lunes, 15 de noviembre de 2010

Mi libro primero


Así se llamaba el texto con el que nosotros, los que no tuvimos la dicha de saber lo que era un kindergarten, sino que entrábamos de un solo guamazo en primer grado, aprendíamos a leer. Pero no es a ese que quiero referirme. Ese, y los que lo siguieron, eran de lectura escolar. Al que quiero hacer mención es al que, sin ser texto obligatorio, fue el primero mío y que inició mi afición por los libros. Era “Corazón”, la versión en español de “Cuore”, de Edmundo De Amicis, que me regalaron con motivo de mi primera comunión. Me causó una gran impresión. Tanto, que durante mucho de mi vida adulta y mientras se conseguía en las librerías, era mi regalo para los primocomulgantes hijos de parientes y amigos.

Pero, permítanme una digresión, ya que a primeras comuniones me referí. En las clases de Catecismo que son necesarias para la preparación para ese evento — tan significativo que Napoleón afirmó que había sido el día más importante de su vida, no su coronación— aprendí de memoria las “Obras de Misericordia”, tanto las espirituales como las corporales. Y durante toda mi vida he tratado (muchas veces sin éxito) de cumplirlas. Por ejemplo, recientemente, y en razón de una tacha que se me impuso —a mi manera de ver excesiva— he estado recitando muy seguido aquello de “Soportar con paciencia las molestias que nos causan nuestros prójimos”. Y deseando que la otra persona —la que me mandó a decir que me llamaba al día siguiente para decirme sus razones— recuerde que entre esas mismas “Obras”, están: “Corregir al que yerra” y “Dar buen consejo a quien lo necesita”. Si es que ese era su afán, no lo ha logrado porque, transcurrida una semana entera, todavía estoy esperando la llamada que me ofreció por tercera persona. Dicho esto, y ya aliviado de una carga, regreso al tema.

A la edad que tenía cuando me lo regalaron, no sabía qué era un calabrés, un sardo, ni un lombardo; ni dónde quedaba Turín. Aún así, lo disfruté mucho porque se supone que el libro fue escrito por Enrico, un niño de tercer grado que, en el lenguaje simple de sus once años, cuenta lo que sucede en su escuela. También incluye los cuentos que el maestro narra una vez al mes a sus alumnos, y las cartas que el padre le escribía a Enrico para corregirlo, felicitarlo o comentar algún evento.

“Corazón” me permitió identificar a muchos de mis compañeros de clase con los de Enrico —el matón, el primero de la clase, el caballerito, el que crecía con muchas estrecheces, etc.). Pero también fue un libro que me puso el corazón como una pasa al leer acerca de los sufrimientos de Marco en busca de su madre en el cuento "De los Apeninos a los Andes"; de la expresión viril y honorable del caballero rico que regaña a su hijo y lo obliga a pedir perdón a un humilde carbonero al que el muchacho le había faltado al respeto; de lo que siente Enrico al saber que su maestra de segundo grado se está muriendo de tuberculosis.

Durante mi primera visita a Roma, me compré "Cuore" en italiano y me lo devoré en las largas esperas en los aeropuertos y el trayecto de regreso, ahora con una mejor comprensión de las circunstancias geográficas e históricas en las que se desarrolla la historia. Tuve que reconocer que Umberto Eco no exageraba cuando lo describió como "un grande mare di languorosa melassa". Pero también me encontré con que todavía uno, a pesar del montonón de años que tiene, puede sentir ternura en el corazón.

El libro fue escrito con la intención de consolidar la italianidad en una sociedad que todavía pensaba a nivel regional —y en eso resultó un gran éxito: entre su publicación en 1886 y 1923 se vendió un millón de ejemplares. Por ese afán unificador es que se incluye la anécdota de un pobre muchacho de Padua, que, cuando se da cuenta de que un par de catalanes que le habían dado limosna estaban hablando mal de Italia, les arroja con violencia a sus caras las monedas que le habían dado. Por esta misma razón es la historia de la reprimenda que el director de la escuela le da a Franti, el villano del libro, que se burlaba de unos soldados que pasaban, sudorosos, polvorientos y hacia el frente, a través de la ciudad y a quienes se les imposibilitaba castigar al muchacho porque iban marchando en formación. Debido a ese deseo de unificación, es que el maestro pone a Garrone, el muchacho de buen corazón, a leer una tarea que les había impuesto a los alumnos acerca de la figura de Mazzini, a pesar de que aquel el día anterior había enterrado a su madre.

