martes, 17 de mayo de 2011

Muela, coba, mentira

Desde antes de asumir el cargo —que no ha ejercido por estar en permanente campaña electoral cuando no está por fuera del país, comprando amigos— ya el tipo comenzó a caernos a coba. Y a la prueba me remito: recuerden la entrevista en CNN donde decía que no iba a ir en contra de la propiedad privada, que iba a respetar la libertad de expresión y que no habría retaliaciones contra los contrarios. Desde ese ya exageradamente laaaargo tiempo, no ha parado de embaucar, exagerar y fantasear. Ahora, la más fresca de sus patrañas es que le va a dar casa a ¡cinco millones de familias!

Eso no se lo cree nadie. Ni siquiera los que se anotan en la fulana “Misión Vivienda”; que ya el gracejo popular bautizó como “Misión Maqueta”. Y que Charito Rojas, tan aguda siempre, denominó en días pasados como “Misión Creyón”, porque está desinada a los crédulos. Sin embargo, junto con estos, también se anotan los escépticos; no porque crean que les van a solucionar sus problemas de vivienda, sino por lo mismo que se compra el Kino: para ver si se pega. En fin de cuentas, que salga su número tiene las mismas pocas probabilidades. Porque si en doce años no han podido pasar de 25 mil anualmente, en los cinco de la nueva oferta, a duras penas llegaran a 150 mil. Que, por cierto, es lo que ofrecieron entregar en este año. ¿Pero, cómo? Si no hay cemento, ni cabilla después de las estatizaciones que ellos pomposamente llaman “nacionalizaciones”. Cuando mucho, uno de cada 33 peticionarios conseguirá vivienda. Y eso, si este cumple los requisitos de no estar en la infame Lista Tascón, estar inscrito en el PUS y comprometerse a votar por Esteban en las elecciones venideras.

Mentira fresca no tiene empacho en incurrir en falacias con miras a mantenerse en el poder. No es cierto que encabece un proyecto para llevar a Venezuela al socialismo. Lo que él tiene en lo que sea que está detrás de la verruga es una aspiración meramente personalista, un afán desbocado por el poder vitalicio. Y sus validos lo acolitan tanto en eso de buscar la perpetuación en el poder como en mentir descaradamente para ese fin. Veamos algunos casos.

El vice Jaua declaró este fin de semana que “El 95% de las fincas recuperadas por el Gobierno Nacional estaban abandonadas y en la actualidad están produciendo alimentos para el pueblo venezolano”. Y para añadir escarnio a la burla, informó que el Ejecutivo “ha realizado pactos amistosos con los dueños de las fincas”. No hay que adentrarse en el llano para observar que son falsas ambas afirmaciones, basta con pasar por el frente de “La Carolina”, la finca que era/es de Diego Arria y que era una demostración de cómo querer la tierra y ponerla a producir. Con él no se pactó amistosamente; la violencia fue lo que campeó en esa expoliación. Y hoy, toda descuidada, no produce ni una quinta parte de lo que solía. ¿Y qué decir del Hato Piñero”, o cualesquiera de los fundos de “Compañía Inglesa”? Puro gamelote es lo que hay en los potreros, porque el ganado “fue movilizado” hacia otras haciendas, casi todas bordeadas con estantillos de color rojo.

El mismo funcionario se ofendió muchísimo cuando “Últimas Noticias” —un diario que no oculta su voluntad de favorecer al régimen— tituló recientemente: "Se buscan aceite y carne regulada". Dejemos de lado la crítica sobre el empleo indebido del plural de la tercera persona en lo que es una oración con sujeto tácito, y concentrémonos en lo de la falta de productos en los supermercados. Si Jaua supiese lo que es la verdad, cosa que nunca conoció, jamás hubiese podido informar que “…hay la materia prima tanto de trigo, como de aceite y de carnes en el país, en todo momento...” ¡Hay que tener cachaza y ser caradura para soltar ese bulo!

