lunes, 14 de febrero de 2011

Errores en la cúpula judicial

Una alerta antes de comenzar: el título puede resultar engañoso. Porque no voy a referirme a esas monstruosidades que en forma de sentencias produce regularmente el Tribunal de la Suprema Injusticia. No es de la convalidación obsecuente que sus magistrados hacen de las órdenes de Boves II que voy a escribir. O sea, no es de los casos de Simonovis, Afiuni, Pilieri y otros parecidos que voy a teclear. Esos fallos, habiendo sido producidos voluntariamente (provoca escribir “incurridos”), no pueden catalogarse de errores en derecho ya que estos para perfeccionarse  requieren de equivocaciones de buena fe que anulen el consentimiento y, por tanto, invaliden el acto jurídico. Pero los togados que firman decisiones mientras gritan “¡Uh, ah!” saben muy bien lo que están haciendo. De lo que voy a escribir es de los errores prosódicos de esa alta instancia.

Por la TV vi la reseña del acto de inicio del Año Judicial. La quijada se me cayó cuando escuché a  la presidenta del TSI —ese dechado que, que, sólo buscando que Elke Tekonté la ratifique en su cargo, ordena a los jueces, por escrito, no hacer cumplir una ley específica aunque ya haya sentencia firme— cuando dijo que el pueblo “detenta” el poder. Me dije: “Si esta señora no sabe que ‘detentar’ es ‘retener y ejercer ilegítimamente’ ¡qué quedará para los demás togados!” Me metí en el portal de ese dizque poder para ver si era que había oído mal.  Pero no; resulta que la señora dijo que ellos estaban centrados “en equilibrar el Poder del Estado con el legítimo poder soberano detentado por el pueblo”. ¡Dios!

Ya que estaba metido en esa página, seguí leyendo las “Palabras de Apertura”, como las llama un redactor de reseñas, con esa mayusculotas que no caben, que más adelante eleva a José Temiente a ¡doctor! ¿Cuándo se graduó de algo ese sepulcro blanqueado? Reto al reportero a que me muestre un diploma que me contradiga. Rangel es un enano ético tan poco ilustrado como su jefe. Pero al igual que él, es un osado que confirma el dicho aquel de que “la ignorancia es atrevida”. Cosa que le ha servido: tiene rial por bojotes; y hasta vicepresidente fue…

Quien escribió el reportaje más adelante explica que: en el acto estuvieron presentes 1.275 jueces, “lo cual es un hecho inédito en esta actividad”. La frase merece dos comentarios. Uno, es que ahora descubrimos que no sólo a los pata-en-el-suelo los carretean en autobuses, a los jueces también. El otro se refiere a esa manía de usar “inédito” cuando lo que se quiere decir es “insólito”, “inaudito”, “poco común”. “Inédito” es sólo lo que no ha sido publicado.

Retomo el tema luego de las digresiones. Más adelante, la señora expresó que “no se han escatimado esfuerzos para dar respuesta a los justiciables”. En una decena de palabras, dos errores. Primero está ese “han” que parte de la creencia que “esfuerzos” es el sujeto de esa oración cuando es parte del predicado. Si el sujeto está indefinido, debiera ser “ha” porque en esos casos se debe usar la tercera persona del singular. Y luego está ese “justiciables” que pareciera referirse a unas personas que son parte en un juicio. ¡Pues no! Esa palabra está limitada a los hechos, que pueden ser objeto de juicio; no las personas que son parte de él. Para estas últimas, la palabra sería “enjuiciable”.

Posteriormente, misia presi explicó  que se ha “hecho énfasis para formar al juez nuevo”. Con el mero “énfasis” sobre esos señores no se logra nada. Quizás lo que intentó decir fue que “se ha hecho un esfuerzo”, o algo parecido. Pero el “énfasis” no pasa de ser una afectación en el habla. Busquen para que vean. Sus sinónimos pudieran ser: “sonoridad”, “prosopopeya” y hasta “pomposidad”.   En una pieza oratoria durante un acto que según el reportero era “Solemne” (tanto, que lo pone en mayúscula) no cabe.