"Corazón" sigue siendo un libro que se puede regalar a un niño. Lástima que ya no se consigue. Por lo menos en Venezuela.

martes, 9 de noviembre de 2010

Ineptitud y jalabolismo


Son dos máculas terribles en cualquier persona, pero en el caso de los funcionarios públicos éstas llegan a la categoría de lacras. ¡Pero cómo abundan en el régimen actual! Pareciera que, aparte del carné, son requisitos para los cargos que detentan (y empleo bien el verbo). Uno los ve los domingos, cuando escuchan arrobados y aplauden enloquecidos los chistes malos y las canciones desafinadas que salen de la garganta de Elke Tekonté, y cuando dan respuestas mentecatas a lo que les preguntan. Y a uno no le queda sino maravillarse de tanta sandez y obsecuencia juntas. Pero parece que el desprecio colectivo les resbalara. Para ellos, lo importante es ‘estar en la buena’ con su generoso patrono —quien les perdona toda su ineptitud, se hace el loco con sus latrocinios y pareciera que no le importara el desempeño de esas personas sino su vasallaje— para poder seguir medrando, pegados a la ubre de la res-pública.

Por aquí, en Valencia, el máximo representante de esa fauna es quien, en mala hora, se sienta en la silla del alcalde, cargo que le quedó grande siempre y que pareciera habérselo conseguido en una caja de Corn Flakes. Porque merecimientos para reemplazar a Paco Cabrera no tenía. Ni tiene. Siempre fue un funcionarito gris que daba unas declaraciones insulsas a la prensa cada tres semanas, cuando estaba en Corpocentro, y que los periódicos relegaban a una página par —casi siempre después de la sexta— como correspondía a las simplezas que informaba. De su experiencia en esa corporación (si es tiempo pasado puede reputarse como experiencia), pareciera que lo único que trajo al gobierno municipal fue su persistencia en meter en la nómina a familiares suyos. Con lo que la gerencia municipal sufre. Tanto, que en una muestra de candidez, uno de sus subalternos acaba de declarar que en lo administrativo han tenido que pedir asesorías a miembros de la gestión anterior, tan denostada por el munícipe actual.

Es un tipo jactancioso pero mal administrador. Tanto, que tuvo el tupé de declarar que Valencia no necesitaba el situado que le mandaba el gobierno estadal, que podía quedárselo porque con los ingresos propios tenía más que suficiente. Jactancia estúpida que ha tenido que tragarse porque, al no conseguir él en Caracas —a pesar de que es un invitado permanente al Consejo de Ministros— los dineros para la continuación de las obras del Metro, ni defender a los industriales valencianos,  los comercios de la avenida Bolívar y las empresas de la Zona Industrial han tenido que cerrar y, por tanto, las entradas por ‘Patentes de Industria y Comercio’ se han ido al suelo. Si no fuera por la platica que, como limosna, le dio Boves II, no hubiera podido terminar de pagar la nómina este año.

Es por eso, y por otras cosas más que desgranaré más abajo, que apoyo con las dos manos alzadas la proposición que asomó Antonio Ecarri de que se organice la revocatoria de su mandato para ver si el copartidario suyo que haya de sucederlo por escogencia del Concejo le quita a las calles de la ciudad ese aspecto de paisaje lunar lleno de cráteres, mejora algo el servicio de recolección de desechos y —recordando aquello que dijo don Simón acerca de la oscuridad y el crimen— ilumina un poco las avenidas.

Enumero algunas cosas que he escuchado por ahí y que —además de las cosas que ya dije en el párrafo anterior en relación con el día a día de un alcalde— justifican la defenestración del tipo: contrariando lo que dice el ordenamiento legal, no ha entregado memorias y cuentas por los dos años que ha estado mangoneando (claro que cuentos basados en su desmemoria si ha echado, ¡y bastantes!); hasta el día de ayer no había entregado al Concejo el proyecto de presupuesto para el año que viene; no convoca la reunión trimestral con los concejales y los vecinos que ordena la LORM; el descontrol es tal que no se sabe cuánto ha aumentado la deuda del municipio en estos dos años, pero dicen que pasa de los 500 millones.