¿Y con qué cara se le presentará Boves II a su “nuevo mejor amigo”, el presidente Santos, después de que salieron a la luz, publicados por una organización reconocida mundialmente como seria, los archivos de los computadores de Raúl Reyes? Si alguien tenía dudas, ya quedó meridianamente claro que Elke Tekonté sí sabía que había guerrilleros de este lado de la frontera. O, para ponerlo en las palabras de Iván Márquez: “…impartió delante de mí la instrucción de crear en la fronteras sitios de descanso y atención a enfermos y designó una especie de Estado Mayor para estas relaciones (…) dio a entender que ayudaría sin importar que se diera una situación de confrontación". 

 
El narcisismo desbocado es el que origina esas constantes faramallas. Que no le creen nacionales ni extranjeros. Con lo que le duele a él eso, empeñado en ser reconocido como líder mundial…

martes, 10 de mayo de 2011

Culto a la personalidad

Uno de los lectores de esta columna, Enrique Rodríguez Monasterio, me escribe pidiendo que haga un "comentario sobre el tema de la publicidad en la política. No es posible que nuestras ciudades y carreteras estén abarrotadas de vallas publicitarias todo el año promocionando a un gobernador o alcalde y mucho menos al Presidente. Vemos como son patéticos los casos donde colocan dos ms2 de asfalto y colocan una valla de diez ms2 para anunciar tremendo logro (…) la idea es que no se gaste presupuestos mil millonarios en pautas publicitarias tanto en radio, TV, prensa y las famosas vallas (…) no tienen dinero para tapar huecos, pero para promocionar al Alcalde el dinero sobra".
Comentario acertadísimo el del señor Rodríguez. Sólo que creo muy recatado llamar "publicidad en la política" a lo que -desde que Khrushchev denunció las prácticas estalinistas ante el Soviet Supremo- se denomina "culto a la personalidad". El sintagma se refiere a esa adoración y adulación excesivas que convierten a un líder, por lo general "yoísta", en un fetiche. Es un intento fríamente programado de elevar a dimensiones casi religiosas a una figura política. En esa circunstancia, es notoria la exagerada devoción hacia el líder que muestran sus áulicos; el rechazo a las críticas que la opinión pública haga de la persona "admirada"; la persecución y hostigamiento de dichos críticos con un arsenal que incluye detenciones, sometimiento a juicios espurios por razones baladíes, y amenazas de muerte o daños a la integridad física. Pero, lo más notable, y que es lo que choca más, es el exagerado despliegue de imágenes y eslóganes en los medios, las vías y los edificios públicos.

Afortunadamente, cuando llega a su término natural la persona o su régimen, la cosa se revierte y las imágenes y demás zarandajadas desaparecen como por obra de birlibirloque. Pasó con las estatuas de Guzmán Blanco y pasará con los retratos descomunales de Boves II.

Esa mala maña cunde por toda la superficie nacional. Personajillos de a tres por locha, siguen el mal ejemplo que Caracas da y se ven autorizados a montar sus despliegues propagandísticos. Y se dan casos patéticos. En Valencia, un alcalde que es reconocido por tirios y troyanos como un inepto a toda vela -alguna vez dije que no era capaz de resolver la enterrada de un perro, así uno le diera el hueco ya hecho- muestra su gris barba y su camisa roja, ¡faltaba más!, en afiches y vallas regadas por toda la ciudad. En Puerto Cabello, el alcalde se muestra por todo el municipio en gigantografías que hacen verlo como si fuera más alto y papeado que George Clooney, siendo que -yo lo he visto- es un cunene que apenas llega al metro y medio. Lo único grande que tiene son su ego y sus agallas, porque pretende ser gobernador sin tener algo qué mostrar como obra.

Lo paradójico es que quienes más practican ese culto son los dirigentes y los regímenes comunistas, siendo que según la ortodoxia marxista-leninista no es un iluminado sino las masas trabajadoras, armadas de la ideología, quienes deben transformar la sociedad. Según esa filosofía, ni siquiera la actuación del más genial de los dirigentes puede sustituir la experiencia colectiva de millones de personas.