Pero, quizás es que le estoy pidiendo peras al olmo. Esa misma gente poco ilustrada es la que habla de “violencia de género” cuando analiza casos en los que un marido bestial la emprende a palos contra su mujer. Digámoslo de una vez: la única violencia contra géneros que conozco es la que se hace cuando alguien rasga una tela. Y eso no merece que se saque una ley especial. Lo que pasa es que, ignaros que son, creen que “género” y “sexo” son sinónimos. Lo que nosotros tenemos y gozamos (gracias en mucho al doctor Pfizer) es “'sexo”. “Género”, aparte de ser sinónimo de “tela”, tiene una acepción que puede ser la que genera el error: es la significa “clase a la que pertenecen los sustantivos, pronombres y algunos adjetivos. Y son tres: masculino, femenino y epiceno. “Sexo” es lo que la magistrada deseara , pero con esa feúra…

Promoción Golilla

El Nacional de este domingo trajo una información que, para mí, es una de las más graves denuncias que se le haya hecho al régimen en razón de ese afán, esa necesidad, que tienen de acabar con la institucionalidad que todavía queda en el estamento militar de la república. En su reportaje, Hernán Lugo-Galicia explica que mediante un “curso express” y “un programa especial de formación, vía rápida” se graduará como “oficiales de mando” a un grupo de 400 sargentos. Más adelante, nos explica que en piches cuatro meses los “alumnos” ya estarán graduados. Por aquello de “piensa mal y acertarás”, lo primero que viene a la mente de cualquier lector irreverente es: “Si para pertenecer a la milicia como simple soldado exigen el carné del PUS, ¿qué le irán a pedir a estos que van para oficiales?” Y uno se responde: “Sumisión absoluta a Boves II”.

En el pasado, las Fuerzas Armadas de Venezuela recurrieron a la obtención de oficiales mediante cursos excepcionales dictados a individuos de tropa. Como regla general, los resultados no fueron tan buenos como se deseaba. Eran oficiales “madurados con carburo”, para usar como símil el proceso utilizado por agricultores inescrupulosos que, sin importarles la salubridad del producto que ponen en el mercado, maduran a juro sus frutos saturándolos de químicos no del todo inocuos. Los oficiales de esas promociones fueron objeto permanente de chascarrillos por su falta de conocimientos y de aptitudes. En los años sesenta se decía que en el Ejército había oficiales clases “A”, “B”, y “C”. “A” eran los que provenían de la “A”cademia en cuatro años; “B”, los que salían del “B”atallón de Formación de Oficiales de Reserva en dos; y “C” los egresados del “C”urso Especial de Formación de Oficiales, menos de un año. Estos últimos resultaron tan mediocres que sólo hubo un curso antes de cerrar ese experimento. Uno no deja de preguntarse cómo será la proficiencia de los que van a sacar con cuatro meses. Pero eso no le preocupa al régimen; para ellos lo esencial es que sean “leales al proceso y ciegos obedientes al comandante”.

Este —en vez de tratar de averiguar por qué piden la baja los oficiales y de buscar maneras para retenerlos en la Institución— pareciera que se rige por son montuno de Roberto Roena: “El que se fue no hace falta, hace falta el que vendrá”. Y para eso, ya no le basta con haber introducido (contrariando la Constitución) el partidismo en las filas; ni con crear (contrariando la Constitución, otra vez) una guardia de corps, con gente de su partido, que a él sólo le debe obediencia; ni con minar la eficiencia y la disciplina de los componentes al ascender a grados de jefe a gente que no se había superado académicamente y no sabía mucho más de amarrar fardos en la barriga de un avión, entonar el motor de un tanque, poner ampolletas, o decir si mañana va a llover. No, él necesitaba que la Fuerza Armada bajara otro escalón más en su capacidad, en los conocimientos que tuviesen sus miembros. Porque mientras menos ilustrada sea, habría menos críticas a los desmanes de él, menos líderes reconocidos aparecerían en su seno, y más dúctil al adoctrinamiento político sería el personal.

El primer paso que dio en ese sentido fue rebajar el ciclo de formación de oficiales de cinco años a cuatro, sin preguntarle a nadie. Porque para eso él es el único que sabe qué es lo que le conviene a la nación. ¡Tanto que nos costó  que el CNU le reconociera nivel universitario a los institutos militares! Porque oficiales cultos era lo que requería un país que vivía en paz y parecía destinado a ser el primero de los suramericanos en salir del subdesarrollo. Todo lo contrario de lo que es ahora: un país enguerrillado y que retrograda hacia lo más oscuro de finales del siglo XIX.

