martes, 14 de diciembre de 2010

Ortoepía y otras zarandajadas

Lo confieso, yo pensaba que mi pasado artículo iba a ser un bodrio. Porque se alejaba de los temas políticos que me han mantenido ocupado de un tiempo para acá y se refería a un libro que me marcó desde que lo leí siendo un muchacho de cuarto grado. Pues, ¡sorpresa!, recibí una respetable cantidad de correos y disfruté de muchas conversaciones en las que se me felicitaba por mi escrito. Tanto, que decidí mantenerme alejado de mi habitual ración de críticas a la incapacidad de jerarcas del régimen y cogerme una semana más para disfrutar escribiendo de lo que me gusta más: letras, historia, viajes y demás cosas atinentes a la cultura. Para los que pusieron caras largas al leer lo anterior, tienen mi promesa de que tres de los cuatro escritos que me quedan este año serán para seguir rajando contra Elke Tekonté y sus áulicos en las esferas nacional, regional y local. El último será para reconciliarnos con la Navidad y, probablemente, sean las grageas de chispa popular que tanto gustaron en años anteriores. Entremos en materia.

Una amiga a la que quiero mucho, y que se siente con la confianza suficiente para criticarme con franqueza, me enrostra con frecuencia una tendencia que, dice ella, tengo para trastocar algunas erres intersilábicas en eles. Por ejemplo, ella cree escuchar “me acueLdo” cuando yo digo “me acueRdo”. Que mi “peRdón” suena como “peLdón”. Puede ser. Pero nadie más me lo había comentado y por eso no estaba consciente de mi falta ortoépica. Aún así, yo me escudo detrás de la explicación que alguna vez dio Rosemblat de que la pronunciación del sur de España y de las regiones habitadas por andaluces y extremeños durante la colonia tiende a minimizar la fuerza de las consonantes finales e intersilábicas. Que es el caso de los cubanos que convierten esa erre en una doble pronunciación de la consonante siguiente: “coTTar la cueDDA” en vez de “coRTar la cueRDa”; o las de los portorriqueños, en las que sí se convierte la erre en una ele franca: “compóLTate, sé fueLTe”, por: “compoRTate, sé fueRTe.

Yo tiendo a pensar que mi caso —que es el de muchos de los que nacimos y nos criamos en los estados centrales— es el de la pronunciación de una erre suave, parecida a la del idioma inglés, y no una fuerte, como la que se escucha en el francés. Pero, claro, a lo mejor son puras excusas mías para no aparecer como engolado al pronunciar (o tener que aprender a hablar después de viejo). Y mi amiga me ripostará que si soy tan exigente conmigo mismo (y tan crítico con los demás) en lo referido a la ortografía, las normas al escribir, también debería serlo con la ortoepía, el arte de pronunciar correctamente, como nos explicaron en quinto grado...

Me quedan unas trescientas palabras disponibles todavía. Voy a emplearlas en la misma materia: ortografía, ortoepía y hasta ortofonía.

Nobel. Con motivo del premio otorgado, muy justamente, a Vargas Llosa, por la televisión y la radio uno escuchaba con frecuencia “nObel”, como palabra grave, y resulta que el apellido del famoso inventor se acentúa en la “e”: nobEl; por lo que la enunciación correcta es igualita que cuando decimos nuestro sinónimo de “principiante”: “Nobel” y “novel”; solo que aquella es con be labial y ésta es con ve labiodental (o uve, como quieren ponernos a decir los académicos de la RAE).

Demasiado. ¿Qué debe hacer una muchacha cuyo novio le dice: “Yo te amo demasiado”? Probablemente, ella le dará un fogoso beso de agradecimiento por lo que ella cree que es un piropo. Pero lo que debía haberle dado era una bofetada. Porque le está diciendo que la quiere más de lo que se merece. El problema es que ninguno de los dos —ni el 90 por ciento de los jóvenes— sabe que ese adverbio implica “en exceso”, “en demasía”, no “muchísimo”, que es lo que quería significar el Romeo. Pero cómo abunda ese error.