Ya alguna vez, emití la opinión de que el señor alcalde no era capaz de resolver la enterrada de un perro así uno le proporcionara el hueco. Hoy lo ratifico. Sin importarme si se ofende muchísimo y le pide a un fiscal copartidario, o a un juez de los que grita ‘¡Uh, ah!’, que inicie un proceso parecido a ese en el que logró que condenaran a Pancho Pérez por explicar que en los predios municipales algunos se despachaban y se daban el vuelto.

¡Ah, se me acaba el espacio y no he tocado lo del jalabolismo! Baste decir entonces que la declaración de que ‘El partido del presidente-comandante es la Fuerza Armada’ aparte de ser despreciable por lo arrastrada, constituye una ofensa a la Constitución; la cual explica que esta es una ‘sin militancia política’ que ‘está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna’...


Carta a un cubano de los nuevos


En principio, déjame que te diga: ¡Bienvenido! Porque en Venezuela siempre hemos recibido a los extranjeros de buena manera desde los tiempos más remotos. Pero eso no quiere decir que tu presencia entre nosotros no nos incomode. Porque para nosotros tú eres un invasor; tu representas a una “potencia” que intenta colonizarnos después de dos siglos de habernos sacudido ese yugo de un imperio de verdad-verdad. Pero, aún así, lo que la gran mayoría de nosotros siente por ti no es odio. Quizás, algunos sientan desprecio, pero lo que la mayoría siente por ti es lástima. Porque tú no eres sino un trabajador forzado. Y no digo que eres un esclavo porque algo te paga nuestro gobierno por tu trabajo. Mientras que la parte más gorda de lo que valen tu sudor y tus conocimientos se la entrega el manirroto encargado del Ejecutivo nuestro al Estado tuyo. Que es quien te explota. Tú no viniste porque tú decidiste; fue un jerarca de la nomenkatura cubana quien decidió quién venía y a quién no se podía dejar salir. Y como prenda de tu regreso quedó tu familia de rehén. Nadie de tu entorno cercano vino contigo. Tu mujer, tus hijos o tus progenitores quedaron secuestrados de hecho por el Estado. Solo para asegurarse de que tú regresas a tu isla-prisión.

¡Claro que a ti te convenía venir! Lograste lo que millones de compatriotas tuyos no han podido: montarse en un avión y conocer otros horizontes. Y, hablando por todo el cañón: si te pones la mano en el pecho, tendrás que reconocer que cuando termine tu estada entre nosotros —no porque no quieras quedarte, sino porque te devuelven a juro— en ese año o dos, te habrás comido más bisteques que los que habías disfrutado en toda tu vida antes. Te reto a que me digas si es mentira lo que yo digo. A menos que tú seas uno de los aparatchnik  que allá se puede dar buena vida porque es de la cúpula del partido y llegaste aquí para velar que ninguno de tus paisanos se le ocurra adquirir “decadentes gustos burgueses”, como acostumbrarse a usar jabón, dentífrico y papel higiénico cuando está en el baño. Ni que —haciendo uso de ese deseo de libertad  que es innato en el género humano— decida quedarse por aquí, o emigrar a otro país cuando se le venga en gana.

Notarás que hay una diferencia enorme entre el cariño, el respeto y hasta la admiración que profesamos hacia los paisanos tuyos que viven entre nosotros desde hace décadas y la lástima y el desprecio que sentimos hacia ti. Ellos llegaron como tantos y tantos inmigrantes que hemos recibido a lo largo de nuestra historia: venían luego de haber perdido todo por decisiones desafortunadas de los regímenes que mandaban en esos países en esos tiempos. A tus paisanos les quitaban hasta las medallitas de oro antes de dejarlos abordar el avión o el buque. Y aquí arrancaron con denuedo y hoy pueden mirar hacia el pasado con satisfacción por lo que han logrado para ellos y para su patria adoptiva. En cambio, tú representas a una autocracia que busca esquilmar nuestras riquezas para poder saciar el hambre que su incompetencia de medio siglo ha generado en un país que estuvo muy cerca de ser del primer mundo antes de que los barbudos llegaran.