A raíz de las purgas que hubo en el Ejército en 1945, después del derrocamiento de Medina, se hizo necesario crear oficiales mediante cursos especiales en la Escuela de Clases y la graduación antes de tiempo de los cadetes que estaban en la Escuela Militar. Estos fueron reconocidos —sin importar los pomposos nombres que se les dio a sus cohortes— como promociones “Golilla”. Para quienes no conocen qué significa ese término, clarifico que es un venezolanismo (casi arcaísmo) para designar algo valioso, apreciable, que se adquiere sin mucho esfuerzo.

Eso será lo que logren los “graduados” de esos “cursos express”: rangos, preeminencias y, sueldos sin haberse exprimido el seso, sin haber adquirido conocimientos, vivencias ni experiencia. Vale decir: algo así como los ingenieros y abogados ¡y hasta dizque médicos! que son graduados en tres años. O sea, en mala hora llegó la “Misión Sucre” a la Fuerza Armada…



Dos Comentarios sueltos

Invasiones y huecos
De primerito, quiero presentar a mis lectores —especialmente a quienes me reclamaron con llamadas y mensajes— mis más sentidas excusas por no haber aparecido la semana pasada. Resulta que el sábado me llamaron para informarme que una gentará, azuzada por el lenguaje agresivo de Boves II, había invadido una parcela que es de mi propiedad. Siendo que es la única propiedad raíz que poseo y que, por tanto, necesito conservarla, tuve que trasladarme a Barlovento, donde está situada, para solicitar apoyo a la autoridad. Cosa que no ha resultado muy eficaz porque mi parcela, y las de otros doce propietarios sigue ocupada por unos invasores ilegales. Todo el fin de semana se me fue en eso. Y el lunes, cuando debía regresar a Valencia para escribir, no podía salir de Higuerote porque los lugareños habían cerrado los accesos a la ciudad para protestar. Logré salir como a la una, cuando ya mi escrito debía haber llegado al diario. Y, para colmo, por un derrumbe en la autopista de Oriente, el tránsito fue desviado para que tomásemos aquello que la vieja canción denomina el “caminito de Guarenas” pero que se ha degradado hasta “caminucho”. Atravesar unos piche cuatro kilómetros que quizás tenga de ancho esa ciudad me tomó tres horas y media porque aquello era una merienda de “afro-descendientes” (para ser políticamente correcto) donde la incivilidad de los conductores se ponía de manifiesto cada segundo.

La ineptitud y la avilantez del régimen se las encuentra uno a cada paso pero en esas 72 horas se pusieron de manifiesto para mí como si fuese un muestrario. Por un lado, dejan desnuda la intención roja de acabar con la propiedad privada. Hecho que corroboró Estaban Dolero al promulgar este fin de semana pasado el documento por el cual se despoja a los propietarios de los frutos de sus esfuerzos, ahorros y previsión. Tal será la mala intención del régimen que no se había secado la tinta roja en eso que dizque es una ley cuando a las horas —de madrugada y simultáneamente— estaban ocupando predios, apartamentos y galpones ajenos por toda Venezuela. Por el otro, los cráteres en todas las carreteras de Barlovento, que semejan una escena lunar, demuestran lo insensato de poner a depender toda la vialidad del país de las manos de un burócrata que arrellana sus amplias posaderas detrás de un lujoso escritorio en un rascacielos caraqueño. Desde allí acredita que es inepto hasta la cacha, como la mayoría de los actuales funcionarios nacionales — porque no se les exige experticia para los cargos, sino fidelidad perruna al líder. Rodar por esa zona es como ir por el lecho de un río. Y no exagero al decir esto. Pongo de testigo a miles y miles de conductores que han tenido que reemplazar neumáticos, rines, muñones, tubos de escape y amortiguadores, y a cientos de personas que han sufrido lesiones, como resultado de esa mezcla de ineptitud e incuria que tanto mal le está causando a Venezuela. 