Pero los comunistas hablan por ambos lados de la boca. Por un lado, explican que el culto a la personalidad obstaculiza la educación de las masas, frena su iniciativa, debilita el sentido de responsabilidad por la causa socialista y socava los principios de la "democracia participativa" para la construcción del comunismo. Por el otro, endiosan al "líder supremo" hasta el ridículo. Aplauden extasiados cuando éste les cuenta acerca de una soltura de estómago que tuvo alguna vez, y se quedan como encandilados cuando el tipo se pone a terminar de horadar un túnel pero pasan horas y lo que se escucha en la cadena radiofónica es el monótono repiqueteo del taladro que manejaba…

Fidel ponía a inocentes muchachitos a alabarlo, a recitarle loas al socialismo y a gritar amenazas de muerte para quienes no se sometiesen al socialismo, cuando esos pipiolos lo que deberían era cantarle a la vida. Elke Tekonté, como fiel seguidor de su papá, hace lo mismo como una de sus tácticas de perpetuación en el poder. Según Fromm, "El juicio de la persona narcisista (...) es tendencioso contra lo que no es "él" ni es suyo. El mundo exterior -el "no yo"- es inferior, peligroso, inmoral. El individuo narcisista termina pues en una deformación enorme. Él y sus cosas son sobrevalorados". Pero uno no sabe: esperemos que -con la llegada de Makled y sus denuncias acerca de quiénes estaban en su nómina- su endiosamiento no lo lleve a imitar a su mentor en eso de fusilar a generales que no son sino sus "leales ejecutores".






martes, 3 de mayo de 2011

Respuesta a un lector rojo

Señor: junto con mi saludo, tenga la bondad de recibir mi doble agradecimiento por haberse tomado la molestia de escribirme. Primero, porque quienes tenemos el privilegio de poder exteriorizar nuestras opiniones en los medios nos alegramos de recibir comentarios acerca de lo que decimos. No nos importa si son críticas porque nos son útiles en ayudarnos a clarificar nuestros pensamientos. Y hasta a enmendarlos. Segundo, porque no es algo de todos los días cuando uno se encuentra con un texto escrito por un robolucionario que no tenga errores ortográficos.

También le agradezco su preocupación por mi salud. Me refiero a su admonición: "A tu edad no deberías estar buscando un infarto al miocardio agregando tanto odio a tu ser". No se preocupe, si no me dio cuando estuve por más de 45 años asumiendo responsabilidades, cumpliendo tareas pesadas y cogiendo rabias diariamente, no creo que ahora, a mis 73, viviendo la vida del viejito jubilado, me vaya a dar uno. Y si me da, probablemente sea por los muchos chicharrones y demás grasas que he paladeado; es que no he encontrado un lípido que no me guste. Pero no será por odiar —como usted sugiere— porque, que le quede bien claro, yo no odio a nadie. Cosa que muchos de sus correligionarios sí hacen.

 Mencionan a cada rato a Martí —quien tenía una rosa blanca tanto "para el amigo sincero / que me da su mano franca" como "para el cruel que me arranca / el corazón con que vivo"— pero no lo imitan. Destilan odio contra quien ose pensar diferente a como ordena Boves II. Y ya que de un cubano hablamos, déjeme que le diga que no odio ni siquiera a quienes lo que hicieron fue convertirnos en colonia ¡de los cubanos! Que no son —ni en lo intelectual, ni en lo económico, ni en lo político, ni en lo social— mejores que nosotros, con todas las carencias que podamos tener. ¿O usted es de los que se alegran porque su cédula, los documentos de su vivienda y hasta su filiación policial sean manejados por funcionarios del G-2?

Quiero corregir otra de las afirmaciones que usted hace. Yo no soy un "aristócrata". Sólo soy el hijo de una viuda pueblerina que sacrificó mucho para que mi hermana y yo pudiéramos tener la mejor educación posible. Hoy por hoy, mi único sustento es una pensión por haber servido en las Fuerzas Armadas treinta años, a veces en regiones inhóspitas, a veces poniendo en riesgo la vida, siempre poniendo a Venezuela por delante. Por ese amor, sufrí paludismo, tuve fracturas, me dispararon hostilmente varias veces, pasé un mes en un hospital herido de granada. Con todo y eso, mi pensión apenas me alcanza para llegar a fin de mes. No tengo propiedades, no tengo bienes de fortuna. Lo invito a que me averigüe. Tampoco es que me esté comiendo un cable; vivo en un apartamento cómodo pero que no es mío. Mis hijos me ayudan con los gastos por servicios públicos, alimentación, seguro de HCM, etc.). Así que de aristócrata, nada.

