. Parece que unas cuantas feministas y otras tantas politicastras que creen que “se la están comiendo” andan como desaforadas, empeñadas en tener solamente “género”. Cosa que en buen español solo tienen las cosas inanimadas. Tanta influencia —mala influencia, claro— tienen que hasta una fulana “Ley contra la violencia de género” anda por ahí. Las pobres no saben que, en su frenética manía de no quedarse en lo que ellas creen que es una segunda posición, lo que están haciendo es, precisamente, “tirar la burra pa’l monte”.



Estas suposiciones mías me renacen después de que la Real Academia de la Lengua, en un informe titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”,  evaluó la prosa con la que está escrita nuestra Constitución y la expuso como una manera infeliz de usar el idioma. Algunos de mis lectores deben recordar que desde 1998, en muchos de mis artículos, mantuve una lucha contra esa deleznable redacción con la que los "padres constituyentistas" la aprobaron. Sobrecargada, cursi, sexista a la inversa. Pero entre las feministas a ultranza (que son lo menos femenino que hay) y los ignaros rojos que no pueden ver una bandera populista porque se la apropian (como hacen con los dineros públicos, pues) se formó una especie de simbiosis —para ponerlo en el lenguaje de la Biología de tercer año— que lo que hace es reafirmar que el sentido común no es muy común entre esos dos grupos.



El ejemplo que pone la RAE en su crítica a algunas “guías de lenguaje no sexista” que parecieran proliferar tanto en la península como por América es, ¡qué pena!, el texto del Art. 41 de nuestra Constitución. Es el que comienza diciendo: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia…” y por ahí sigue la retahíla. Hay, indudablemente, diferencias en cómo se habla y cómo se escribe; el lenguaje escrito debe ser más enfático, más claro, porque no tiene el acompañamiento gestual del hablado. Pero, como predica Pero Grullo, “ni calvo ni con dos pelucas”.



Lo correcto, lo recomendable, sería que se buscase que el lenguaje jurídico fuese más legible. Y nos encontramos es con esa memez. Esa forma de escribir es una nueva versión de “vender el sofá”. No soluciona el problema. Porque lo que se intenta es visibilizar más a la mujer y lo que hace, por el contrario, es encasillarla en un segundo lugar: siempre las frases  comienzan con el masculino. Lo que logran es afirmar indebidamente la preeminencia de este sexo. Siempre en nuestro idioma —y en las demás lenguas romances— se empleó el sustantivo masculino para designar los dos sexos; se le dio uso genérico. No hay, en realidad, razón para censurar su uso. No creo que las feministas, cuando tienen que llamar la atención a su prole escandalosa (si es que la tienen porque, de tan feministas que son, quieren parecerse a los hombres hasta en eso de no parir) exclaman “¡Hijos e hijas, dejen de hacer ruido!” O que no vayan a los actos del Colegio de Abogados hasta que le sea agregado “y de Abogadas” al cognomento. O que manden a comprar “pollos y pollas” para un sancocho.



En verdad, hay discriminación hacia la mujer. Es muy corriente que en los casos de violencia doméstica, de diferencias de sueldo y de escogencias para altos cargos la mujer tenga las de perder. Y eso está muy mal. Debe a propenderse a la igualdad social de hombres y mujeres; es conveniente que  la mujer sea más visible en la sociedad. La verdadera lucha por la igualdad está en tratar de que se extienda a todas las prácticas sociales y a la mentalidad de todos; no en ese forzar sin sentido a las estructuras lingüísticas. No se tiene que apelar a recursos artificiales. Hace algún tiempo estuvo de moda lo de sugerir cuotas para asegurar la presencia femenina en los organismos y corporaciones. Es otra forma de compeler a la sociedad. Las mujeres de valía no necesitan esas muletas. Mercedes Briceño, Maritza Izaguirre y Haydée Castillo no las necesitaron. Las necesitan las mediocres que quieren surgir sin méritos aparte de su sexo. Como la diputada del PUS que recientemente dijo que ella era una de las “sujetas” que apoyan al Zar Coma Andante. ¡Horror!

martes, 6 de marzo de 2012

Invito a desintoxicarnos

Todos hemos tropezado tanto en la prensa como en nuestros medios electrónicos con infinidad de partes paramédicos —porque a los médicos que tratan a Boves II les tienen prohibido hablar. Son tantos que ya creo que estamos llegando al nivel de saturación. Los tósigos en exceso no le hacen bien al cuerpo; a la mente, menos. Como ejemplo de lo que asevero, pongo a Elke Tekonté mismo. Tanta droga antineoplásica, tanto esteroide y tanto menjurje de babalaos están haciendo igual daño que el que produce la enfermedad misma. O más. Por eso, les propongo que nos salgamos del tópico recurrente: la crítica a la ineptitud, maldad, corrupción y sectarismo que rezuma el régimen y dedicarnos hoy a comentar cosas del idioma. Ya sé que no es de los temas que a ustedes les gusta. Pero háganse a la idea de que es por el bien de ustedes, que es un desintoxicante que deben tomarse. Algún piquete le pondremos a los comentarios para que sean más palatables. Empleo como insumo algunos comentarios que me llegan.