Avisos en Margarita
Recientemente estuve en Laisla y pude regodearme en algunos cartelones publicitarios. No me refiero a los consabidos “Se bende. Infolmasion aqui”, con sus faltas de ortografía y acentuación —que los vi, lo juro— sino a los que por sus contenidos son chuscos y merecen un comentario. Como uno que identificaba  la “Arepera Cristo Viene”. Con lo que uno queda en la duda de si es sólo la mera enunciación de la segunda venida que nos promete nuestra fe o es que Nuestro Señor es cliente asiduo del local. En Juan Griego hay una tienda que se llama “El Tiburón de la Isla”. ¿Quién se atreverá a entrar ahí, sabiendo que el dueño es ventajista y despiadado? Porque de eso es que es sinónimo ese término. O, para ponerlo en la tercera acepción del mataburros: “Persona ambiciosa que a menudo actúa sin escrúpulos y solapadamente”. Con lo cual uno llega a entender que el prefijo de llamada que usaba Elke Tekonté cuando llamó a la activación del “Plan Ávila” estaba bien escogido.

En el área de la restauración, la cosa es para coger palco. Hay un comedero (no quiero llamarlo restaurante) que se llama “El Caníbal”. ¡Por amor de Dios! Otro se llama “El Establo de Poncho”. Lo que lleva al subconsciente de uno a formularse una pregunta: “¿Quiénes comen en los establos?” Al autorresponderse: “los animales”, uno tiende a seguir de largo.

Pero el que —en una clara explicación de por qué las cosas están en Venezuela como están— sí le saca lágrimas a uno es el que proclama desvergonzadamente, como si fuera motivo de orgullo: “Millones de voces, una sola voz”. Esa admisión borreguil de que, aunque de labios (de bemba) para afuera se dice que esto dizque es una “democracia participativa”, lo que confirma es que estamos en una autocracia participadora…

martes, 11 de enero de 2011

Corruptissima republica


No, amigo lector, el título no tiene tres errores ortográficos —una doble “s” y dos acentos faltantes—, lo que pasa es que no está escrito en español sino en latín (ya más de uno estará farfullando: “Otra vez Pittaluga con sus latinajos”). Es el comienzo de algo que escribió Terencio siglo y medio antes de que naciera Cristo: “Corruptissima republica, plurimae leges”. Con esa frase quería significar que pareciera que es en los Estados más corruptos donde proliferan más leyes. Que como que es el caso de Venezuela, un país donde se pudren miles de toneladas de comida y sólo hay tres detenidos —que ya saldrán como inocentes, porque parece que ya el TSJ recibió órdenes y dio los primeros pasos en ese sentido— pero donde la anterior Asamblea se prodigó en la aprobación como leyes de cuanto texto le mandara Elke Tekonté, sin importar si violaba la Constitución, si era en verdad necesaria para el bien general o, siquiera, si estaba bien redactada. Tanto es así, que en 21 días aprobó 22 leyes. Ninguna de las cuales tendía a solucionar los problemas que acogotan a los venezolanos —como seguridad, empleo y salud— sino a complicarles más la existencia. La única característica era el concederle más poder, en un país de excesivo presidencialismo, a Boves II.

Tanto fue la obsecuencia y vasallaje de esa gente, en buena hora despedida por la votación popular, que no vacilaron en incurrir exceso de poder y hasta en ultra petita al otorgar al Ejecutivo capacidades legislativas que no tenían facultad de delegar. Porque el viejo axioma filosófico explica que “nadie puede dar lo que no tiene”. Si ellos cesaban en sus posibilidades de hacer leyes el cuatro de enero, no podían ceder esa potestad. Porque sencillamente no la tenían. Es igualito que cuando se muere una persona: cualquier poder que esta hubiese otorgado en vida cesa al momento de la defunción. Para alegría general de la nación, y para el bien de la república, esa asamblea sumisa, monocolor, áulica, estiró la pata y cedió el paso a un nuevo grupo de diputados que sí tendrá que debatir los grandes problemas del país. Que no son precisamente el pensamiento político único ni el endiosamiento presidencial que tanto desea Esteban Dolero.

A pesar de las vivezas pendejas de las que hablaba en mi último escrito del año pasado, de las marramucias para impedir las denuncias de los nuevos diputados desde el Palacio Federal, estos darán la pelea para lograr algo de sensatez legislativa y de moralidad en los nombramientos para los altos cargos nacionales. Todos debemos ayudarlos a ese logro. Todos.

