martes, 20 de marzo de 2012

Siria es cosa seria

Estando en Caracas la semana pasada, sintonicé el Canal Clásico de la Radio Nacional porque uno a veces tiene la suerte de que estén haciendo honor a su nombre y transmitan música clásica en vez de fárragos del Zar Coma Andante. No la tuve, estaban transmitiendo “noticias” internacionales que a la legua se notaba que eran de las que fabrica la parranda de cubanos que le impone las políticas informativas al régimen. El locutor explicaba que “millones” de sirios se manifestaron en el centro de Damasco para apoyar al régimen y para dar gracias a Venezuela por el apoyo que le prestan al presidente de ese país. Se notaba tan “cocinada” la noticia que me acordé del título de un artículo que escribí en el ya lejano 2006: “Pelea lejana, ¿problema nuestro?”



Porque eso de Boves II de salir a apoyar a Bashar al-Assad, quien ha asesinado a más de 8 mil personas en menos de un año, no pasan de ser frasquiterías y ganas de aliarse con cualquiera —sin importar su enanismo moral— que parezca adversar al imperio meeesmo.  Y si se quedara en la verborrea, pudiera hasta pasarse. Pero es que también lo favorece con unos envíos de diesel que necesitamos más aquí para que las plantas eléctricas no se paren tan seguido, y que van a contrapelo con la decisión internacional de aislar al oftalmólogo devenido en carnicero.



Pero es que el Mussolini de a locha que nos ha tocado en desgracia cree que sabe más de geopolítica (y de todas las demás materias) que todo el mundo. Solo cuatro países apoyan al actual régimen sirio. Que Rusia y China lo hagan y bloqueen las medidas que la mayoría de los países de la ONU piden a gritos, es comprensible: necesitan complicarle la vida a Occidente; que lo haga Irán, se entiende: es el único aliado y cómplice que le queda en el Oriente Próximo. ¿Pero nosotros, qué vela tenemos en ese entierro? Ninguna, solo el afán de Elke Tekonté de figurar como l’enfant terrible de la esfera internacional. Eso, en el momento en el que muchos países árabes —que deben saber mejor lo que pasa por estar más cerca, hablar la misma lengua y practicar la misma religión— le están dando la espalda a al-Assad; en que Turquía, su vecino del norte y uno de los socios comerciales más importante, está cerrando su embajada y pidiendo a todos los turcos que salgan de Siria. Más aún: el primer ministro de ese país informó que su gobierno estaba considerando la posibilidad de poner soldados turcos en territorio sirio para establecer una zona de amortiguación militar y, así, poder manejar mejor el flujo de refugiados sirios en la frontera. El presidente de la Creciente Roja turca informó que esa organización calcula el ingreso de “hasta 500 mil refugiados en una situación extrema." ¡Y el Iluminado Sabanetense desecha ese cúmulo informativo! Claro, 8 mil muertos, con un alto porcentaje de pacíficos ciudadanos entre ellos, le parecerán una nimiedad al responsable de unos 18 mil asesinatos al año en esta tierra que fue de gracia.



Termino citándome a mí mismo (cosa chocante, lo admito). Es el final de lo que dije hace siete años: “Yo no sé ustedes, pero el miedo que a mí me da es que el Primer Locutor de la República —quien está chingo de las ganas por pelear una ‘guerra asimétrica’ con el ‘imperio’, que está enamoraíto perdío del presidente iraní, y quien jura que ya tiene a la América Hispana metida en el bolsillo— le dé por tratar de embelesar a un auditorio más, el de Oriente Medio, y meta a esta sufrida y aguantadora patria nuestra en una contienda ajena.



Si leyera las poesías de Mahmoud Darwich, un gran poeta palestino, pudiera entender que esa parte del mundo está compuesta por ‘Estados artificiales, gobernados por autócratas, tiranos, clérigos y militares corrompidos, (que) mantienen en la pobreza y la ignorancia a unas poblaciones civiles caídas en la más absoluta miseria, víctimas indefensas de un Islam “puro” y arcaico que les promete el paraíso, a través de la guerra revolucionaria, o la redención material, a través de un nuevo orden’. Pero no, él prefiere leer las ramplonas de Tarek Saab...”