Aguacero. En estos días de excesiva caída de agua, he escuchado y leído (inclusive en este diario): “Se esperaN lluvias”. Con esa ene final que no va, porque esa oración tiene un sujeto indefinido; alguien espera que llueva. No se sabe quién. Añado más, todos los verbos relacionados con fenómenos meteorológicos (llover, nevar, tronar, relampaguear) carecen de variación personal, por lo que requieren un verbo en tercera persona del singular. Esta frase que comento tiene algo de eso también, aunque el verbo no sea de esos.

“E” por “I”. A veces, demasiadas, uno se encuentra con que alguien va a “palear” un asunto cuando lo que se necesita es “paliar” este; o sea que, en vez de mitigar, atenuar, disminuir el problema lo que hacen es caerle a golpes con una pala. Igual sucede con “arrear” y “arriar”. Más de una vez hemos leído que a la pobre bandera no la bajaron del asta sino que la estimularon para que caminara...

Se cierra el cerco

Hace algún tiempo estuvo circulando profusamente por Internet un cuento en el cual un alumno de ascendencia rural la explicaba a su profesor cómo se cazaban cerdos salvajes (cochinos de monte o báquiros, dijéramos nosotros). El resumen de la narración es como sigue. En un pedazo de sabana se deja comida por varios días para que los báquiros vengan a comer. A la semana, se erige una línea con estantillos y alambre de púas y se deja comida como ya es usual. Los cerdos, al comienzo, recelan de la alambrada pero viendo que tienen tres lados por los cuales huir, hacen lo que ya es una costumbre: comer en el sitio. Una semana después, se levanta perpendicularmente una barrera igual a la primera. Los báquiros actúan con aprehensión pero siguen viniendo a comer. Un tiempo después, se construye otra barrera en el otro extremo de la inicial. Ya los suidos empiezan a acostumbrarse a esas construcciones, por lo que casi no se dan cuenta de su existencia y siguen con su ingesta. Un día, sorpresivamente, los campesinos cierran el cerco mientras los báquiros están atiborrándose y quedan presos para que los cazadores hagan con ellos lo que les plazca.

Así estamos los venezolanos. El régimen nos ha ido poniendo un vallado alrededor mientras nos mantiene distraídos con pan y circo. Elke Tekonté crea un escándalo para que todos miremos hacia esa dirección y, como quien no quiere la cosa, aprieta más el tortol. A cada quien le da lo que cree que es lo que más falta le hace: a los pobres de solemnidad les lanza dinero en las misiones y les ‘echa’ comida de Mercal, con pudrición incluida. A los menos pobres —había escrito ‘a los de la clase media’, pero lo borré porque con la inflación de todos estos años ya esa no existe— nos autoriza, como que si fuese la concesión de una gran gracia, a comprar unos dolaritos para cuando viajemos. Siendo que esas divisas son nuestras, no de él. Mientras tanto, en complicidad con las focas y otros áulicos parecidos, cierra emisoras y periódicos, despoja a las regiones y localidades de competencias que les había concedido la Constitución, confisca bancos, haciendas, empresas y construcciones (uso bien el verbo porque a nadie le han pagado todavía; ni le pagarán) y pone a la Fuerza Armada —la cual debería estar cumpliendo con lo que le estatuyen los Arts. 328 y 329 de la Constitución— a arremeter contra el pueblo de diversas maneras. Porque ya no bastan el pan y el circo, ahora necesita reprimir para poder mantenerse.

La más reciente patraña —¡cómo me gustaría poder decir ‘la última’!-— es eso de pedir que le den una habilitante más. La excusa que pone es que tiene que atender la emergencia generada por las lluvias. Para obtener una opinión favorable —después de haberse percatado con una semana de retardo de que había damnificados, y para no dejarse quitar la bandera por los gobernadores y alcaldes quienes estuvieron desde el mismo primer día al lado de quienes los eligieron— ahora sobredimensiona los daños. Hay que reconocer que hubo muchos estragos, pero no tanto como Esteban dice. Lo que pasa es que tiene que justificar. Para lograr eso, presenta más teatro: aloja gente en Miraflores y la Casa Amarilla. Como si no tuviese a su disposición instalaciones más acordes para ese cometido. Hay que dejar claro, la tal habilitante se empleará para todo menos para solucionar el problema a los damnificados. Si no creen, pregúntenle a la gente de Vargas, que ha visto pasar once años, ¡y nada!.