Otrosí largo
Acabo de terminar de leer un libro que me regaló mi hija Martha por Navidad: “Jews, God and History”, de Max I. Dimont. De todos los libros que he leído sobre el judaísmo, este me parece el más interesante porque no enfoca la sobrevivencia del pueblo hebreo en términos de reyes, guerras y persecuciones sino en el de las ideas que generaba ese pueblo en respuesta a los retos lanzados a él por la siempre acelerante fuerza de la historia. Lo recomiendo ampliamente. Del libro extraje y les traduje algunas frases que narran hechos de un pasado bochornoso porque pueden servir para compararlas con el estado de cosas actual en Venezuela:

“La pregunta que causa perplejidad es, ¿cómo pudo sucederse la infamia nazi en Alemania, una creadora de cultura en la civilización occidental? La respuesta es que Alemania es la fusión de dos tendencias contradictorias de pensamiento y sentimiento. Una es la Alemania de Beethoven, y Brahms, de Goethe y Schiller, la Alemania del elevado idealismo, del universo abierto, de las ilimitadas posibilidades de la realización humana (…) Pero hay la otra Alemania de los militaristas y los filósofos autoritarios, del universo cerrado y los masse-mensch (hombres-masa). Fue esta Alemania la que subvirtió las venas idealistas y liberales de la otra”

Más adelante, explica que al final de la Primera Guerra Mundial “a pedido del presidente Wilson, certificados de democracia fueron extendidos a gente que no tenía un concepto de lo que era democracia, y a gobernantes que no tenían la intención de cumplir y hacer cumplir esos principios. (…) Fue en esos países de ‘democracia instantánea’  (…) donde los trabajadores lanzaron miradas coquetas al comunismo como solución a sus problemas. En vez de contrarrestar esas amenazas con inyecciones de democracia verdadera, los mandatarios de esos países del este de Europa recurrieron al fascismo. (…) La carrera de Hitler, el Führer, había comenzado. Sin la ayuda de los Junker, los empresarios y los militaristas que cometieron el error de él era su instrumento, eso hubiera sido imposible. (…) Una vez que Hitler tuvo el poder no hubo quien lo refrenara. El Estado fue reorganizado para la brutalidad”…
Para pensarlo, ¿no?

martes, 14 de diciembre de 2010

Ortoepía y otras zarandajadas

Lo confieso, yo pensaba que mi pasado artículo iba a ser un bodrio. Porque se alejaba de los temas políticos que me han mantenido ocupado de un tiempo para acá y se refería a un libro que me marcó desde que lo leí siendo un muchacho de cuarto grado. Pues, ¡sorpresa!, recibí una respetable cantidad de correos y disfruté de muchas conversaciones en las que se me felicitaba por mi escrito. Tanto, que decidí mantenerme alejado de mi habitual ración de críticas a la incapacidad de jerarcas del régimen y cogerme una semana más para disfrutar escribiendo de lo que me gusta más: letras, historia, viajes y demás cosas atinentes a la cultura. Para los que pusieron caras largas al leer lo anterior, tienen mi promesa de que tres de los cuatro escritos que me quedan este año serán para seguir rajando contra Elke Tekonté y sus áulicos en las esferas nacional, regional y local. El último será para reconciliarnos con la Navidad y, probablemente, sean las grageas de chispa popular que tanto gustaron en años anteriores. Entremos en materia.

Una amiga a la que quiero mucho, y que se siente con la confianza suficiente para criticarme con franqueza, me enrostra con frecuencia una tendencia que, dice ella, tengo para trastocar algunas erres intersilábicas en eles. Por ejemplo, ella cree escuchar “me acueLdo” cuando yo digo “me acueRdo”. Que mi “peRdón” suena como “peLdón”. Puede ser. Pero nadie más me lo había comentado y por eso no estaba consciente de mi falta ortoépica. Aún así, yo me escudo detrás de la explicación que alguna vez dio Rosemblat de que la pronunciación del sur de España y de las regiones habitadas por andaluces y extremeños durante la colonia tiende a minimizar la fuerza de las consonantes finales e intersilábicas. Que es el caso de los cubanos que convierten esa erre en una doble pronunciación de la consonante siguiente: “coTTar la cueDDA” en vez de “coRTar la cueRDa”; o las de los portorriqueños, en las que sí se convierte la erre en una ele franca: “compóLTate, sé fueLTe”, por: “compoRTate, sé fueRTe.