Un agradecido saludo

Para el poeta Joaquín Burgos, una persona con muchísimos méritos como docente, encariñado con las bellas letras y buen cultor de ellas. Aunque no puedo estar más en desacuerdo con él en lo que se refiere a política, para mí es un honor poder considerarlo como mi amigo. En su artículo del sábado pasado, comentó y hasta me dio la razón en lo que escribí el martes pasado. Es que entre la lengua y el sexo no debe haber pelea. ¡Claro, si ambos siempre se han llevado tan bien!




lunes, 12 de marzo de 2012

Algunas mujeres no quieren tener sexo

Cosa que está muy mal, porque el sexo es uno de los dones más maravillosos que les  dio Dios. Y por lo cual tanto esa minoría, como el resto de las mujeres y los que conformamos la otra mitad de la humanidad debiéramos estarle sumamente agradecidos. Pero no. Parece que unas cuantas feministas y otras tantas politicastras que creen que “se la están comiendo” andan como desaforadas, empeñadas en tener solamente “género”. Cosa que en buen español solo tienen las cosas inanimadas. Tanta influencia —mala influencia, claro— tienen que hasta una fulana “Ley contra la violencia de género” anda por ahí. Las pobres no saben que, en su frenética manía de no quedarse en lo que ellas creen que es una segunda posición, lo que están haciendo es, precisamente, “tirar la burra pa’l monte”.



Estas suposiciones mías me renacen después de que la Real Academia de la Lengua, en un informe titulado “Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer”,  evaluó la prosa con la que está escrita nuestra Constitución y la expuso como una manera infeliz de usar el idioma. Algunos de mis lectores deben recordar que desde 1998, en muchos de mis artículos, mantuve una lucha contra esa deleznable redacción con la que los "padres constituyentistas" la aprobaron. Sobrecargada, cursi, sexista a la inversa. Pero entre las feministas a ultranza (que son lo menos femenino que hay) y los ignaros rojos que no pueden ver una bandera populista porque se la apropian (como hacen con los dineros públicos, pues) se formó una especie de simbiosis —para ponerlo en el lenguaje de la Biología de tercer año— que lo que hace es reafirmar que el sentido común no es muy común entre esos dos grupos.



El ejemplo que pone la RAE en su crítica a algunas “guías de lenguaje no sexista” que parecieran proliferar tanto en la península como por América es, ¡qué pena!, el texto del Art. 41 de nuestra Constitución. Es el que comienza diciendo: “Sólo los venezolanos y venezolanas por nacimiento y sin otra nacionalidad podrán ejercer los cargos de Presidente o Presidenta de la República, Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva, Presidente o Presidenta y Vicepresidentes o Vicepresidentas de la Asamblea Nacional, magistrados o magistradas del Tribunal Supremo de Justicia…” y por ahí sigue la retahíla. Hay, indudablemente, diferencias en cómo se habla y cómo se escribe; el lenguaje escrito debe ser más enfático, más claro, porque no tiene el acompañamiento gestual del hablado. Pero, como predica Pero Grullo, “ni calvo ni con dos pelucas”.



Lo correcto, lo recomendable, sería que se buscase que el lenguaje jurídico fuese más legible. Y nos encontramos es con esa memez. Esa forma de escribir es una nueva versión de “vender el sofá”. No soluciona el problema. Porque lo que se intenta es visibilizar más a la mujer y lo que hace, por el contrario, es encasillarla en un segundo lugar: siempre las frases  comienzan con el masculino. Lo que logran es afirmar indebidamente la preeminencia de este sexo. Siempre en nuestro idioma —y en las demás lenguas romances— se empleó el sustantivo masculino para designar los dos sexos; se le dio uso genérico. No hay, en realidad, razón para censurar su uso. No creo que las feministas, cuando tienen que llamar la atención a su prole escandalosa (si es que la tienen porque, de tan feministas que son, quieren parecerse a los hombres hasta en eso de no parir) exclaman “¡Hijos e hijas, dejen de hacer ruido!” O que no vayan a los actos del Colegio de Abogados hasta que le sea agregado “y de Abogadas” al cognomento. O que manden a comprar “pollos y pollas” para un sancocho.