Le confieso que me llamó la atención su correo. En algunos artículos anteriores he sido más pugnaz contra el régimen —palabra que no le gusta pero que empleo con propiedad: actualmente no se nos gobierna; se nos manda, que es otra cosa— y usted nunca me criticó. Cosa que hace ahora por un artículo en el cual lo que hago es comentar el estado de las vías (que no me podrá negar que están muy mal), y el mal empleo de algunas palabras por parte de quienes, por sus funciones, debieran dominar mejor el lenguaje. Sólo en las tres últimas líneas digo algo duro contra algunos burócratas: "En estos doce años de involución robolucionaria, ningún rojo ha sido sentenciado como culpable. ¡Y mire que han robado!" Afirmaciones que ratifico y que usted —si es que es sincero consigo mismo— no podrá negar. ¿Fue eso lo que le dolió? Espero que usted no sea alguno de ellos...

Por último lo invito a que —empleo parte de su frase de cierre— "abra sus ojos y vea". Porque no es cierto lo que afirma del "enorme esfuerzo del Comandante Presidente y su equipo de gobierno para lograr una Venezuela próspera". Nunca antes, el país había estado tan prostrado, nunca le habíamos debido tanto a tantos acreedores, nunca habíamos dependido tanto del petróleo. Para nada bueno. Porque los pobres siguen iguales de pobres. Con el añadido de que por lo prolongado de las "misiones" (que se justificaban pero que debieron sólo una ayuda limitada en el tiempo) lo que se ha logrado es —además de crear una adicción casi absoluta de los menesterosos a la teta oficial— que proliferen pícaros y vividores.
Le reitero mis palabras de agradecimiento.


martes, 26 de abril de 2011

Las cosas que uno lee…

Mejor sería titular “Las cosas con las que uno se topa en los medios”. Pero resultaría muy largo para un título periodístico, restringido como estoy a dos columnas de ancho. Pero ya tienen la idea del tema de hoy: cosas que golpean los ojos del lector o los oídos de quien está frente a un receptor de radio o de televisión.

Con motivo de las lluvias caídas recientemente y que han dificultado el tránsito de los vacacionistas, varios funcionarios han explicado que la culpa la tiene la “climatología que ha azotado la geografía nacional”. ¡Falso dos veces! Primero, porque si el régimen se hubiese preocupado más en mantener las vías, puentes y cauces de ríos, hubiese habido menos víctimas, los trancones hubiesen sido menos molestos y los accidentes menos gravosos. Un amigo —que no tiene nada de imprevisor, por lo que preparó muy bien su viaje— se tuvo que calar 23 horas para viajar desde su casa en Caracas hasta su apartamento en Margarita. La circulación entre la capital y Puerto La Cruz implica riesgos ineluctables. Rodar por Barlovento es como ir  vadeando por el lecho de una quebrada: piedras, zanjones donde uno puede dejar una punta de eje. Y al manejar por Anzoátegui, sin importar lo que diga el poetastro de la robolución, se corre peligro de vida.

Pero estoy en una digresión. Mejor retomo el tema de la falsía de parte de los declarantes y ataco la segunda razón: lo que empeoró el tránsito fue el “clima”, no la “climatología” —que no pasa de ser “el estudio de los climas”. Pero claro, ¿por qué emplear una palabra de dos sílabas si se puede inflar el lenguaje con una de cinco? Algo parecido sucede cuando lo que se quiere decir es “territorio” y se utiliza “geografía” —que no es sino la “ciencia que trata de la descripción de la Tierra”. La metonimia es una cosa que hay que usar con cuidado.  Es el jetabulario funcionarial, la vanilocuencia burocrática,  en todo su esplendor. Para meter la pata las más de las veces…

Una cosa me llamó la atención hace días en la primera página del diario Notitarde. Tengo profundo respeto por quienes dirigen éste diario; me consta de sus esfuerzos por presentar día a día un producto de calidad, por hacerlo cada vez más un gran diario —cosa que han logrado y que ha hecho que este diario sea el segundo en ejemplares vendidos en todo el territorio nacional—, pero comento lo que sigue por aquello de “Amicus Plato, sed magis amica veritas”. El titular anunciaba que “Denunciarán irregularidades en AN” Lo cual me parece muy correcto desde el punto de vista de la gramática y muy conveniente desde el del civismo democrático, porque hay que impedir que este parlamento siga el mal ejemplo del anterior —el compuesto casi totalmente por focas aplaudidoras.