Te pongo un par de ejemplos que estoy seguro entenderás. Tus bisabuelos sentían por los soldados españoles —que venían de la metrópoli a agotar las riquezas del país, a someter a tus antepasados mambises y a mantener los obscenos privilegios que tenían los peninsulares— lo mismo que sentimos nosotros por ti. Y por las mismas razones. Ahora, ponte tú en las botas de uno de esos soldados españoles: tú crees que estás haciendo labor de patria, porque tus esfuerzos y denuedo servirán para alimentar a tus compatriotas que se quedaron. Pero en realidad, tu vigor sólo servirá para seguir llenando las arcas y las panzas de los mandatarios que deciden sobre vidas y haciendas por allá.

Imagínate ahora cómo nos sentiremos nosotros, quienes —a casi ciento noventa años de haber sacado al último soldado español y más de cuarenta de haber vencido a tus antecesores que vinieron como guerrilleros a socavar nuestra incipiente democracia— vemos la paradoja de que una “potencia” que tiene menos de la mitad de nuestra población y menos de una vigésima parte de nuestra economía se ha enseñoreado (permitido por alguien que jura y perjura que es un gran patriota, es verdad) en los puntos claves de nuestra circunstancia. ¿Qué hacen paisanos tuyos, que vienen de un país donde no hay propiedad privada, mangoneando en nuestros registros? ¿Cómo verías tú que venezolanos dieran órdenes en instituciones tan vitales como las fuerzas armadas y en los servicios de identificación cubanos? Y, por último, ¿aceptarías tú que un policía venezolano te apresara en una calle habanera? Entonces, ¿por qué nosotros sí debemos calarnos esa potestad que tienen los del G-2 aquí?