Yo tiendo a pensar que mi caso —que es el de muchos de los que nacimos y nos criamos en los estados centrales— es el de la pronunciación de una erre suave, parecida a la del idioma inglés, y no una fuerte, como la que se escucha en el francés. Pero, claro, a lo mejor son puras excusas mías para no aparecer como engolado al pronunciar (o tener que aprender a hablar después de viejo). Y mi amiga me ripostará que si soy tan exigente conmigo mismo (y tan crítico con los demás) en lo referido a la ortografía, las normas al escribir, también debería serlo con la ortoepía, el arte de pronunciar correctamente, como nos explicaron en quinto grado...

Me quedan unas trescientas palabras disponibles todavía. Voy a emplearlas en la misma materia: ortografía, ortoepía y hasta ortofonía.

Nobel. Con motivo del premio otorgado, muy justamente, a Vargas Llosa, por la televisión y la radio uno escuchaba con frecuencia “nObel”, como palabra grave, y resulta que el apellido del famoso inventor se acentúa en la “e”: nobEl; por lo que la enunciación correcta es igualita que cuando decimos nuestro sinónimo de “principiante”: “Nobel” y “novel”; solo que aquella es con be labial y ésta es con ve labiodental (o uve, como quieren ponernos a decir los académicos de la RAE).

Demasiado. ¿Qué debe hacer una muchacha cuyo novio le dice: “Yo te amo demasiado”? Probablemente, ella le dará un fogoso beso de agradecimiento por lo que ella cree que es un piropo. Pero lo que debía haberle dado era una bofetada. Porque le está diciendo que la quiere más de lo que se merece. El problema es que ninguno de los dos —ni el 90 por ciento de los jóvenes— sabe que ese adverbio implica “en exceso”, “en demasía”, no “muchísimo”, que es lo que quería significar el Romeo. Pero cómo abunda ese error.

Aguacero. En estos días de excesiva caída de agua, he escuchado y leído (inclusive en este diario): “Se esperaN lluvias”. Con esa ene final que no va, porque esa oración tiene un sujeto indefinido; alguien espera que llueva. No se sabe quién. Añado más, todos los verbos relacionados con fenómenos meteorológicos (llover, nevar, tronar, relampaguear) carecen de variación personal, por lo que requieren un verbo en tercera persona del singular. Esta frase que comento tiene algo de eso también, aunque el verbo no sea de esos.

“E” por “I”. A veces, demasiadas, uno se encuentra con que alguien va a “palear” un asunto cuando lo que se necesita es “paliar” este; o sea que, en vez de mitigar, atenuar, disminuir el problema lo que hacen es caerle a golpes con una pala. Igual sucede con “arrear” y “arriar”. Más de una vez hemos leído que a la pobre bandera no la bajaron del asta sino que la estimularon para que caminara...

Se cierra el cerco

Hace algún tiempo estuvo circulando profusamente por Internet un cuento en el cual un alumno de ascendencia rural la explicaba a su profesor cómo se cazaban cerdos salvajes (cochinos de monte o báquiros, dijéramos nosotros). El resumen de la narración es como sigue. En un pedazo de sabana se deja comida por varios días para que los báquiros vengan a comer. A la semana, se erige una línea con estantillos y alambre de púas y se deja comida como ya es usual. Los cerdos, al comienzo, recelan de la alambrada pero viendo que tienen tres lados por los cuales huir, hacen lo que ya es una costumbre: comer en el sitio. Una semana después, se levanta perpendicularmente una barrera igual a la primera. Los báquiros actúan con aprehensión pero siguen viniendo a comer. Un tiempo después, se construye otra barrera en el otro extremo de la inicial. Ya los suidos empiezan a acostumbrarse a esas construcciones, por lo que casi no se dan cuenta de su existencia y siguen con su ingesta. Un día, sorpresivamente, los campesinos cierran el cerco mientras los báquiros están atiborrándose y quedan presos para que los cazadores hagan con ellos lo que les plazca.