 Lo que golpeaba los ojos estaba en el antetítulo: “Diputados de la MUD vociferan su lucha en la Unión Interparlamentaria”. Porque me consta que tanto el diputado Marquina como los demás diputados que iban en ese viaje son personas muy comedidas, de muy buena educación para estar manifestando “ligera y jactanciosamente algo”, dando “grandes voces” (que es como lo explica el mataburros). Quizás, lo que intentó quien escribió la reseña en la corresponsalía de Caracas —dirigida por una magnífica formadora de opinión— fue explicar que la delegación iba a “vocear” lo que está pasando en nuestro sufrido país. Porque la cuarta acepción de ese verbo es: “Manifestar o dar a entender algo con claridad”.

Pero en todas partes se cuecen habas, inclusive en la Madre Patria. Ana Pastor, la aguda periodista que conduce “Los desayunos” por la televisión española y que tiene uno de los pares de ojos más hermosos que yo haya visto —en mi pueblo la piropearían diciendo que “tiene más ojos que una piña mal pelada”—, recientemente comentó acerca de la “conducta venial” de algún funcionario ibérico. Lo que quería reprochar, pienso yo, era la “conducta venal” de ese individuo. El primero de los dos adjetivos proviene del latín “venia- veniae”: “perdón”, “olvido”. Por eso, los pecados “veniales” son aquellos que la Iglesia considera no atroces, excusables, fácilmente perdonables. Por tanto, no debiera ser confundido con “venal”  que viene de “venum-veno” y que significa que “está para la venta” y, por tanto, "susceptible de ser comprado”; “abierto a la corrupción". Cosa que, en un funcionario, nada tiene de venial. Tan grave es eso de ser un burócrata venal, que la Ley establece penas rigurosísimas para quienes incurren en ese delito. Lamentablemente, con el dominio que tiene el Ejecutivo sobre los demás poderes, dicha norma no es sino un instrumento de persecución política más. En estos doce años de involución robolucionaria, ningún rojo ha sido sentenciado como culpable. ¡Y mire que han robado!

lunes, 25 de abril de 2011

Comienza Pesach

Cuando fui escogido para hacer un postgrado en Chicago, no encontré alojamiento cerca de la universidad y tuve que buscar casa en suburbios diferentes a aquel donde estaba el campus. Por lo que podía pagar, sólo conseguí un sótano en Skokie, una localidad que representaba el súmmum de la judería asquenazí en el Midwest americano. Tan hebraica era la circunstancia que en diciembre, en los espacios públicos, uno no veía adornos de Santas —nacimientos, mucho menos— y lo que abundaban eran los chanukkiot, los candelabros de nueve luces. En el piso arriba del mío vivía un oftalmólogo que estaba haciendo un doctorado en la misma universidad. No tomamos mucha camaradería porque ambos estábamos mucho tiempo en clases o la biblioteca. Pero ambas esposas y nuestros hijos sí entrabaron amistad.

Un día, escuché cómo las vecinitas invitaron a mis hijos a buscar chametz en la casa de ellas. Primera vez que escuchaba esa palabra. Como no la conseguí en el diccionario, le pregunté a la vecina. Me explicó que significa “levadura”, y que como al día siguiente comenzaba Pesach, la Pascua judía, por instrucción talmúdica había que limpiar y lavar el apartamento hasta dejarlo sin rastro de cosas que pudiesen fermentar, desde migas de pan, pasando por granos y llegando hasta vinagre y café. Y me invitó a que los acompañara en el seder, la cena ritual de esa festividad. Eddy se negó a acompañarme porque no iba a participar en un rito no católico. Traté de convencerla que un seder era lo que habían conmemorado Jesús y sus apóstoles, judíos practicantes, durante la Última Cena. ¡Nada! Me tocó ir sólo, Pero antes fui a la biblioteca y me apuñalee sobre qué hacer y qué no.