Me imagino que cuando esto salga publicado, ya las focas se habrán adelantado y, aún sin haber llegado la solicitud, le habrán extendido el poder especial, porque “hay que complacer a nuestro jefecito adorado”. Esos en mala hora diputados se niegan a entender que es ilegítimo, es inmoral, que ellos pasen tanto esa ley como las demás que les ordenaron aprobar antes de salir despedidos. Que se les acabó su hora, que el pueblo los cambió por unos menos arrastrados y más aptos que sí van a defender a las regiones que ellos no supieron o les dio culillo defender.

El cerco se cierra. Pero el de cazar venezolanos no tiene solo cuatro costados: quieren ponerle techo también: hasta las comunicaciones cibernéticas nos las van a quitar. Vamos a estar peor que en Cuba. Allá, por lo menos unos blogueros, dando muestras de arrojo, pueden lanzar al mundo sus denuncias. Aquí no: aquí todo pasará por un punto único de entrada de todas las comunicaciones. En el cual colocarán a uno de esos zelotes revolucionarios con poca ilustración, pero con exceso de celo retrógrado, dispuesto a bajar la cuchilla por quítame-estas-pajas. Algo así como una Lina Ron, pues...

Tres temas que parecieran desconectados

Judicial
Todo parece indicar que hoy se cometerá una nueva violación a nuestra Constitución, cuando las focas del Legislativo procedan a obedecer lo que les diga Miraflores en la “escogencia” de los robolucionarios que han de ser designados magistrados para el Tribunal de la Suprema Injusticia. La violación será por dos vías (no intenté hacer un chiste procaz al afirmar lo anterior; pero tienen que reconocer que me quedó muy gráfico el símil): primero, porque se tuerce el propósito del constitucionalista de varias maneras; baste con decir que el Comité de Postulaciones Judiciales no llena los requisitos de representar a “los diferentes sectores de la sociedad”; que los representantes de esa entelequia que llaman el “Poder Ciudadano”, que hizo la primera “depuración”, solo son una extensión del Ejecutivo, de quien se sienten subalternos; y que los diputados que deben “perfeccionar” el acto tienen un impedimento moral de actuar; porque su intento sería posterior a unas elecciones donde la gran mayoría de ellos perdió sus puestos y lo sensato, sería dejar esa tarea a los nuevos parlamentarios. Y, segundo, porque los candidatos que tienen mayor chance de ser favorecidos en razón de su afinidad partidista y su vocación de focas, no llenan los requisitos del Art. 263 en sus ordinales segundo —que exige “Ser ciudadano o ciudadana de reconocida honorabilidad”— y tercero —que precisa que dichas personas gocen de “buena reputación” y “reconocido prestigio en el desempeño de sus funciones”. Porque, ¿qué reconocida honorabilidad puede tener un poetastro que, cuando era Fiscal General, para desgracia del país, fabricó “testigos estrella” con el fin de “cocinar” un resultado judicial para favorecer al régimen y disimular la verdad en un horrendo homicidio? Y que puso por el suelo a su país, cuando lo representaba en el exterior y no se le ocurrió —aparte de escribir unos versos ramplones a los campeones mundiales de fútbol—sino acusar a las autoridades policiales del país anfitrión de obtener declaraciones de los etarras mediante torturas y al Ministerio Público de ese país de cohonestar esa práctica. Si eso es con el poetastro, en la lista también aparecen varias personas que fueron “juezastros”, si es que existe esa palabra, con prontuario en vez de currículum. Destacan un tal Moreno y una de apellido La Riva; pero hay más. Claro, ellos tienen una excusa del carajo: “Si a Luisa Estela, a quien botaron del Poder Judicial dos veces, pudo llegar no solo a magistrada sino a presidenta, ¿por qué nosotros no?”

Electoral
Nuevamente, al igual que el 26-S, los oficialistas se ponen a dorar la píldora y andan por ahí diciendo que las votaciones de este fin de semana indican que los rojos son la primera fuerza en el país. Me imagino que se refieren a la fuerza bruta, a la cual recurren con tanta facilidad, porque en el campo de los sufragios, así hayan ganado más alcaldías que los de la MUD, nanay. De hecho, la alcaldía de Maracaibo es más importante, numéricamente, que las dos gobernaciones y las diez otras alcaldías juntas. Sucedió lo del 26-S: tuvieron más diputados por la bellaquería con la que desdibujaron los circuitos electorales, pero fueron minoría en el total de votos.