martes, 19 de octubre de 2010

Destrucción fríamente programada

No me cabe duda; lo que está sucediendo en Venezuela es algo producido por una mente maligna asesorada por un grupo de 'avispados' que saben para quién es la ganancia cuando el río está revuelto. No puede ser una cosa meramente fortuita que con tanta precisión se esté destruyendo el aparato productivo nacional, independientemente de que sean empresas agrícolas, industriales, ganaderas o comerciales. Es el resultado de una concepción ignara, que jura que se las sabe todas, que dice que es marxista sin haberlo leído, que no tiene escrúpulos —caridad, mucho menos— y cuyo cometido único es el mantenimiento del poder indefinidamente. Por el medio que sea. Pero esa mente (si es que se puede llamar mente a lo que se encuentra dentro de esa bóveda craneal), de por sí difusa, narcisista y poquísimamente cultivada, es 'alimentada' por una caterva de 'planificadores' que son, unos tan ilusos como El Poseso mismo, y otros —la mayoría de ellos extranjeros— guiados por la malignidad hacia nuestra Venezuela. Un país que había funcionado y avanzado, mal que bien, por cerca de doscientos años. Unos de los 'asesores' actuando por una razón utópica: crear un mundo nuevo donde un hombre nuevo acepta como credo la igualdad milimétrica de todas las personas y la preeminencia absoluta del Estado. Otros, por halar la brasa hacia la sardina de su isla —un país que estuvo por ser de los primeros de América Hispana en convertirse en uno del Primer Mundo— y así tratar de salvarla de la pobreza y la hambruna más espantosas. Productos, precisamente, de otros planificadores y ejecutores que también intentaban crear un mundo y un hombre nuevos ¡Y vaya que sí eran ejecutores! Si no, que lo digan las paredes de La Cabaña.
Las noticias y, sobre todo, las estadísticas de estos días pasados demuestran la vesania con la cual se quiere acabar con la producción. Como ya casi no quedan industrias privadas a las que se les pueda sabotear desde adentro con sindicatos paralelos y desde afuera con exacciones abultadas, reglas imposibles de cumplir y confiscaciones disfrazadas de expropiaciones, ahora intensifican el ataque contra agricultores y ganaderos. Para nada, aparte de arruinar la producción. ¿O es que "El Charcote" está sacando aunque sea una centésima parte de las reses que enviaba para el matadero antes de la expropiación? ¿O es que "La Carolina" está produciendo, con las mismas vacas, una décima parte de la leche que antes de la confiscación mandaba para las pasteurizadoras? ¿O será que la 'Agropatria' que constituyeron sobre la robada 'Agroisleña' va a funcionar tan eficientemente en la entrega de fertilizantes y la financiación de cosechas como la original? Y pudiera seguir haciendo preguntas como esas hasta el cansancio, pero son sólo ochocientas palabras las que tengo asignadas.
Más de dos millones de hectáreas han pasado a manos del Estado mediante 'expropiaciones' que no son pagadas ni están acordes con lo que establece la Constitución, o bajo la figura del 'rescate', esa aberración en la que unos funcionarios públicos —que de acuerdo a los principios generales del derecho administrativo deberían actuar con la diligencia de 'un buen padre de familia'— capitanean gavillas de dizque necesitados pero que no son sino lumpen acarreado en autobuses oficiales desde las ciudades y que no tienen NPI de lo que es el cultivo de la tierra. Todas ellas, con una característica común: la más grande falta de piedad y de consideración para con los dueños legítimos de la tierra. Hasta muertos tienen en su haber. Menciono uno solo: Franklin Brito, por si se les ha olvidado. Con todos esos 'esfuerzos rescatistas' —más las absurdas restricciones al adecuado ajuste de los precios en un país que en tres años su inflación ha sobrepasado el 80 por ciento, y sin tomar en cuenta que la mayor parte de los insumos, maquinarias y equipos empleados en el campo son importados, por lo que han sido impactados por las reformas cambiarias— lo que el régimen ha logrado es que haya una terrible disminución de la producción agrícola y la desincorporación de vastas extensiones de tierras del proceso productivo.
Las estadísticas que Fedeagro dio a la prensa carabobeña a fines de la semana pasada son más que dicientes: 'En 2010 la siembra de arroz fue el 46% de la cantidad del año anterior, en maíz la superficie de siembra es inferior al promedio de la década anterior, en sorgo bajó también, en caña de azúcar hubo un descenso del 40%, y en café disminuyó la producción en 600 mil quintales'.
¡Ah!, pero mientras esto ocurre, por los puertos son descargadas toneladas y más toneladas de alimentos importados por el Estado, con lo que, en vez de financiar la agricultura y la ganadería locales, fomenta a los productores de los países con gobernantes chulos del nuestro: argentinos, brasileros, bolivianos y nicaragüenses. Está demás decir que la mayoría de las importaciones son trianguladas con Cuba, porque hay que ayudar a los camaradas. Y a los boliburgueses, claro...



miércoles, 13 de octubre de 2010

Mentiras, puras mentiras

En razón de que la semana pasada me referí a tres clases de golpe que se han dado recientemente, uno de los lectores me reclamó por correo y me decía que debería también haber incluido lo del Ecuador. Le expliqué que existían tres razones por las cuales no lo había hecho. La primera es que cuando no se cuenta sino con ochocientas palabras para opinar, uno tiene que ser muy selectivo; la segunda, que yo me referí sólo a los golpes que nos dieron a los venezolanos con las maromas gobierneras-legislativas antes y después de las elecciones, más los muy cobardes golpes dados por el comandante de la brigada — arropado en la mayoría numérica y la fuerza de las armas— a un ciudadano desarmado que estaba en una vía pública haciendo uso del derecho de reunión pacífica y sin armas de la que habla la Constitución; y tercero, y mucho más importante, que lo que hubo en el Ecuador el pasado 30 de septiembre no fue un golpe de Estado sino un piche problema de orden público que tuvo su causa en una revuelta policial. Que Correa —asesorado por el único que sabe de asonadas cuarteleras en Venezuela (porque dio la única que ha ocurrido aquí después de la lejana matazón de Puerto Cabello) — haya aprovechado esa sublevación para su provecho político al  calificarla como un intento de golpe de Estado en su contra es otra cosa.

¿Han visto algo más teatralmente cursi que ese desgarrarse la camisa en el balcón, cuando ya estaba rodeado por varias docenas de sus espalderos, chillando que si querían matarlo fueran allá a hacerlo? Pura muela de la que utiliza frecuentemente su mentor y “mecenas”, el superhistrión sabanetense. Y que salió apuradito a defender la versión: "Para dar un golpe no hace falta tener una gran fuerza militar (...). No movieron tanques ni aviones, fue un pequeño grupo, azuzado por el enemigo, el que casi mata al presidente". Es que era tan chambona y hasta folklórica la perturbación que había que explicar por qué unidades de las fuerzas armadas ecuatorianas no aparecieron por parte alguna. Y, claro, más atrás venían las acusaciones contra el imperio, la CIA el Pentágono y demás perendengues.