No intento narrar cómo es un seder, pero algo diré para que entendamos una pizca de esa ceremonia llena de simbolismos. Para empezar, se realiza en la noche de la primera luna llena después del equinoccio de primavera; vale decir, que de ahí en adelante los días serán más cálidos, todo será menos arduo. El chal que usa el dueño de la casa no es el que tiene rayas celestes y que se usa para orar en los Shabat; el de esta ocasión es totalmente blanco. Fue el que vistió en el día de su boda y —aparte de las cenas pascuales— no lo llevará sino en el ataúd. Es para significar que este día es especial: conmemora la salida del pueblo judío de Egipto guiado por Moisés. Los alimentos que están en la mesa también tienen un significado. Hay, pero no para comer, un codillo de cordero y un huevo chamuscados; el cordero recuerda al que sacrificaron en Egipto para con su sangre marcar las puertas de sus casas a fin de  que el ángel que exterminó a los primogénitos egipcios no los tocara a ellos; el huevo, las ofrendas que se hacía en el templo. Se come “hierbas amargas” —usualmente tiritas de rábano picante— que de cuando en cuando son untadas con una pasta de manzanas, nueces, dátiles, miel y vino. Lo fuertemente acerbo del rábano hace que a uno se le salten las lágrimas: busca que se recuerde cuán triste y amarga es la esclavitud. Lo dulce es para advertirnos que la certidumbre del alojamiento y la comida que están asegurados con la servidumbre —así como la tranquilidad de no tener que tomar decisiones— pueden ser confundidos por algunos como una evidencia de que la esclavitud es algo que vale la pena. Que no la vale. Y se toma cuatro copas de vino que representan las cuatro promesas que le hizo Dios a los hebreos: aliviarlos de las pesadas tareas de Egipto, liberarlos de la esclavitud, redimirlos y tomarlos como su pueblo escogido.

Después de muchísimas oraciones es cuando ¡por fin! viene cena no ritual. Debo confesar que los platos no son muy atractivos a la vista. Pero los sabores son excelentes. Soy adicto a la sopa de matzo y al gefilte fish, un pastel de pescado, huevo sancochado, cebolla y mucha pimienta. Al finalizar, se vuelve a rezar y cada quien para su casa.

Los lectores que llegaron hasta aquí dirán: “Hoy es 19 de abril y no habló de la efeméride; estamos en Semana Santa y no razonó sobre nuestros ritos católicos”. Es verdad, pero preferí aprovechar la celebración judía para hacer una comparación con lo que está pasando actualmente en Venezuela. La Pascua recuerda que hay momentos en los que se debe dejar de lado la tranquilidad que generan las dádivas tipo “misiones” —pero que implican la sujeción a la voluntad de otro— y decidirse a emprender un viaje, con sacrificios y dificultades, lejos del despotismo y los abusos, hacia la libertad, hacia la toma de las responsabilidades cívicas. Los exhorto a que nos imbuyamos de eso durante esta semana que invita a la reflexión…  

sábado, 16 de abril de 2011

La edad del odio


El pasado domingo apareció en el madrileño ABC un reportaje firmado por Fernando del Rey que se titula como este artículo. En el trabajo, el reportero resume las opiniones de un grupo de historiadores acerca del fracaso de la segunda república española que llevó a una guerra civil que causó más de 300 mil muertos y asoló a ese país. Todos y cada uno de los historiadores, desde sus respectivas posturas, ochenta años después de los hechos, responsabilizan de aquel fracaso a la intransigencia entre las derechas y las izquierdas políticas de ese entonces, pero están claros que la mayor parte de la culpa la tuvo el gobierno, por su sectarismo. Leer la crónica de lo que acontecía entonces en la Madre Patria, y compararlo con lo que actualmente sucede por estos lados pareciera ser una buena forma de curarnos en salud. Creo que debiera ser de lectura imperiosa para todos quienes tenemos, por responsabilidad o por vocación, la tarea de formar la opinión pública. La cual, aunque siempre se escribe en singular, nunca es una. Y por eso mismo es que tenemos, todos, la obligación de acercar las opiniones divergentes y buscar el consenso, no sea que la sangre llegue al río. Transcribo y comento algunos trozos del trabajo del señor Del Rey como abreboca para incitarlos a entrar en el portal del diario.