En verdad, hay discriminación hacia la mujer. Es muy corriente que en los casos de violencia doméstica, de diferencias de sueldo y de escogencias para altos cargos la mujer tenga las de perder. Y eso está muy mal. Debe a propenderse a la igualdad social de hombres y mujeres; es conveniente que  la mujer sea más visible en la sociedad. La verdadera lucha por la igualdad está en tratar de que se extienda a todas las prácticas sociales y a la mentalidad de todos; no en ese forzar sin sentido a las estructuras lingüísticas. No se tiene que apelar a recursos artificiales. Hace algún tiempo estuvo de moda lo de sugerir cuotas para asegurar la presencia femenina en los organismos y corporaciones. Es otra forma de compeler a la sociedad. Las mujeres de valía no necesitan esas muletas. Mercedes Briceño, Maritza Izaguirre y Haydée Castillo no las necesitaron. Las necesitan las mediocres que quieren surgir sin méritos aparte de su sexo. Como la diputada del PUS que recientemente dijo que ella era una de las “sujetas” que apoyan al Zar Coma Andante. ¡Horror!

martes, 6 de marzo de 2012

Invito a desintoxicarnos

Todos hemos tropezado tanto en la prensa como en nuestros medios electrónicos con infinidad de partes paramédicos —porque a los médicos que tratan a Boves II les tienen prohibido hablar. Son tantos que ya creo que estamos llegando al nivel de saturación. Los tósigos en exceso no le hacen bien al cuerpo; a la mente, menos. Como ejemplo de lo que asevero, pongo a Elke Tekonté mismo. Tanta droga antineoplásica, tanto esteroide y tanto menjurje de babalaos están haciendo igual daño que el que produce la enfermedad misma. O más. Por eso, les propongo que nos salgamos del tópico recurrente: la crítica a la ineptitud, maldad, corrupción y sectarismo que rezuma el régimen y dedicarnos hoy a comentar cosas del idioma. Ya sé que no es de los temas que a ustedes les gusta. Pero háganse a la idea de que es por el bien de ustedes, que es un desintoxicante que deben tomarse. Algún piquete le pondremos a los comentarios para que sean más palatables. Empleo como insumo algunos comentarios que me llegan.



1. Un lector me hizo una observación por una palabra que usé: “prístino”. “Entiendo que se puede leer como 'inmaculado', 'limpio'; pero, también como 'original’, ‘como fue creado'. (…)  son dos acepciones. ¿Me da su opinión?” Le concedí la razón y acepté mi falla. Esta fue parte de mi respuesta: “…al usar yo esa palabra cometí un anglicismo. El DRAE trae una sola acepción: ‘antiguo, primero, primitivo, original’. Revisé el viejo diccionario en latín de Casell. Y allí también tiene  ese solo significado. Y pone ejemplos: ‘In pristinum statum redire’, escribió Tito Livio. Para colmo, el Diccionario de dudas de la RAE, explica que es impropio su uso con el sentido de 'limpio o puro’. Yo siempre he empleado el término en ese sentido. Quizás porque soy pitiyanqui. En el "Webster's" encuentro que por allá tiene las dos acepciones: ‘1. having its original purity; uncorrupted, unsullied. 2. of or pertaining to the earliest period or state, primitive’. Lo que intenté decir en el artículo fue que el nombre (…) debió mantenerse en su original pureza.



2. Otro, un médico a quien le reconozco saberes no solo en su ciencia sino en filosofía y letras, hace tiempo me escribió diciendo que a él le gustaría que alguien “fuera a pernoctar a un ostracismo ergástulico, ¡per seculo secolorum! ¿Está bien escrito? (…) ¿Ve lo que le dije? Uno de los problemas de eliminar la enseñanza del latín es que se mermó la capacidad de razonamiento, y se incrementó el caletre; de allí que muchos de quienes obtienen buenas notas en las básicas de medicina, cuando se 'enfrentan' al paciente se enredan más que 'mocho tirando cohete'. Más definición que conceptualización. No saben explicar, pero recitan como el mejor”. Mi respuesta: “¡No! En ambas partes. Primero, hay un oxímoron en la frase ‘ostracismo ergastúlico’. Porque, o encierra al tipo en un calabozo inmundo, o lo manda para el destierro, pero no las dos cosas al tiempo. Y, segundo ‘seculO’ no existe. Lo correcto en esa frase sería ‘seculA’. Aunque la palabra latina correcta es ‘saeculum’ (la grafía estricta sería ‘sæculum’, pero, dejémosla de lado), que declina en ‘i’ para el genitivo singular y en ‘a’ para el acusativo plural, que es nuestro caso.”