Pero, como ya al tipo no le creen ni el Credo, tuvo que ponerse a buscar refuerzos en eso de mentir. “¿Qué hago, Dios mío meeesmo? Ya al camarada Evo no le creen después del rodillazo a un contrario en un juego ‘amistoso’; cada vez que llamo a la Cristina, el edecán me dice que no puede atenderme porque se está poniendo bótox, con tanta plata como le mandé en maletines cuando su campaña; a mi padre Fidel no puedo molestarlo porque está muy ocupado echándoselas de Gandhi después de viejo, alertando de guerras nucleares, siendo que él fue quien intentó meter cabezas nucleares soviéticas en la isla. ¡Ah, ya sé! Porque yo me las sé todas y una más. Como está de moda lo del premio Nobel de ese lacayo del imperio, Vargas Llosa, voy a conseguirme a otro que no me salga muy caro... ¡Edecán, comuníqueme con Pérez Esquivel!”

Y, dicho y hecho, al día siguiente mismo, ya el argentino que se encontró un Nobel en una caja de Corn Flakes estaba montándose en un avión —hay que preguntarse quién habrá pagado ese pasaje y esos viáticos— para darle mensaje de "solidaridad y apoyo al pueblo ecuatoriano" y para pontificar que lo que hubo "no fue sólo un intento de golpe de Estado contra el Ecuador, sino contra todas las democracias latinoamericanas". La hipérbole de las cobas, pues.

Como coba también fue ese fingido arrebato de humanismo demostrado por Boves II en su intervención televisiva para llamar a sus amigos y compañeros de ruta de la ETA a que depongan las armas y cesen de asesinar a paisanos de ellos. Si no hubiera sido por los lecos pegados por Correa con la camisa abierta, pidiendo que lo mataran, esa aparición  del fantoche nuestro en una cadena más se hubieran ganado el Oscar de la mentira más descarada dicha ante una cámara. Con la suerte de que le apareció una cómplice: la vicepresidenta primera de España, la señora Fernández de la Vega, quien asegura que Venezuela "ha condenado sin paliativos cualquier acción de ETA" y ha garantizado la cooperación con España en esa materia. Y añade —para ofender más a quienes nos supone sudacas, cortos de mente y enguayucados todavía— que los derechos de los españoles que residen en Venezuela "no corren peligro" y están "claramente protegidos". Eso, a pesar de saber de las confiscaciones de hecho que ha llevado a cabo el régimen y de que dos paisanos suyos están en huelga de hambre ante el consulado de su país.  Pero, claro, tiene que mentir porque hay petrochequera de por medio: están en juego unos barcos de guerra que Esteban quiere agregar a su ya extensa lista de juguetes bélicos y que ella quiere que se le concedan a los astilleros de Cádiz.

viernes, 8 de octubre de 2010

Hablemos de golpes

Golpe cobarde
La agresión que el comandante de la Guarnición de Valencia realizó contra un ciudadano que no estaba en ninguna actitud agresiva sino conversando con otros como él, es de una vileza tal que ha sido repudiado hasta por los propios copartidarios del en mala hora general. Que la víctima sea un oficial que al regresar a la vida civil ha recuperado todos sus derechos (inclusive el de reunión en espacios públicos y sin armas) es irrelevante; pudo ser cualquiera. Conozco al coronel Méndez Jiménez desde que fui su comandante en los tiempos de cadete. Tiempos en los que formábamos oficiales en el respeto por los derechos humanos y las formas de vida democrática. Y que luego exigíamos desde los puestos de mando. Desde esos lejanos tiempos me constan la rectitud y las dotes de caballero del coronel Méndez. Más tarde, primero por haberlo tenido a mis órdenes en la vida profesional, y después por haber gozado de su amistad, descubrí que también lo mueve un alto sentido cívico. Que un chafarote —en una actitud que desdice hasta de un cabo segundo, y valido de los soldados armados que lo acompañaban— lo haya golpeando varias veces en la cabeza, sin razón alguna, con su casco de dotación, es una muestra de cómo la regaladera de grados y cargos por parte del Primer Dedo de la República ha extraviado a nuestras Fuerzas Armadas de su misión; tanto, que ahora no tienen empacho en mostrarse como el brazo armado de un partido. El vituperio, el desprecio social, la censura no bastan en este caso. Porque se ha cometido un delito de acción pública. Pero veo muy difícil que los fiscales del Ministerio Impúdico y los magistrados del Tribunal de la Suprema Injusticia actúen de oficio. Aún así, creo que el agraviado debe apersonarse en un tribunal penal para pedir la apertura de un juicio por lesiones. Y en uno civil para buscar la indemnización por daños...