Así estamos los venezolanos. El régimen nos ha ido poniendo un vallado alrededor mientras nos mantiene distraídos con pan y circo. Elke Tekonté crea un escándalo para que todos miremos hacia esa dirección y, como quien no quiere la cosa, aprieta más el tortol. A cada quien le da lo que cree que es lo que más falta le hace: a los pobres de solemnidad les lanza dinero en las misiones y les ‘echa’ comida de Mercal, con pudrición incluida. A los menos pobres —había escrito ‘a los de la clase media’, pero lo borré porque con la inflación de todos estos años ya esa no existe— nos autoriza, como que si fuese la concesión de una gran gracia, a comprar unos dolaritos para cuando viajemos. Siendo que esas divisas son nuestras, no de él. Mientras tanto, en complicidad con las focas y otros áulicos parecidos, cierra emisoras y periódicos, despoja a las regiones y localidades de competencias que les había concedido la Constitución, confisca bancos, haciendas, empresas y construcciones (uso bien el verbo porque a nadie le han pagado todavía; ni le pagarán) y pone a la Fuerza Armada —la cual debería estar cumpliendo con lo que le estatuyen los Arts. 328 y 329 de la Constitución— a arremeter contra el pueblo de diversas maneras. Porque ya no bastan el pan y el circo, ahora necesita reprimir para poder mantenerse.

La más reciente patraña —¡cómo me gustaría poder decir ‘la última’!-— es eso de pedir que le den una habilitante más. La excusa que pone es que tiene que atender la emergencia generada por las lluvias. Para obtener una opinión favorable —después de haberse percatado con una semana de retardo de que había damnificados, y para no dejarse quitar la bandera por los gobernadores y alcaldes quienes estuvieron desde el mismo primer día al lado de quienes los eligieron— ahora sobredimensiona los daños. Hay que reconocer que hubo muchos estragos, pero no tanto como Esteban dice. Lo que pasa es que tiene que justificar. Para lograr eso, presenta más teatro: aloja gente en Miraflores y la Casa Amarilla. Como si no tuviese a su disposición instalaciones más acordes para ese cometido. Hay que dejar claro, la tal habilitante se empleará para todo menos para solucionar el problema a los damnificados. Si no creen, pregúntenle a la gente de Vargas, que ha visto pasar once años, ¡y nada!.

Me imagino que cuando esto salga publicado, ya las focas se habrán adelantado y, aún sin haber llegado la solicitud, le habrán extendido el poder especial, porque “hay que complacer a nuestro jefecito adorado”. Esos en mala hora diputados se niegan a entender que es ilegítimo, es inmoral, que ellos pasen tanto esa ley como las demás que les ordenaron aprobar antes de salir despedidos. Que se les acabó su hora, que el pueblo los cambió por unos menos arrastrados y más aptos que sí van a defender a las regiones que ellos no supieron o les dio culillo defender.

El cerco se cierra. Pero el de cazar venezolanos no tiene solo cuatro costados: quieren ponerle techo también: hasta las comunicaciones cibernéticas nos las van a quitar. Vamos a estar peor que en Cuba. Allá, por lo menos unos blogueros, dando muestras de arrojo, pueden lanzar al mundo sus denuncias. Aquí no: aquí todo pasará por un punto único de entrada de todas las comunicaciones. En el cual colocarán a uno de esos zelotes revolucionarios con poca ilustración, pero con exceso de celo retrógrado, dispuesto a bajar la cuchilla por quítame-estas-pajas. Algo así como una Lina Ron, pues...