3. Un compañero de armas y buen abogado me manda la sentencia con la que hace algún tiempo el Tribunal de la Suprema Injusticia complació (una vez más) al Mussolini de a locha que nos tocó en nuestra mala suerte. Es la que admite que se ascienda los suboficiales de carrera a oficiales técnicos. A la letra, dice: “Lo expuesto implica que dichos efectivos ostentarán, de ahora en adelante, los mismos grados de los Oficiales de Comando.” Tres errores cacográficos en solo dos líneas. El menos importante es ese par de chocantes letras mayúsculas cuando se trata de un nombre colectivo, sin importar que esos señores comanden mucho. Tampoco puede tomarse muy a pecho lo de los “efectivos”, porque a lo mejor no saben que ese sustantivo, usado en plural y referido al ambiente militar, implica “la totalidad de las fuerzas militares con las que cuenta una unidad militar, por contraposición a las que debiera tener por las tablas de organización”. Que —contrariamente a lo que uno lee con frecuencia— no hay “un efectivo” ni “cuatro efectivos”, sino “un oficial” o “cuatro soldados”. Pero que unas personas que se supone ilustradas no sepan que “ostentar” es “hacer ostentación”, “vanagloriarse”, “jactarse” y otras acciones parecidas. Cosa para lo cual no se conceden los grados. Se otorgan por conveniencia del servicio…



4. Alguien, con un tonito de sorna (o envidia) me mandó un mensaje criticando mi reciente viaje a “degustar vinos mendocinos”. Para él, solo un viejo adagio: “Vimum lac senum, iuvenis venenum”…


Mucha descalificación y poco argumento

La frase del título no es mía, se la escuché hace unas dos semanas a la vicepresidenta de España. La dijo en el Parlamento durante la rendición de cuentas semanal del gobierno a los diputados; porque por allá los gobernantes sí se sienten en la obligación de contestar, cada siete días, las preguntas incómodas que les hacen los diputados opositores. Van, el presidente y los ministros, a rendir cuentas —no a burlarse de legisladores y mentirle al pueblo, como hace el Gran Patán una vez al año porque para eso tiene dominada a la mayoría de las focas. En la sesión del pasado quince, en la sede de la carrera de San Gerónimo se iniciaba como portavoz del PSOE, Soraya Rodríguez, y no se le ocurrió nada mejor para estrenarse en el cargo que dispararle una andanada de denuestos al gabinete novel del PP. A una tocaya suya, Soraya Sáenz de Santamaría, la bella vicepresidenta ibérica, fue a quien le correspondió contestar. Así fue como comenzó: "Nueva portavoz, pero vieja pregunta. Se estrena preguntando lo mismo que preguntó Rubalcaba el miércoles pasado, parece que andan poco sobrados de elementos de crítica…” Y dejó para un poco más adelante, lo que sentó de rabo a la portavoz socialista: lamentó que el PSOE fuese a hacer "una oposición de mucha descalificación y poco argumento" y "con poco sustantivo y mucho adjetivo descalificativo".



Frases que caen como de perlas en un país en el que el oficialismo —todavía ardido por la cantidad de personas que votamos en las primarias del 3-F— ha imitado una vez más las malas costumbres y feos modales de su “amado líder” y ha empezado a corearlo con eso de “¡majunche!”, “¡cochino!” y demás lindezas del jetabulario de alguien que emplea los recursos oficiales (aparte de tratar de endiosase), no para intentar hacer más educada a la población, sino para depravar y hacer más ruines su comportamiento y sus modales. La única diferencia es que allá los denuestos los pronuncia una oposición dolida por el revolcón electoral que los sacó del gobierno, y aquí provienen de quienes no han entendido —después de trece laaargos años en el poder— que todos, toditos, los venezolanos merecemos respeto. Y que en la función oficial también es válido el aforismo que relaciona la cortesía con la valentía. Pero sería como pedirle peras al olmo (o, como dijo un deleznable diputado rojizo: “al horno”).