1. Un lector me hizo una observación por una palabra que usé: “prístino”. “Entiendo que se puede leer como 'inmaculado', 'limpio'; pero, también como 'original’, ‘como fue creado'. (…)  son dos acepciones. ¿Me da su opinión?” Le concedí la razón y acepté mi falla. Esta fue parte de mi respuesta: “…al usar yo esa palabra cometí un anglicismo. El DRAE trae una sola acepción: ‘antiguo, primero, primitivo, original’. Revisé el viejo diccionario en latín de Casell. Y allí también tiene  ese solo significado. Y pone ejemplos: ‘In pristinum statum redire’, escribió Tito Livio. Para colmo, el Diccionario de dudas de la RAE, explica que es impropio su uso con el sentido de 'limpio o puro’. Yo siempre he empleado el término en ese sentido. Quizás porque soy pitiyanqui. En el "Webster's" encuentro que por allá tiene las dos acepciones: ‘1. having its original purity; uncorrupted, unsullied. 2. of or pertaining to the earliest period or state, primitive’. Lo que intenté decir en el artículo fue que el nombre (…) debió mantenerse en su original pureza.



2. Otro, un médico a quien le reconozco saberes no solo en su ciencia sino en filosofía y letras, hace tiempo me escribió diciendo que a él le gustaría que alguien “fuera a pernoctar a un ostracismo ergástulico, ¡per seculo secolorum! ¿Está bien escrito? (…) ¿Ve lo que le dije? Uno de los problemas de eliminar la enseñanza del latín es que se mermó la capacidad de razonamiento, y se incrementó el caletre; de allí que muchos de quienes obtienen buenas notas en las básicas de medicina, cuando se 'enfrentan' al paciente se enredan más que 'mocho tirando cohete'. Más definición que conceptualización. No saben explicar, pero recitan como el mejor”. Mi respuesta: “¡No! En ambas partes. Primero, hay un oxímoron en la frase ‘ostracismo ergastúlico’. Porque, o encierra al tipo en un calabozo inmundo, o lo manda para el destierro, pero no las dos cosas al tiempo. Y, segundo ‘seculO’ no existe. Lo correcto en esa frase sería ‘seculA’. Aunque la palabra latina correcta es ‘saeculum’ (la grafía estricta sería ‘sæculum’, pero, dejémosla de lado), que declina en ‘i’ para el genitivo singular y en ‘a’ para el acusativo plural, que es nuestro caso.”



3. Un compañero de armas y buen abogado me manda la sentencia con la que hace algún tiempo el Tribunal de la Suprema Injusticia complació (una vez más) al Mussolini de a locha que nos tocó en nuestra mala suerte. Es la que admite que se ascienda los suboficiales de carrera a oficiales técnicos. A la letra, dice: “Lo expuesto implica que dichos efectivos ostentarán, de ahora en adelante, los mismos grados de los Oficiales de Comando.” Tres errores cacográficos en solo dos líneas. El menos importante es ese par de chocantes letras mayúsculas cuando se trata de un nombre colectivo, sin importar que esos señores comanden mucho. Tampoco puede tomarse muy a pecho lo de los “efectivos”, porque a lo mejor no saben que ese sustantivo, usado en plural y referido al ambiente militar, implica “la totalidad de las fuerzas militares con las que cuenta una unidad militar, por contraposición a las que debiera tener por las tablas de organización”. Que —contrariamente a lo que uno lee con frecuencia— no hay “un efectivo” ni “cuatro efectivos”, sino “un oficial” o “cuatro soldados”. Pero que unas personas que se supone ilustradas no sepan que “ostentar” es “hacer ostentación”, “vanagloriarse”, “jactarse” y otras acciones parecidas. Cosa para lo cual no se conceden los grados. Se otorgan por conveniencia del servicio…



4. Alguien, con un tonito de sorna (o envidia) me mandó un mensaje criticando mi reciente viaje a “degustar vinos mendocinos”. Para él, solo un viejo adagio: “Vimum lac senum, iuvenis venenum”…