Tres temas que parecieran desconectados

Judicial
Todo parece indicar que hoy se cometerá una nueva violación a nuestra Constitución, cuando las focas del Legislativo procedan a obedecer lo que les diga Miraflores en la “escogencia” de los robolucionarios que han de ser designados magistrados para el Tribunal de la Suprema Injusticia. La violación será por dos vías (no intenté hacer un chiste procaz al afirmar lo anterior; pero tienen que reconocer que me quedó muy gráfico el símil): primero, porque se tuerce el propósito del constitucionalista de varias maneras; baste con decir que el Comité de Postulaciones Judiciales no llena los requisitos de representar a “los diferentes sectores de la sociedad”; que los representantes de esa entelequia que llaman el “Poder Ciudadano”, que hizo la primera “depuración”, solo son una extensión del Ejecutivo, de quien se sienten subalternos; y que los diputados que deben “perfeccionar” el acto tienen un impedimento moral de actuar; porque su intento sería posterior a unas elecciones donde la gran mayoría de ellos perdió sus puestos y lo sensato, sería dejar esa tarea a los nuevos parlamentarios. Y, segundo, porque los candidatos que tienen mayor chance de ser favorecidos en razón de su afinidad partidista y su vocación de focas, no llenan los requisitos del Art. 263 en sus ordinales segundo —que exige “Ser ciudadano o ciudadana de reconocida honorabilidad”— y tercero —que precisa que dichas personas gocen de “buena reputación” y “reconocido prestigio en el desempeño de sus funciones”. Porque, ¿qué reconocida honorabilidad puede tener un poetastro que, cuando era Fiscal General, para desgracia del país, fabricó “testigos estrella” con el fin de “cocinar” un resultado judicial para favorecer al régimen y disimular la verdad en un horrendo homicidio? Y que puso por el suelo a su país, cuando lo representaba en el exterior y no se le ocurrió —aparte de escribir unos versos ramplones a los campeones mundiales de fútbol—sino acusar a las autoridades policiales del país anfitrión de obtener declaraciones de los etarras mediante torturas y al Ministerio Público de ese país de cohonestar esa práctica. Si eso es con el poetastro, en la lista también aparecen varias personas que fueron “juezastros”, si es que existe esa palabra, con prontuario en vez de currículum. Destacan un tal Moreno y una de apellido La Riva; pero hay más. Claro, ellos tienen una excusa del carajo: “Si a Luisa Estela, a quien botaron del Poder Judicial dos veces, pudo llegar no solo a magistrada sino a presidenta, ¿por qué nosotros no?”

Electoral
Nuevamente, al igual que el 26-S, los oficialistas se ponen a dorar la píldora y andan por ahí diciendo que las votaciones de este fin de semana indican que los rojos son la primera fuerza en el país. Me imagino que se refieren a la fuerza bruta, a la cual recurren con tanta facilidad, porque en el campo de los sufragios, así hayan ganado más alcaldías que los de la MUD, nanay. De hecho, la alcaldía de Maracaibo es más importante, numéricamente, que las dos gobernaciones y las diez otras alcaldías juntas. Sucedió lo del 26-S: tuvieron más diputados por la bellaquería con la que desdibujaron los circuitos electorales, pero fueron minoría en el total de votos.

Comicios
Ayer escuché a varios reporteros y comentaristas de noticias explicar que “los comicios electorales se desarrollaron con normalidad”. Pues sería hasta cuando ellos abrieron la boca, porque eso de “comicios electorales” es como hablar de una “bicicleta de dos ruedas” o de una “hemorragia nasal de sangre por la nariz”: un tremendo pleonasmo. Según el mataburros, los “comicios” son: “Elecciones para designar cargos políticos”. Y menos mal que eran para escoger alcaldes, porque si hubiesen sido para concejales, hubieran hablado del “concejo municipal”, lo cual también es una redundancia innecesaria. Porque todos los “concejos”, con “c”, son municipales. Tanto es así que la Constitución —aunque está escrita en un lenguaje infame, como eso de “ciudadano o ciudadana”, “coronel o coronela”, etc.— se cuida de no cometer ese error. Claro que este no es solo de los periodistas; por todas partes uno lee: “Concejo Municipal del Municipio Autónomo tal”, en un triple exceso solecístico. Porque, por definición los municipios son autónomos. Quizás los alcaldes mandan a poner esos letreros porque —como sucede en nuestra sufrida Valencia— no lo saben y, por eso, no deciden nada hasta que reciben la aquiescencia del Primer Dedo de la República.

Colofón
Aunque ustedes no lo crean, estoy de acuerdo con algo expresado por Elke Tekonté. Lo apoyo completamente en eso de que hay que darle un parao al “invasor colonialista”. Por eso, propongo que se expulse del país ¡pero ya! a todos los cubanos que dan órdenes en los organismos de seguridad, de inteligencia y militares. A los dizque médicos, podemos darles un chance, siempre que presenten sus títulos profesionales y los revaliden…