Los rojos, tan dados a igualar por debajo, intentan, y seguirán intentado —infructuosamente, espero— llevarnos a ese torneo de ofensas e infamias donde el drogo hojillero de VTV pareciera ser el principal corifeo y multiplicador de la porquería que sale de la cloaca miraflorina. Están chingos de las ganas de que desde la Unidad se les conteste a sus agravios y dicterios: necesitan bajar el debate al chiquero donde, naturalmente, se mueven mejor. Pero se van a quedar con las ganas. Bien bolsas serían los de la MUD y el candidato elegido si se dejan llevar a ese terreno.



Desde la alternativa democrática, la respuesta debe ser con argumentos sólidos, con razonamientos bien fundamentados, con unas palabras convincentes y al alcance de las mentes más simples, que es donde se ha aposentado (y se nutre) el potingue dizque socialista. El lenguaje tiene que ser de denuncia de las tristes circunstancias en las que está sumido el país; de censura  por la gravedad de la situación económica que están dejando tanto las medidas tomadas sin meditar bien, como la inacción inepta, y el afán populista; de revelación de todos los negociados, matuteos, corrupción  y coimas que abundan en las alturas del poder, Pero sin caer en bajezas. Que cale en las masas pero que —con palabras limpias, sinceras y nobles— se les haga ver cuánto y cómo las han manipulado estos trece años, se les explique que sí puede haber verdadera redención para ellas sin que tengan que vender su alma.



Ya Elke Tekonté ha proferido insultos de todo orden. Parece que es lo único que sabe hacer bien —aparte de hacerse el loco cuando ve que los suyos están robando a manos llenas. Ha quebrantado la Constitución repetidas veces. De hecho, la desvirgó cuando apenas era una neonata. Una de las más recientes violaciones perpetradas fue lo de sacar a relucir la religión de algunos de los ancestros del candidato de la Unidad, como si profesar la fe con la que nació, creció y murió Jesús fuese algo vergonzoso. Esa insinuación va contra la letra y el espíritu constitucionales. Y demuestra lo preocupado que está por la aceptación que tiene su contrincante entre los pobres que ahora sí comienzan a percibir que lo que ha hecho el régimen es pisotear su dignidad y tratar de bajearlos "con poco sustantivo y mucho adjetivo descalificativo", como dijo la española de bellos ojos.


martes, 14 de febrero de 2012

Orgulloso de mi dedo manchado

Escribo en horas de la tarde del domingo, antes del cierre de las mesas de votación. Pero no quiero demorar más para expresar mi contentamiento por lo que presencié durante los comicios. Y vi bastante porque recorrí  seis centros de votación y visité más de treinta mesas. En cada una de ellas, los reportes que recibía de quienes llevaban el conteo de los sufragantes  daban pie para el optimismo.


El gentío esperando turno justificaba la exultación. Y, así como en la ciudad donde vivo, en toda Venezuela; lo que se ve y escucha por la televisión es una inyección de fe para quienes dudan que la democracia puede volver a dirigir la nación y una vacuna contra el desánimo y la indiferencia de algunos. Nada lograron las argucias de los laboratorios de guerra sucia dirigidos por ñángaras cubanos que inventaron amenazas de que iban a filmar a los votantes, que quien votara quedaba sin misión automáticamente; nada pudieron las coacciones ni los hostigamientos de las bandas rojas. Nada pudo la profecía del maléfico embaucador sabanetense que vaticinaba “No habrá primarias”, tan pelado últimamente en sus presagios. La cantidad de votantes le dio en la madre…

La jornada fue una demostración de que no hay necesidad de dictar leyes secas, ni cerrar calles, mucho menos fronteras, para que se pueda llevar a cabo una elección con tranquilidad. Lo que se requiere es dar demostraciones de civismo y ejercitar la ciudadanía. Debo reconocer que el empleo de soldados de las Fuerzas Armadas y no milicianos para el Plan República también hizo menos ominosa y más gentil la presencia de los uniformados en los centros de votación.