Comicios
Ayer escuché a varios reporteros y comentaristas de noticias explicar que “los comicios electorales se desarrollaron con normalidad”. Pues sería hasta cuando ellos abrieron la boca, porque eso de “comicios electorales” es como hablar de una “bicicleta de dos ruedas” o de una “hemorragia nasal de sangre por la nariz”: un tremendo pleonasmo. Según el mataburros, los “comicios” son: “Elecciones para designar cargos políticos”. Y menos mal que eran para escoger alcaldes, porque si hubiesen sido para concejales, hubieran hablado del “concejo municipal”, lo cual también es una redundancia innecesaria. Porque todos los “concejos”, con “c”, son municipales. Tanto es así que la Constitución —aunque está escrita en un lenguaje infame, como eso de “ciudadano o ciudadana”, “coronel o coronela”, etc.— se cuida de no cometer ese error. Claro que este no es solo de los periodistas; por todas partes uno lee: “Concejo Municipal del Municipio Autónomo tal”, en un triple exceso solecístico. Porque, por definición los municipios son autónomos. Quizás los alcaldes mandan a poner esos letreros porque —como sucede en nuestra sufrida Valencia— no lo saben y, por eso, no deciden nada hasta que reciben la aquiescencia del Primer Dedo de la República.

Colofón
Aunque ustedes no lo crean, estoy de acuerdo con algo expresado por Elke Tekonté. Lo apoyo completamente en eso de que hay que darle un parao al “invasor colonialista”. Por eso, propongo que se expulse del país ¡pero ya! a todos los cubanos que dan órdenes en los organismos de seguridad, de inteligencia y militares. A los dizque médicos, podemos darles un chance, siempre que presenten sus títulos profesionales y los revaliden…

lunes, 15 de noviembre de 2010

Mi libro primero


Así se llamaba el texto con el que nosotros, los que no tuvimos la dicha de saber lo que era un kindergarten, sino que entrábamos de un solo guamazo en primer grado, aprendíamos a leer. Pero no es a ese que quiero referirme. Ese, y los que lo siguieron, eran de lectura escolar. Al que quiero hacer mención es al que, sin ser texto obligatorio, fue el primero mío y que inició mi afición por los libros. Era “Corazón”, la versión en español de “Cuore”, de Edmundo De Amicis, que me regalaron con motivo de mi primera comunión. Me causó una gran impresión. Tanto, que durante mucho de mi vida adulta y mientras se conseguía en las librerías, era mi regalo para los primocomulgantes hijos de parientes y amigos.

Pero, permítanme una digresión, ya que a primeras comuniones me referí. En las clases de Catecismo que son necesarias para la preparación para ese evento — tan significativo que Napoleón afirmó que había sido el día más importante de su vida, no su coronación— aprendí de memoria las “Obras de Misericordia”, tanto las espirituales como las corporales. Y durante toda mi vida he tratado (muchas veces sin éxito) de cumplirlas. Por ejemplo, recientemente, y en razón de una tacha que se me impuso —a mi manera de ver excesiva— he estado recitando muy seguido aquello de “Soportar con paciencia las molestias que nos causan nuestros prójimos”. Y deseando que la otra persona —la que me mandó a decir que me llamaba al día siguiente para decirme sus razones— recuerde que entre esas mismas “Obras”, están: “Corregir al que yerra” y “Dar buen consejo a quien lo necesita”. Si es que ese era su afán, no lo ha logrado porque, transcurrida una semana entera, todavía estoy esperando la llamada que me ofreció por tercera persona. Dicho esto, y ya aliviado de una carga, regreso al tema.

A la edad que tenía cuando me lo regalaron, no sabía qué era un calabrés, un sardo, ni un lombardo; ni dónde quedaba Turín. Aún así, lo disfruté mucho porque se supone que el libro fue escrito por Enrico, un niño de tercer grado que, en el lenguaje simple de sus once años, cuenta lo que sucede en su escuela. También incluye los cuentos que el maestro narra una vez al mes a sus alumnos, y las cartas que el padre le escribía a Enrico para corregirlo, felicitarlo o comentar algún evento.