“…Los lenguajes bélicos se mantuvieron en vigor así como el deseo de aniquilar totalmente al adversario…” Por aquí, nosotros diariamente somos bombardeados por términos como: “patrullas”, “batallones”, “comandos”, “frentes” y, ¡malhaya! “milicianos”.  ¿Y qué decir de esa bravata cuartelera amenazándonos de muerte si no entramos por el aro del socialismo que, según ellos, es esencial para que exista patria? Lo que hay hoy en Venezuela no es socialismo sino una impúdica ambición de poder que adopta el disfraz que más convenga en cada circunstancia; pero, si el tal socialismo es tan bueno, ¿por qué tratan de imponerlo a la fuerza, en vez de convencer con hechos?

“…esta experiencia democrática y sus élites rectoras tuvieron muy poco de modélicas (…) Más allá de los avances que impulsó, (…) las reformas sociales, la ampliación de los derechos ciudadanos a las capas populares (...) dejó mucho que desear como régimen pluralista basado en el pacto y en el consenso.” Lo mismito que sucede por aquí; no son muchos los mandatarios y magistrados que uno quisiera que sirvieran de modelo cívico para ser emulados por las nuevas generaciones. Los principios no son, para ellos, algo rígido, sino algo que debe adaptarse a las conveniencias de eso que mientan “la revolución”. Y para eso, ¡hasta sentencias y jurisprudencias son modificadas radicalmente de un día para otro!

Lo que copio ahora no tendrá comentarios míos; dejo a la sensatez de cada uno el análisis entre el ayer ibérico y el hoy nuestro: “…la República no sólo encontró obstáculos en su flanco derecho. La puesta en cuestión de esa democracia también partió (…) de las izquierdas revolucionarias. (…) Para los socialistas, aunque no fuera su modelo ideal, la República únicamente habría de ser para ellos y para los republicanos, y por lo tanto sólo ellos deberían ser sus exclusivos gestores. Dado su carácter ‘revolucionario y popular’, el nuevo régimen solamente podía ser administrado ‘por los genuinos representantes de ese pueblo que lo había traído’. En consecuencia, sus enemigos y opositores quedaban automáticamente fuera del hecho fundacional.  (…) Bajo tales presupuestos se entiende que los socialistas no concibieran la democracia republicana como una democracia pluralista, liberal y representativa en la que se sintieran cómodos todos (…) Su discurso subrayaba que sólo los que hubieran aceptado esa legitimidad revolucionaria de origen podrían estar legal y constitucionalmente capacitados para ejercer el poder y ser investidos con la consideración de fuerzas leales.”

A la luz de lo que pasó en el 2007 y el 26-S, no está demás considerar estas afirmaciones: “La aplastante victoria de las derechas y el centro exasperó a los socialistas y borró de su discurso cualquier resto de respeto a la legalidad constituida. (…) No aceptaron la derrota y se mostraron dispuestos a vulnerar las reglas del juego democrático. En sus esquemas ideológicos no se contempló como algo normal la alternancia en el ejercicio del poder.”

Por razones de espacio, no puedo ampliar más. Pero, ¡lean el artículo completo! Las similitudes son tan terribles que asustan. Por sobre todo, lean los comentarios de los internautas. El sectarismo, la intolerancia y la obcecación siguen a flor de piel 75 años después de la rendición. Y por aquí, el que nos tocó, pareciera ser hacer suyas las palabras de Largo Caballero: “…la revolución no se hace con gritos de viva el socialismo. (…) Se hace violentamente, luchando en la calle con el enemigo”. ¡Dios nos agarre confesados!