Estoy, por todo lo anterior, henchido de orgullo por mi dedo manchado de morado. Cuando la muchacha me dijo que no era obligatoria la marca de tinta, le dije que lo sabía pero que igual  iba a meter el dedo para mostrar todos estos días mi —parafraseando el título de una novela de Stephen Crane— “insignia púrpura del valor”. Valor cívico, en este caso. ¡Y lo zampé hasta donde dice Colimodio! (que es como decíamos antes cuando metíamos algo hasta la cacha). La marca me llegó hasta la segunda falange). Todos estos días, andaré de lo más mono mostrando que cumplí, una vez más, con la patria.

No sé quién será el vencedor o la vencedora (para escribir ex profeso con el estilo chambón de los rojos  y de las feministas a ultranza); lo que sí sé es que quien resulte vencedor en esta hermosa justa será mi candidato de aquí en adelante. Porque en las elecciones de octubre —y de diciembre, y de abril del año que viene— no se votará “a favor de” sino “en contra de”. En contra de esa pérdida de las libertades, derechos y garantías que intenta conculcarnos el régimen actual; en contra de la ineptitud que caracteriza a los rojos que ocupan cargos públicos que les quedan grandes y que creen que las torpezas e impericias pueden ser compensadas con el carné del PUS; en contra del despilfarro de colosales recursos nuestros para comprar amigos en el exterior que han dejado exhausto al erario; en contra de los intentos de adoctrinamiento de muchachitos a los que se arma de fusiles con la alcahuetería de diputados y oficiales; en contra de los intentos de conversión de la Fuerza Armada en un organismo político para la represión de quienes osamos pensar diferente a como quiere el Pesimiente (neologismo para describir a alguien que al mismo tiempo que es pésimo en la toma de decisiones ejecutivas, miente descaradamente para tratar de mantenerse en el cogollo a como dé lugar). En contra, en fin del estalinismo mondo y lirondo que se trata de imponer en Venezuela desde hace una década y que ha dejado al país nacional en estado de postración.

Para lograrlo, todos deberemos, entusiasmados, darle un decidido apoyo a la persona seleccionada por la mayoría de los votantes, hacer esfuerzos para el reclutamiento de indecisos y apáticos, y mantener el valor cívico…

Otrosí 1
Este domingo se celebró el Día Mundial contra el Reclutamiento de Niños para Movimientos Armados. No tuvo titulares en nuestra prensa porque había la prioridad de las primarias, pero hay que resaltar que, mientras en otros países se repudia ese hecho, aquí ministros, diputados y militares activos aúpan y se retratan con criaturas armadas de M-16. Otra razón más para salir de este régimen.
Otrosí 2
La semana que viene no aparecerá esta columna; estaré fuera del país, haciendo un curso intensivo sobre vinos mendocinos,  y lejos de computadores; pero el 28, el 28 —como entonaba Semtei—, estaré de vuelta por estas páginas. Gracias por la deferencia con la que me honran por ser mis lectores.

sábado, 11 de febrero de 2012

Al que no vote, le cae


Me niego a ver vainas ridículas y a escuchar mentiras; por eso no me calé el desfile con el cual el régimen, una vez más, intenta desdibujar la historia para justificar lo que fue una vulgar asonada cuartelera y convertirla en algo digno de ser elogiado. Resulta que, para esa gente, hay golpes buenos y golpes malos. Para ellos, puede haber relatividad en los principios. Ven en blanco y negro solo cuando les conviene.



Ahora salen diciendo que se sublevaron de repente, insuflados por un hálito divino, contra un supuesto golpe de derecha. Que no existió nunca. Fue solo el invento de alguien en la infame Sala Situacional para difuminar lo que ya el gorila mayor había explayado: que él y su logia estaban conspirando desde los años ochenta.