Mucha descalificación y poco argumento

La frase del título no es mía, se la escuché hace unas dos semanas a la vicepresidenta de España. La dijo en el Parlamento durante la rendición de cuentas semanal del gobierno a los diputados; porque por allá los gobernantes sí se sienten en la obligación de contestar, cada siete días, las preguntas incómodas que les hacen los diputados opositores. Van, el presidente y los ministros, a rendir cuentas —no a burlarse de legisladores y mentirle al pueblo, como hace el Gran Patán una vez al año porque para eso tiene dominada a la mayoría de las focas. En la sesión del pasado quince, en la sede de la carrera de San Gerónimo se iniciaba como portavoz del PSOE, Soraya Rodríguez, y no se le ocurrió nada mejor para estrenarse en el cargo que dispararle una andanada de denuestos al gabinete novel del PP. A una tocaya suya, Soraya Sáenz de Santamaría, la bella vicepresidenta ibérica, fue a quien le correspondió contestar. Así fue como comenzó: "Nueva portavoz, pero vieja pregunta. Se estrena preguntando lo mismo que preguntó Rubalcaba el miércoles pasado, parece que andan poco sobrados de elementos de crítica…” Y dejó para un poco más adelante, lo que sentó de rabo a la portavoz socialista: lamentó que el PSOE fuese a hacer "una oposición de mucha descalificación y poco argumento" y "con poco sustantivo y mucho adjetivo descalificativo".



Frases que caen como de perlas en un país en el que el oficialismo —todavía ardido por la cantidad de personas que votamos en las primarias del 3-F— ha imitado una vez más las malas costumbres y feos modales de su “amado líder” y ha empezado a corearlo con eso de “¡majunche!”, “¡cochino!” y demás lindezas del jetabulario de alguien que emplea los recursos oficiales (aparte de tratar de endiosase), no para intentar hacer más educada a la población, sino para depravar y hacer más ruines su comportamiento y sus modales. La única diferencia es que allá los denuestos los pronuncia una oposición dolida por el revolcón electoral que los sacó del gobierno, y aquí provienen de quienes no han entendido —después de trece laaargos años en el poder— que todos, toditos, los venezolanos merecemos respeto. Y que en la función oficial también es válido el aforismo que relaciona la cortesía con la valentía. Pero sería como pedirle peras al olmo (o, como dijo un deleznable diputado rojizo: “al horno”).



Los rojos, tan dados a igualar por debajo, intentan, y seguirán intentado —infructuosamente, espero— llevarnos a ese torneo de ofensas e infamias donde el drogo hojillero de VTV pareciera ser el principal corifeo y multiplicador de la porquería que sale de la cloaca miraflorina. Están chingos de las ganas de que desde la Unidad se les conteste a sus agravios y dicterios: necesitan bajar el debate al chiquero donde, naturalmente, se mueven mejor. Pero se van a quedar con las ganas. Bien bolsas serían los de la MUD y el candidato elegido si se dejan llevar a ese terreno.



Desde la alternativa democrática, la respuesta debe ser con argumentos sólidos, con razonamientos bien fundamentados, con unas palabras convincentes y al alcance de las mentes más simples, que es donde se ha aposentado (y se nutre) el potingue dizque socialista. El lenguaje tiene que ser de denuncia de las tristes circunstancias en las que está sumido el país; de censura  por la gravedad de la situación económica que están dejando tanto las medidas tomadas sin meditar bien, como la inacción inepta, y el afán populista; de revelación de todos los negociados, matuteos, corrupción  y coimas que abundan en las alturas del poder, Pero sin caer en bajezas. Que cale en las masas pero que —con palabras limpias, sinceras y nobles— se les haga ver cuánto y cómo las han manipulado estos trece años, se les explique que sí puede haber verdadera redención para ellas sin que tengan que vender su alma.



Ya Elke Tekonté ha proferido insultos de todo orden. Parece que es lo único que sabe hacer bien —aparte de hacerse el loco cuando ve que los suyos están robando a manos llenas. Ha quebrantado la Constitución repetidas veces. De hecho, la desvirgó cuando apenas era una neonata. Una de las más recientes violaciones perpetradas fue lo de sacar a relucir la religión de algunos de los ancestros del candidato de la Unidad, como si profesar la fe con la que nació, creció y murió Jesús fuese algo vergonzoso. Esa insinuación va contra la letra y el espíritu constitucionales. Y demuestra lo preocupado que está por la aceptación que tiene su contrincante entre los pobres que ahora sí comienzan a percibir que lo que ha hecho el régimen es pisotear su dignidad y tratar de bajearlos "con poco sustantivo y mucho adjetivo descalificativo", como dijo la española de bellos ojos.


martes, 14 de febrero de 2012

Orgulloso de mi dedo manchado

Escribo en horas de la tarde del domingo, antes del cierre de las mesas de votación. Pero no quiero demorar más para expresar mi contentamiento por lo que presencié durante los comicios. Y vi bastante porque recorrí  seis centros de votación y visité más de treinta mesas. En cada una de ellas, los reportes que recibía de quienes llevaban el conteo de los sufragantes  daban pie para el optimismo.