“Corazón” me permitió identificar a muchos de mis compañeros de clase con los de Enrico —el matón, el primero de la clase, el caballerito, el que crecía con muchas estrecheces, etc.). Pero también fue un libro que me puso el corazón como una pasa al leer acerca de los sufrimientos de Marco en busca de su madre en el cuento "De los Apeninos a los Andes"; de la expresión viril y honorable del caballero rico que regaña a su hijo y lo obliga a pedir perdón a un humilde carbonero al que el muchacho le había faltado al respeto; de lo que siente Enrico al saber que su maestra de segundo grado se está muriendo de tuberculosis.

Durante mi primera visita a Roma, me compré "Cuore" en italiano y me lo devoré en las largas esperas en los aeropuertos y el trayecto de regreso, ahora con una mejor comprensión de las circunstancias geográficas e históricas en las que se desarrolla la historia. Tuve que reconocer que Umberto Eco no exageraba cuando lo describió como "un grande mare di languorosa melassa". Pero también me encontré con que todavía uno, a pesar del montonón de años que tiene, puede sentir ternura en el corazón.

El libro fue escrito con la intención de consolidar la italianidad en una sociedad que todavía pensaba a nivel regional —y en eso resultó un gran éxito: entre su publicación en 1886 y 1923 se vendió un millón de ejemplares. Por ese afán unificador es que se incluye la anécdota de un pobre muchacho de Padua, que, cuando se da cuenta de que un par de catalanes que le habían dado limosna estaban hablando mal de Italia, les arroja con violencia a sus caras las monedas que le habían dado. Por esta misma razón es la historia de la reprimenda que el director de la escuela le da a Franti, el villano del libro, que se burlaba de unos soldados que pasaban, sudorosos, polvorientos y hacia el frente, a través de la ciudad y a quienes se les imposibilitaba castigar al muchacho porque iban marchando en formación. Debido a ese deseo de unificación, es que el maestro pone a Garrone, el muchacho de buen corazón, a leer una tarea que les había impuesto a los alumnos acerca de la figura de Mazzini, a pesar de que aquel el día anterior había enterrado a su madre.

"Corazón" sigue siendo un libro que se puede regalar a un niño. Lástima que ya no se consigue. Por lo menos en Venezuela.

martes, 9 de noviembre de 2010

Ineptitud y jalabolismo


Son dos máculas terribles en cualquier persona, pero en el caso de los funcionarios públicos éstas llegan a la categoría de lacras. ¡Pero cómo abundan en el régimen actual! Pareciera que, aparte del carné, son requisitos para los cargos que detentan (y empleo bien el verbo). Uno los ve los domingos, cuando escuchan arrobados y aplauden enloquecidos los chistes malos y las canciones desafinadas que salen de la garganta de Elke Tekonté, y cuando dan respuestas mentecatas a lo que les preguntan. Y a uno no le queda sino maravillarse de tanta sandez y obsecuencia juntas. Pero parece que el desprecio colectivo les resbalara. Para ellos, lo importante es ‘estar en la buena’ con su generoso patrono —quien les perdona toda su ineptitud, se hace el loco con sus latrocinios y pareciera que no le importara el desempeño de esas personas sino su vasallaje— para poder seguir medrando, pegados a la ubre de la res-pública.

Por aquí, en Valencia, el máximo representante de esa fauna es quien, en mala hora, se sienta en la silla del alcalde, cargo que le quedó grande siempre y que pareciera habérselo conseguido en una caja de Corn Flakes. Porque merecimientos para reemplazar a Paco Cabrera no tenía. Ni tiene. Siempre fue un funcionarito gris que daba unas declaraciones insulsas a la prensa cada tres semanas, cuando estaba en Corpocentro, y que los periódicos relegaban a una página par —casi siempre después de la sexta— como correspondía a las simplezas que informaba. De su experiencia en esa corporación (si es tiempo pasado puede reputarse como experiencia), pareciera que lo único que trajo al gobierno municipal fue su persistencia en meter en la nómina a familiares suyos. Con lo que la gerencia municipal sufre. Tanto, que en una muestra de candidez, uno de sus subalternos acaba de declarar que en lo administrativo han tenido que pedir asesorías a miembros de la gestión anterior, tan denostada por el munícipe actual.