martes, 5 de abril de 2011

Niño, no juegues a la guerra…

…que la guerra es mala. Así decía una cantinela de los años sesenta y setenta en los jardines de infancia y escuelas de todos los países de habla hispana. Era —y es todavía— una recomendación sensata. En esos días, la opinión pública estaba escamada de tantos horrores y crueldades como los que se sucedían por esos años. Frescos en la mente de todos estaban las muertes, los inválidos, las hambrunas, la propiedad destruida y demás atrocidades que eran el resultado de las acciones bélicas de esos días. No sólo era que nos consternábamos por lo que veíamos en los televisores que sucedía en el Sureste asiático, era que lo sentíamos en carne propia como resultado de las guerrillas auspiciadas, provistas, armadas y reforzadas desde Cuba en varios países de Hispanoamérica y África. Eran tiempos en que el dictador cubano se sentía en el derecho y hasta la obligación de entrometerse en los asuntos internos de otros países. ¡Qué distinto al de hoy! Al que, echándoselas de padre bueno, pontifica sobre las bondades de la paz, siendo que es el responsable directo de decenas de miles de muertes, desde México hasta Angola y desde su isla-prisión hasta Chile. Y de casi haber desencadenado una tercera guerra mundial.

Su discípulo predilecto —por mantener siempre un tiempo de retardo con lo actual— no ha escuchado ni leído lo que su cagalitroso preceptor escribe hogaño y se mantiene en lo que este predicaba antaño, en los tiempos de la Guerra Fría. Por eso su empeño en reemplazar a la Fuerza Armada con una milicia que es el fiel retrato de las cubanas. Él necesita de un ejército personal que esté para sólo acatar las órdenes que le dé, no para lo que tipifica la Constitución. De allí su empeño en desprofesionalizar a la FAN, porque sabe que esta mantiene todavía, a pesar de los muchos esfuerzos adoctrinadores y de unos altos mandos felones y corruptos, unas reservas de moral y de civismo considerables. Por razones parecidas es que necesita tener una infancia obnubilada. Como su intención es eternizarse en el poder —siguiendo los pasos de su mentor y sus amigotes Gadafi, Hussein, Mugabe y Lukashenko—, necesita, de cara al futuro, tener una generación sin capacidad de razonar, sólo de obedecer. Por eso le ordenó a su MinPoPoDefensa que emitiera el adefesio de resolución que apareció en la Gaceta Oficial del 24 de marzo y que busca militarizar a la población estudiantil.  

Al contrario de lo que preconiza la letra de la canción infantil que sirve de título hoy, Boves II lo que quiere es revivir los famosos Figli della Lupa, Balilla y Avanguardisti con los que el fascismo de Mussolini desfiguró a millones de impúberes italianos. Al igual que este, lo que quiere es  consolidar su sistema político en las mentes más fácilmente maleables. De lograr su propósito, ya veremos que al igual que en Italia se requerirá el registro del niño en una de esas organizaciones para poder tener derecho a comidas escolares gratuitas. Así, torciéndole el brazo a los padres, irán llevando a los chiquillos hasta la adolescencia, cuando los inscribirán, chantaje mediante también , en la versión vernácula de los Fasci Giovanili di Combattimento, destinados a seguir la labor de la Balilla entre los más grandes.

Desafortunadamente, cuando mi generación estaba en la escuela lo que observaba en la escena mundial era guerra y combates por todas partes. Aún así, y aunque naves nuestras habían sufrido los ataques de submarinos alemanes en el Golfo de Maracaibo, nunca nuestros maestros —mucho menos el Estado— propulsó entre nosotros pensamientos belicistas. Se rompió relaciones con las potencias del Eje y, al final, se les declaró la guerra, pero nunca se trató de envenenar nuestras mentes infantiles con consignas guerreristas. Mis hijos y los de su generación crecieron, afortunadamente, con el canturreo ya referido al comienzo. Y quieren a su Patria como el que más. No les hizo falta que unos milicianos ignaros e iletrados  trataran de lavarle el cerebro. Sólo tuvieron buenos maestros que les profundizaron el civismo que se les enseñaba en casa. No quiero que mis nietos —ni los nietos de nadie— sean enseñados para la guerra, sino para el progreso en todos los órdenes. El de ellos y el de Venezuela.

Por todo lo anterior es que invito a todos mis lectores a aglutinarnos en contra de esos afanes de convertir a la juventud venezolana en unos zombis bajo el yugo del neofascismo de este régimen. Todos debemos unirnos. Logramos, todos de consuno, que el tipo reculara en lo de la “Ley Sapo” que exigía que fuésemos delatores de nuestros vecinos; de común acuerdo logramos que volviera grupas con su inicua Ley de Universidades. También podremos impedir este intento de corrupción masiva de las mentes infantiles. Pero estando unidos…