Por no haber logrado los objetivos que se trazaron para el 4-F, y por ser ésta una revolución inventada, no han podido reemplazar del todo a las Fuerzas Armadas con sus milicias. Se ha demorado un El desfile fue diseñado para asustar a los que intentamos votar en las primarias. Y mostrar que ahora las milicias tienen más poderío que las fuerzas armadas constitucionales —exhibieron sistemas de armas que no están adscritos a las unidades regulares sino a ese brazo armado del partido gobiernero. Pero perdieron su tiempo: no van a amilanarnos. El domingo próximo, todos los que queremos el bien de la patria vamos a votar. Allí estaremos todos los que creemos que puede haber una Venezuela más justa, un país donde no se condene por pensar diferente, un gobierno menos opresor, unas instituciones en las cuales las decisiones las tomen venezolanos mejores y menos rapacidad que los actuales.



poco el eclipse de las FAN como institución y su sustitución por una milicia inconstitucional. Pero de que estamos en esa vía, estamos. Lástima que hay quienes parecieran no darse cuenta de esa amenaza.



La estrategia del en mala hora hegemón ha sido no una de fortalecimiento de la Fuerza Armada sino de debilitamiento —sin importar cuántos sistemas de armas compre y cuanta verborrea gaste en asegurar lo contrario. Necesita su debilitamiento para mantener el control sobre la institución. Uno de sus estratagemas ha sido la selección de una cúpula militar muy mediocre y corrupta, a la cual —sin embargo— se le ha dado honores inmerecidos y autorización para que se enriquezca. Condición: que repitan las falacias de Mentira Fresca.



Este, según reseña la prensa, habló del “sacrificio de los jóvenes estudiantes (…) de Valencia que se unieron en la rebelión”. Y llega al descaro de hablar de quienes, según él, “masacraron al pueblo”. Vamos por partes. En Valencia, la masacre la comenzó el grupo de vándalos (no de estudiantes) que atravesó la ciudad —desde Bárbula hasta el módulo de Canaima, a unos 15 kilómetros— para un deporte que ellos inventaron: “cazar policías”. A tal fin, emplearon vehículos y armas robadas. Causaron muertes y heridas entre personas que no estaban haciendo mal a nadie, que estaban acuarteladas, casi indefensas, armadas sólo con revólveres “cach’epalo”. Y que tuvieron que sufrir el ataque aleve de una banda numerosa que disparaba armas mucho más potentes. Ese ataque cobarde, ahora quieren convertirlo en “gesta revolucionaria” con “héroes” a los que las aureolas les quedan grandes.



Ya lo saben, el domingo vamos a votar en masa. Y a quien se quede en casa, ¡le cae!... la vergüenza de no haber participado en una empresa hermosa que busca la redención nacional.



Aclaratoria

El miércoles pasado tuve el honor de participar en una de las mesas redondas que auspicia El Carabobeño con los precandidatos de la MUD. La reseña del evento, por aquello de lo precario del espacio periodístico, hizo que yo apareciera afirmando que “este es un régimen militarista y, como tal, tiene que tener a un militar que reprima e intimide a la población”. La primera parte, la ratifico; pero la segunda hace parecer que yo generalizo en el criterio. Afortunadamente, la pregunta la llevé escrita. Lo que dije, textualmente, fue: “El actual es un régimen militarista; por lo que requiere de un tipo especial de militar; uno, no que disuada a un posible invasor sino que reprima e intimide a sus conciudadanos; que recuerde la posesión de la ‘violencia legítima’ de la que habló Trotsky; y que preste su imagen para una supuesta capacidad de mando y eficacia que, lamentablemente ha quedado negada por los hechos (…)¿Cómo hacer para que el nuevo gobierno pueda reencausar hacia la institucionalidad a todo este aparato?



Fíjense que explico que es un tipo “especial” de militar. Uno que no se corresponde con los parámetros profesionales actuales en otras naciones civilizadas, sino con los que le convienen al régimen. O sea, uno en el cual no valen los méritos ni la verticalidad, sino la ilusión de sometimiento…

Razones para votar

El candidato o la candidata —escribo imitando el estilo chambón que los rojos han impuesto en contra del buen decir para ser dizque ‘políticamente correctos’— que venza en las primarias del 12 será quien tenga la responsabilidad de medirse con Mentira Fresca en las elecciones de octubre. No es tarea pequeña, sabiendo de la falta de escrúpulos y el abuso de poder que lo caracterizan y la inmensa mochila de plata que tiene para tratar de mantener viva su robolución a punta de mentiras, intimidaciones y compra de votos. Pero quien logre vencer dentro de dos semanas también será quien prevalezca dentro de nueve meses en los comicios presidenciales. Porque, sin importar de cuántas triquiñuelas, ardides y fullerías se valga Su Sabanetense Obesidad, los venezolanos ya han descubierto que solo él es el responsable por todo lo que ha retrocedido la nación. Por estar subordinado a las órdenes que recibe de su cagalitroso mentor cubano.