Es un tipo jactancioso pero mal administrador. Tanto, que tuvo el tupé de declarar que Valencia no necesitaba el situado que le mandaba el gobierno estadal, que podía quedárselo porque con los ingresos propios tenía más que suficiente. Jactancia estúpida que ha tenido que tragarse porque, al no conseguir él en Caracas —a pesar de que es un invitado permanente al Consejo de Ministros— los dineros para la continuación de las obras del Metro, ni defender a los industriales valencianos,  los comercios de la avenida Bolívar y las empresas de la Zona Industrial han tenido que cerrar y, por tanto, las entradas por ‘Patentes de Industria y Comercio’ se han ido al suelo. Si no fuera por la platica que, como limosna, le dio Boves II, no hubiera podido terminar de pagar la nómina este año.

Es por eso, y por otras cosas más que desgranaré más abajo, que apoyo con las dos manos alzadas la proposición que asomó Antonio Ecarri de que se organice la revocatoria de su mandato para ver si el copartidario suyo que haya de sucederlo por escogencia del Concejo le quita a las calles de la ciudad ese aspecto de paisaje lunar lleno de cráteres, mejora algo el servicio de recolección de desechos y —recordando aquello que dijo don Simón acerca de la oscuridad y el crimen— ilumina un poco las avenidas.

Enumero algunas cosas que he escuchado por ahí y que —además de las cosas que ya dije en el párrafo anterior en relación con el día a día de un alcalde— justifican la defenestración del tipo: contrariando lo que dice el ordenamiento legal, no ha entregado memorias y cuentas por los dos años que ha estado mangoneando (claro que cuentos basados en su desmemoria si ha echado, ¡y bastantes!); hasta el día de ayer no había entregado al Concejo el proyecto de presupuesto para el año que viene; no convoca la reunión trimestral con los concejales y los vecinos que ordena la LORM; el descontrol es tal que no se sabe cuánto ha aumentado la deuda del municipio en estos dos años, pero dicen que pasa de los 500 millones.

Ya alguna vez, emití la opinión de que el señor alcalde no era capaz de resolver la enterrada de un perro así uno le proporcionara el hueco. Hoy lo ratifico. Sin importarme si se ofende muchísimo y le pide a un fiscal copartidario, o a un juez de los que grita ‘¡Uh, ah!’, que inicie un proceso parecido a ese en el que logró que condenaran a Pancho Pérez por explicar que en los predios municipales algunos se despachaban y se daban el vuelto.

¡Ah, se me acaba el espacio y no he tocado lo del jalabolismo! Baste decir entonces que la declaración de que ‘El partido del presidente-comandante es la Fuerza Armada’ aparte de ser despreciable por lo arrastrada, constituye una ofensa a la Constitución; la cual explica que esta es una ‘sin militancia política’ que ‘está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna’...


Carta a un cubano de los nuevos


En principio, déjame que te diga: ¡Bienvenido! Porque en Venezuela siempre hemos recibido a los extranjeros de buena manera desde los tiempos más remotos. Pero eso no quiere decir que tu presencia entre nosotros no nos incomode. Porque para nosotros tú eres un invasor; tu representas a una “potencia” que intenta colonizarnos después de dos siglos de habernos sacudido ese yugo de un imperio de verdad-verdad. Pero, aún así, lo que la gran mayoría de nosotros siente por ti no es odio. Quizás, algunos sientan desprecio, pero lo que la mayoría siente por ti es lástima. Porque tú no eres sino un trabajador forzado. Y no digo que eres un esclavo porque algo te paga nuestro gobierno por tu trabajo. Mientras que la parte más gorda de lo que valen tu sudor y tus conocimientos se la entrega el manirroto encargado del Ejecutivo nuestro al Estado tuyo. Que es quien te explota. Tú no viniste porque tú decidiste; fue un jerarca de la nomenkatura cubana quien decidió quién venía y a quién no se podía dejar salir. Y como prenda de tu regreso quedó tu familia de rehén. Nadie de tu entorno cercano vino contigo. Tu mujer, tus hijos o tus progenitores quedaron secuestrados de hecho por el Estado. Solo para asegurarse de que tú regresas a tu isla-prisión.