El gentío esperando turno justificaba la exultación. Y, así como en la ciudad donde vivo, en toda Venezuela; lo que se ve y escucha por la televisión es una inyección de fe para quienes dudan que la democracia puede volver a dirigir la nación y una vacuna contra el desánimo y la indiferencia de algunos. Nada lograron las argucias de los laboratorios de guerra sucia dirigidos por ñángaras cubanos que inventaron amenazas de que iban a filmar a los votantes, que quien votara quedaba sin misión automáticamente; nada pudieron las coacciones ni los hostigamientos de las bandas rojas. Nada pudo la profecía del maléfico embaucador sabanetense que vaticinaba “No habrá primarias”, tan pelado últimamente en sus presagios. La cantidad de votantes le dio en la madre…

La jornada fue una demostración de que no hay necesidad de dictar leyes secas, ni cerrar calles, mucho menos fronteras, para que se pueda llevar a cabo una elección con tranquilidad. Lo que se requiere es dar demostraciones de civismo y ejercitar la ciudadanía. Debo reconocer que el empleo de soldados de las Fuerzas Armadas y no milicianos para el Plan República también hizo menos ominosa y más gentil la presencia de los uniformados en los centros de votación.

Estoy, por todo lo anterior, henchido de orgullo por mi dedo manchado de morado. Cuando la muchacha me dijo que no era obligatoria la marca de tinta, le dije que lo sabía pero que igual  iba a meter el dedo para mostrar todos estos días mi —parafraseando el título de una novela de Stephen Crane— “insignia púrpura del valor”. Valor cívico, en este caso. ¡Y lo zampé hasta donde dice Colimodio! (que es como decíamos antes cuando metíamos algo hasta la cacha). La marca me llegó hasta la segunda falange). Todos estos días, andaré de lo más mono mostrando que cumplí, una vez más, con la patria.

No sé quién será el vencedor o la vencedora (para escribir ex profeso con el estilo chambón de los rojos  y de las feministas a ultranza); lo que sí sé es que quien resulte vencedor en esta hermosa justa será mi candidato de aquí en adelante. Porque en las elecciones de octubre —y de diciembre, y de abril del año que viene— no se votará “a favor de” sino “en contra de”. En contra de esa pérdida de las libertades, derechos y garantías que intenta conculcarnos el régimen actual; en contra de la ineptitud que caracteriza a los rojos que ocupan cargos públicos que les quedan grandes y que creen que las torpezas e impericias pueden ser compensadas con el carné del PUS; en contra del despilfarro de colosales recursos nuestros para comprar amigos en el exterior que han dejado exhausto al erario; en contra de los intentos de adoctrinamiento de muchachitos a los que se arma de fusiles con la alcahuetería de diputados y oficiales; en contra de los intentos de conversión de la Fuerza Armada en un organismo político para la represión de quienes osamos pensar diferente a como quiere el Pesimiente (neologismo para describir a alguien que al mismo tiempo que es pésimo en la toma de decisiones ejecutivas, miente descaradamente para tratar de mantenerse en el cogollo a como dé lugar). En contra, en fin del estalinismo mondo y lirondo que se trata de imponer en Venezuela desde hace una década y que ha dejado al país nacional en estado de postración.

Para lograrlo, todos deberemos, entusiasmados, darle un decidido apoyo a la persona seleccionada por la mayoría de los votantes, hacer esfuerzos para el reclutamiento de indecisos y apáticos, y mantener el valor cívico…

Otrosí 1
Este domingo se celebró el Día Mundial contra el Reclutamiento de Niños para Movimientos Armados. No tuvo titulares en nuestra prensa porque había la prioridad de las primarias, pero hay que resaltar que, mientras en otros países se repudia ese hecho, aquí ministros, diputados y militares activos aúpan y se retratan con criaturas armadas de M-16. Otra razón más para salir de este régimen.
Otrosí 2
La semana que viene no aparecerá esta columna; estaré fuera del país, haciendo un curso intensivo sobre vinos mendocinos,  y lejos de computadores; pero el 28, el 28 —como entonaba Semtei—, estaré de vuelta por estas páginas. Gracias por la deferencia con la que me honran por ser mis lectores.