Golpe en las elecciones
En una conversación con mi hijo, este me decía: “Hay que explicarle al pueblo llano que quien se roba unos votos también es capaz de robar de todo después, cuando está en el poder”. Concordé porque creo que es el único camino para lograr que esas personas de pensamiento sencillo ayuden a reconstruir una Venezuela mejor sobre lo que dejarán quienes ya tienen doce años demoliendo y arrasando. Antes, los robos de votos eran cosa de roba-gallinas: unos tipos premunidos de sus bandas armadas, o comprando flacas voluntades, se dedicaban en las actas a alterar la voluntad popular. Ahora la cosa es de alto coturno. Implica legisladores que pasan leyes por las cuales la importancia del voto depende del lugar donde se emite: a mayor candidez (o estupidez) en la región, mayor el peso relativo del sufragio. Entonces, suceden cosas como la acontecida en donde yo voto. Una población de cerca de 430 mil habitantes, y donde se sabía que ganaba la alternativa democrática, elige solo un diputado, mientras que Delta Amacuro —con una población de menos de 100 mil, poco instruido y dependiente de la nómina oficial— obtiene cuatro. Algo parecido sucedió, por diseño, para los otros estados periféricos, como Amazonas, Portuguesa y Apure. A eso se suma la ventaja que representa para el oficialismo el tener en el CNE unos árbitros que no ocultan su rojiza parcialidad, que desdibujan los mapas electorales de toda una vida y crean unos circuitos artificiales para favorecer al jefecito de sus amores. Y, como aún así no les dan los números, de repente apagan el portal de esa institución y —confirmando lo que decía don Simón acerca de la oscuridad y el delito— los votos de los vencedores, que representan la unidad, se los endosan a los perdidosos del régimen; como sucedió en el circuito 5 de Valencia. Robar votos es igual a dar un golpe de Estado: se llega al poder con las manos sucias, irrespetando al pueblo que dicen amar. Ese pueblo debe entender que esos ladrones después serán los que se lucren con comida podrida en contenedores y desaparezcan los dineros que debieran ir a obras de electrificación. Son gente que se roba hasta un hueco. Y después regresan a llevarse el hoyo que quedó...

Golpe después de las elecciones
En una clara demostración de desprecio a la voluntad popular, ya Boves II dio órdenes a sus sigüíes de seguir imponiendo su voluntad a contrapelo. Ya una legislatura sumisa, que está a punto de entregar, se apresta para pasar unas leyes y a nombrar unos magistrados no buscando el bien general sino conservar el poder a como dé lugar. La Venezuela del 2010 no está representada por esos diputados. Nunca lo estuvo porque fue elegida por menos del 20 por ciento de los votantes. Lo decente, lo ético, entonces, es que ralenticen su accionar y dejar esas tareas a quienes sí son en verdad un reflejo del país. Si no, sería un golpe a la decisión de la mayoría.