¡Claro que a ti te convenía venir! Lograste lo que millones de compatriotas tuyos no han podido: montarse en un avión y conocer otros horizontes. Y, hablando por todo el cañón: si te pones la mano en el pecho, tendrás que reconocer que cuando termine tu estada entre nosotros —no porque no quieras quedarte, sino porque te devuelven a juro— en ese año o dos, te habrás comido más bisteques que los que habías disfrutado en toda tu vida antes. Te reto a que me digas si es mentira lo que yo digo. A menos que tú seas uno de los aparatchnik  que allá se puede dar buena vida porque es de la cúpula del partido y llegaste aquí para velar que ninguno de tus paisanos se le ocurra adquirir “decadentes gustos burgueses”, como acostumbrarse a usar jabón, dentífrico y papel higiénico cuando está en el baño. Ni que —haciendo uso de ese deseo de libertad  que es innato en el género humano— decida quedarse por aquí, o emigrar a otro país cuando se le venga en gana.

Notarás que hay una diferencia enorme entre el cariño, el respeto y hasta la admiración que profesamos hacia los paisanos tuyos que viven entre nosotros desde hace décadas y la lástima y el desprecio que sentimos hacia ti. Ellos llegaron como tantos y tantos inmigrantes que hemos recibido a lo largo de nuestra historia: venían luego de haber perdido todo por decisiones desafortunadas de los regímenes que mandaban en esos países en esos tiempos. A tus paisanos les quitaban hasta las medallitas de oro antes de dejarlos abordar el avión o el buque. Y aquí arrancaron con denuedo y hoy pueden mirar hacia el pasado con satisfacción por lo que han logrado para ellos y para su patria adoptiva. En cambio, tú representas a una autocracia que busca esquilmar nuestras riquezas para poder saciar el hambre que su incompetencia de medio siglo ha generado en un país que estuvo muy cerca de ser del primer mundo antes de que los barbudos llegaran.

Te pongo un par de ejemplos que estoy seguro entenderás. Tus bisabuelos sentían por los soldados españoles —que venían de la metrópoli a agotar las riquezas del país, a someter a tus antepasados mambises y a mantener los obscenos privilegios que tenían los peninsulares— lo mismo que sentimos nosotros por ti. Y por las mismas razones. Ahora, ponte tú en las botas de uno de esos soldados españoles: tú crees que estás haciendo labor de patria, porque tus esfuerzos y denuedo servirán para alimentar a tus compatriotas que se quedaron. Pero en realidad, tu vigor sólo servirá para seguir llenando las arcas y las panzas de los mandatarios que deciden sobre vidas y haciendas por allá.

Imagínate ahora cómo nos sentiremos nosotros, quienes —a casi ciento noventa años de haber sacado al último soldado español y más de cuarenta de haber vencido a tus antecesores que vinieron como guerrilleros a socavar nuestra incipiente democracia— vemos la paradoja de que una “potencia” que tiene menos de la mitad de nuestra población y menos de una vigésima parte de nuestra economía se ha enseñoreado (permitido por alguien que jura y perjura que es un gran patriota, es verdad) en los puntos claves de nuestra circunstancia. ¿Qué hacen paisanos tuyos, que vienen de un país donde no hay propiedad privada, mangoneando en nuestros registros? ¿Cómo verías tú que venezolanos dieran órdenes en instituciones tan vitales como las fuerzas armadas y en los servicios de identificación cubanos? Y, por último, ¿aceptarías tú que un policía venezolano te apresara en una calle habanera? Entonces, ¿por qué nosotros sí debemos calarnos esa potestad que tienen los del G-2 aquí?