Si un presidente en el pasado explicó que recibía un país hipotecado, quien venza ahora lo va a recibir quebrado. Peor: en ruinas. Económica y moralmente hablando. Porque los afanes populistas de estos trece malhadados años no solo han acabado con cualquier riqueza que haya tenido la nación, sino que han corrompido a una parte importante de los venezolanos, enseñados a vivir pegados de la ubre de la res pública. El tipo no se conformó con gastar todo lo que había en caja, sino que ha endeudado al país de manera tal que aun nuestros bisnietos van a estar pagando. Y si no lo paramos, hasta nuestros tataranietos van a estar cancelando lo que el hitlercito de la locha nuestro ha malgastado en comprar amigos por fuera y prostituyendo, a lo interno del país, a los más lábiles de mente.



Siendo así, al candidato o la candidata (para seguir en el menguado estilo oficial) le corresponderá conformar un gobierno de “salvación nacional”, para emplear una frase de la Revolución Francesa. Porque —algo que no ha entendido el hegemón actual después de estos trece laaargos años— un gobierno no es solo un presidente; es un presidente y sus ministros. Todos los venezolanos hemos visto, y sufrido, la carencias de unos gabinetes conformados por unos individuos con muy poco en la cabeza y sin capacidad gerencial alguna. Son tan poquitos los que tiene Elke Tekonté que, cuando fracasan en un cargo, no los destituye sino que los rota hacia otros cargos. Donde pondrán la torta también, porque lo único que los mantiene en las alturas del poder son sus obsecuencias y sus carnés rojos. Es esencial que quien venza en las primarias tenga la capacidad y la voluntad de convocar a los mejores —dondequiera que estén— para que ayuden en el gobierno.



Y, después de juramentados y de haber recibido las líneas gruesas para la acción, dejarlos ejercer sus iniciativas en sus respectivas áreas de responsabilidad. Si de algo sufre el país actualmente es de inmovilismo. Lo que yo llamé hace algunos años el “síndrome de la radiografía”: “No hable, no se mueva, no respire, hasta que yo se lo diga”. Esa manera de mandar (que no es sinónimo de gobernar) es la que ha revertido todo —contrariando tanto el espíritu como la letra de la Constitución— hacia un ineficiente centralismo que es peor que el que había antes de 1990. Porque ya no es siquiera caraqueño, como aquel, sino de un pedacito de la avenida Urdaneta, de Bolero a Camino Nuevo, para ser más exacto. Todo se decide en un sótano palaciego (o cuartelero), sin enterarse de los problemas reales que sufrimos los venezolanos. Por eso es que están como están las autopistas, los hospitales, las escuelas y pare usted de contar.



También, y por eso mismo, quien venza tiene que tener claro que sus principales colaboradores, además de los ministros, son los gobernadores y los alcaldes de las ciudades principales. Y que a ellos, para que lo ayuden deben ser devueltas las competencias que les fueron arrebatadas inconsultamente apenas arrancado este régimen. Al votar, los interioranos debemos tener muy presente la diferencia de cómo funcionaban las cosas antes del arrebatón y ahora, cuando todo se cae a pedazos por la ineptitud y la desidia oficiales.



Hay que ir a votar en febrero para ayudar a quien deba acometer esa colosal tarea de volver a hacer vivible a Venezuela. Y a esas votaciones hay que ir con la mente clara, a sufragar por quien uno crea que es el mejor; sin dejarse obnubilar por la contaminación demoscópica, por encuestas, muchas de ellas hechas —siguiendo la moda oficialista— a la medida para el encumbramiento de quien las contrata. O sea, hay que ir a depositar nuestros votos sin dejarse llevar por “la farandulización del debate público”, para usar una frase afortunada de Antonio Sánchez García este domingo.