Última carta a un abstencionista

Fíjate que te sigo llamando “abstencionista”, por respeto a ti, aunque la mayoría de la gente te tilda de “ni-ni”.  Y quizás tú mismo te designas así, sin darte cuenta que lo que significa ese remoquete es que la gente piensa que tú eres alguien que no es “ni chicha, ni limoná”. Lo que nadie sabe es si tu actitud se debe a que en verdad tu posición filosófica te llevó a la conclusión de que es lo que hay que hacer; o si lo haces porque eres alguien meramente indiferente a lo que acontece en la sociedad donde te toca vivir, que todo te resbala; o porque piensas que, de participar, tu esfuerzo sería nugatorio ya sea porque el Estado seguirá con su misma inercia, o porque el gobierno le ordenaría al “árbitro” realizar cualesquiera de las marramuncias que ya llevó a cabo en el pasado; o, finalmente, porque tienes físico culillo. La única de las explicaciones que sería moralmente aceptable sería la primera, aunque sería también incomprendida por el noventa y dele por ciento de los ciudadanos.

Si lo haces porque te tiene sin cuidado lo que acontezca en el país, eres un irresponsable además de un insensible. El país se está cayendo a pedazos en manos de una caterva de ineptos como nunca se había visto en Venezuela. Siempre hubo una cuota de ineficientes portadores de carnés en los gobiernos anteriores, pero también tendrás que admitir que predominaban los que sabían de la materia que tenían que resolver, sea en sanidad, suministros, seguridad o educación. Ahora no, ahora pareciera que el único cartabón para acceder a posiciones públicas es el gritar “¡Uh, ah!” y hacer ver que está embelesado por las palabras de Boves II cuando lo enfocan las cámaras en alguna de las innumerables cadenas con las que abusivamente se mete en tu casa gente a la que tú (no lo niegues) desprecias. Más de un apagón te ha hecho mentar madres porque perdiste un trabajo que tenías en el computador y no habías salvado, o simplemente porque ya el catire de CSI estaba por descubrir quién fue el que cometió el delito; y cuidado si no es que has tenido que sufrir la pérdida de alguno de tus artefactos eléctricos. Más de una vez has mascullado improperios cuando ves los anaqueles vacíos en el supermercado, y lo que encuentras está cada vez más caro. Ojalá no hayas tenido que rumiar tu furia por haber llevado a alguien de tu familia a una dependencia sanitaria y encontrarte que un cubano que dizque es médico no sabe diagnosticar el mal, y receta la misma pastilla sin importar si fuiste por un esguince, por un conato de aborto o por una herida que te causó uno de los muchos malandros que proliferan de un  tiempo a acá. ¿Y tú vas a desperdiciar la oportunidad que te presentan para intentar corregir ese estado de cosas? Si lo haces, repito, eres un irresponsable. Con tu país, tu región, tu familia y contigo mismo.

Si lo haces porque sabes, a conciencia, que el régimen no considera al CNE un poder independiente, como reza en la Constitución, sino un mero ministerio más para cumplir órdenes del Ejecutivo —y lo que es peor, varias de sus miembros (miembras dijera una de las muchas feministas ignaras que tiene la robolución) parecieran aceptar que sí son subalternas del Nerón Sabanetero—, tu posición sería comprensible pero no aceptable. Todos, en Venezuela, tirios y troyanos, estamos conscientes de eso. Y de que en el pasado, miembros del CNE han llevado a cabo marramuncias para favorecer al oficialismo (esfuerzos estos que han sido premiados luego con embajadas o magistraturas supremas). Por eso mismo es por lo que hay que ir a votar: porque la diferencia que hay que sacar sobre los rojos ineficientes y corruptos debe ser de tal magnitud que impida la comisión de fraude; que sea a prueba de chanchullos, pues.
Y si lo haces por la última de las razones que di en el primer párrafo, no voy a tratar de convencerte. Sólo te diré que en este país, desde los tiempos mismos de la conquista hubo personas —y hasta en estos días aciagos las sigue habiendo— que se enfrentaron al poder decididamente. ¡Claro que temían por su vida y las de los suyos! Pero lo llevaron y lo llevan a cabo en el entendido de que hay cosas que constituyen un bien superior por el cual se debe sacrificar la comodidad, los bienes y hasta la vida. No hay, entonces, diferencia entre el sacrificio de Alonso Andrea de Ledesma defendiendo a Caracas de Amyas Preston y el de Franklin Brito defendiendo sus tierras contra los que quieren vivir del trabajo y el esfuerzo ajenos. Y si tú no lo entiendes, es porque lo que eres es un pobre diablo a toda vela, que no merece sino vituperio. Chao contigo...

Con todos los demás, ¿quién dijo miedo?, ¡vamos a votar!