martes, 19 de octubre de 2010

Destrucción fríamente programada

No me cabe duda; lo que está sucediendo en Venezuela es algo producido por una mente maligna asesorada por un grupo de 'avispados' que saben para quién es la ganancia cuando el río está revuelto. No puede ser una cosa meramente fortuita que con tanta precisión se esté destruyendo el aparato productivo nacional, independientemente de que sean empresas agrícolas, industriales, ganaderas o comerciales. Es el resultado de una concepción ignara, que jura que se las sabe todas, que dice que es marxista sin haberlo leído, que no tiene escrúpulos —caridad, mucho menos— y cuyo cometido único es el mantenimiento del poder indefinidamente. Por el medio que sea. Pero esa mente (si es que se puede llamar mente a lo que se encuentra dentro de esa bóveda craneal), de por sí difusa, narcisista y poquísimamente cultivada, es 'alimentada' por una caterva de 'planificadores' que son, unos tan ilusos como El Poseso mismo, y otros —la mayoría de ellos extranjeros— guiados por la malignidad hacia nuestra Venezuela. Un país que había funcionado y avanzado, mal que bien, por cerca de doscientos años. Unos de los 'asesores' actuando por una razón utópica: crear un mundo nuevo donde un hombre nuevo acepta como credo la igualdad milimétrica de todas las personas y la preeminencia absoluta del Estado. Otros, por halar la brasa hacia la sardina de su isla —un país que estuvo por ser de los primeros de América Hispana en convertirse en uno del Primer Mundo— y así tratar de salvarla de la pobreza y la hambruna más espantosas. Productos, precisamente, de otros planificadores y ejecutores que también intentaban crear un mundo y un hombre nuevos ¡Y vaya que sí eran ejecutores! Si no, que lo digan las paredes de La Cabaña.
Las noticias y, sobre todo, las estadísticas de estos días pasados demuestran la vesania con la cual se quiere acabar con la producción. Como ya casi no quedan industrias privadas a las que se les pueda sabotear desde adentro con sindicatos paralelos y desde afuera con exacciones abultadas, reglas imposibles de cumplir y confiscaciones disfrazadas de expropiaciones, ahora intensifican el ataque contra agricultores y ganaderos. Para nada, aparte de arruinar la producción. ¿O es que "El Charcote" está sacando aunque sea una centésima parte de las reses que enviaba para el matadero antes de la expropiación? ¿O es que "La Carolina" está produciendo, con las mismas vacas, una décima parte de la leche que antes de la confiscación mandaba para las pasteurizadoras? ¿O será que la 'Agropatria' que constituyeron sobre la robada 'Agroisleña' va a funcionar tan eficientemente en la entrega de fertilizantes y la financiación de cosechas como la original? Y pudiera seguir haciendo preguntas como esas hasta el cansancio, pero son sólo ochocientas palabras las que tengo asignadas.
Más de dos millones de hectáreas han pasado a manos del Estado mediante 'expropiaciones' que no son pagadas ni están acordes con lo que establece la Constitución, o bajo la figura del 'rescate', esa aberración en la que unos funcionarios públicos —que de acuerdo a los principios generales del derecho administrativo deberían actuar con la diligencia de 'un buen padre de familia'— capitanean gavillas de dizque necesitados pero que no son sino lumpen acarreado en autobuses oficiales desde las ciudades y que no tienen NPI de lo que es el cultivo de la tierra. Todas ellas, con una característica común: la más grande falta de piedad y de consideración para con los dueños legítimos de la tierra. Hasta muertos tienen en su haber. Menciono uno solo: Franklin Brito, por si se les ha olvidado. Con todos esos 'esfuerzos rescatistas' —más las absurdas restricciones al adecuado ajuste de los precios en un país que en tres años su inflación ha sobrepasado el 80 por ciento, y sin tomar en cuenta que la mayor parte de los insumos, maquinarias y equipos empleados en el campo son importados, por lo que han sido impactados por las reformas cambiarias— lo que el régimen ha logrado es que haya una terrible disminución de la producción agrícola y la desincorporación de vastas extensiones de tierras del proceso productivo.
Las estadísticas que Fedeagro dio a la prensa carabobeña a fines de la semana pasada son más que dicientes: 'En 2010 la siembra de arroz fue el 46% de la cantidad del año anterior, en maíz la superficie de siembra es inferior al promedio de la década anterior, en sorgo bajó también, en caña de azúcar hubo un descenso del 40%, y en café disminuyó la producción en 600 mil quintales'.
¡Ah!, pero mientras esto ocurre, por los puertos son descargadas toneladas y más toneladas de alimentos importados por el Estado, con lo que, en vez de financiar la agricultura y la ganadería locales, fomenta a los productores de los países con gobernantes chulos del nuestro: argentinos, brasileros, bolivianos y nicaragüenses. Está demás decir que la mayoría de las importaciones son trianguladas con Cuba, porque hay que ayudar a los camaradas. Y a los boliburgueses, claro...